Tres de corazones - Capítulo 16
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
16: Capítulo 9 16: Capítulo 9 Me sentía muy conmocionada por haberme encontrado con Ronaldo, tenía la duda si realmente me había reconocido o no, no me sentía segura en casa ni en cualquier otro lugar, me iría sin pensar a donde.
A pocas cuadras del supermercado había una cafetería, era el mismo sitio donde le había dicho a Tamara horas antes que viniéramos a tomar algo.
La noche había llegado hace mucho tiempo, por lo que hacía mucho frio, pedí un chocolate caliente y puse las bolsas de compra frente a mí.
Solo podía pensar una y otra vez en aquella decisión que había tomado de delatar a Ciro, y ahora tenía al peor de sus hombres buscándome, sabían que estaba en esta ciudad, de ningún otra manera él estuviera aquí.
Una de las sillas desocupadas en la mesa en la que me encontraba, fue rodada y ocupada por alguien, quien me sorprendía ver en ese momento.
No tenía ánimos de encontrarme con alguien de mi nueva vida, alguien que quien no tendré la oportunidad de decir adiós, porque me iría como el viento lleva el humo.
—¿Cómo estás?
—preguntó al sentarse.
En ese momento la mesera llego con un chocolate caliente y un café que puso frente a él, junto con dos porciones de un torta de zanahorias.
—Bien, creo.
—dije respondiendo a su pregunta.
—Y gracias por la torta.
—Te vez un poco triste.
—comentó.
—Y tu igual.
Su rostro se veía un poco más pálido que de costumbre, cargaba ojeras que resaltaban bastante en su tono de piel morena.
Mauro tomó un sorbo de café para luego tomar un pedazo de su porción de torta.
—Si, las cosas no van como imaginaba.
—Si, puedo entenderte en ese aspecto.
¿Qué ocurre?
—El caso del robo no ha avanzado mucho, no tenemos sospechosos y tampoco relaciones.
Podríamos decir que fueron las bandas de Sartore o Di Marino, pero no hay como probarlo.
Sentí como mi piel se erizaba cuando escuché el apellido Sartore, no quería que me hablara de eso, además… —¿Puedes hablar conmigo de esto?
—pregunté.
—La verdad, no, pero lo hago a modo de súplica porque me digas algo sobre el robo.
—¿Me estabas siguiendo?
Él quedó en silencio por un momento, bebió otro sorbo de su café.
—No puedo creerlo.
—comentó indignada.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com