Transmigrando en la antiguedad. - Capítulo 67
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Capítulo 67: Capitulo 67: Despierta
Con un golpe en la pantorrilla, Monarca despertó al día siguiente. Intentó frotarse la pantorrilla, pero solo tocó algo de carne regordeta y suave.
Confundido y somnoliento, abrió los ojos, encontrándose con una escena extraña.
Lo que se encontró fue que, en algún momento, Fae, quien se suponía que debía estar con Leona, ahora estaba de vuelta enredada sobre sí misma, con piernas y brazos a su alrededor.
Lo que había tocado, en realidad, fue un trasero respingón y suave, con una ligera temperatura cálida.
Su mano apretó inconscientemente un par de veces más la carne firme y suave, cuando de pronto se congeló.
Eso fue porque, mirando por encima, se encontró con dos personas.
Uh… ¿o eran tres?
Leona estaba parada, aún con la pierna alzada tras la patada, mientras que Bed-Lana lo miraba con una sonrisa extraña y algo de sorpresa. Detrás de ella, Zen-Lana, una pequeña niña, lo miró con grandes ojos.
[¿Despierto?]
Dijo Bed-Lana, sonriendo. En su mano ahora estaban los dos atrapasueños que se habían colgado del techo para dormir. Ella los miró y asintió.
[Joven y fuerte.]
Monarca se encontró con tal cosa nada más despertar, y su mente, ligeramente dolorida por la resaca, se aclaró de inmediato.
Rápido quitó su mano del trasero de Fae-Lana, aunque las cosas todavía no estaban resueltas, ya que la mujer estaba pegada encima de él de forma tan llamativa.
Monarca maldijo.
¿Qué había pasado con su sentido del peligro? Anteriormente escuchaba un ruido extraño o sentía un cambio de temperatura y podía levantarse, preparado para escapar en cualquier segundo si se encontraba con un peligro.
Pero como resultado, esta mujer se coló en su cama así de fácilmente, sin darse cuenta.
¡(Fue el alcohol! ¡Lo juro!)
Quiso gritarlo y afirmar su inocencia, pero Leona no le dio oportunidad y lo pateó de nuevo.
—¿Despertar? Bien, mover.
Dijo Leona, habiéndolo pateado por segunda vez, dando un paso atrás. Monarca sintió el dolor en su pie, aunque claro, no fue un golpe serio.
Bed-Lana asintió y dijo:
—Es casi tiempo de luz, moverse para ritual.
Solo entonces Monarca lo recordó. Hoy parecía ser el asunto del tigre…
Maldiciendo, asintió.
[Escuché. Ya despierto.]
Dijo, intentando quitarse a Fae de encima.
Esta vez no se equivocó y la separó con fuerza desde los hombros. Era como levantar pesas.
Cuando la movió al suelo, finalmente la mujer abrió los ojos, confundida.
[Umu… ¿hu?]
Parecía medio dormida en su lugar, con su ropa medio suelta y bastante expuesta.
Monarca se levantó, siendo mirado por dos (tres) mujeres con extrañeza.
Tras sacudirse un poco el polvo de encima, dijo:
[Bueno… ¿nos vamos?]
Leona simplemente resopló.
Bed-Lana, en su lugar, fue más amable. Sacó un plato de madera y una jarra.
—Primero bebe agua, kepul es agua que lleva fuego, causa sed.
En ese momento, Monarca también se dio cuenta: tenía la boca seca y su cuerpo exigía agua. Signos claros de la resaca. El alcohol deshidrata, por lo que causa este tipo de efectos. Fue una suerte que no tuviera dolores de cabeza.
Agradeciendo a Bed-Lana, tomó la jarra y bebió el agua sin contenerse.
Parecía haber sido recolectada de la lluvia; tenía un sabor diferente pero fresco. Bebió y fue como si no tuviera fondo, casi acabando la jarra de un solo tirón. Parecía demasiado sediento.
(¡Puah!)
Terminó de beber, sintiéndose totalmente refrescado. Entregó la jarra y pronto se puso ante él el plato.
En cuanto a la siguiente cosa, no era comida, sino una pequeña fruta marrón rojiza amontonada como uvas algo más grandes.
[¿Qué es?]
Monarca lo miró confundido. ¿Bayas para comer? No tenía problema en comer cerezas, pero se preguntaba si acaso no podría comer carne.
Esta vez fue Bed-Lana quien lo miró con extrañeza.
Ella apuntó a su boca y a Leona, diciendo:
[Limpia dientes.]
Monarca miró a Leona, apenas notándolo.
Desde hace un rato, ella había estado masticando algo en silencio, por eso era más silenciosa de lo normal.
Cuando lo miró más de cerca, en realidad había estado mordiendo una especie de chicle pegajoso.
Monarca tomó la pequeña fruta, entendiéndolo tras pensar un poco.
—Entonces es chicozapote.
[¿Chiza… cuál? Es limpiar dientes.]
Bed-Lana lo miró con extrañeza.
Monarca asintió, aunque ya entendía lo que era.
Esta era una fruta prehispánica, así como tomates o aguacate, pero era una fruta natural que la gente masticaba y, al ser pegajosa y masticable sin que se te pegara a los dientes, se usaba para limpiar la boca. Uno solo lo masticaba durante un tiempo y el chicle se llevaba toda la suciedad y mal aliento. No era tan bueno como pasta y cepillo de dientes, pero era sin duda algo muy útil y, para alguien que apreciaba su dentadura, era un tesoro.
Asintiendo, peló la cáscara de la fruta y se la lanzó a la boca, sintiendo el sabor afrutado y ligeramente dulce.
En ese momento, Leona había terminado lo suyo y escupió afuera su chicle usado.
Ella sonrió un poco, mostrando dientes blancos con dos colmillos delicados. Parecía satisfecha con la fruta.
Bed-Lana notó que ambos estaban despiertos y salió por la puerta con sus platos y jarra. Ella dijo:
[Pronto serán llamados por la anciana Nat-Lana, ritual pronto, prepararse.]
Entonces salió de la choza.
Monarca también notó que para ese momento la lluvia había terminado.
Tras un rato, Monarca finalmente despertó completamente.
Frunció el ceño, maldiciendo el alcohol por haberlo alterado tanto. Maldijo que el alcohol de este lugar no fuera normal y fuese alguna especie de bebida con peyote que te hacía alocar.
Fue una suerte que la noche anterior todo hubiese resultado normal.
Los recuerdos del día anterior regresaron a su mente y solo algunos fragmentos estaban borrosos.
La fiesta entera al menos estaba clara. De pronto recordó haberse acercado a Leona y, antes de saberlo, despertó en su choza.
En cuanto a Fae, no entendió por qué se unió a ellos dos en la noche.
Con interrogaciones sobre su cabeza, la miró.
Fae ahora estaba sentada en el suelo, con el cabello alborotado y masticando perezosamente su chicle.
[Fae-Lana.]
Habló Monarca.
Esta lo miró y ladeó la cabeza.
[¿Por qué dormir aquí?]
Preguntó Monarca.
Ante su pregunta, Fae lo miró confundida, luego a Leona.
[Unirme a hijo de fuego.]
Monarca parpadeó confundido.
¿Qué era eso?
Leona también parecía confundida.
Ambos la miraron, a lo que Fae los miró extrañada. Pensando un poco, ella se tocó el brazo con la extraña cicatriz de zigzag.
Ella apuntó a Leona y luego a Monarca.
[El fuego los ama, yo quiero ser fuego.]
Monarca miró a Leona confundido. Esta, en cambio, pareció recordar algo y desvió la mirada.
Monarca la miró con extrañeza.
¿Qué había pasado?
Sin poder saber mucho, pronto fueron llamados.
Fae-Lana se tumbó en la capa de piel sobre paja que servía como cama, tomó una piel y se recostó, no pareciendo querer moverse.
Al final, Leona y él salieron de la choza, caminando hacia la gran choza del campamento.
Nada más salir de su lugar, un frío desagradable les hizo estremecer.
Era un frío familiar e invernal al que estaban acostumbrados a pasar en los últimos tiempos. Sin embargo, por alguna razón, de pronto se volvió incómodo ahora. Parecía que una sola noche durmiendo con más personas y una cabaña fue suficiente para ablandarlos.
Monarca se estiró varias veces y calentó su cuerpo.
Sentía algo de rigidez y dolor muscular, pero tras esto se recuperó bastante rápido.
Sus sandalias pisaron el suelo embarrado, causando sonidos de chapoteos.
El humo se levantaba en varias zonas de las carpas y el aroma agradable de la tierra mojada se elevaba sobre todo el lugar.
Ambos caminaron hacia la gran carpa, mirando la forma en que las personas se movían en el campamento.
Este estaba dispuesto sobre una colina; no había encharcamientos y todo había ido hacia el río, por lo que no había tanto lodo.
Las personas salían; algunos orinaban en una esquina o…
En ese momento, escuchó un ruido de ladrido.
Congelándose, buscó alrededor, pero no encontró nada como un perro.
El sonido venía de algún lugar lejano. No supo de dónde había sido, pero sin duda fue un perro.
Al final, llegaron frente a la gran choza de la chamán de la tribu.
Bed-Lana estaba esperando en la entrada, ella sola.
Les sonrió mientras cargaba todavía los atrapasueños.
Ella se los dio y dijo:
[Fueron limpiados, cuélguenlos en ropa al entrar.]
Ella hizo varios gestos, señalando cómo hacerlo.
Leona y Monarca asintieron, colgando las cosas de sus ropas.
Bed-Lana parecía estar ocupada, no se quedó con ellos mucho tiempo y, antes de despedirse, dijo:
[Los veo en comida.]
Entonces ella se alejó.
Leona y Monarca se quedaron en la puerta de la choza, no sabiendo si entrar o esperar a que alguien los llamara.
Monarca volteó a buscar a Bed-Lana, pero esta ya se había perdido en algún lugar.
Tras esperar un rato y no escuchar nada, Monarca finalmente se acercó con cuidado y abrió la entrada de la choza.
Justo al mismo tiempo, la voz de la anciana Nat-Lana sonó:
[Entren.]
Leona y Monarca se miraron; finalmente asintieron y entraron.
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