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Transmigrando en la antiguedad. - Capítulo 72

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Capítulo 72: Capitulo 72: Hijo de fuego

Todo sucedió demasiado rápido, dejando a Monarca con un sentimiento de no lograr entender completamente lo que pasaba.

Volvió corriendo junto a Leona y ambos se pusieron su armadura y prepararon sus mochilas, cosas que siempre tuvieron cuidado de mantener seguras.

Leona tomó su garrote hecho de hueso de un cuerno de bisonte, el cual apenas tenía una base recientemente más pulida para darle forma de un bate de béisbol.

Monarca también tomó la última lanza que tenían; la otra había sido rota por el tigre. Esta lanza, aunque algo golpeada, había sido mejorada por Mano de Midas durante mucho tiempo; era mejor que cualquier otro tipo de arma en este lugar.

Entonces, mientras esperaban, un silbido se escuchó desde el exterior de la tribu.

Leona frunció el ceño; se veía inquieta.

Monarca se sentía igual.

Se preguntó si esto era acaso ese sentido animal que los humanos terminaron perdiendo milenios más adelante, como el instinto de las aves, perros e insectos cuando sienten el peligro o que un temblor se acerca.

Cuando ambos escucharon el silbido, salieron de su pequeña carpa temporal y se encontraron con una escena sutil.

En el centro de la tribu continuaban reuniéndose los habitantes de los Cuervos Blancos ante la figura alta y siempre majestuosa del jefe de la tribu.

En ese momento, Leona y Monarca se acercaron, curiosos.

Bueno, en realidad, todos tenían curiosidad.

[¡Hermanos, hay un problema que se avecina!]

Exclamó el líder con una voz pesada y fuerte.

El hombre continuó y dijo:

[Según las palabras de nuestro hermano, algo ocurrió y es muy grave. Explica, hermano.]

El hombre tirado en el suelo levantó su rostro. Miró a todos en la tribu y dijo:

—¡La gran tribu de pescadores ha caído!

Esas simples palabras hicieron que varios hombres y mujeres se sorprendieran.

Se armó un alboroto, puesto que la tribu de pescadores era considerada fuerte y famosa, hombres capaces de vivir cerca del río madre y no morir en las inmersiones en sus aguas rápidas.

El hombre no terminó ahí; explicó lo que había sucedido.

Aves y osos atacando desde tierra y aire, y la magia negra para controlar bestias.

Cada palabra resultaba ser más aterradora y ominosa de lo que se podía esperar.

Cuando se avisó que los siguientes en ser atacados por aquellos furiosos guerreros eran sus tribus pequeñas, el pánico y el miedo rodearon a las personas de todos los lugares.

Monarca frunció el ceño.

Entendía por qué esa sensación desagradable.

¿Era una tribu grande intentando tragarse a otras pequeñas tribus, lo que se conoce como anexión por la fuerza?

Comprendía esto, pero no lograba captar lo que era el asunto de la brujería.

¿Realmente se referían a esas grandes aves o eran algunos halcones distintos?

Como fuese, si podían usar la ayuda de águilas o algún ave para cazar, ya sería realmente perjudicial para ellos. Si se les unían esas grandes aves, las arpías, entonces no entendía siquiera si se les podía hacer frente.

Ante la noticia del hombre, todos en la tribu parecieron aceptarlo y muchos comenzaron a alborotarse.

Leona miró a Monarca con seriedad; este, en su lugar, solo se mantuvo pensativo.

Realmente ahora se sentía en conflicto.

Justo cuando había decidido unirse a una tribu, ¿parecía que estaban a punto de caer en una especie de pelea?

Sinceramente, sintió que era muy desafortunado.

En el lugar, las voces que instaban a la discordia ya se estaban alzando.

Algunos tipos levantaron lanzas, otro par gritó por guerra.

El ambiente se calentó y pareció hacer que las personas asustadas se llenaran de sentimientos molestos.

Nadie quería ser golpeado y luego caer ante los pies de otros clanes.

Monarca tomó el brazo de Leona; esta lo miró con cuidado, pareciendo entender sus pensamientos.

O, más bien, ambos tenían casi el mismo pensamiento en ese momento.

Ambos se preguntaban si debían participar o alejarse y simplemente separarse de esta tribu.

Por un lado, parecería que seguirían en solitario, pero a salvo; mientras que, del otro lado, era posible unirse a un grupo, pero estarían en peligro, mucho peligro.

Ambos se estaban mirando, dudosos sobre el asunto, cuando la tribu de Cuervos Blancos ya parecía haber decidido sus objetivos.

[¡Guerra!]

Gritó el líder Cuervo Blanco, levantando su lanza en la mano con fuerza.

Los hombres y mujeres respondieron:

[¡A la guerra!]

[¡Por la guerra!]

[¡Guerra, guerra, guerra!]

Gritos, rugidos y voces sonoras.

Las lanzas se levantaron con fuerza.

En ese momento, Monarca miró cómo el líder salía de la tribu de Cuervos Blancos con una escolta de otros cinco guerreros poderosos.

La tribu del Árbol había hecho un llamado a distintas tribus, medianas y pequeñas, para tener una reunión de emergencia y hacer frente a la próxima batalla.

Aunque eran grupos de nómadas dispersos, entendían que la unión hace la fuerza.

Técnicamente, la tribu de Osos era una tribu de miles, pero los guerreros deberían ser hasta cuatrocientos.

Aquí, las mujeres, hombres, viejos y niños podían pelear, y solo algunas personas muy jóvenes, viejas o en circunstancias distintas no luchaban en verdad.

Por lo tanto, si todas las tribus se unían, podían enviar hasta 800 guerreros fuertes; si se tenía más suerte, podían enviar hasta mil personas.

Era una lástima que la mayoría de tribus se hubiera ido antes; ahora solamente podían juntar a esa pequeña cantidad.

Eso era si la tribu de Osos mantenía su número de guerreros anterior; con la anexión de los pescadores y la posible unión de ayuda de aves, entonces parecía un gran problema.

Como fuese, sería una pelea reñida.

Monarca suspiró mientras volvía a la tribu.

En este lugar, todos habían comenzado un levantamiento de pertenencias y el desmantelamiento de tiendas.

Leona y Monarca se mantuvieron en su lugar, perdidos sobre qué hacer.

Ambos estaban aún confusos sobre su siguiente camino, pero Monarca todavía hizo algo.

Aunque solo habían pasado un par de días desde la lucha contra el tigre, mantuvieron sus heridas algo expuestas debido a que no quería que todos vieran que podían recuperarse de una sola vez.

Pero ahora, con esta situación, solo podía volver a usar Mano de Midas.

Por lo tanto, estuvo usando Mano de Midas con Leona y con él durante este periodo de tiempo.

Leona se dejó toquetear un poco, con una expresión pensativa.

Monarca terminó de curarla; ella movió su cuerpo arriba y abajo y asintió.

Monarca también había curado su cuerpo.

En ese momento, notó que no se sentía cansado en lo absoluto; ¿parecía haber mejorado una vez más?

Estaba pensativo cuando Leona finalmente pareció decidirlo.

—Monarca.

Este la miró, confundido.

Leona lo miró con seriedad.

—Pelea.

Monarca la miró fijamente. No se molestó, tampoco pensó que Leona fuese impulsiva.

Esta chica era realmente astuta en ciertas cosas, por lo que preguntó:

—¿Por qué?

Ella le apuntó, se señaló las anteriores cicatrices y dijo:

—Hijo de fuego, ganar toda pelea.

Monarca en ese momento lo notó; Leona parecía verlo con una inexplicable fuente de confianza. Como si dijera: (Oye, ya sé que puedes hacerlo, solo hazlo). Leona continuó:

—Ojos bendecidos por fuego y sol, corazón latiente con furia, manos que no queman ni arden. Hijo de fuego. Tú ganar.

Su español, como siempre, era algo torpe, pero en ese momento hizo que Monarca sintiera una inexplicable sensación ardiente en el pecho.

Entonces, lo miró una vez más.

Una pequeña yesca o brasa que parecía salir del cuerpo de Leona, dirigida hacia él.

Entonces, la puerta o trapo que cubría la entrada fue abierta por Fae.

Esta miró a Leona y Monarca, así como las zonas de antiguas heridas.

Ella respiró varias veces, con una mirada realmente emocionada.

—Hijo de fuego.

Votos y comentarios!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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