Trono de la Arcana Mágica - Capítulo 151
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151: El Preludio al Festín.
151: El Preludio al Festín.
Editor: Adrastea Works En la calle principal de Korsor, Lucien, junto a Joanna, Betty y Simon, caminaba lentamente hacia el portón de la ciudad.
En el cielo volaba un águila muy por encima de ellos con un paquete en su lomo y una canasta grande con carne fresca colgando frente a su pecho.
—Señor Evans, ¿de verdad va a irse de Korsor hoy?
—Betty parecía bastante triste.
Cuando escuchó a los músicos de la asociación intentando tocar los dos movimientos compuestos por él luego de que la obra había sido registrada, quedó completamente convencida de que aquel guapo y elegante joven era su músico favorito, Lucien Evans, con quién tenía una relación sentimental en sus sueños.
La gran variedad de habilidades complejas en el piano; la melodía maravillosa e impredecible; la emocionante pasión; y también la voluntad llena de vida eran todas cualidades del estilo único del Señor Lucien Evans.
La Sonata de Luz de Luna era sin duda alguna otra sobresaliente e impresionante obra maestra de su autoría.
Anteriormente, mientras Lucien estaba caminando por las calles de Korsor, prestó mucha atención a los posibles mensajes secretos dejados por el organizador de la reunión, y como lo esperaba, esta última fue atrasada: debido a la muerte de Hunt, el evento fue pospuesto tres días, pero mantuvo su ubicación.
Sin embargo, él de todas formas no planeaba quedarse en Korsor por más tiempo con el fin de evitar problemas innecesarios.
Así, le sonrió a Betty y respondió: —Lo lamento, aún tengo otros asuntos importantes que hacer.
Si continúas con tu entrenamiento para caballeros, tal vez nos veremos de nuevo en Aalto cuando te conviertas en un caballero de verdad.
Si eso pasa, compondré una canción y la tocaré especialmente para ti.
—¿De verdad?
—Betty estaba muy sorprendida de que su ídolo realmente le prometiera eso.
Llena de motivación, asintió, muy decidida—.
Me volveré un caballero oficial.
—Gracias, Señor Evans, por darle ánimos a Betty.
Es muy importante para ella —Joanna y Simon realmente apreciaron la gentileza de Lucien.
—Solo es un pequeño regalo —Lucien dio la vuelta—.
Y también es por lo memorable que fue nuestra travesía.
Bien…
Ahora debo irme.
—Espere…
Señor Evans.
¿Ya no necesita guardias?
La tarde se acerca a su fin…
—Betty aún no quería dejarlo ir.
Lucien inclinó ligeramente la cabeza y sonrió.
—¿De verdad piensas que necesito guardaespaldas, Betty?
—Uhmm…
Entonces, ¿podría saber por qué nos contrató?
—preguntó Joanna con curiosidad.
—Es bueno que mis guardias se encarguen de todas las pequeñeces por mí durante el viaje.
Pero ahora, debido a lo que le sucedió al barón, surgieron algunos asuntos aquí que debo solucionar rápidamente.
Soy mucho más rápido cortando camino solo que sentado en un coche —La respuesta de Lucien era ambigua, pero también razonable, lo que no levantó ninguna sospecha por parte de sus acompañantes.
—Entiendo…
—susurró Betty—.
Entonces, cuídese, Señor Evans.
—Lo haré —Lucien se despidió con la mano—.
Ustedes igual.
Espero que podamos vernos de nuevo.
Al ver la figura del músico desaparecer gradualmente bajo la luz solar de la tarde, Betty, Joanna y Simon se sintieron como si el viaje hubiera sido un sueño.
Luego de revisar sus carteras nuevamente, las cuales estaban llenas de Thales, supieron que la gran experiencia no fue un sueño.
Lo siguiente que debían hacer era pagarle a un noble para recibir entrenamiento formal para caballeros.
…
La Asociación de Músicos de Korsor.
Parado al lado del mostrador en el salón, Caspar observaba el lugar en donde Lucien había estado escribiendo sus cartas.
—Christie, ¿qué tal si construimos una estatua de hierro y acero del Señor Lucien Evans?
Ya sabes…
Una estatua en la que está escribiendo su música aquí.
Y le contamos a otras personas que el joven prodigio de la música Lucien Evans produjo en una ocasión una de sus famosas sonatas aquí.
Digo, ¡aquí!
—Caspar apuntó al mostrador—.
Apuesto que muchos a nobles importantes les gustaría visitar la asociación debido a la estatua.
Luego de que Lucien rechazara su propuesta para realizar un concierto, Caspar se encontraba trabajando en algunas nuevas ideas.
—Sí…
Supongo…
—murmuró Christie como si aún estuviera dentro de un sueño.
En realidad, no le prestó la más mínima atención a las palabras de Caspar.
Este último se tocó la barbilla pensando profundamente, frunciendo el ceño y hablándole a Christie espontáneamente.
Ambos estaban en aquel momento inmersos en sus propios mundos relacionados al famoso músico, Lucien Evans.
Entonces, un empleado de la asociación regresó.
—Señor Caspar, he guiado al Señor Wise a la villa para que descanse, antes que nada.
¿Desea algo más?
—Nada, solamente no me molestes —Caspar agitó la mano con impaciencia—.
¿Qué piensas sobre poner el retrato del Señor Evans en el salón?
…
En la tercera semana de Julio había una resplandeciente luna plateada flotando en lo alto del cielo nocturno, derramando su brillante y nítida luz desde donde estaba.
Bañado en aquella luz, Lucien cruzó rápidamente las montañas y bosques.
Un tiempo después, ya era capaz de ver el hermoso lago parecido a un espejo cercano al castillo.
Este último seguía siendo el mismo que Lucien vio la última vez.
Las puntiagudas, altas y finas torres que rodeaban la construcción principal parecían horribles garras de un demonio en el cielo, estiradas para rascarlo.
Sin embargo, esta vez, ya había mucha gente con túnicas con capucha negra fuera del castillo.
Él dio un vistazo rápido y descubrió que había al menos trescientas o cuatrocientas personas.
Entre la multitud había unos cuantos individuos, algunos hombres y otras mujeres, que parecían muy especiales.
Sus túnicas eran de diferentes colores y no había una capucha que cubriera sus rostros, como si no temieran en lo más mínimo ser reconocidos.
Aquella gente formaba un pequeño y no muy perfecto círculo con otras personas encapuchadas y estaban charlando de manera casual entre sí, mientras que el resto de los invitados se mantenía alejado de ellos, como si les temieran a los que no usaban capuchas.
Lucien pensó rápidamente que aquellas personas debían ser verdaderos hechiceros en lugar de aprendices, y que sus verdaderas apariencias fueron cambiadas por la magia de primer círculo, Disfraz Propio.
Debido a que el hechizo no funcionaría cuando el que lo usaba estuviera frente a alguien cuyo poder espiritual o fuerza de voluntad fuera más de dos niveles superior a la del usuario, él supuso que aquellos que llevaban puestas capuchas debían ser magos de rango medio.
Luego de un conteo rápido, descubrió, para su sorpresa, que solo había veintitrés hechiceros verdaderos en Djibouti, y se preguntó si solo habría veintitrés a lo largo del territorio entero.
Después de todo, aquellas tierras, las cuales originalmente pertenecieron al gran nigromante Wilfred, englobaban a dos ducados y un condado independiente, y el área que cubrían era mucho mayor que la del Ducado de Orvarit.
Lucien salió caminando lentamente de las sombras y se dirigió hacia la puerta.
Algunas de las personas en túnicas negras se voltearon y le dieron un vistazo, pero luego nadie tomó la iniciativa de hablarle.
Así, él se detuvo junto a cuatro aprendices de hechicero y escuchó en silencio su conversación, la cual estaba llena de palabras como cuerpo, globo ocular, odio y aparición.
—H…
Hey…
Soy de la cordillera sur de Djibouti.
¿De dónde eres?
—Un aprendiz de figura redonda lo saludó.
Su túnica negra sobresalía debido a su notable barriga cervecera.
—Soy de Kazan.
Un gusto conocerte.
Y puedes llamarme por mi seudónimo, Profesor —respondió Lucien educadamente.
Kazan era un pequeño condado independiente cercano al pueblo Colmillo de Dragón.
—Ya veo…
Kazan.
Bienvenido a Djibouti.
Solo llámame Gordinflón —Aparentemente, Gordinflón nunca había escuchado el nombre Profesor antes—.
Estos son Garrupa, Pan y Vino.
Lucien le dio un vistazo a la barriga de Gordinflón, teniendo algunas sospechas sobre si esta era real.
—Es mi primera vez participando en una reunión como esta.
Nunca esperé que habría tanta gente aquí.
¿Hay más en camino?
—Casi todos los hechiceros y aprendices de las tres naciones cercanas están aquí, a excepción de aquellas personas que solamente trabajan solos —respondió en voz baja Pan, un aprendiz robusto—.
Oí eso del distinguido hechicero que nos guio hasta aquí.
—Distinguido hechicero…
—murmuró Lucien.
—Allí están —Gordinflón señaló con cautela los veintitrés hechiceros reunidos al otro lado y los presentó con una mezcla de respeto, miedo y admiración.
Incluso en el Aalto de la actualidad, un aprendiz de hechicero casi no recibía ningún reconocimiento, mucho menos respeto dentro del círculo de la magia.
A pesar de que eran llamados aprendices de hechiceros, había una brecha enorme entre un aprendiz y un verdadero hechicero, y dicha brecha solía ser insalvable para la mayoría de personas, aun cuando pasen sus vidas enteras trabajando para lograrlo.
Es más, para algunos lunáticos hechiceros antiguos, los aprendices usualmente eran tratados como materiales para experimentos.
En aquella reunión, solo había un hechicero por cada veinte aprendices.
En ese instante, repentinamente, Gordinflón se asustó y su voz tembló: —Qué…
¿Qué está pasando aquí?
Los hechiceros acababan de rodear a Lucien de manera sigilosa, junto a los otros cuatro aprendices.
—¿Quién eres?
—Le preguntó el anciano que hacía de líder, quien era casi tan delgado como una momia—.
Será mejor que confieses.
Ninguno de nosotros te conoce.
Lucien no se esperó en lo más mínimo la interrogación.
¿Cómo lo diferenciaron de los demás los hechiceros?
Sin embargo, un momento después él se dio cuenta de que fue debido a la forma de organizarse el Festín de la Muerte: Luego de que el vizconde encontró a los varios hechiceros que consideraba confiables, estos formaron sus propias listas para invitar a los demás hechiceros y aprendices.
Así, ya que nadie conocía a Lucien allí, él empezó a parecerles bastante sospechoso a los hechiceros.
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