Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Tres de corazones - Capítulo 8

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Tres de corazones
  4. Capítulo 8 - 8 Capítulo 4_2
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

8: Capítulo 4_2 8: Capítulo 4_2 Se acercó al mesero detrás de la barra y le susurró algo al oído, el mesero sonrío y sacó dos vasos que dejó en la barra, Perseo amablemente sirvió las dos vasos con cerveza de un grifo que se encontraba al lado de nosotros y me entregó el vaso en la mano.

—Lamento si no pregunté qué querías tomar.

—dijo él en un intento de iniciar la conversación.

—No pasa nada, puedo beber cualquier cosa.

—respondí para de un solo trago vaciar mi vaso.

—Es impresionante.

—dijo e imitó mi gesto lo que me causó gracia.

—Dime, Lina, ¿cuánto tiempo llevas en Oceánica?

—Evelina.

—le corregí.

—Un mes, jamás te había visto en la librería, pero parece que eres cliente frecuente.

—Si, estuve fuera por un proyecto que debía atender.

—respondió.

—Soy cliente habitual porque Diamante es mi tía.

—Eso si es impresionante.

¿A qué te dedicas?

El mesero trajo consigo otros dos vasos llenos de cerveza de nuevo, Perseo bebió de él y luego me quedó mirando, pensando en una respuesta, esa duda que había en sus palabras me hizo desconfiar un poco en la veracidad de ellas, pero no podía demostrar lo contrario.

—Soy quien le busca los proveedores a Diamante.

—respondió.

—Por eso viajas mucho.

—dije recordando sus palabras.

—Así es.

¿Te parece si bailamos?

—Oh, no, puedo perfectamente quedarme aquí hablando.

No era una persona de bailar, jamás había aprendido como hacerlo, por otro lado, Caterina era una experta, le encantaba esas artes.

—¿Y tienes familia?

—preguntó de repente Perseo como si hubiera leído mi mente.

—No, soy hija única y mis padres murieron hace mucho.

¿Y tú?

—Solo tengo a Diamante, quien ha cuidado de mí desde hace mucho tiempo.

—¡Una cerveza, por favor!

—gritó alguien a mi lado.

Hubiera podido ignorar esas palabras sin problema, si no fuera porque la voz se me hacía familiar, instintivamente giré para ver de quien se trataba.

—Señorita Danesi, que sorpresa encontrarla por estos lados.

—dijo el hombre.

—¿Qué hay de sorpresa que una mujer se divierta, oficial Caronia?

—pregunté un poco irritada.

—Solo, que no esperaba encontrarla en un sitio así.

—Lo mismo puedo decir de usted.

—dijo él, inmediatamente sus ojos se posaron sobre mi compañero, a quien miró fijamente tensionando su mandíbula.

—No tenía idea de que conociera al señor Carpio.

—Oficial Caronia, ¿no tiene mejores cosas que hacer?

—dijo Perseo, un poco molesto.

—Le recuerdo que usted y yo no somos de la misma clase, ¿o lo había olvidado?

—No, no lo olvidé, Perseo, así como tampoco olvidé la promesa que te hice, que cumpliré algún día.

—respondió Mauro.

—No te preocupes, estaré esperándola.

Para este punto los hombre se tenían frente a frente, el ambiente se había dañado por completo y solo se podía sentir la tensión que emanaban esos dos, conmigo a un lado, por lo que, sin mediar palabras, me levanté de mi silla y pasando en medio de los dos me dirigí a la salida, no me interesaba ver como ellos seguían echando humo con cosas que no me importaban.

Comencé a escuchar como alguno de los dos comenzaba a llamarme para que me detuviera, pero solo pensaba en irme a casa lo más pronto posible.

Cuando salí y mis pulmones se llenaron de aire fresco, corrí un poco hasta que me topé con un callejón oscuro donde me escondí, vi cómo pasó Mauro buscándome y continúo caminando derecho.

—Normalmente los lobos son quienes buscan a las zorras.

—dijo la voz de un hombre acercándose a mí, había cometido el peor de los errores.

Junto a él venían otros dos hombres, se le veían sucios, de ellos desprendía un hedor a cigarrillo y licor, junto a todos fluidos que no quería quedarme a averiguar, por lo que comencé a caminar hasta que uno de ellos sostuvo con fuerza mi mano obligándome a quedarme.

—Tranquila, muñeca.

—dijo otro.

—Te trataremos bonito.

Uno de ellos puso su mano sobre mi muslo desnudo, fue en ese momento en qué supe que no iba aguantar más de esa situación.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo