Transmigrando en la antiguedad. - Capítulo 65
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Capítulo 65: Capitulo 65: Fiesta Nocturna Parte 2
Con ayuda del fuego y el olor de la comida, todos en la tribu de cuervos blancos comenzaron a entusiasmarse.
Incluso Monarca golpeó el tambor constantemente, siguiendo el ritmo de la música caótica y ruidosa del lugar.
Los hombres y mujeres se juntaban en la hoguera para aullar con fuerza y saltar en círculos.
Aunque no había alcohol, todos parecían emocionarse cada vez más.
En diagonal a Monarca, pudo ver a un grupo de personas jugando con palos de fuego, entre los que estaba Leona, quien hacía un helicóptero con su rama.
A su lado estaba la chica loca de nombre Fae-Lana, quien se reía mucho y saltaba con el fuego en dos ramas a su lado.
Era sin duda peligroso, pero ver a las chicas moverse constantemente con las llamas danzantes fue una escena realmente agradable.
Monarca golpeó el tambor; intentaba darle ritmo a la música caótica.
No planeaba cambiarla, ya que, de hecho, no había nada como una pista o una forma de tocar específica. Todos tocaban música como les gustaba, siguiendo una guía de ritmo rápido.
Monarca nunca tocó instrumentos complejos en su vida. Sabía tocar Flea Waltz en el piano y La Pantera Rosa en guitarra, pero eso era su límite de conocimiento musical.
Pero ahora, con el tambor, no supo si fue la ayuda de la voluntad humana que aumentaba su capacidad de aprendizaje, que entendió cómo crear ruido con el instrumento tosco en su mano.
Por lo tanto, comenzó a intentar darle ritmo a la música caótica sonora.
¿Qué tanto podía hacer un instrumento simple?
Bueno, al menos sabía que en la mayoría de la música el tambor es la guía del ritmo.
Con ayuda del tambor, el ambiente pareció encenderse.
Monarca, que se había encendido con el tambor, se congeló cuando vio que, en una esquina oscura, una pareja demasiado emocionada prácticamente estaba a punto de aparearse en el suelo.
Su mano continuó golpeando el tambor, preguntándose si esos tipos podrían seguir el ritmo de su tambor.
El golpeteo aumentó; su palma casi tenía una sombra residual y el sonido era como un traqueteo.
Hasta que una figura puso un pie dentro de la zona de fiesta.
Su sola presencia fue suficiente para calmar todo el caos, que pareció detenerse en un solo instante.
Monarca se detuvo.
De hecho, todos se detuvieron; incluso la pareja emocionada se detuvo.
Cuando todos voltearon, la anciana chamán era la que había aparecido.
Aunque era una viejecilla pequeña, el aura que tenía eclipsó a todos.
El ruido se detuvo y la anciana caminó tranquilamente hacia la gran hoguera.
El fuego abrasador de tono amarillo anaranjado se sacudió, con lenguas largas que sobresalían de la madera.
Debido a la oscuridad, el fuego era lo único que dejaba ver a todos, pero la anciana, con un casco de cuervo, parecía algo extraña.
Cubierta con pieles gruesas, collares con rocas brillantes, extraños nudos y un bastón largo y retorcido con la punta como una especie de pata de algún ave, su figura era algo misteriosa.
Las sombras y el brillo retorcieron su figura mientras se acercaba.
Alrededor, pareció como si las sombras se alargaran y encogieran; seguían danzando en círculos, como si la fiesta no se hubiera detenido en absoluto, incluso si todos estaban quietos.
Entonces, la anciana Nat-Lana sacó un plato de su manga y, con fuerza, lo lanzó a las llamas.
Estas se mezclaron con el fuego y se alzaron con violencia.
La anciana comenzó a susurrar algunas palabras oscuras y extrañas.
Moviéndose alrededor del fuego, lanzaba puños de polvos coloridos sacados de sus anchas mangas.
El fuego se elevó, primero teñido de verde, luego ardió con un tono azul oscuro, continuó con violeta y se volvió rojo como la sangre.
La vieja saltó como en una danza solitaria, arrastrando los pies y hablando mantras indistinguibles.
Por alguna razón, Monarca sintió que en el fuego podía ver figuras.
Se confundió cuando un olor extraño, como de flores, llegó a su nariz.
Parpadeando, miró las llamas.
En estas, los espejismos entre el fuego: hadas danzantes, figuras femeninas que se retorcían y se meneaban de forma elegante.
Tigres rugiendo, osos, arpías y estampidas de bisontes.
La mano de Monarca cayó sobre el tambor.
Bum.
El trueno de las tormentas que llegaban en primavera.
Bum, bum.
Su mano ni siquiera tocó la piel con fuerza; fue un zumbido apenas perceptible.
Tal vez fue debido a que estuvo tocando el tambor tan rápido; su muñeca siguió en automático y golpeó el tambor de forma suave.
De alguna forma, cada golpe fue como encender algo en su cuerpo.
Su corazón latía de forma extraña.
Se dice que cuando uno hace ejercicio con música, el corazón sigue el ritmo. Los movimientos siguen el BPM constante y acelerado, haciendo que, con ritmos de rápidos bits por minuto, se logre aumentar la eficiencia del ejercicio.
Si escuchas música rápida, haces que tu adrenalina y dopamina aumenten más fácilmente, y con música lenta te relajas más rápido.
Eso funcionaba con el ejercicio, pero ahora él estaba tan quieto como una roca, con su mano solo en movimiento.
El ritmo fue lento y constante; su corazón se detuvo suavemente.
Juró que estaba entrando en un extraño trance, pero conforme siguió aumentando el ritmo fue como si sintiera que la sangre circulara en cada vena y músculo de su cuerpo.
Sí… juraría que estaba drogado.
Sus pupilas se dilataron.
Desde el fuego ardiente, vio esas escenas cuando estuvo a punto de morir.
El hombre que le disparó por culpa de la perra infiel.
Cuando estaba en ese extraño lugar y el dios fue atravesado por un tentáculo negro.
Cuando estuvo frente al oso gigante mordido.
Cuando fue atacado por esos salvajes.
Cuando esos lobos los rodearon y casi fue asesinado.
Cuando las garras de aquella arpía casi le incrustaron sus garras en el pecho.
Cuando una serpiente negra le envolvió la pierna.
Cuando fue emboscado por ese tigre dientes de sable pequeño.
De hecho, si se cuenta al jabalí que lo persiguió y la estampida de búfalos, estuvo a punto de morir unas diez veces.
Pensándolo bien, ¿qué pasaba con el enkha anterior golpeado por caribús y la forma en que fue abandonado con heridas?
¿No parecía que tuviera mucha suerte… o tal vez tenía mucha suerte de vivir hasta ahora?
Estaba en un trance extraño.
No se dio cuenta de que el ritmo de su golpe en el tambor pareció sincronizarse con el baile ritual de la anciana.
El ritmo fue cada vez más rápido.
Las llamas se elevaron tan alto que no era normal.
Sin embargo, estaba mirando cómo desde el fuego las criaturas extrañas salían y rodaban por el cielo.
Cuando—
Bom.
El tambor se detuvo.
La anciana también se detuvo y, en ese momento, lo notó.
En algún momento, la vieja parecía verlo de forma extraña.
Desde la oscuridad debajo del cráneo del cuervo blanco, un par de ojos que juró que brillaban como los de un animal nocturno se fijaron en él por un par de segundos.
Se sintió mareado, pero al parpadear la anciana ya se había dado la vuelta y caminó fuera de la zona de la fogata.
Aquel olor de flores había desaparecido en algún lugar. Un viento frío llegó desde el horizonte y batió su cabello.
Estaba con el cuerpo cubierto de sudor.
Entonces, un golpe fuerte cayó en su espalda.
Cuando se dio media vuelta, ahí estaba el viejo Metla-Na, mirándolo confundido.
[¿Por qué parar? ¡Golpea el corazón!]
Monarca estaba aturdido, pero entonces golpeó el tambor una vez más.
Como si hubiera sido una mecha que encendía un barril de pólvora, Bed-Lana saltó desde su asiento, gritando al cielo y al fuego.
Ella fue el precursor de gritos y alaridos.
Monarca miró a Leona gritar.
Esto le recordó a cuando habían encendido fuego por primera vez.
Estaban tan emocionados que no pudieron evitar gritar a todo pulmón.
Monarca aumentó el tambor. Ya no quería buscar un ritmo, solo quería desahogar esa extraña energía que parecía llenar su cuerpo.
Los platos con algunos caldos de verduras y raíces se repartieron, y la carne asada se repartió entre todos.
Monarca y Leona se juntaron en un punto; Bed-Lana les dio un vaso con líquido extraño.
Esto era agrio, ácido y tenía un sabor algo amargo.
Monarca lo descubrió: era cerveza.
Bed-Lana lo llamó kepul, y cada uno tenía un vaso, pero en su caso, Leona y Monarca tuvieron dos.
Monarca creía que era bueno bebiendo.
Carajo, bebía vodka y tequila, ron y whisky. ¿Cómo podía afectarlo algo de bebida fermentada?
Eso pensó. Leona y Monarca bebieron y entonces…
Oscuridad.
Vamos con esos votos y comentarios!
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