Tres de corazones - Capítulo 1
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1: Capítulo 1 1: Capítulo 1 Todos poseemos algún miedo, quizá a las alturas o incluso a los muñecos, pero en general, jamás he sentido miedo.
El diccionario indica que el miedo es una respuesta natural a un peligro, pero la verdad es que incluso en las situaciones en donde sé que he estado en peligro, no he sentido miedo.
Esa mañana comenzó como todas, igual que de costumbre, la única diferencia, mi visita al banco.
La señora Diamante (sí, un nombre extraño para una mujer extraña) insistió mucho en que abriera mi cuenta en el banco, porque no podía seguir dándome mi salario en efectivo.
—Un trabajo legal, requiere una paga legal y eso significa una cuenta a través del banco.
Había dicho la señora Diamante con su tono de voz jocoso y delicado para un mujer de casi sesenta años.
El frío de la mañana era casi mortal, uno solo podía desear estar en casa con miles de sábanas encima, bebiendo una taza caliente de chocolate, nadie quería hacer sus diligencias en los últimos días de invierno, por ese motivo el banco se encontraba vacío a primera hora del día, incluso me atrevería a decir que el vigilante se encontraba de malhumor por no poder estar en su casa, pues no le veía otro motivo de haberme gritado que no podía consumir alimentos dentro del banco obligándome a beber de un sorbo mi café caliente.
Sonó una pequeña música en los altavoces del banco, en las pantallas en grande aparecía un número, el mismo número que tenía en un ficho en mi mano que me había dado aquel vigilante malhumorado.
Me levanté de la sala de espera para acercarme a las taquilla donde solicitaría mi cuenta bancaria, pero no hubo tiempo de pensar, varios disparos al techo me hicieron que me congelaran al instante, no era miedo, eran recuerdos que se me venían a la mente, pude ver de nuevo aquel cuerpo tendido sobre el suelo cubierto de sangre, como su cabello rubio se teñía de rojo poco a poco.
Me quedé allí de pie mirando un punto fijo, los gritos de horror y los disparos continuaban escuchando alrededor, cuando de repente siento un frío filtrarse entre mi cabello y escuché su respiración detrás de mí, me estaban apuntando con un arma que aún no había sido disparada.
—¿No escuchaste, bonita?
—dijo con un acento que no distinguí.
—Al suelo, ahora.
—dijo lentamente.
No tenía miedo de lo que ocurría, siempre y cuando siguiera sus órdenes sabía que seguiría con vida, el miedo en ese momento no me ayudaría.
Sin embargo, eso no podía decir de las personas que se encontraban a mi alrededor, muchas de ellas lloraban desconsoladas, otras tenían los ojos cerrados con fuerza, otras estaban en completo estado de conmoción.
Obedecí sin dudar su petición, me arrodillé al suelo para luego colocar mi cuerpo boca abajo sobre el piso helado, al ver que me había echado al suelo, el hombre salió disparado a donde estaban sus compañeros, atemorizaban a las recepcionistas con diversas solicitudes de manera fugaz, una tras otra, sabía que solo se interesaban por el dinero.
Al cabo de un par de minutos tenían cuatro maletines llenos de lo que intuí que era dinero, vi un par de mujeres con el uniforme del banco llorando, abrazándose la una a la otra muy desconsolada, hasta que uno de los asaltantes entró en mi campo de visión, me observaba fijamente, no parecía que hayan herido a alguien, no estaban allí para matar, solo para robar y generar miedo.
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