Tres de corazones - Capítulo 4
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4: Capítulo 2_2 4: Capítulo 2_2 Me levanté de la silla y al salir, observé el rostro de una mujer, estaba igual o más molesta que Mauro y tenía sus brazos cruzado, pero se podía ver entre sus manos sostenía una identificación, lo más seguro es que fuera la mía, y a su lado, un hombre con traje y corbata.
—Vámonos.
—dijo la mujer con tono autoritario.
Milena era la oficial a cargo de mí, cualquier cosa que me pasara ella fuera mi super heroína, pero eso también implicaba que la sacara de cosas más importantes como casos o reuniones, o incluso tiempo de calidad con su familia y el hombre que la acompañaba, supongo que era el abogado, nunca en mi vida lo había visto y supongo que jamás lo volveré a ver.
—¿Puedes decirme qué fue lo que pasó?
—preguntó ella aún molesta.
—Lamento si te interrumpí en algo.
—dije.
—Pero no pensé que fueran a buscar mi información.
—Al… Evelina.
—dijo ella rápidamente corriendo su error.
—Cuando entras a una estación de policías a declarar, es lo primero que hacen.
Cuentas con suerte que está cerca.
Caminamos fuera de la estación hasta subirnos a su auto y mientras condujo por la ciudad para llevarme a casa, le conté todo lo que había ocurrido, desde la petición de la señora Diamante, hasta mi abandono en un desierto, con mi relato poco a poco se fue pasando su enojo, casi que al punto de que cuando llegamos a mi casa, se le veía apenada por su estado.
—Oh, nena.
—dijo ella.
—Lamento mucho lo que te pasó, pero no entiendo cómo es que siempre terminas en una situación así.
—No lo sé, pensé que cuando me mudara dejaría atrás todo el peligro, pero es imposible teniéndolo en todas partes.
¿Crees que todavía haya algún banco abierto?
—Si, claro, la mayoría entran en dos horas.
Solo le sonreí, no le dije más nada, pero sabía que ella interpretaría mi deseo con mi mirada y mi sonrisa de llevarme al banco para poder abrir la cuenta, no podía presentarme al trabajo sin haber abierto una cuenta.
—¡Pudiste decirme eso hace tiempo!
—exclamó ella.
—Perdón, me entretuve hablando que se me olvidó.
—respondí.
—¿Podrás?
—Si, pero no te traeré de regreso.
Y fue así como logré conversarla de llevarme a otro banco, sin embargo, esta vez se quedó conmigo durante todo el trámite, quizá sea por miedo o solo por asegurarse de que no ocurriese otro robo mientras estuviera allí, aunque las posibilidades eran bajas de que ocurriera.
Al final del día terminé con mi nueva cuenta bancaria y Milena llevándome a casa.
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