Tres de corazones - Capítulo 13
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13: Capítulo 7 13: Capítulo 7 Nunca antes había trabajado, conté con suerte de tener conocimiento en los libros para que Diamante me diera el trabajo y que hubiera una mujer que había renunciado para poder pasar tiempo con su hijo.
Con esta rutina de un mes trabajando comenzaba a amar mi trabajo, aunque fuera rutinario, me permitía no pensar en otras cosas que me distrajera de mis labores, por lo que no pensé en Ciro o Perseo durante mi jornada, durante toda la semana, incluso cuando llegaba a casa tampoco pensaba en ello, solo me limitaba a descansar.
Durante la semana, Tamara me insistió mucho en saber lo que había ocurrido en el bar, ya que, de un momento a otro, no me encontró y tampoco a Perseo quien me acompañaba esa noche, y me dijo, que desde boca de Simón había salido que habían dos hombres persiguiéndome y pensó lo peor, cuando vio que había llegado como si nada el lunes por la mañana, sus sospechas de lo trágico se fueron, pero aun así insistió en saber que ocurría, por lo que decidí invitarla a mi casa para evitar que saliéramos de nuevo.
Tamara era la primera persona que invitaba a mi casa, Mauro no se puede considerar porque no lo invité jamás y Milena, ella fue conoció el departamento antes que yo.
Tenía mi sistema en mi hogar, cada cosa en un lugar y un lugar para cada cosa, en ella reinaba el orden, por eso sabía cuándo algo se hallaba fuera de lugar.
Es por ello por lo que cuando entré a mi casa, supe que algo no iba bien, Tamara halagaba cada mueble y espacio del lugar, pero sabía que había algo mal y con mi habitación lo confirmé.
Una costumbre que adquirí por mi pasado, era vigilar que nadie entrara a mi habitación, por ello, siempre dejaba la puerta entreabierta, lo suficiente para que se notara que estaba abierta, pero poco para animar a quien quería hurgar, a abrirla por completo, en la parte de arriba de la puerta, sagradamente, todos los días que salía, colocaba sobre ella un pedazo de papel justo en toda la esquina, cuando encontré el papel en el suelo, confirmé enseguida mis sospechas.
Fui enseguida a la sala para observar el papel que colocaba en la puerta de entrada, para ante mi buena suerte, este si se encontraba allí.
El papel de la puerta de entrada cumplía la misma función, excepto que no me daría cuenta si la movieron, porque cuando entramos, cayó en el cabello de Tamara el papel, la habían puesto de nuevo en su lugar.
Todo estaba en orden, Tamara hablaba animaba de lo bonita que era mi casa, yo seguía la corriente de su conversación mientras con mi vista inspeccionaba el lugar, no se había llevado algo, por lo que, si no se llevaron algo, vinieron a dejar algo y solo podía pensar en cámaras y/o micrófonos, eso hizo helarme la sangre.
—¿Qué te parece si vamos a la cafetería?
—pregunté a Tamara.
No quería hablar en mi casa, se supone que era un sitio donde uno debía de sentirse seguro, pero ya no me sentía así.
—No, preparemos café aquí.
—respondió ella.
—Estoy muy cansada para salir.
Si seguía insistiendo la persona que me estaba escuchando sabría que me di cuenta de ello, no solo eso, Tamara también sospecharía de algo y no quisiera responder sus preguntas, por lo que me puse a hacer café.
Comenzamos a hablar sobre nuestros compañeros, Tamara me contaba que Dante y Alicia parecían tener algún tipo de relación cercana entre ellos, hasta que me preguntó qué había pasado ese día, fingí no escucharla.
—Eve.
—llamó mi atención ella.
—¿Qué ocurrió?
¿Pasó algo malo?
Debía cuidar mis palabras, no solo para mantener mi secreto, sino para que la persona que escuchaba no supiera mucho acerca de mi vida.
—No, no pasó algo malo.
—respondí.
—Me quedé hablando con Perseo.
—Si, el sobrino de Diamante.
—Si, luego llegó otro sujeto, que al parecer no le cae bien a Perseo y antes de que iniciaran un conflicto me fui del bar.
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