Transmigrando en la antiguedad. - Capítulo 83
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Capítulo 83: Capitulo 83: Responsabilidad inesperada
El fuego se desató demasiado rápido. En un momento eran solo tres árboles cubiertos de llamas ardientes y, de pronto, se habían movido a una zona grande del bosque que comenzaba a incendiarse con la fuerza de la naturaleza. Era como si el fuego quisiera lamer cada parte de ese campo de batalla donde las vidas no pudieron hacer otra cosa más que caer y morir.
Las llamas lamieron el pelo y la piel secos para, de pronto, arder; los cuerpos chisporrotearon y se carbonizaron.
Cuando la tribu del oso llegó al campo de batalla donde se preveía intentar capturar al grupo de cuervos blancos y aves rojas, lo que se encontraron fue un mar de llamas que no dejó paso a nadie.
En una zona apartada, Renka-Hur salió de una parte abierta, dirigiéndose hacia el líder de su tribu que venía a tomar el control de la zona.
Este grupo de guerreros era enérgico y fuerte; no habían participado en la batalla que se llevó a cabo la noche anterior, sino que eran un grupo apartado para atrapar completamente a los remanentes de esa tribu.
Sin embargo, cuando llegó, no pudo encontrar nada.
El líder de la tribu de los osos, un guerrero tan fuerte y alto que sobresalía ante todos por una cabeza, con una gran piel de oso que lo cubría y una barba espesa y cabello denso que lo hacía parecer más una maraña de pelo que un humano, caminó hacia el frente de sus guerreros.
Renka-Hur se arrodilló en el suelo, encogiéndose ante su gran líder.
[Jefe, hemos acabado con la fuerza enemiga. Ahora la tribu de aves rojas nos pertenece.]
Renka-Hur intentó expresar las buenas noticias; sin embargo, aunque esto era técnicamente algo bueno, la verdad era que se sentía temeroso por lo que parecía estar a punto de suceder.
El líder oso asintió, mirando hacia el fuego descontrolado y luego hacia el grupo de cautivos que se habían separado con ayuda de la tribu del árbol como subordinados.
Para ese momento, ya estaba más que claro que la tribu del árbol se había unido en su totalidad con los osos.
[¿Qué pasó?]
Habló el gran líder oso, apuntando hacia el fuego lejano.
Renka-Hur frunció el ceño, pero no se atrevió a mentir cuando explicó la situación.
[Cuervos blancos usaron fuego y quemaron todo.]
El líder oso asintió.
Miró hacia el grupo de personas atrapadas.
Entre el montón de la tribu de aves rojas, apenas pudo ver un pequeño grupo de cuervos blancos que prácticamente eran solo un puñado. Estos eran tipos desafortunados que habían sido capturados o heridos durante la batalla.
[¿No hay más cuervos?]
Preguntó el líder.
Renka-Hur negó con la cabeza.
[…todos murieron o escaparon.]
Cuando Renka-Hur dijo esto, sintió un dolor sordo en su costado.
Antes de morir, esa vieja Kar-Lana en realidad utilizó todas sus fuerzas y le clavó su lanza en el costado.
Él le atravesó la cara con su lanza y la asesinó, pero todavía seguía sintiendo ese dolor punzante; la herida abierta pulsaba con dolor constante.
Cuando el líder oso escuchó que la tribu de cuervos blancos estaba muerta o había escapado, frunció el ceño.
El silencio se hizo por un momento, cuando finalmente asintió y dijo:
[Bien.]
Cuando Renka-Hur escuchó esto, un suspiro de alivio se acumuló en su pecho.
Sin embargo, al escuchar lo que el líder dijo después, lo dejó estupefacto.
[Persigue a los que escaparon y tráelos o mátalos.]
El líder oso dijo esto de forma simple, ignorando que Renka-Hur parecía herido y exhausto, o que los otros guerreros de la tribu del árbol parecían lamentar las muertes de sus camaradas.
Renka-Hur abrió un poco los ojos, sorprendido, pero con una mirada penetrante del líder, finalmente agachó la cabeza y asintió.
[Sí, lo haré.]
El líder oso asintió y finalmente dijo:
[Entonces muévete.]
Monarca corrió con fuerza en el bosque.
Detrás de él, un grupo de hombres y mujeres, así como niños y adolescentes, corrieron por el bosque profundo sin descanso.
Las piernas pisaron el suelo frío, pinchándose con astillas, piedras y raíces puntiagudas que querían atravesar su piel, pero con suerte y sus sandalias no lo hicieron, dejando un camino adecuado para quienes lo seguían.
El aliento salía despedido en una neblina blanca pesada y cada persona sentía el ardor en sus pulmones.
Los copos de nieve se movían hacia ellos mientras se perdían en el bosque profundo.
Finalmente, tras una carrera larga, se detuvieron en una zona abierta.
El grupo se apartó en una esquina de un claro grande y abierto.
Cuando llegaron, prácticamente todos jadeaban, sintiéndose exhaustos y agitados.
Los niños menores, sobre todo, fueron el grupo que se tiró al suelo al llegar, y personas como Rod-Lana, que cargaba peso encima de ella, sudaba profusamente.
Monarca también jadeó; sentía las piernas hinchadas y el corazón agitado. Había estado cargando a Zen-Lana en su espalda durante todo el viaje y eso lo hacía sentir exhausto, pero no se arrepentía de hacerlo.
Cuando miró a su alrededor, contando el número de personas que quedaban en su lugar, se sintió estupefacto.
Un total de hasta 25 personas en total: casi 8 niños menores, mientras que el resto eran adolescentes o adultos no tan viejos. La mayor, sin duda, era Rod-Lana, con otro par de mujeres que la ayudaban y un grupo restante de adolescentes que no superaban los veinte años.
Monarca, así como Leona y Fae, se consideraban parte de los jóvenes.
En ese grupo apartado, se habían reducido totalmente a casi una octava parte de lo que habían sido en un inicio. No dudaban que hubiera otros compañeros de la tribu que escaparon, pero en ese bosque tan grande era complicado saber lo que sucedería y dónde terminarían.
En ese momento, Monarca y los demás miraron hacia el lugar de donde habían venido.
Ese lugar ahora cubría el cielo de un color oscuro. El humo negro y el brillo rojizo habían llenado una parte del bosque lejano.
Era obvio que había comenzado un incendio forestal; solo esperaban que no afectara tanto la zona.
Girando hacia el cielo, ahora cubierto de nubes densas, una tormenta de nieve estaba llegando.
El suelo a su alrededor se había cubierto lentamente con una capa delgada de nieve blanca.
Parecía que la nieve podría ayudar para la supresión de incendios.
Todos descansaron en el lugar durante un tiempo, pero después de descansar, todos se sintieron confundidos.
Una pregunta extraña los envolvió a todos, y la pregunta llegó a sus cabezas: “¿Ahora qué?”.
Todos se voltearon a ver cuando, inconscientemente, miraron a Monarca.
Este, en su lugar, miró a Rod-Lana, pero notó también que ella lo miraba.
Monarca parpadeó un par de veces, confundido.
Rod-Lana pareció notar su confusión cuando dijo:
[El líder Kar-Lana dijo que tú guíes.]
Esas palabras hicieron que Monarca se sintiera una vez más confundido.
Era claro que estos tipos podían ser algo salvajes, pero al menos tenían claro un asunto: seguían las reglas. Como Rod-Lana, si no lo decía el líder, incluso si parecía peligroso, no se movía; pero si el líder aceptaba que escaparan, entonces lo hacía con todas sus fuerzas.
Al final de su escape, Kar-Lana dejó que Monarca corriera y abriera una zona para que los restos de la tribu de los cuervos blancos se alejaran. Técnicamente, si ella se lo encargó a él, entonces ¿eso lo convirtió en el líder?
Monarca se sintió confundido y aturdido por un segundo. Sinceramente, no esperaba de pronto tener tal responsabilidad tan de repente. Eran un grupo que escapaba, un grupo pequeño y que parecía débil.
Estaba perdido.
Por otro lado…
Leona miró esto y sus pupilas ámbar parecieron brillar.
Ella miró a su alrededor; de pronto sintió que finalmente su momento para anunciar la llegada del hijo del fuego había llegado.
¡Votos y comentarios plox!
Monarca no tuvo más tiempo para pensar en pros y contras.
La realidad era que, de forma inexplicable, ahora parecía ser algo así como un líder temporal en este grupo de personas que escapaban.
El sudor formado repentinamente en su espalda lo hizo sentir un escalofrío en este lugar denso y cubierto con una capa de nieve.
Mirando al grupo de personas que ahora dudaban en hacer algo, Monarca pensó rápido y se estrujó el cerebro en busca de posibilidades.
[Primero… tenemos que saber si el líder y Bed-Lana siguen vivos.]
Monarca intentó dar una posible ruta, pero claro, actualmente no era posible encontrar una forma de saber la vida o muerte de estas personas.
Rod-Lana miró hacia donde parecía aumentar la nube negra y dijo:
[Es peligroso regresar.]
Monarca asintió, suspirando.
Pensando, preguntó:
[¿Hay un lugar que solo los cuervos blancos conocen? ¿Algo donde solo el líder podría volver?]
Ante esta pregunta, parecía como si Fae tuviera una idea, pero luego negó con la cabeza.
[La gran zona de comida es conocida por varios.]
Rod-Lana pensó por un tiempo, cuando asintió.
[Hay lugar.]
Los ojos de Monarca brillaron y preguntó:
[¿Dónde es?]
Rod-Lana pareció recordarlo y finalmente apuntó hacia un lugar en el sur.
[El lugar donde la tribu nació, al sur.]
Fae escuchó esto y parecía confundida; de hecho, los otros jóvenes también tenían rostros estupefactos.
De hecho, nadie de esta generación parecía haber regresado donde se supone que había nacido la tribu.
Era algo normal si se trataban de tribus nómadas, aunque este tipo de lugares siempre se mantienen en mente.
Monarca asintió y dijo:
[Entonces vamos ahí.]
Sintió que si la tribu de cuervos blancos aún tenía supervivientes, entonces tal vez podrían regresar ahí. Tal vez…
Monarca suspiró cuando miró a su alrededor y notó a los varios jóvenes que aún parecían confundidos.
Monarca lo dudó, notando sus apariencias; aunque parecían aceptar el hecho de que parecía haber sido designado como líder temporal, ¿quién quería ser mandado repentinamente por un desconocido total?
Monarca los miró y se preguntó qué era lo que debería hacer.
Esta fue su duda, hasta que de pronto Leona llegó a su lado junto a la antorcha que había hecho anteriormente.
Esta antorcha era un palo con un extremo envuelto con algo de resina.
Leona lo miró con ojos emocionados cuando susurró:
—Hijo de fuego, es hora de mostrar.
Monarca la miró, dudando por un tiempo.
Notó un brillo increíble en las pupilas de Leona, su rostro delicado, con una cicatriz desde su labio izquierdo hasta sus sienes, una marca que la seguiría toda su vida.
Recordó la forma en que había convencido a esta chica salvaje en aquel tiempo.
Usando una habilidad que la confundió un poco y que hasta ahora parecía haber mantenido aferrada con una gran creencia hacia él como una especie de elegido.
Aunque, si lo piensas y ya que cruzó a través de la ayuda de un ser extradimensional más poderoso que varios dioses, entonces… realmente había sido elegido.
Monarca sostuvo la antorcha en su mano cuando finalmente tomó una decisión.
Como fuese, si para lograr mantenerlos con vida era necesario esto, entonces lo haría.
De esta forma, ante todos, Leona encendió la antorcha de resina y la puso frente a Monarca.
No hubo rituales ni nada extraño. Monarca simplemente hizo activar Mano de Midas en su palma y comenzó a curarla mientras la metía en la llama amarillenta.
Todos miraron esto sorprendidos. Se preguntaban si acaso Monarca se había vuelto loco y amante del fuego como Fae, a quien le encantaba jugar con fuego incluso si este la dañaba, pero esperaron los gritos, el ardor, la carne quemada. Entonces, cuando Monarca sacó la mano intacta, el silencio se hizo en este lugar.
Monarca entrecerró sus ojos, activando su vista de águila, haciendo que sus pupilas se volvieran amarillentas. Debió ser por el brillo del fuego que parecía como si hubiera llamas ardientes bailando en sus ojos.
[Ahora tengo que pedir su ayuda.]
El fuego se expandió tan rápido como la tormenta de nieve llegaba.
Una pelea entre el fuego y la blancura chocó en tal lugar, elevando columnas de humo negro y vapor blanco.
En este lugar, Renka-Hur guio a un grupo de guerreros de la tribu del árbol en búsqueda de los restos andantes de la tribu de cuervos blancos.
Fue sencillo: el otro lado escapaba y no tenía tiempo para ocultar sus huellas. Mirando el suelo, incluso si la nieve comenzaba a cubrir la tierra, podía notar las ramas rotas y los arbustos abiertos por la mitad.
Siguiendo las marcas y rastros dejados detrás, lograron acercarse rápido hacia ese grupo. O eso era lo que estaba pensando.
Con lanzas en las manos, sus cuerpos envueltos en pieles gruesas que se cubrían lentamente con nieve, se sentía cómo la piel se endurecía con el frío, pero al menos los mantenía cálidos.
Pisaban el suelo nevado con agilidad.
Finalmente, saltando una zona cubierta de troncos, llegaron a un pequeño claro abierto.
Renka-Hur se paró en la zona, mirando los alrededores.
Se agachó, limpiando la nieve y mirando el suelo. Huellas grandes y pequeñas.
Era evidente que habían estado ahí.
Con ayuda de otro miembro de la tribu de osos, notaron que este lugar había sido utilizado para descansar.
Una sonrisa depredadora se formó en el rostro de Renka-Hur.
El otro lado tenía cargas como niños; si no los abandonaban, entonces tendrían que estar cargando con este peso inútil que los cansaría más y más.
Renka-Hur ordenó fuertemente que buscaran la zona por donde el grupo se había alejado. Los guerreros jóvenes a su alrededor se movieron para rastrear en los alrededores.
Renka-Hur miró la zona un poco más, entrecerrando los ojos.
Inconscientemente se tocó el flanco, el cual aún le dolía. Maldijo a esa vieja desgraciada a la que había asesinado. Sin descansar adecuadamente, comenzaba a sentir que la herida le pulsaba. Solo esperaba, con ayuda de los antiguos espíritus, que sanara rápido.
Con una expresión desagradable, pensó que era mejor asesinar a aquel grupo de escapistas. No, el líder oso le pidió devolver a la gente; entonces solo asesinaría a los jóvenes y viejos, los jóvenes se volverían la recompensa seria.
Estaba pensando esto cuando un grito doloroso llegó desde un lado del claro cubierto de nieve.
Renka-Hur se levantó rápido de su lugar, estupefacto.
Con su lanza en mano, se preguntó si lo que había sucedido fue algo como una especie de ataque furtivo.
Los demás perseguidores se unieron de igual forma y, con precaución, se dirigieron hacia esa zona.
No encontrando signos de que hubiera una batalla, caminaron hasta acercarse a aquel individuo que se retorcía.
Cuando Renka-Hur se acercó con el ceño fruncido, finalmente lo notó.
Este era un joven que había caído con el pie dentro de un agujero, tal vez uno hecho por algún conejo u otro animal.
Mirando más de cerca, frunció el ceño.
El pie había sido atravesado por una rama afilada.
El joven se retorció ante el dolor.
Renka-Hur ordenó a otros individuos que lo sostuvieran y luego, con fuerza, tomó la rama y la arrancó de un tirón fuerte.
La sangre salió a borbotones, pero Renka-Hur simplemente tomó algo de nieve y la untó en la herida, cubriendo el agujero.
Con el ceño fruncido, preguntó:
[¿Cómo sucedió? ¿No sabes cazar y esquivar madrigueras?]
Ante su reprimenda, el joven con rostro pálido asintió, pero luego apuntó hacia adelante.
[Vi rastros de escape ahí.]
Renka-Hur siguió el lugar que apuntaba el otro lado y miró con más cuidado la zona.
Rápido pudo ver otros rastros, ahora incluso más evidentes que antes; el otro lado sí que estaba desesperado. Había un pedazo de piel rota atrapada en una rama y también ramas rotas y corteza raspada.
Si ahí no habían pasado un grupo de personas desesperadas, entonces podría tragarse lo que le salía del trasero.
Con una sonrisa, miró al joven herido y dijo:
[Tú espera aquí, pronto volveremos al clan y ahí te curarán.]
Renka-Hur prometió esto, aunque al mirar la piel del chico, ahora la nieve estaba muy manchada de sangre. Se sintió algo consternado; solo esperaba que el joven guerrero de su tribu no perdiera demasiado de su líquido de vida o realmente sería un problema.
Después de hacerle una promesa, miró a su alrededor y gritó:
[¡Persigan!]
Entonces, las personas se movieron con gran velocidad hacia adelante, pensando que pronto encontrarían su presa.
Renka-Hur ya había imaginado su regreso a la tribu y finalmente poder descansar y recuperarse mientras unía su tribu en una gran alianza con la tribu oso.
Su imaginación se detuvo cuando, de pronto, sonó un nuevo grito detrás de él.
Cuando se dio la vuelta, otro guerrero joven había metido el pie en otro agujero.
Renka-Hur frunció el ceño, hizo la misma operación de arrancar la rama del pie y frotarla con nieve y barro para cubrir la herida. Tomó al resto de personas y siguieron corriendo, pero entonces otro cayó.
Era la misma cosa.
Renka-Hur se detuvo finalmente, dudando completamente de lo que estaba sucediendo.
En ese momento, Monarca miró cómo dos chicos cavaban rápido un agujero profundo y, con cuidado, metió y empaló una rama afilada que había endurecido con Mano de Midas para volverse mucho más nítida.
Luego de esto, Leona tomó algunas ramas pequeñas y las enjauló, y finalmente cubrió todo con hojas y nieve.
Dejando la trampa, siguieron corriendo hacia adelante.
Su grupo ya se sentía exhausto, pero todavía tenían que seguir con el trabajo.
Mirando los alrededores, suspiró porque no pudo hacer otras cosas que trampas de pie, pero esperaba sinceramente que funcionaran.
Corrieron por una esquina y rompieron ramas y patearon el suelo, dejando marcas de pasos grandes en todas partes.
Tras un tiempo, Monarca pensó que era suficiente.
Mirando a las personas exhaustas a su alrededor, asintió.
Dijo:
[Ahora, eso es suficiente.]
Todos suspiraron de alivio al escuchar esto, cuando Monarca activó la vista de águila, asegurándose de que no hubiera ningún problema circundante.
Finalmente asintió a las personas y, en lugar de seguir adelante, dejó que todos se metieran en el bosque al lado, caminando en una fila india, casi cada uno pisando la huella del otro, mientras que él y Leona se quedaban atrás cubriendo las huellas con nieve.
Esperaba que al menos su ruta de escape no fuese encontrada.
Se estremeció ante el frío cada vez mayor, pero todavía caminó mientras pisaba la nieve, asegurándose de no dejar marcas evidentes.
Miró hacia el sur y siguió el camino.
Votos y comentarios porfavor!
Por cierto, este arco ya casi acaba. porfavor comenten lo que les pareci´o esta parte. aunque dejamos un poco de lado el asunto de la construccion y demas, pero creo que era necesario tener este arco de clanes.
Claro, todo depende de su gusto, comenten lo que piensan.
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