Tres de corazones - Capítulo 34
- Inicio
- Todas las novelas
- Tres de corazones
- Capítulo 34 - Capítulo 34: Capítulo 18
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 34: Capítulo 18
No fui capaz de dormir durante la noche, el olor a la sangre podía aún filtrarse por las puertas, no me encontraba en un lugar donde me sintiera cómoda, además, la advertencia que había traído Perseo, ¿era aquello cierto? Había insistido tanto que huyera con él que ahora me parece extraño, pero si Di Marino era un hombre como Ciro, lo más seguro es que fuese impredecible en sus movimientos y sus pensamientos.
Decidí quedarme en la habitación, no podía hacer una huelga de hambre a cambio de mi libertad, Ciro no lo permitiría, si por el fuera necesario, convocaría a unos brujos para mantenerme con vida a como dé lugar. Pero no tenía ganas de comer, solo de pensar de probar un bocado de comida me daban nauseas.
Ciro en sus celos enfermizos, nos había conseguido una habitación a cada una que tuviera un baño integrado, para que no tuviéramos que salir en toalla o en pijama a ducharnos, eso quizá en estos momentos era una gran ventaja.
Cuando me estaba vistiendo tocaron a mi puerta con furia, decidí ignorarlo porque sabía de quién se trataba, la hora de comer para él era sagrada. Una vez más, los cristales temblaban con la fuerza que tocaban a la puerta, la tercera vez decidí abrirla, lo más seguro es que se quebraran las ventanas y es a mí que me tocaría hacer limpieza.
—¿Por qué no has bajado a desayunar? —preguntó Ciro molesto.
—No tengo hambre. —respondí. —Además, me estaba duchando.
Con esas palabras había cometido un error, apreté los ojos porque sabía lo que me esperaba, ante mi sorpresa, Ciro entró a la habitación y se puso frente a mí.
—¿Te apetece comer algo en particular? —preguntó con dulzura. —¿O quieres desayunar en un restaurante?
Estaba sorprendida, anteriormente, si le decía que no tenía hambre, obligaba a la persona que lo cuidaba a él o a mí, que me sujetase con fuerza y me llevara hasta el comedor, como niña pequeña, me obligaba a comer.
—Pan francés. —le respondí. —Quiero pan francés.
—De acuerdo.
Obtuvo una respuesta porque no tenía ánimos de lidiar con su temperamento hoy, necesitaba procesar muchas cosas, entre ellas, como volver a escapar de él, no quiero vivir el resto de mi vida sin poder experimentar al mundo, quiero vivir libre y sin miedo a él.
—Ven, quiero que conozcas a alguien.
Tomó mi mano con dulzura y salimos de la habitación, Lorenzo se encontraba en la puerta, él tampoco se había movido allí en toda la noche, cabeceaba un poco del sueño, es un ser humano, debía dormir, pero Ciro lo trataba como un animal también, que debe permanecer siempre alerta, quizá eso me podía funcionar como escape.
Bajamos al comedor, los cocineros estaban colocando los platos en la mesa, Ciro se acercó a uno de ellos y le pidió mi desayuno por aparte. En el comedor solo se podían sentar la familia, cuando éramos una familia, la ocupábamos Ciro, Caterina, Lucio y yo, pero ahora solo éramos dos, por ello, cuando vi una mujer sentarse en el puesto que le correspondía a Caterina, me hizo enojar.
—¿Quién es ella? —pregunté con recelo.
La mujer se levantó para poder verme, le sonrió a Ciro y luego se acercó a él para darle un beso en los labios, en un acto de demostrar que él, era su hombre. ¡Qué mujer más ridícula! ¿Quién quería ser pareja de un asesino? Por lo visto, ella, pero el acto, más allá de hacerme enojar, me hizo reír, una risa que no pude evitar, si quería demostrar poder, podía demostrárselo sin problema.
—¿Muy gracioso? —preguntó la mujer molesta.
—La verdad, sí. —respondí. —¿Por qué ocupa el puesto de Caterina?
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com