Tras el divorcio, me casé por accidente con un frío multimillonario - Capítulo 205
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- Capítulo 205 - 205 CAPÍTULO 205 Sin piedad
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205: CAPÍTULO 205: Sin piedad 205: CAPÍTULO 205: Sin piedad Hace unos meses, Giovanni Dawson se encontraba en medio de una reunión a mediodía con unos socios cuando alguien irrumpió en la sala.
A pesar de los protocolos establecidos, existían vínculos cercanos que estaban exentos de ellos.
—¿Héctor, qué estás haciendo aquí?
—Los ejecutivos presentes en la reunión parecieron molestos, pero Giovanni mantuvo la calma.
Héctor no habría interrumpido si no fuera urgente.
—Por favor, Tío Gio, necesito tu ayuda.
—La desesperación en la voz de Héctor hizo que Giovanni pusiera en pausa la reunión para atenderlo.
—Caballeros, les pido disculpas, pero tendremos que reprogramar.
Se trata de una emergencia familiar.
Al oír la palabra «familia», los ejecutivos recogieron rápidamente sus archivos y abandonaron la sala de reuniones.
Todo el mundo en el Grupo Dawson sabía que la familia era su máxima prioridad.
Héctor se sentó frente a Giovanni.
—Tío Van, necesito que protejas a alguien que es importante para mí.
Significará mucho.
Giovanni frunció el ceño.
Hank solía ser quien se encargaba de las peticiones de protección, por lo que la súplica de Héctor fue inesperada.
—Deberías pedirle ese favor a tu padre.
Es más adecuado para ello.
Giovanni lamentó haber detenido la reunión y tener que volver a programarla.
No era el tipo de emergencia que había previsto.
La expresión de Héctor pasó de la vulnerabilidad a la desesperación.
—Ya lo hice, Tío Gio, pero él no puede actuar en contra de Roger sin tu aprobación.
—¿Qué está pasando?
—preguntó Giovanni, intrigado.
—Tío Gio, ¿recuerdas el acuerdo para que me casara con Karen, la segunda hija de los Fletchers?
Giovanni recordó que Hank había mencionado los planes de la inminente boda, a pesar de los rumores de que Karen no estaba entusiasmada con la idea.
—Sí, lo recuerdo.
Lo cancelaste a última hora.
Pareces muy indeciso.
Héctor bajó la mirada.
Cancelar el matrimonio concertado no había sido su intención, pero las circunstancias lo llevaron a ello.
—Roger me obligó a hacerlo.
Giovanni se sintió en un dilema, sin saber a quién creer.
Héctor era de fiar, pero Roger debería haberle consultado primero o haberle pedido su opinión.
—¿Sabes una cosa?
Cuéntame toda la historia —dijo, cerrando su portátil para prestarle a Héctor toda su atención.
—Tío Gio, ¿recuerdas a mi mejor amigo, Dexter?
—¿El hacker fallecido?
—Había visto a aquel chico de aspecto nerd un par de veces con Héctor y Hendrix cuando iba a visitarlos.
Héctor asintió.
Aquella amistad fue breve pero profunda, y duró apenas unos meses.
—Sí, en su lecho de muerte, me hizo prometerle que protegería a la mujer que amaba.
Él amaba a Karen, pero el día que quiso confesárselo, empezó a toser sangre.
Tras descubrir que tenía cáncer, sintió que lo mejor era no empezar una relación.
Giovanni no sabía a dónde quería llegar Héctor con todo aquello y empezaba a aburrirse bastante.
—¿He interrumpido una reunión muy importante por ti, puedes ir al grano?
—Sí, pero también sabes que soy una persona detallista.
La cuestión es que Dexter me confió a esa mujer, a Karen.
No se me ocurrió mejor forma de protegerla que casarme con ella, así que se lo dije a mi padre y él empezó a hacer los arreglos, pero Roger me detuvo.
—¿Y por qué iba a hacer eso?
—Para Giovanni no tenía sentido, pero aquellos chicos habían crecido y se dio cuenta de que ya no le confiaban sus secretos tanto como lo hacían entre ellos, lo que también era aceptable.
—Según él, Karen estaba esperando un hijo suyo y necesitaba que primero diera a luz.
Ahora las cosas empezaban a cobrar sentido.
La misma chica que Roger le había dicho más tarde que estaba embarazada de él era la misma con la que Héctor había decidido casarse.
Esto era más complicado de lo que pensaba.
—Supongo que aceptaste, así que, ¿por qué necesitas mi ayuda?
Héctor inspiró hondo.
Era la primera vez que se oponía a Roger, y todo porque su padre se había negado a ayudar.
La única persona capaz de enfrentarse a Roger era su padre.
—Hoy ha habido una discusión.
Karen ha dicho que no estaba embarazada y ha exigido marcharse, pero Roger se ha negado a dejarla ir.
Tío Gio, tenías que haberlo visto.
A Giovanni no le sorprendió.
Roger era un ser sofisticado, y su experiencia en los asuntos del amor era como una taza de agua sacada del vasto océano.
Insignificante.
—Entonces, ¿qué quieres que haga?
—le devolvió la pregunta, y Héctor suspiró.
—Tío Gio, Karen se ha marchado enfadada y temo que pueda pasarle algo malo.
¿Puedes, por favor, usar tu autoridad para asegurarte de que está bien?
Por lo que veo, a Roger no le importa.
Giovanni se quedó pensativo.
Con Roger de por medio, ¿cómo podría negarse?
—Solicitaré una investigación.
—Bueno, papá, yo ya he hecho ese trabajo y lo tengo todo aquí —Héctor sacó una carpeta del bolsillo interior de su chaqueta, dejando a Giovanni atónito.
Habían pasado meses, con todo debidamente preparado, y ahora, al ver a Karen, Héctor lamentaba haber cancelado el matrimonio concertado.
Todo el mundo cuchicheaba sobre su aparición, y Roger enloqueció.
Nadie lo había visto nunca perder la cabeza por una mujer como lo hacía por Karen.
El hombre más rico del mundo era el objeto de deseo de todas las mujeres y, sin embargo, Karen ni siquiera parecía quererlo cerca.
—¿Héctor?
—musitó Karen, como si el nombre le resultara demasiado pesado.
¿El mismo hombre que confesó no amarla había enviado al padre de Roger para que la protegiera?
Giovanni dio más explicaciones, haciéndole una seña a Héctor para que se acercara.
Héctor había mantenido la vista clavada en la mesa desde la llegada de Karen, por lo que vio la señal incluso a través de las luces LED azules.
—Sí, Héctor irrumpió en mi despacho aquel día, insistiendo en que me asegurara de que estabas bien porque habías hecho enfadar a Roger al marcharte.
Investigué un poco y te localicé fácilmente.
Y resultó que necesitabas ayuda.
A Roger no le sorprendió.
Héctor era quien lo había traicionado, pero de no haberlo hecho, Karen estaría muerta.
Ahora, la ira que sentía hacia Héctor se disolvió, convirtiéndose en gratitud.
Karen seguía agradecida por la ayuda y, además, Van no era tan parcial como ella pensaba.
—Entonces, tengo que darle las gracias a Héctor.
Giovanni asintió.
—Somos familia, así que no hay por qué precipitarse.
Él está aquí mismo.
Ella se giró en la dirección de Giovanni y vio la figura familiar que caminaba con elegancia hacia ellos.
En cuanto llegó, extendió el brazo hacia Karen para estrecharle la mano.
—Hola, Karen, estás preciosa.
Karen vaciló, pero aceptó el apretón de manos.
—Gracias, y gracias por enviar a Van a ayudarme.
Te perdono por haberme visto como un juguete —articuló, provocando que todos los presentes en la mesa entrecerraran los ojos.
—Me he perdido —dijo Héctor después de que ella retirara la mano, pero Karen lo miró fijamente a los ojos con una expresión que lo incomodó.
Ya no era tan tímida y apocada como antes.
—El día que me fui, llegué antes y os oí a los dos hablando en la cocina —reveló.
La incomodidad se apoderó de ambos hombres, que esperaban que no aireara sus trapos sucios en público, pero Karen no tuvo piedad.
—Roger confesó que yo era una ingenua y demasiado fácil de complacer, y que él todavía amaba a Tonia.
Esperaba que Tonia le diera una oportunidad después de que naciera el bebé.
Roger y Héctor bajaron la mirada, pero Karen se mantuvo resuelta.
—Y Héctor le pidió a Roger que me devolviera a él por una promesa que le hizo a un amigo.
Lo único que ven en mí es una mercancía que se puede intercambiar como les plazca —terminó.
El ambiente se tensó mientras la fría mirada de Giovanni se paseaba entre su hijo y su sobrino.
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