Tres de corazones - Capítulo 32
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Capítulo 32: Capítulo 17
De un grito, Ciro echó a Anita de la sala que estaba limpiando, para que pudiéramos estar “solos”. Perseo estaba arrodillado en el suelo, tenía su labio superior partido, su cabello caía en su rostro sudado y parecía que le costaba respirar.
—No sé quién es él. —mentí con seriedad.
No podía decirle a Ciro que lo conocía, no quería que terminara como Lucio, muerto a manos de Ciro.
—¿La estás escuchando? —preguntó Ciro aún sin soltarme del cabello.
Lo tenía tan tensionado que sentía como me empezaba a doler la cabeza y como algunos cabellos se iban desprendiendo de mi cabeza.
—Uno de los dos miente. —dijo Ciro.
—¿Piensas creerle a un extraño antes que a tu hermana? —pregunté con ironía.
Con esa pregunta bajó un poco la guardia. La sala empezaba a llenarse del olor nauseabundo de la sangre oxidada en el suelo que con los pasos de Ciro se esparcía cada vez más por la sala.
Al final soltó mi cabello y se sentó a mi lado en el sofá mirando fijamente a Perseo.
—Bien, dime. —dijo Ciro. —¿Cómo conociste a mi linda hermanita?
—No dije que la conociera. —dijo Perseo mirándome. —Dije que solo venía a darte un mensaje a ti y a Alessia.
—¿Qué quiere Di Marino de Alessia? —preguntó con ira Ciro.
—Él solo busca darte una advertencia: en una semana, si no le has cedido el domino de la ciudad, vendrá por ella. —respondió Perseo seriamente.
—¿A qué te refieres que “vendrá” por ella?
—Tú y yo sabemos que significa. —dijo Perseo con una sonrisa en sus labios.
Esa sonrisa hizo que se me helara la sangre, nunca lo había visto actuar así, era completamente diferentes desde su forma de hablar hasta sus gestos. Un Perseo que sin duda no conocía y tampoco querría conocer después de lo que ha pasado. Pero más allá de cómo estaba actuando, me asustaba más lo que decía, Ciro había actuado quizá como un demente buscándome por cielo y tierra, que había despertado el interés de sus enemigos, le había mostrado cuál era su debilidad, yo y me usarían para debilitarlo, ya no me sentía como una persona, como un ser humano, solo me sentía como un animal que se encontraba a merced de los demás.
—Mátenlo. —dijo Ciro sin dudar.
—¡No! —grité instintivamente, no podía soportar una muerte más.
—Creí… que no lo conocías. —dijo Ciro.
—Que pida por su vida no quiere decir que lo conozca.
—Dame una razón por la cual no debería asesinarlo.
Me quedé sin palabras durante unos segundo, debía encontrar una razón pronto, de lo contrario lo matarían, no quería ver morir a alguien más frente a mí, a alguien que llegó a significar algo para mí.
—Un mensaje. —dije rápido. —Una respuesta a esa amenaza.
—Siempre tan inteligente.
Ciro se levantó en silencio, con paso firme se acercó a Perseo que todavía se encontraba en el suelo, Ciro se acercó a él para decirle algo al oído, Perseo escuchó atentamente mientras me miraba fijo, la expresión de sus ojos cambio de serio a enojado en cuestión de segundos. Cuando terminó lo que debía de decirle, giró para dedicarme una sonrisa y luego Perseo desapareció por donde había entrado.
—Ale. —dijo Ciro. —Ven, quiero mostrarte algo.
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