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Transmigrando en la antiguedad. - Capítulo 73

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Capítulo 73: Capitulo 73: Desicion

En la pequeña choza, Monarca se encontró frente a las dos chicas que lo veían de distintas formas.

Leona lo veía con seguridad y una extraña sensación de creencia y firmeza. Por otro lado, Fae-Lana lo veía con un par de ojos brillantes, como una especie de fanático religioso que mira al papa.

Ella explicó lo que parecía haber sucedido aquella noche.

Mientras todos estaban borrachos y bailaban en el fuego, Monarca se juntó con Leona para jugar y practicar el baile del fuego.

Sobre esto, Monarca no recordaba, pero sintió que de hecho podría realmente haberlo hecho.

¿A quién no le ha gustado jugar con fuego? Ver a esos artistas de la calle con bastones envueltos en llamas que bailan mientras hacen girar el fuego o escupen llamas.

Es realmente genial.

El problema fue este.

Leona y Monarca parecieron divertirse tanto que Leona finalmente terminó quemándose.

Era evidente si juegan con fuego; sin embargo, aunque Fae pensó que era normal quemarse, Leona se sintió incómoda y dejó que Monarca la curara.

Este último la curó delante de Fae y, de esta forma, terminó exponiendo su habilidad.

Por otro lado, Monarca también hizo el mismo truco con el que convenció una vez a Leona: activó su Mano de Midas y pasó el fuego delante de las llamas, sin quemarse.

Con la “explicación” de Leona sobre que era el hijo del fuego, Fae pareció convencerse.

Claro, todos estaban borrachos ese día. Aunque ella lo recordaba, aún sentía que tal vez era un sueño.

Sin embargo, hoy lo terminó de descubrir.

Escuchando esta historia, Monarca se frotó la frente un par de veces.

(Mamá me dijo que el alcohol era malo, ahora entiendo por qué).

Maldijo su estupidez.

¿Qué hubiese pasado si alguien más sabía eso?

[¿Alguien más sabe?]

Preguntó Monarca con cuidado.

Fae-Lana parpadeó un poco, pero negó con la cabeza.

[Todavía no, ¿quieres anunciar?]

Ella preguntó, algo emocionada.

[¡No!]

Monarca la detuvo rápidamente.

Fae ladeó la cabeza, mirándolo confundida.

Para ella, ser el hijo del fuego era sin duda algo que debía avisarse. El hijo de fuego podía reunir las tribus, ser el corazón, vencer el actual ataque de osos negros.

Ella sentía realmente esto.

Pero claro, Monarca no quería ser Toruk Makto. Esos héroes morían jóvenes; él quería vivir mucho.

Monarca la detuvo y dijo:

[El fuego no es todopoderoso; aunque es fuerte, yo soy débil.]

Pensó un poco y añadió:

[¿Qué pasa si se moja el fuego?]

Fae parpadeó, pero aunque dudosa, dijo:

[El fuego muere.]

[Se apaga.]

Continuó Leona.

Monarca asintió, explicando:

[Aunque el fuego es eterno, una llama se prende y se apaga. Con mi fuerza actual no puedo ser un gran incendio, solo uno pequeño.]

Leona ladeó la cabeza.

[¿No te puedes bañar?]

Ella lo miró con extrañeza. Estaba segura de haberlo visto mojarse muchas veces.

Por otro lado, Fae pareció entenderlo mejor.

[Entonces… como ser joven, ¿no fuerte?]

Monarca asintió.

De hecho, todavía tenía catorce años. Por muy fuerte que fuese, no le ganaría a un adulto en lo absoluto.

Pensó en esos tipos que decían que un niño a los cinco años, usando una espada, ya podría vencer a una docena de adultos. ¿Es broma? La maldita espada es más grande que el niño, y las manos y piernas son tan cortas que solo podrían balancearla un poco. Incluso si eres un tipo reencarnado con superhabilidad y supertalento, ser un niño de brazos y pies cortos te convierte en alguien fácilmente vulnerable.

Claro, tenía catorce años, estaba creciendo y no era un tipo de manos y pies cortos, pero siempre estaría en desventaja contra hombres adultos con lanzas.

Fae asintió.

Tenía que admitir que Monarca, aunque fuerte, no parecía haber explotado todo su potencial.

Pero aun así, ella lo miró con ojos ardientes y dijo:

[Pero hijo de fuego fuerte. Cazar bestia asesina de hombres.]

Leona quería decir que ella también había participado, aunque al final solo clavó la daga en el ojo del tigre.

Finalmente aceptó que Monarca había sido fuerte.

Este suspiró.

Mirando a Leona, preguntó:

—¿Qué piensas de la pelea?

Habló en español aquí. Aunque Fae lo miró con extrañeza, se sorprendió cuando Leona le respondió.

Leona negó con la cabeza.

—Yo sigo a Monarca. Pelea, alejarse…

Ella dudó un poco, pero finalmente dijo:

—Pero si pelear, poder ganar fuerza. Gran fuerza, como gran roca.

Ella pensó y dijo esto. Monarca suspiró.

De hecho, la razón por la que vinieron hasta aquí fue porque no querían estar solos; querían unirse a una tribu, mantenerse calientes, recibir ayuda, ser fuertes.

Habían llegado hasta aquí y, aunque encontraron una tribu acogedora a la primera, parecía que los planes se estaban desmoronando a la nada más rápido de lo que pudieron siquiera decidir quedarse o no.

Pero una cosa era cierta.

Si se iban, entonces el propósito principal que se habían puesto habría terminado en un fallo total.

—Esto es una mierda.

Monarca se sacudió el cabello, queriendo desestresarse un poco.

—Mierda.

Leona asintió.

Fae los miró de un lado al otro, preguntándose qué clase de palabras eran esas.

(¿Acaso era el lenguaje del fuego?)

Ella levantó las orejas bien alto, concentrada.

(Mierda).

Pensó.

Monarca se cubrió el rostro, finalmente mirando a Leona y Fae.

Sus pupilas, una azul y otra dorada, parecieron llenarse de firmeza lentamente.

—Pues al carajo, vamos a hacerlo.

Las pupilas de Leona brillaron.

Ella sonrió; un aliento salvaje la rodeó.

—Vamos a hacerlo.

Fae los miró, confundida.

Finalmente dijo:

—Vamos… mierda.

Monarca y Leona de pronto la miraron, extrañados.

Fae solo parpadeó, confundida, preguntándose si había pronunciado algo mal.

Desde el exterior, se pudo escuchar la lluvia caer una vez más.

Los truenos retumbaron en el cielo; el viento sopló el aire gélido del norte. La nieve mezclada con la lluvia hizo que el tacto del agua se sintiera tan frío que helaba los huesos.

El río madre se hinchó y sus aguas se llenaron de corrientes furiosas que arrastraban cualquier rastro de planta, animal o materia hacia el sur.

Los riachuelos, cada vez más grandes, se movían entre las colinas ondulantes, y las personas desafortunadas eran empujadas de pronto por una corriente inesperadamente fuerte que las arrastraba hasta el río principal.

Ese fue el destino de un niño pequeño de una tribu desconocida, el cual salió a jugar, deteniendo una corriente de agua con las piernas, cuando de pronto una pequeña presa de rocas y barro se rompió, arrastrándolo con fuerza.

Los adultos intentaron ayudar, usando palos largos o lianas para que se sostuviera, pero el otro lado, en su pánico, no alcanzó a sostenerlo y finalmente, con un golpe, cayó cerca del río. Entonces, como si nunca hubiese existido, fue tragado por el agua negra, sin rastro de él.

Las personas miraron esta escena, entre las cuales Leona y Monarca estaban presentes.

A su lado, Metla-Na negó con la cabeza, suspirando.

[Los niños mueren mucho en estos tiempos. Este no será el primero.]

Monarca lo miró, casi sintiendo un escalofrío en la espalda.

Aunque había lástima en sus miradas, ¿por qué sentía que lo tomaba como algo normal?

En ese momento, vio a una niña extraña salir de una choza, saltando entre el barro y el agua.

El pecho le dio un vuelco y se acercó.

Le acarició la cabeza a la niña, quien levantó una carita confundida y delgada.

Con pupilas marrones y cabello ligeramente rojo, parecía una pequeña salvaje.

Monarca la miró por un momento y dijo:

[Cuida tus pasos, no resbales.]

Entonces la alejó de una zona con pendiente.

La niña, totalmente confundida, lo miró como si fuese alguien raro.

Monarca también pensó que era así, por lo que activó un poco Mano de Midas.

La niña de pronto sintió una sensación caliente en su cabeza.

Ella entrecerró los ojos como un cachorrito y sacudió un poco su cuerpo.

Monarca la frotó un poco más y luego la instó a regresar a su choza.

La niña le sonrió con dientes pequeños de tigre y, tras saludarlo, se alejó de regreso corriendo.

Monarca suspiró.

Aunque la protegió de no enfermarse con este frío, se preguntaba si en estos tiempos el frío sería lo último que podría acabar con una vida.

Leona y Metla-Na miraron esto con distintas expresiones.

Leona lo miró, entrecerrando los ojos con sospecha.

—Es joven.

Dijo en voz baja, cosa que Monarca decidió ignorar.

Por otro lado, Metla-Na lo miró con algo más de aprecio.

Palmeando su hombro varias veces, sonrió mientras su bigote, como una morsa, temblaba.

[¡Jaja! Bien. Las crías son importantes. Hay que cuidarlas.]

Este asintió, mientras veían cómo a lo lejos Bed-Lana se acercaba lentamente.

Ella tenía el ceño fruncido, pensativa.

Lo que hacían todos en este lugar tan frío era esperar una respuesta, señal u orden.

Esta vendría de la colina más alta, donde apenas se podía ver cómo un gran grupo de personas se había reunido.

Ese grupo era el actual consejo de la alianza de tribus para repeler a la gran tribu de osos.

Todos miraron hacia esa colina, simplemente esperando.

Bed-Lana había sido parte de quienes habían ido; incluso Zetla-Na era uno de los guerreros que estaban trabajando como guardia. No era escolta personal del jefe de tribu, pero era casi un alto cargo.

Cuando Bed-Lana se acercó a la tribu, todos miraron su expresión seria.

La tensión envolvió el campamento.

Entonces,

Un grito salió de la boca de Bed-Lana.

[¡Habrá guerra!]

Ante su voz, los rayos, como serpientes que subían y bajaban de las nubes, brillaron y fueron acompañados por los truenos poderosos.

Entonces, las lanzas se levantaron.

[¡Guerra! ¡Guerra! ¡Guerra!]

Entre estos estaban Monarca y Leona.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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