Transmigré y conseguí un esposo y un hijo! - Capítulo 469
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Capítulo 469: Ponte las pilas, hombre. Capítulo 469: Ponte las pilas, hombre. —Se salvaron, Señora —El Mayordomo Fu se encontraba a unos pasos de la Abuela Zhu. La última estaba de pie frente a la ventana, sujetándose de su bastón para mantener el equilibrio, sus ojos en las luces de la ciudad que parecían estrellas en el suelo.
—No he escuchado los detalles del Señor Zhang, pero todos están bien… afortunadamente —añadió con solemnidad—. Están en camino hacia aquí.
La Abuela Zhu mantuvo su atención en la vista desde la ventana, soltando un suspiro superficial.
—Ha pasado mucho tiempo, ¿no es así?
—Cuando conocí al General por primera vez, aún era un joven soldado que llevaba un corazón justo —continuó ella en un tono tranquilo—. Recuerdo cómo sus ojos se iluminaban ante la justicia —solia impresionarme. El tiempo verdaderamente cambia a las personas, ¿eh?
—El corazón de las personas siempre ha sido cambiante, Señora. Si un hombre malvado encontrara satisfacción siendo un asistente en la casa, entonces no sería sorprendente que un hombre justo se volviera corrupto —Una sonrisa sutil apareció en el rostro del Mayordomo Fu, con los ojos puestos en la espalda de la anciana señora—. Es una pena, sin embargo, inevitable.
—Inevitable… —La Abuela Zhu movió su cabeza—. Bueno, nuestra relación con él era un intercambio justo. Mayordomo Fu, el general ya mostró de qué lado estaba. Quítenle el rol que le di. Además, está envejeciendo. Debería retirarse y darle la posición a alguien más digno de proteger a esta nación.
El Mayordomo Fu bajó su cabeza con su brazo cruzado sobre su abdomen.
—Haré los arreglos, Señora.
—Soy una tonta por pensar que mi gente nunca traicionaría a mi nieto —La Abuela Zhu soltó un profundo exhalar, sus ojos se suavizaron al mirar las luces titilantes de la ciudad—. Puede que no me hayan traicionado a mí, pero los tiempos eran diferentes para Dominic. Mi pobre nieto. Esto servirá de lección para ambos.
—Estoy seguro de que el maestro reevaluará esta situación y entenderá más profundamente por qué hizo cosas en el pasado con las que él no estaba de acuerdo anteriormente —el Mayordomo Fu mostró una sonrisa sutil—. Por favor descanse, Señora. Me ocuparé de ellos en cuanto lleguen.
—Simplemente haga lo que se tenga que hacer —la Abuela Zhu hizo un gesto de indiferencia—. No se preocupe por mí. Todavía soy tan fuerte como un buey. Con todo lo que está sucediendo en esta familia, todavía no puedo morir.
La Abuela Zhu golpeó su bastón ligeramente mientras se daba la vuelta lentamente. Cuando se enfrentó al Mayordomo Fu, resopló.
—Organice una reunión con el General —añadió, dirigiéndose hacia la silla para esperar a sus nietos y a Cielo—. Me gustaría hablar con él por última vez.
Mientras tanto, el Mayordomo Fu la ayudó a volver a la silla antes de despedirse. Se aseguró de que la Anciana Madam Zhu estuviera cómoda antes de dejar la sala para ejecutar sus órdenes y esperar la llegada de los jóvenes maestros y la joven señora.
*
*
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Dominic nunca había corrido tan rápido en su vida como esa noche. Había bombas plantadas alrededor del edificio y el camino por el que venían se colapsó, siguiéndolos de manera peligrosa. Cada segundo era importante. A pesar del miedo que le recorría el corazón, su determinación superaba cualquier otra emoción. Cuando lograron salir del edificio por los pelos, solo entonces se dio cuenta de que las autoridades acababan de llegar.
Las autoridades no perdieron un segundo, tomando a todos bajo custodia mientras aplicaban primeros auxilios a la gente de Dominic. Primero atendieron a Sebastián y Riley, y luego a Cielo y Gray. Aunque Tigre y Oso no estaban heridos, también fueron llevados a la ambulancia y trasladados rápidamente al hospital médico de la ciudad.
Después de eso, todo fue borroso para él. Ni siquiera había procesado que habían sido salvados, sabiendo que tenía que escuchar primero el estado de su hijo y su esposa.
Sentado en la sala de espera en el pasillo, Dominic miraba la pared de enfrente sin ver realmente. Cielo tuvo otra hemorragia y por eso, fue llevada de urgencias. Su hijo estaba igual. Solo se dieron cuenta de la gravedad de las lesiones de Sebastián cuando les dieron primeros auxilios.
—Hah… —Dominic bajó la cabeza, enterrando su cara en sus palmas—. Qué noche tan loca.
Dominic cerró los ojos para intentar calmar su respiración. Todavía estaba confundido, incapaz de procesar todo de una vez. Todo lo que sabía era que casi pierde a su familia… y aún ahora, no podía decir que estaban a salvo. Considerando que su hijo y esposa estaban en la sala de emergencias, todavía existía una alta posibilidad de que las cosas empeoraran.
—Es toda mi culpa —susurró, con los ojos todavía cerrados y su cara en sus palmas—. Fui demasiado confiado y arrogante —. Esta situación lo humilló.
Ahora que tenía tiempo para reflexionar, la amargura y la culpa que apretaban su corazón se fortalecieron. No podía reprimir la vergüenza que le recorría la espina dorsal, recordando cómo su esposa puso su vida en peligro solo para salvar a Sebastián. Él debería ser quien los protegiera, pero al final, fue la persona que prometió proteger quien lo protegió a él.
Encima de eso, su esposa estaba embarazada, y ahora mismo, podrían perder a su hijo no nacido por su incompetencia.
—Demonios… —siseó entre dientes apretados. Su rostro se arrugó mientras su mandíbula se tensaba antes de que sus cejas se levantaran al percibir la presencia de alguien a su lado.
Dominic apartó su cara de su palma, girando la cabeza, solo para que sus ojos se encontraran con Tigre. Ambos habían recibido primeros auxilios, lo que explicaba las vendas en sus mejillas y frente. Su ropa también estaba sucia, manchada de tierra y sangre, y su olor impregnado de pólvora. Pero en general, estaban bien, ya que no fueron admitidos por lesiones graves. Sin embargo, Axel fue admitido porque se desmayó debido a la alta tensión emocional.
—Hombre… —Tigre deslizó su mano en el bolsillo, sacando un paquete de cigarrillos arrugados. Tomó uno, lo sujetó con los labios. Al intentar encenderlo, arqueó una ceja y lanzó una mirada de soslayo a Dominic.
—¿Qué? —preguntó, inclinando ligeramente la cabeza hacia un lado—. ¿Quieres uno?
—No.
—¿Seguro?
Dominic no respondió mientras apartaba la vista de su guardaespaldas y suspiraba. Ni siquiera se preocupaba por la informalidad de Tigre hacia él; había otras cosas en las que debía pensar y aún no era capaz de absorber. Necesitaba tranquilizar su mente primero.
—Bueno, es malo para la salud, pero me ayuda a calmarme —Tigre se encogió de hombros mientras encendía el extremo del cigarrillo, dando una larga inhalada y exhalando el humo al aire—. Este era un área de no fumar, pero, en fin, nunca le importaron las reglas.
En un instante, el olor penetrante del humo se coló por sus fosas nasales. Normalmente, a Dominic le importaría. Sin embargo, su mente estaba demasiado ocupada en ese momento para preocuparse por las pequeñas cosas.
—Culparte no ayudará —Después de otro minuto de silencio, Tigre exhaló el humo y lo observó ascender al techo—. En lugar de culparte, usa este tiempo para hacer algo más, solo para mantener la cordura. Después de todo, tus enemigos se escaparon.
Dominic frunció el ceño mientras giraba lentamente la cabeza para enfrentar a Tigre de frente. Este último estaba sentado ociosamente en la silla, inclinando la cabeza hacia atrás, con los ojos en la esquina para mirar de vuelta a Dominic.
—Tienes… enemigos interesantes, Señor Zhu —comentó Tigre con languidez—. Y pongo la mano en mi corazón para decirte que esto es simplemente el primero, pero definitivamente no el último. Recupérate, hombre. Me duele los ojos ver a mi empleador tan patético; me dan ganas de renunciar.
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