Tres de corazones - Capítulo 30
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Capítulo 30: Capítulo 16
Se escuchó un ruido un poco lejano, igual a una silla siendo arrastrada por el suelo, pero eso no fue lo que me despertó, sino el tacto de mi mejilla a algo suave y sedoso, además de un ligero olor a rosas muy familiar, en ese momento sentí miedo, sabía dónde me encontraba.
Abrí los ojos, cada esquina, cada mueble y enseres los reconocía a la perfección, pero había dos cosas que sin duda eran diferentes, Milena atada una silla, se le veía el miedo en su mirada, tenía sus manos y pies atados, junto con un pedazo de cinta en su boca, él caminaba de un lado a otro de la habitación con un leve taconeo que te hacia erizar la piel, sus irreconocibles ojos verdes, su cabello rubio perfectamente peinado, el tatuaje de una polilla en su cuello con su irreconocible traje negro, sentí una roca en lugar de corazón, esto sin duda era una pesadilla, volvía a estar en el mismismo infierno.
—Oh, despertaste. —exclamó el hombre cuando me vio sentada en el sofá.
Caminó con pasos decididos hasta donde me encontraba, levantó su mano un poco más arriba de sus hombros, aunque todo pasaría en cuestión de segundos cuando se acercó a mí lo supe y su mano impactando con fuerza en mi rostro lo confirmó, un dolor de cabeza se apoderó de mí y mi oído empezó a zumbar, sentí el calor en mi mejilla.
—Eso fue por todo lo que me hiciste pasar. —dijo él muy serio. —¿Qué te hiciste en el cabello? —preguntó tomándome un mechón.
Me quedé en silencio, no supe que responderle. Fugazmente me pasó por la mente huir de allí, pero había muchas personas que irían por mí enseguida, si incluso la misma policía me había traicionado y entregado a él, ya no estaba segura en ninguna parte.
—¿No vas a preguntarme qué hace ella aquí? —preguntó. —Recuerdo que era más curiosa, ¿unos meses lejos te hacen cambiar tanto?
—¿Qué hace ella aquí? —pregunté para seguirle el juego.
Las pocas veces que se me ocurría llevarle la contrario todo terminaba muy mal para mí y quienes nos rodeaban, este hombre tiene un temperamento que pocos se atreverían a meter con él.
—Muy bien. —dijo con una sonrisa. —Esta mujer, como ya sabrás, fue la que te trajo hasta mí.
—Si ella fue la que me entregó, ¿por qué está aquí? —pregunté un poco molesta.
—Debe aprender que no se traiciona a un Sartore, tú confiaste en ella y ella te traicionó.
—Ya me tienes, solo déjala ir con lo que le prometiste. —dije.
Es cierto que Milena me había traicionado de la manera más cruel posible, pero ya no quería seguir viéndola, no podía pensar en venganza por lo que me hizo, no se merece ni un solo pensamiento de mi parte, pero tampoco merecía estar allí atada con una mirada de terror cada vez que Ciro Sartore hablaba.
—Mírala, dime si no tiene buen corazón. —dijo él. —La apuñalas por la espalda y aun así pide tu libertad. Mátala. —dijo al final con una suave voz.
En la entrada a la sala había un hombre corpulento viendo en silencio toda la escena, la palabra fue dirigía a él, quien en completo silencio y sin dudarlo, tomó el cuchillo que Ciro tenía en las manos, sujetó con fuerza el cabello de Milena hacía atrás mientras ella solo gritaba, igual grité para no presenciar mi muerte, Ciro me rodeó con sus brazos y me obligó a sentarme en el sofá para observar cómo su hombre pasaba el cuchillo por el cuello de Milena, su ropa rápidamente se llenó de sangre, dejando un charco a su alrededor.
Mis lagrimas caían, siempre mientras estuviera a su alrededor las cosas eran así, lágrimas, sangre y muerte, con ese acto recuerdos vinieron a mi mente y la razón por la cual había huido, todas las personas que habían hecho algo bueno por mí, todas a las cuales les había entregado mi corazón de alguna u otra manera, acababan muriendo a manos de Ciro.
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