Tres de corazones - Capítulo 18
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18: Capítulo 10 18: Capítulo 10 No me sentía con muchos ánimos, estar en la librería quizá me hacía olvidar de todo, pero ese lunes por la mañana fuera realmente abrumador.
Cada tarea que Diamante que colocaba la sentía doblemente laboriosa más de costumbre, aunque solo se tratase de etiquetas, catalogar y guardar libros.
Atendí clientes de la mejor manera posible, pero aun así mi depresión era evidente, tanto que todos mis compañeros me preguntaron que ocurría.
Mientras acomodaba unos libros de romance clásico que habían sido donados a la librería, vi como Perseo cruzaba entre los pasillos para posteriormente subir hasta el mezzanine, cerrando la puerta tras de sí, era otro problema que debía solucionar.
Mauro me había demostrado que Perseo es un hombre peligroso, no me interesaba tener más dramas en mi vida y mucho menos peligro, quería mantenerme alejada de todos si era posible, sin embargo, he de admitir que me genera mucha curiosidad saber qué clase de persona es Perseo, es sumamente misterioso e intrigante, además de intimidante.
Y lo único que me alentaba a continuar era mi curiosidad.
Desde ese día en el bar, que me acompañó hasta el edificio donde vivo, no lo había vuelto a ver, por lo que me había dicho se la pasaba viajando, quizá no por las razones que me había dado, pero si tenía parte de verdad su mentira.
Decidí ignorar por completo su existencia, en ese momento solo me interesaba acabar con la pila de libros que necesitaba acomodar en las estanterías que medían cerca de dos metros y contenían muchos libros de diferentes géneros e intereses.
Para ese instante, me encontraba tirada en el suelo, acomodaba en la sección de romance unos libros de Jane Austin que nos habían donado, unas ediciones a mi parecer muy clásicas y antiguas, un tesoro invaluable.
Unos zapatos negros se acercaron a mí, la persona se agachó para poder verme a los ojos, era Perseo.
—Tiempo sin verte, Evelina.
—dijo a modo de saludo.
—Lo mismo puedo decir, cliente habitual.
—respondí.
—¿Qué haces?
—Acomodo de alguna manera a Jane Austin en este espacio.
—¿Y qué harás más tarde?
—preguntó de un modo juguetón.
En su tono de voz daba a entender que de nuevo me estaba invitando a salir, la primera vez lo había rechazado, pero después de nuestro encuentro en el bar, se puede decir que ha sido una mini cita.
—Por ahora, nada.
—respondí con tranquilidad.
—¿Qué te parece ir a un restaurante de comida japonesa?
Quería despejar mi mente, estar con personas que no me siguiera, que no pensaba que me reconocerían, o que me vigilaban.
—Pasas por mí a las siete.
—dije a modo de confirmación.
Habló conmigo un rato sobre los libros que estaba organizando, me decía si lo había leído o no y que tan buenos o malos le habían parecido.
Perseo era un amplio conocedor de libros de historia clásica como El extraño caso del Dr.
Jekyll y Mr.
Hyde u Orgullo y prejuicio, algo que no encajaba por completo en el perfil de un criminal.
Unos minutos largos después de estar hablando y riendo, llegó Diamante para decirle que no me distrajera en el trabajo y se marchó.
De dirigí al área de misterio para catalogar e inventariar otro libros que se encontraban allí.
Mientras hacia mi tarea solo pensaba en que ropa usar para mi salida con Perseo, jamás había salido con un hombre, nunca en mi vida he tenido citas, solo estuve enamorada una vez en mi vida y las cosas no resultaron muy bien.
—¿Evelina?
—dijo la voz de un hombre detrás de mí.
Al girar me encontré con Mauro quien se le veía con una expresión muy triste y desanimado.
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