Tres de corazones - Capítulo 25
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25: Capítulo 13_2 25: Capítulo 13_2 —Perfecto.
—comentó con ironía Perseo.
—Creo que ya te puede ir, Caronia.
—¿Qué?
No.
—exclamé.
Puede ser que Mauro sea el culpable de todas mis desgracia, no lo sabía, pero, aunque así fuera, no lo mandaría de regreso a la ciudad con la amenaza de una lluvia muy fuerte acompañada con vientos y descargas eléctricas, sería una misión suicida, aun mas descendiendo una montaña.
—Dijo que se iría al llegar.
—dijo Perseo.
—Ya llegó, ya se puede ir.
—Mauro, puedes quedarte hasta que la tormenta se vaya.
—Si, por supuesto.
—respondió él.
—Pero, tengo que preguntar.
—dije.
—¿Por qué querías venir?
Mauro no habló, quedó en silencio, solo se podían escuchar los árboles moverse, hasta que segundos después, lo acompañó una torrencial lluvia.
Nadie decía nada, en esa cabaña solo se podía sentir la tensión y el miedo que evocaba la tormenta.
Durante el pequeño tour que me había dado Perseo, pude distinguir entre las cosas de la cocina un pequeño bar con unas cuantas botellas, sin pensarlo me acerqué a ella y saqué una botella de tequila junto con un vaso, necesitaba algo más para distraerme, ya nada funcionaba, así que llené un vaso a la mitad y de un solo trago me lo bebí completo, los dos hombres me miraban impresionados, pero no dijeron nada, serví otro vaso que les ofrecí a cada uno y ambos bebieron de él sin hacer muchas preguntas La primera mitad de la botella nos las bebimos en silencio, observaba como la lluvia caía y los árboles danzaban con ella.
Para cuando comenzamos la segunda botella, Mauro y Perseo parecían ser un poco más cercanos, Perseo se había quitado sus lentes y los dejó en la mesa de frente, Mauro se había desabrochado el primer botón de su camisa.
Para la mitad de la segunda botella me había unido a su conversación y al finalizar la segunda botella de tequila me sentía mareada y todo me parecía buena idea.
—¡¿Licor de arroz?!
—preguntó Mauro asombrado, arrastraba un poco sus palabras.
—Si.
—dijo emocionado Perseo.
—Evelina incluso lo llegó a probar en mi casa.
—Es una bebida muy salada.
—comenté recordando el sabor del sake.
—¿En tu casa?
—preguntó Mauro.
—¿Estuviste en casa de Perseo?
—no lo había llamado por su apellido esta vez.
—Si, anoche, tuvimos una gran noche.
—dije haciendo énfasis al final.
Mauro se acercó a tomar la botella para beber más de ella, pero solo se encontró una gota, me levanté del sillón donde me encontraba sentada, el piso se movió bajo mis pies y caí al lado de Perseo, la situación me hizo reír porque mi cabeza había aterrizado sobre su regazo.
Perseo sin pensarlo, comenzó a besarme, en un momento paró el beso y dirigiéndose a Mauro dijo: —Te puedes ir, la chica es mía.
—No le pertenezco a nadie.
—respondí.
Era cierto, a la única persona que llegué a pertenecerle ya no se encontraba aquí conmigo, él podía haberme ayudado en muchas cosas, pero del resto, mi vida era mía, de más nadie y podía hacer lo que quisiera, por eso, me levanté y me dirigí hacía Mauro, no sé si lo que hice fue por demostrarle lo contrario o porque quería hacerlo, solo deseaba sentirme viva, sentirme humana, pero el punto fue que el beso de Mauro fue correspondido, tanto, que de un solo tirón me subió a sus piernas, mi mente se nubló más cuando sentí las manos de Perseo tocando mi espalda, en un momento fugaz pensé en la carta, solo apreté los ojos para olvidar.
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