Tres de corazones - Capítulo 28
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28: Capítulo 15 28: Capítulo 15 No supe en qué momento me había quedado dormida hasta que comenzaron a tocar la puerta con mucha prisa, me desperté todavía con un poco de sueño, tropecé con el cuchillo que había dejado en el piso, lo tomé y lo dejé en su lugar.
Al abrir la puerta, vi a una afligida Milena al otro lado, sin mediar palabra entró a mi apartamento y se sentó en el sofá.
—¿Qué te ocurre?
—pregunté al ver su actitud.
Me respondió solo para pedirme agua, cosa que hice con amabilidad, ella estaba en el sofá con la mirada perdida, cuando le extendí el vaso ella se sobresaltó.
—Milena, ¿qué te sucede?
—pregunté cuando vi su reacción.
—He estado muy tensa últimamente.
—respondió.
—Cuéntame que fue lo que pasó, con la carta.
Durante los siguientes minutos estuve contándole a Milena todo lo que había pasado con Perseo, de cómo salimos a comer, pasamos tiempo juntos y al final había sido él quien había implantado los micrófono y como estaba implicado con Di Marino, además, que había sido él quien había puesto la carta y el cuento en la librería, esto no podía afirmarlo, pero no tenía dudas al respecto.
Milena era la única con la que podía ser sincera en cualquier aspecto de mi vida, no tenía secretos con ella en ninguna de mis vidas, debía tener a alguien para contarle los aspectos de mi vida, poder desahogarme sino me volvería loca, Caterina cumplía esa función, pero ya no estaba para escucharme, aunque aún pudiera hablarle, sentía que era en vano.
—Milena, ya no sé en quien confiar ni que hacer, solo pido que me ayudes.
—dije casi suplicando.
—Oh, Evelina.
—dijo Milena afligida.
—Me sorprende que no te haya entregado.
—Si, él solo repetía que quería ayudarme.
—¿Por qué no aceptaste su ayuda?
—preguntó, algo que me hizo sentir un poco confundida.
—¿Por qué confiaría en él?
—Si, tienes razón, no tiene sentido en confiar en alguien que te traicionó.
—comentó Milena.
—Haré una llamada para saber si pueden adelantar tu traslado para estos días.
Me levanté y le di un abrazo, podía tener esta vida gracias a ella, cuando entré en aquella estación por primera vez y la vi, supe que podía confiar en ella, me abrí a ella cual libro para contarle toda mi vida y ella me escuchó sin hacer preguntas, secó mis lágrimas y estuvo para apoyarme sin juzgarme.
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