Transmigrando en la antiguedad. - Capítulo 64
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Capítulo 64: Capitulo 64: banquete nocturno Parte 1
Con el pasar del tiempo, el atardecer se tiñó con la oscuridad de la noche. Como el goteo de la tinta en el agua clara, la oscuridad cubrió el horizonte en un instante.
Cuando el último rastro de luz desapareció tras el lejano oeste, las luces de las hogueras se iluminaron en varias partes de las tribus.
Justo en ese instante, una gran luz ardiente se encendió en el centro de la tribu de Cuervos Blancos.
La carne de varias presas se puso ante las llamas y las personas se fueron reuniendo alrededor de la hoguera.
En ese momento, Monarca salió de la pequeña casa que les habían prestado, seguido por Leona.
Monarca había vuelto a su aspecto anterior.
El cabello se lo trenzó de forma simple y usó pequeñas trenzas para atarse el cabello hacia atrás.
Usaba su chaqueta, con peto de cuero y sus ropas hechas de pieles.
Por otro lado, Leona salió con mejor apariencia.
Ella amenazó a Monarca para que la peinara de nuevo.
Desde la última vez que se ducharon en esa cueva, Leona aprendió a atarse el cabello. No lo hacía todo por sí misma: hacía las cosas simples y algunas cosas las hacía él, pero nunca volvió a suceder que la peinara por completo.
Pero parecía que esta vez ella quería lucir bien, por lo que lo instó a peinarla.
Monarca solo pudo aceptar el trabajo. Claro, acariciar el cabello suave y limpio tras la ducha también fue agradable.
Además, había un nuevo cepillo que ayudó mucho.
Por lo tanto, cuando Leona salió de la pequeña carpa, se veía mucho mejor, con el cabello bien ajustado y peinado sobre su cabeza.
En ese momento, al salir ambos, Bed-Lana apareció junto a ellos, sosteniendo a su hija Zan-Lana de la mano.
Esta era la primera vez que veían a la pequeña sin ser sostenida en la espalda de Bed-Lana.
La pequeña era bonita y delicada.
Curiosamente, ambas, madre e hija, tenían el cabello trenzado.
Bed-Lana se acercó mientras sonreía y mostraba su cabello a Leona.
—¿Lo viste? Se ve bonito.
Dijo ella, acariciando una sola trenza.
Parecía no haber logrado completar hacer múltiples, por lo que solo tenía una.
Extrañamente, Monarca sintió que, si ella se acomodara la trenza contra su hombro derecho, podría parecer aún más una madre calificada. Aunque claro, sería mejor que ella no hiciera eso.
Tras haberla visto, Leona y Monarca asintieron.
—Agradable.
—Bonito.
Bed-Lana sonrió ante los elogios, aunque, mirando el cabello de Leona, suspiró.
—Pero no es tan delicado como el tuyo. Debes enseñarme.
Dijo ella, suspirando ante el buen trabajo.
Ante esto, Leona levantó su pecho escaso (en comparación con Bed-Lana) y asintió, aunque al recordar que ella no se había trenzado, miró de reojo a Monarca y se encogió.
—Puedo intentarlo.
Bed-Lana asintió, apartándose tras mirar con cuidado el cabello de la niña.
Monarca también miró a Zan-Lana, quien tenía una trenza similar a su madre, y la elogió.
—Zan-Lana también es bonita.
Zan-Lana sonrió dulcemente. Parecía no entender muchas palabras, pero le sonrió y parpadeó delicadamente.
Monarca sintió ganas de acariciar un poco al cachorro tierno; sin embargo, mientras estiraba la mano, Bed-Lana apartó a la niña y negó con la cabeza.
—Zan-Lana es joven, todavía no puede ser pareja.
Monarca la miró, confundido.
Bed-Lana apartó a su hija, que miraba alrededor, confundida tanto como Monarca. ¿Qué pensaba que estaba haciendo? ¿Cortejar a una niña? ¡¿Acaso no sabían lo que significaba elogiar a un sobrino?!
Monarca buscó ayuda con Leona, pero al verla solo recibió una mirada de “escoria”, y ella se dio la vuelta, caminando cerca de Bed-Lana.
Ambas se alejaron, mientras él se preguntaba si acaso su mentalidad era extraña o la de ellas era demasiado rara.
Era evidente que incluso en estos tiempos las chicas eran amantes de la belleza.
Cuando su grupo caminó entre las chozas hasta el centro de la fiesta, los ojos de varias mujeres se posaron sobre Bed-Lana y Leona.
Monarca se sintió incómodo, sobre todo cuando miró a lo lejos y se encontró con Zetla-Na, el tipo que era exprimido por una anciana, mirándolo con burla.
Monarca se sintió ofendido.
¿Acaso por ser hombre no podía tener trenzas guapas?
Al final, su grupo se acercó frente al fuego.
En este lugar ya se escuchaban los sonidos de tambores.
Monarca estaba sinceramente sorprendido. ¿Por qué? Porque había instrumentos varios.
No eran artículos tan simples o rudimentarios; eran reales.
Los tambores hechos con piel retumbaban fuerte; flautas que parecían estar hechas de hueso y tenían hasta cuatro tonos; algunas trompetillas hechas del cuerno de algún animal; e incluso unas maracas. Estas eran nueces atravesadas por hilos y atadas densamente alrededor de un palo. Cuando se sacudían, tenían un sonido de cascabel llamativo.
El sonido que producían era algo simple y rudimentario, pero sin duda era música.
Ante esto, incluso Leona estaba sorprendida por algunos instrumentos.
El tambor parecía simple, pero las flautas o los cascabeles eran nuevos para ellos.
Autor: la flauta más antigua fue encontrada en Eslovenia, 60,000 años A. C., hecha con fémur de oso joven y perteneciente a los neandertales. La flauta más antigua hecha por Homo sapiens fue encontrada en Alemania, perteneciente a 40,000 años A. C.
Cuando el grupo se acercó, un júbilo único los invadió.
Alrededor de la hoguera, que ardía con gran vigor, había varios tipos salvajes que corrían de un lado al otro, girando y saltando. Parecían bailar y desatar sus energías.
El ambiente era realmente feliz y alegre.
Bed-Lana les sonrió, apuntando a una esquina donde había varios hombres y mujeres que batían cosas en líquidos dentro de ollas de barro.
Monarca se sorprendió.
¿Realmente había ollas de barro?
Aunque parecían toscas y las formas no eran particularmente refinadas, sin duda eran ollas de barro.
Leona lo miró con tranquilidad, no pareciendo sorprendida.
Leona había comenzado a ser el detector de anormalidades cercanas.
Si ella reaccionaba distinto a lo normal, sin duda sería algo nuevo.
En este caso, parecía que ella ya conocía tales artículos.
Monarca pensó mucho, pero no recordó usar estas cosas, y la tribu de Alas Grises tampoco las usaba.
Mientras pensaba, Bed-Lana sonrió.
—Ahí está Kepul.
Ella les sonrió a los dos y dijo:
—Siempre todos beben un vaso, pero esta vez ustedes reciben dos, por Piedra Blanda.
Dijo ella, mirando a Leona con cuidado.
Leona parpadeó, confundida.
—¿Kepul? ¿Qué comida?
Ante esto, Bed-Lana se echó a reír.
Negó con la cabeza y dijo:
—Kepul, agua que arde y te vuelve feliz.
Ella le explicó a Leona, pero esta no terminó de entender. Por otro lado, Monarca entendió completamente.
Eso era alcohol, sin duda.
Bed-Lana sonrió, apuntando al fuego y a los sonidos de música.
—Ahora es feliz. Cuando la vieja Nat-Lana haga el ritual, todos comenzarán a bailar hasta que el fuego brille en el cielo.
Ella charló con ambos un rato y, tras asegurarse de que parecían estar uniéndose a la fiesta, finalmente caminó hacia el puesto al lado del líder, siendo ella la jefa de la tribu.
Monarca la miró alejarse y pronto su hombro fue abrazado por dos tipos fornidos y apestosos.
Zetla-Na y el viejo hombre amante de la res, Metla-Na.
Este último era viejo, calvo y con algunos pelos en la cabeza. Tenía una barba espesa y su bigote era como el de una morsa. Era bastante gracioso.
—Pequeña rana, ¿estás relajado?
Preguntó el tipo de mandíbula hinchada, Zetla-Na.
Ante sus palabras, Metla-Na se echó a reír, mirando a su lado a Leona y diciendo:
—Pequeña rana es fuerte, buena mujer.
Entonces, el viejo se calló cuando Leona sacó una daga de colmillo de su cintura y la apuntó hacia él.
Zetla-Na y Monarca miraron esto con algo de risa.
—No pareja.
—No aparear.
Dijo Leona dos veces, una para el viejo y otra para Monarca.
Monarca suspiró, asintiendo.
Monarca se sentía agraviado. ¿Por qué el viejo tenía que abrir su gran boca?
Por suerte, fue salvado.
En ese momento, una chica pequeña llegó cerca de Leona.
Era más delicada, con cabello negro hasta la cintura, y tenía una cicatriz zigzagueante en su brazo derecho, el cual mostraba con bastante orgullo.
Ella tenía una sonrisa cálida y su par de ojos azules eran inusualmente suaves.
Llegó cerca de Leona y le sonrió, mirando su daga, luego el cabello y finalmente la cicatriz en el rostro de Leona.
—Leo-nha, ¿quieres jugar con el fuego?
Ante la sonrisa dulce de la chica delicada y delgada, por alguna razón, Zetla-Na y el viejo Metla-Na dieron un paso atrás.
Leona miró a la mujer, que medía casi su tamaño, y preguntó:
—¿Juego con fuego?
La joven asintió, apuntando hacia una esquina donde había algunas mujeres usando palos largos, con fuego en sus puntas, haciéndolos girar.
—Sí, es divertido.
Leona miró eso, pareciendo muy interesada de repente.
Su visión fue atraída por el fuego, y Monarca sintió que estaba mirando la ansia de un pirómano por encender fuego a cosas.
Sin embargo, primero tenía que preguntar a los dos tipos a sus lados quiénes eran esos acróbatas de fuego y, de paso, preguntar por qué parecían temer a la mujer.
Se dio la vuelta para preguntar; sin embargo, ya no estaban ahí.
—Ah, ¿pequeña rana?
Monarca escuchó esto y volteó.
Le desagradaba que le llamaran así, y podía entender que los dos tipos de antes lo hicieran; después de todo, él peleó con uno y el otro viejo era simpático, pero alguien más no.
Monarca frunció el ceño y dijo:
—Soy Monarca.
Ante su voz, la chica que había hablado, la joven pirómana, se sorprendió un poco, pero asintió.
—Monar-kha.
Monarca asintió, satisfecho.
Pero, para su mala suerte, Leona lo había escuchado demasiadas veces. Parecía haberla hecho dudar cuando los dos tipos llegaron, pero solo ahora pudo preguntar:
—¿Pequeña rana?
Monarca quiso negar, pero antes de eso, la chica habló:
—Ah, es porque salta en agua y golpea, como rana.
Ella copió el estilo.
Abriéndose de piernas, agachándose un poco y saltando con el puño en alto.
Monarca de pronto quiso morir en el lugar.
Era por la acción que había hecho durante la pelea.
¿No dijo que quería noquear a Zetla-Na? Quería hacer un uppercut, pero, aparte de hacer ese movimiento de rana saltadora y dejarle la mandíbula hinchada al tipo, no pasó nada más.
Leona miró con extrañeza a Monarca, pero de pronto sus ojos brillaron.
—Pequeña rana.
Dijo con interés.
Monarca suspiró. Sabía que estaba jodido.
Hubiera detenido las palabras de esos dos tipos.
Espera, pero la que dijo eso fue esta chica frente a él.
Monarca miró a la chica, pero esta se había acercado inusualmente cerca a él.
—Monar-kha, ¿quieres jugar con fuego?
Monarca miró esas pupilas.
Esta era una verdadera pirómana.
Luego miró el brazo de la mujer, que le recordó a las heridas por quemadura.
Ella notó que él la vio y mostró su brazo sin complicaciones.
—El fuego a veces es salvaje y doloroso, pero es divertido.
La chica bajita y delicada, con rasgos delicados, cabello negro suave y ojos azules, le sonrió dulcemente.
Monarca entonces dio un paso atrás.
Ahora entendía por qué esos dos sujetos se habían alejado tan rápido.
Esta mujer era una loca.
—Soy Fae-Lana.
Saludó ella.
Monarca asintió, pero negó querer jugar con fuego.
Intentó apartar a Leona, pero esta parecía muy interesada, instando a Fae-Lana para ir a jugar.
Monarca suspiró. Sintió que estaba perdiendo a la chica suave… espera, Leona siempre fue violenta y salvaje. ¿De qué se sorprendía?
De esta forma, Fae y Leona caminaron hacia la zona de palos de fuego, mientras Fae se despedía de él y le explicaba a Leona cómo mover las ramas llameantes.
Monarca miró eso, sintiendo que pronto estaría viviendo con una loca pirómana…
Su lamentación se detuvo cuando Zetla-Na se acercó desde algún lugar extraño y lo miró con lástima.
A su lado, Metla-Na cargaba un tambor grande mientras negaba con la cabeza.
—Fae-Lana es amante del fuego. No teme quemarse y quemar a otros. Es mujer perdida del fuego.
Metla-Na suspiró, pero luego palmeó el hombro de Monarca y le empujó el tambor a las manos.
De pronto, el anciano sonrió y dijo:
—¡Toca corazón, bum-bum!
El viejo apuntó al tambor. Parecían llamarlo así por el sonido profundo, similar a los latidos que el corazón tiene.
El viejo golpeó un par de veces la tela, a lo que Monarca copió.
El sonido fue profundo y grave, simple y sonoro.
Metla-Na sonrió y lo empujó hacia donde había otros instrumentos.
Pronto, Monarca estaba entre los tipos que hacían ruido con sus instrumentos, y a su lado estaban dos tipos con otros tambores o sonajeros: Zetla-Na y Metla-Na.
Al final, solo pudo seguir el ritmo mientras esperaban que la anciana chamana llegara para bendecir el fuego.
Mientras golpeaba el tambor, pudo ver a lo lejos cómo Fae-Lana le enseñaba a Leona a girar un bastón con dos puntas encendidas en fuego.
Lo normal era que uno primero aprendiera a usarlo con palos secos, pero Leona comenzó a aprender con estos ya encendidos.
Él solo pudo rezar para que ella no se incendiara.
¡Voten y comenten porfavor!
Gente, d´igan lo que opinan de estas interacciones y personajes.
En esta trama no hay tanto modo de creacion, sino hay exploracion y aceptacion del entorno.
Quiero hacerlo bastante salvaje, pero tampoco quiero hacer que todos los humanos parezcan animales con mayor inteligencia. dividirlo entre humanos y tribus antiguas es algo dificil.
quiero que me avisen si estoy llendo por un camino extraño o si todo va bien. un comentario y un voto ayudan mucho.
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