Transmigrando en la antiguedad. - Capítulo 80
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Capítulo 80: Capitulo 80: Traicion
Monarca solo pudo encogerse en su lugar.
Activando su vista de águila, podía notar cómo el cerco que los rodeaba y era de un claro color rojo parecía hacerse cada vez más rojo brillante.
Monarca suspiró, pero aunque estaba preocupado, también se sintió impotente.
Para este grupo de personas, era un total desconocido.
No podía ejercer una presión para atraer al grupo de personas a su alrededor; simplemente parecía impotente y esto lo molestaba demasiado.
Revolvió su cerebro en busca de ideas, pero lamentablemente no le llegó nada.
Durante todo este tiempo, Leona y Fae parecían sentirse más extrañas.
Era evidente la molestia de Monarca, pero sin entender lo que pasaba correctamente y quién era el enemigo, solo podían quedarse en su lugar sin hacer nada, aparte de prepararse.
Entonces…
Monarca suspiró. Caminando por el suelo embarrado, se acuclilló cerca de ambas chicas.
Las miró por un tiempo, a lo que estas también lo miraron, con 80% duda y el resto de precaución.
Monarca tragó un poco de saliva; su plan era simplemente apuntar hacia una esquina y finalmente escapar, corriendo hacia el lado más vulnerable del cerco que los rodeaba.
Pero, mirándolas a ambas —Leona, que no tenía más de 15 y era pequeña, y Fae, que parecía no ser tan mayor a ellos, tal vez unos 17 años—, luego miró a los guerreros jóvenes que los habían rodeado.
Era algo que no se había notado al inicio, pero aunque eran guerreros jóvenes, había algunos adultos fuertes, desde los 16 hasta los 20 años.
Monarca suspiró.
Siguió con su mirada hacia Rod-Lana y esos niños.
Aunque el plan de correr era factible, en realidad, ¿cuántas personas podrían escapar corriendo?
El cielo estaba despejado y no parecía que pudiera haber una tormenta pronto; sin embargo, el clima era confuso e inexacto.
Pensaba que en este estado sería imposible correr fácilmente si eran perseguidos, pero si comenzaba una tormenta, sus posibilidades eran casi nulas.
La idea era buena, pero parecía que había muchos problemas.
Por esto, finalmente se sentó frente a estas dos chicas.
[Necesito ayuda.]
Finalmente dijo esto.
Ante sus palabras, los ojos de Leona brillaron un poco más.
Odiaba quedarse al margen, quería actuar.
Ahora realmente parecía que podría hacer algo.
Monarca también se sintió algo aliviado.
Tuvo una idea problemática; sinceramente, había llegado a un punto muerto anteriormente, por lo que sintió que necesitaba ayuda.
Nunca fue alguien ensimismado, un terco que no pide ayuda.
Aunque debía admitir que tenía un poco de complejo de héroe…
Entonces, Monarca sacó de su bolsillo un pedazo de resina que había guardado anteriormente.
Se la mostró a ambas chicas cuando comenzó a explicar su plan.
El asunto era algo simple, a lo que ambas asintieron.
Monarca suspiró.
Ahora realmente esperaba que pudiera haber un poco más de tiempo para resolverlo todo.
Acarició la piel de tigre que lo envolvía cuando apretó los dos colmillos de tigre que tenía en la mano.
Los colmillos de tigre no eran como los colmillos cónicos normales; estos eran largos, delgados y serrados, como cuchillos naturales.
Los que tenía en la mano eran de unos 15 centímetros; no eran particularmente grandes, pero eran muy afilados y, tocando la parte más delgada, tenían una serie de zonas serradas con pequeñas púas.
Monarca se aterró pensando que estas cosas podrían haberlo intentado morder.
Estas cosas eran fáciles de abrirle la carne y rasgar arterias.
Claro, al ser delgados, los hacía herramientas útiles para apuñalar, pero frágiles y quebradizos si la presa mordida forcejeaba, entonces utilizó Mano de Midas para fortalecerlos y aumentar su flexibilidad.
Luego caminó hacia la zona donde estaba la separación que habían creado los sujetos del clan del Árbol.
En este lugar, notó finalmente la diferencia.
Aunque estaban rodeados, no parecía como si lo fuera; estos tipos hablaban y platicaban de forma relajada.
En ese momento, Monarca miró a una mujer de la tribu del Árbol caminando con un hombre de la tribu del cuervo blanco y escondiéndose entre los arbustos para procrear.
En otra esquina, un niño de los cuervos corrió a jugar con un chico de la tribu del Árbol.
Todo parecía bastante normal.
Monarca miró a este grupo que no se diferenciaba del suyo, simplemente que era más evidente que, si lo notaban bien, había un círculo cerrado a su alrededor.
Monarca se recargó contra un pino y se acuclilló para comenzar a apuñalarlo.
Quitar corteza, abrir la parte interna, picar.
Su trabajo llamó la atención de un hombre fornido de la tribu del Árbol.
Con extrañeza, caminó hacia Monarca y frunció el ceño mientras lo veía apuñalar el árbol.
[¿Por qué haces eso?]
Monarca se detuvo, mirándolo con algo de confusión.
El hombre, que parecía algo mayor, volvió a preguntar, notando a Monarca con algo de extrañeza.
Monarca sonrió.
Sacó la daga de colmillo de jabalí, donde de pronto comenzó a salir la savia, una resina pegajosa y de olor acre.
Monarca apuntó y dijo:
[Pegajoso, sirve para reparar piel rota.]
Monarca demostró el acto con claridad.
Tomó algo de la resina borboteante y con esto pegó un pedazo de piel en su ropa que estaba rota.
El hombre se acercó, mirando a Monarca y la resina.
Era evidente que él conocía la resina, pero no era comestible y simplemente era pegajosa; servía para atrapar insectos.
Este estiró la mano y pinchó un poco la resina, pegándose rápido con esta.
El hombre frunció el ceño y se talló la mano contra el tronco del pino.
Negando con la cabeza, simplemente dejó a Monarca y regresó a descansar a su lugar.
Monarca miró al sujeto alejarse cuando finalmente suspiró de alivio.
Sintió una capa de sudor en su espalda, dándole un escalofrío.
Ese tipo era bastante grande y cargaba una gran masa.
Cuando lo miró, fue como ver a un tipo muerto. Incluso verlo reparar la ropa pareció mirar a un tonto.
(Ye, vas a morir, ¿por qué reparar la ropa?)
Monarca sintió que eso fue lo que esa mirada se dirigió a él.
Monarca suspiró, pero su rostro se volvió más serio.
Sentía cada vez más que el problema estaba a punto de llegar.
Por lo tanto, tocó el tronco del árbol y comenzó a usar su Mano de Midas con la resina.
Esta resina cayó por el tronco, hasta el suelo,
como una persona desangrándose, manchando el suelo.
Monarca miró esto, suspirando.
Luego caminó hacia los otros lugares que Leona y Fae habían trabajado.
Cuando todo terminó, los tres volvieron a su lugar.
Monarca repartió algo de carne de jabalí que había obtenido anteriormente gracias al intercambio de carne del tigre.
Esta carne fue comida por Leona y Fae con mucho gusto.
Monarca también comió.
En ese momento, notó que Leona, incluso siendo más pequeña, parecía comer dos veces más que Fae, quien era más alta y técnicamente mayor que ella.
Monarca se sintió algo interesado cuando notó que Leona todavía parecía tener un vientre plano tras comer tanto.
En cuanto a él, también parecía comer más.
¿Tal vez era el efecto de la mejora de digestión que había estado impulsando en ambos desde hacía algún tiempo?
Estaba curioso, pero no era el momento de pensar esto.
En su lugar, se juntó a Leona y Fae en el centro de la zona de unión de la tribu de los cuervos blancos y esperaron.
El ambiente continuó bastante normal; habían estado descansando por un tiempo, algunos habían comenzado a dormitar. Una noche fría donde se la pasaron escapando dejó a muchos exhaustos.
La tribu del Árbol también parecía exhausta, por lo que fueron los primeros en tirarse a dormir, pero finalmente parecía comenzar a despertar.
Hubo un desayuno simple.
El viento frío del norte llegó con fuerza.
Entonces, Monarca miró hacia el cielo, confundido.
Desde el cielo alto, pudo ver puntos blancos delicados que flotaban lentamente hacia abajo.
Con cuidado, estiró la mano, atrapando un pequeño copo de nieve.
Este tocó su piel, derritiéndose casi tan rápido como lo había tocado.
Leona y Fae también lo notaron.
Todos levantaron el rostro, notando que parecía haber comenzado el verdadero invierno.
Entonces, con un fuerte grito, la masacre comenzó.
Un hombre viejo de la tribu del Árbol levantó una lanza larga y gritó:
[¡Árbol unido, muerte!]
Entonces, con fuerza, apuñaló el pecho de un hombre de las aves rojas con el que había estado platicando no hace mucho y reía.
[¡Árbol fuerte! ¡MATAR!]
[¡MATAR! ¡MATAR! ¡MATAR!]
Las lanzas se levantaron con repentina violencia, apuñalando los cuerpos frágiles e indefensos; las masas rompieron cráneos y, por un momento, la confusión se formó en ese lugar.
Solamente cuando una mujer gritó al ver a su pareja caer fue que todos despertaron.
Monarca miró a su alrededor; como desde lejos, en la zona circundante de la tribu de cuervos blancos también comenzaban los gritos.
Este miró a Leona y a Fae cuando asintió.
La traición realmente se había llevado a cabo.
Entonces, mientras todos entraban en pánico, Monarca miró a Leona y a Fae y asintió.
Los tres tenían tres antorchas preparadas de antemano. Las levantaron y corrieron hacia la zona de conflicto.
No se acercó rotundamente hacia ese lugar, sino que se acercó lo suficiente como para ver aquel árbol.
Al hacerlo, se encontró con la escena de muerte.
En ese lugar ya había personas muertas, hombres cubiertos de sangre que avanzaban con sus armas, gritando como bestias demoníacas y sedientas de sangre.
En ese instante, Monarca miró al hombre que lo había interrogado de antemano, apuñalando el pecho de una mujer de los cuervos blancos.
Sacó la masa del pecho de la mujer, chorreando sangre.
En su rostro se veía solo la frialdad de un depredador.
Cuando levantó su rostro, se encontró con la figura de Monarca, y le sonrió.
Era como si le dijera que ahora él era el siguiente.
Monarca apretó los dientes cuando lanzó la antorcha con todas sus fuerzas.
Esta dio vueltas en el aire y apuntó al hombre.
Este simplemente dio un paso al lado, mirando a Monarca con burla.
Así de fácil había esquivado el ataque de ese chico.
El hombre se sentía orgulloso.
[¡Muerte!]
Gritó cuando dio un paso adelante.
Se sintió un poco molesto porque no hace mucho pisó ese lugar pegajoso y sus pies ahora estaban pegajosos, con hojas y tierra adherida, sintiéndose irritado.
Tenía que asesinar a ese chico con más lentitud para vengar esta molestia.
Así pensó cuando sintió un calor ardiente que venía desde detrás de él.
Se dio la vuelta con el rostro confundido; entonces lo vio.
El suelo de pronto comenzó a arder; un humo negro y acre le golpeó el rostro cuando se retiró con miedo.
¿Qué había pasado?
Los gritos de sorpresa sonaron alrededor cuando otros dos fuegos también ardieron y levantaron pilas de humo denso.
El hombre miró a Monarca con sospecha y luego ira.
Era ese tipo. No sabía lo que había hecho, pero era su culpa.
Con furia, dio un paso adelante cuando sintió más calor.
Mirando la expresión burlona de Monarca, sintió el peligro. Intentó correr, pero ya era tarde.
La resina modificada por Monarca para aumentar su capacidad inflamable siguió sus pisadas hasta alcanzarlo.
El hombre se cubrió con una expresión aterrorizada cuando la llama le tocó las plantas de los pies.
Sintió un dolor terrible, pero esta resina ya lo había alcanzado.
[¡Aah!]
Gritó con miedo y dolor.
Su carrera en pánico no le hizo notar que corría hacia una lanza afilada cuando finalmente chocó contra esta.
Miró hacia adelante, encontrándose con el ojo dorado y azul de Monarca, así como la lanza agrietada que le había apuñalado el pecho.
Monarca apretó la lanza, sus músculos se hincharon y gritó:
[¡GrrAh!]
Monarca lo empujó con todas sus fuerzas, a lo que el hombre cayó, con la espalda cayendo sobre el fuego y pegándose más con la resina.
El fuego lo cubrió como un manto brillante. En ese frío, el fuego era muy agradable, pero lo único que se escuchó fueron los gritos de terror y dolor.
Claro, este grito se mezcló con el resto de gritos y sonidos de guerra que se habían formado en los alrededores, con la tribu del Árbol como iniciadora.
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