Tres de corazones - Capítulo 35
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Capítulo 35: Capítulo 18_2
—No me cambies de tema, niñita. —dijo con mujer con rabia. —Soy la futura madre de los hijos de Ciro, te conviene respetarme.
—¿Hijos? —pregunté confusa y riéndome.
Esta mujer no sabía lo que le esperaba, durante la vida que he vivido con Ciro he visto muchas mujeres entrar y salir a su vida, muchas de ellas terminaban embarazadas y luego, por un acto de ira de él, ya no más. Una sola mujer llegó a dar a luz un hijo de él hace casi seis años, todos estábamos emocionados, pero luego falleció el bebé y la mamá en un acto de venganza, había sido la primera de todas.
—Ciro, tráele otra silla a esta mujer. —dije. —No se sentará en el puesto de Caterina.
—¿Quién te crees para decirme qué hacer? —preguntó molesta la mujer.
—Basta, Chiara. —dijo Ciro, tomándola por el brazo.
—Pero, mi amor, ¿no le enseñaras a esta zorra como debe tratarme?
Cuando escuché que me había insultado, no pude aguantar la risa. Ciro levantó la mano con fuerza, impactó en la mejilla de esa Chiara y todo en el comedor quedó en silencio, un acto de ira. Ciro jamás permitía que nos faltara el respeto, sin importar de quien se trataba siempre nos defendía.
Chiara quedó estupefacta ante lo que había hecho Ciro, a juzgar por su reacción, era la primera vez que le pegaba.
—No le faltes el respeto a mi hermana. —comentó Ciro entre dientes. —Tráiganle una silla a Chiara.
Ciro se sentó en su lugar para disfrutar del desayuno, yo me acerqué a ella, me veía con rabia y trataba de aguantar sus lágrimas. Su cabello negro caía sobre su rostro, sostenía su mejilla con fuerza como si esta se fuese a caer, conocía la sensación, Ciro tenía demasiada fuerza y a veces no sabía cómo controlarla.
—¿Qué quieres? —preguntó molesta. —Por tu culpa hice molestar a Ciro.
—No. —respondí. —No es mi culpa y tampoco tuya. Él es un hombre violento. Esta no es vida para una mujer tan hermosa como tú.
—¿Tú qué sabes de como quiero vivir?
—¿Mezclarse entre sangre y escondida es vida? Qué poca expectativa tienes de vida.
—No conoces nada.
—Créeme, conozco mucho. Sobre todo, a él y todo cada vez más se va colocando peor.
Terminé la conversación allí, porque no quería que Ciro se nos acercara y escuchara, terminaría por darnos una lección a las dos por hablar mal de él, algo que tampoco permitía.
Me senté en la mesa, Chiara se sentó al lado de Ciro en la silla que le habían traído, si quería que me quedara, al menos las cosas se irían haciendo a mi manera, todo mientras descubría la manera de escapar, igual que la primera vez, no lo vería venir.
—Coman. —dijo Ciro levantándose de la mesa. —En un rato nos iremos a Costa Marechiaro.
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