Tres de corazones - Capítulo 26
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26: Capítulo 14 26: Capítulo 14 Un rayo de luz comenzó a filtrarse por la ventana, era extraño, en mi apartamento la luz del sol llegaba a mi habitación normalmente por las tardes, eso hizo que me despertara enseguida.
No me encontraba en mi apartamento, recordé que me encontraba en la cabaña con Mauro y Perseo, recordé por supuesto toda la locura que habíamos cometido la noche anterior y eso explicaba mi dolor de cabeza y la pesadez en mi cuerpo, además, de porqué me encontraba en una habitación desnuda, solo con una sábana puesta.
Ya no quedaban rastro de la tormenta, el cielo estaba completamente despejado y hacia un hermoso día, lo primero que se me vino a la mente era que no había ido a trabajar, pero eso no importaba ahora, no sabía si Milena se había presentado en mi apartamento o si me había llamado.
Tocaron a la puerta, cuando indiqué que podían pasar apareció Perseo con un desayuno, me parecía un poco gracioso que después de verme desnuda, aun siguiera preguntando si podía entrar a la habitación.
—¿Y Mauro?
—pregunté al rato de empezar a comer.
—Se fue temprano, dijo que debía atender unas cosas en la oficina.
Come, te llevaré a casa.
Desayuné y aproveché el agua caliente para recobrar energías, durante el trayecto de regreso, Perseo no se molestó en preguntarme cosas de anoche, no sabía si lo recordaba, pero no quería sentir vergüenza por las cosas que hice bajo la influencia del alcohol.
Cuando llegamos a los edificios, había estado manejando casi cuarenta minutos porque no topamos con un tráfico, no sabía que otra cosa debería hacer, pero supuse que debía descansar un poco antes de marcharse de nuevo, así que lo invité a subir a mi casa, él accedió con un poco de seriedad en su voz.
Subimos al ascensor hasta el quinto piso, saqué de mi bolsa las llaves para ingresar y entré primero.
Hasta ese momento había sido una mañana muy tranquila, no había pensado en lo absoluto de las cosas que me atormentaba, decidí que esperaría la llamada de Milena sin prisa, viviría mi vida dispuesta a enfrentarme a cualquier cosa, hubiera preferido que las cosas se quedaran así, pero cada vez solo empeoraban.
Entre al apartamento y dejé mi bolsa sobre el mesón de la cocina mientras le preguntaba a Perseo si quería tomar algo, hasta que sentí que tocó mi cabello, giré para observarlo y vi como colocaba el papel sobre la puerta, justo en la misma posición que solía colocarlo, en ese momento, mi corazón cayó el piso, mi labio comenzó a temblar, sentí un nudo en la garganta que no pude sacar cuando Perseo me dijo que le sirviera agua nomás.
—Tienes un apartamento muy lindo.
—comentó Perseo.
Pero yo continuaba en silencio, me sentía como una estúpida, todo este tiempo me había estado trabajando, todo este tiempo había sido él, tenía al enemigo cerca, él sería la persona que me entregaría a Ciro, solo podía haber sido él la persona que me dejó el tres de corazones en el cuento y había sido él quien instaló los micrófonos, me había dejado manipular y engañar por él, quizá solo había sido una casualidad, pero ¿cómo tenía él conocimiento de aquello?
Intenté fingir tranquilidad, no podía existir otra explicación de como sabía que ese papel existía y mucho menos donde iba, ni Tamara cuando estuvo aquí notó ese detalle.
Me acerqué a la cocina para poder sacar un vaso con agua, pero solo podía sentirme traicionada.
—¿Estás bien, Evelina?
—preguntó Perseo.
—Si… —dije.
—No, sabes qué… hubiera preferido miles de cosas, antes de que esto.
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