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Trono de la Arcana Mágica - Capítulo 179

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179: La Adquisición.

179: La Adquisición.

Editor: Adrastea Works Los pedazos rotos de madera estaban por todos lados.

El camarote quedó medio destruido por el fuego y los rayos.

Claramente, allí había sucedido una cruenta pelea.

Tom quedó muy sorprendido al ver aquello.

Se preguntó si Lucien tenía alguna clase de objeto mágico muy poderoso, e incluso si él ya era un hechicero de segundo círculo, lo cual, de acuerdo a lo que sabía, era casi imposible para hechiceros que nunca se unieron al Congreso y estudiaron la arcana.

Entonces, cuando Tom volvió a la realidad rápidamente, le habló a Lucien, determinado: —Tienes veinte segundos; encárgate del desastre, revisa a los niños.

Déjame el resto a mí.

Dos segundos después, se dio la vuelta con rapidez y empezó a correr hacia la cabina principal de carga, de donde provenían ruidos de tablas de madera rompiéndose.

Parecía que los Kuo-toans pasaron a intentar retirarse, haciéndose camino destrozando el barco.

Lucien asintió.

Entendió las órdenes de Tom.

Al ser el que ocasionó el desorden, él debía tomar la responsabilidad de limpiar el lugar.

Y, en un lapso de veinte segundos, se suponía que también se dirija al piso superior y se esconda junto a los aprendices para evitar ser descubierto por los caballeros y escuderos acercándose.

Así, Tom se encargaría del resto de cosas.

La luz roja de las escamas del murloc mago se tiñeron, por lo que pasaron a verse tan rojas como la sangre.

Lucien sabía que ellas eran un buen material para fabricar armadura o túnicas mágicas que incrementaban la habilidad defensiva y la velocidad bajo el agua del que las vestía.

Sin embargo, debido a la limitación de tiempo, él no tuvo tiempo de escamar o recolectar Linfa de Múrloc de la criatura.

Lucien tomó rápidamente el báculo de coral y retiró la pequeña cartera escondida bajo una gran pieza de escama del murloc mago.

Luego, lanzó «Onda de Fuerza» y empujó el cuerpo del murloc fuera del barco, hacia el interior del infinito océano.

Después corrió de vuelta a su propio camarote y observó con tranquilidad el pequeño espacio.

Debido a la sanguinaria batalla que había tenido con el múrloc, no había rastro de que una persona haya vivido allí en algún momento.

Así, saltó nuevamente, agarró el borde del techo roto con las manos, y se impulsó hacia el piso superior.

Entonces, empezó a recolectar algunos pedazos de madera y placas de hierro para arreglar el suelo.

Hechizo de nivel de aprendiz: «Reparar».

Mientras la luz tenue resplandecía, los espacios entre las piezas rotas estaban desapareciendo gradualmente.

Al ser un verdadero hechicero, Lucien se volvió capaz de reparar agujeros mayores.

Casi habían pasado veinte segundos.

No obstante, el hechizo aún necesitaba más tiempo.

En aquel instante, una fuerte explosión provino del exterior de la cabina y cubrió el ruido ocasionado por la magia de Lucien.

Junto al repentino silencio que llegó un segundo después, un montón de gente bajó las escaleras y se apresuró a revisar la cabina principal de carga, sin siquiera fijarse en los camarotes en donde Lucien y los aprendices estaban viviendo.

Después de todo, a comparación de la cabina principal de carga, en donde estaban almacenadas todas las Rocas de las Olas, aquel lado de la habitación no valía nada para ellos.

En el piso superior, los agujeros fueron reparados por completo.

Lucien ya estaba listo para ocultarse.

Pensó que lo que acababa de suceder debía suponer una gran pérdida para Granneuve.

Tal y como pensaba, él vio que la puerta del camarote de un marinero se abrió unos centímetros sigilosamente.

Había numerosos pares de ojos detrás de esta.

—¡Señor Evans, aquí!

—Annick, Layria y Heidi le dijeron al unísono.

Sus voces estaban llenas de alegría y alivio.

Lucien ingresó al pequeño camarote rápidamente y cerró con llave la puerta desde el interior.

—Buen trabajo, ustedes tres; especialmente tú, Annick —Lucien asintió.

El rostro de Annick se sonrojó ligeramente por dichas palabras.

—También trajimos con nosotros su maletín, Señor Evans —dijo Heidi con orgullo.

Los jóvenes adolescentes estaban esperando más elogios por parte de Lucien.

Este último sonrió.

—Eso es muy considerado de su parte.

En este momento aún estamos en peligro, y todos nosotros debemos ser cuidadosos.

Ahora tengo que analizar este báculo, así que permítanme mantenerme concentrado por un momento.

Sentado sobre la desordenada cama, Lucien empezó a revisar el báculo de coral del mago múrloc.

Al no tener idea de si el vizconde y los clérigos podrían vencer a los múrlocs, o de si el barco iba o no a hundirse, él tenía que aprovechar cualquier oportunidad de fortalecerse.

Quizá el báculo sería precisamente la cosa que salvaría su vida al último segundo.

Los tres aprendices asintieron con seriedad.

Tenían el sentido de responsabilidad de estar protegiendo a su maestro en aquel momento.

Gradualmente, los truenos desaparecieron, y parecía que la pelea había llegado a su fin.

Lucien abrió los ojos.

A él no le tomó mucho tiempo analizar el báculo, pues ya había analizado con éxito varios hechizos de segundo círculo.

El instrumento pasó a pertenecerle.

Aquel báculo de coral era un objeto mágico de segundo nivel y alto rango llamado «Amboula».

Su usuario podía respirar bajo el agua y lanzar «Esfera de Rayo» y «Burbuja de Ácido», ambos hechizos de segundo círculo, tres veces al día.

Además, le ayudaba a su dueño a concentrarse en acumular su poder espiritual al lanzar un hechizo, y también a localizar al enemigo, especialmente cuando uno iba a lanzar hechizos de control mental.

El báculo estaba hecho del coral que crecía cerca del altar del Señor del Océano, Amboula, y era equipo común para los Kuo-toans.

—Aquel que está bendecido por el Señor del Océano posee el poder del agua —murmuró Lucien, hablando solo, cuando terminó de analizar el objeto mágico.

Aquel era el mensaje dejado por su fabricante.

Sosteniendo el báculo con la mano, Lucien notó que su poder espiritual se encontraba más concentrado.

Él estaba feliz de finalmente haber obtenido un báculo, como hechicero que era.

E incluso si el barco se hundía, sería capaz de respirar bajo el agua.

En aquel momento, una estruendosa voz vino de la cubierta: —Los múrlocs han sido vencidos.

Caballeros y soldados, no dejen que escape ni uno solo.

Clérigos, reparen el barco.

Era la voz del Vizconde Wright.

Aunque estaba diciendo aquello para consolar a las personas en el barco, solamente él y los clérigos sabían si los múrlocs fueron vencidos o sencillamente se les dejó ir luego de que obtuvieran las rocas.

Los tres aprendices soltaron largos suspiros.

Lucien también mejoró considerablemente su ánimo.

Abrió la pequeña cartera gris que obtuvo del mago múrloc.

Tan pronto como fue abierta, esta liberó una fuerte sensación de poder oceánico.

Lucien vio seis gemas de color azul oscuro en su interior, cada una aproximadamente del tamaño de la punta de un dedo.

Las seis gemas estaban cubiertas de ondas de luz.

Aquellas eran Rocas de las Olas de alta calidad; diez veces más valiosas que las comunes.

No solamente podían ser usadas como un ingrediente principal en la fabricación de objetos mágicos de rango medio, sino también para algunos de rango alto.

Aquellas rocas eran sus propios trofeos.

Lucien estaba bastante contento.

Entonces, él notó que había una pequeña nota al fondo de la cartera.

—Qué es esto…

—Murmuró.

Luego de decirles a los tres aprendices que se mantuvieran vigilando el espacio, Lucien desdobló la nota en secreto.

«Recolecten una gran cantidad de Rocas de las Olas y tráiganlas al área oceánica decolorada.

Necesitamos un gran círculo mágico para abrirla.» Bajo aquella línea, había un mapa sencillo para dar instrucciones a alguien para que llegue a la llamada área “decolorada”.

Como aquella nota ya había sido copiada por la biblioteca espiritual de Lucien, este la destruyó rápidamente.

Él nunca escuchó nada relacionado a un área oceánica decolorada.

Y parecía que ni siquiera el mago múrloc tenía idea de su ubicación.

De acuerdo al mapa, parecía que dicha zona era parte del Estrecho de Tormentas.

Sin embargo, Lucien no estaba seguro de ello, pues la nota fue escrita en el lenguaje propio de los múrlocs, del cual solamente podía comprender una parte.

—Señor Evans, la pelea ha terminado —le dijo Annick a Lucien.

Este último tomó el báculo y asintió.

—Entonces veremos lo que Tom quiere que hagamos.

Tan pronto como cerró la cartera, él notó que el poder de las Rocas de las Olas desapareció en ese mismo instante.

Se preguntó si la cartera también era un objeto mágico, por lo que le lanzó a escondidas «Identificación» para revisarla.

Resultó ser un objeto mágico de nivel de aprendiz llamado «Morral del Kuo-toan», el cual podía ocultar ondas mágicas.

Lucien quedó un poco decepcionado.

Él pensó que se trataba de algo mejor.

En aquel momento, sonó la voz de Tom, pero esta no estaba dirigida a Lucien y los aprendices.

—¿Qué están haciendo aquí, señores?

La voz estaba bastante alta; intencionalmente alta.

—El cardenal nos pidió que revisáramos las cabinas de abajo para reparar los círculos de poder divino — respondió alguien con un tono ligeramente arrogante.

Los rostros de los tres aprendices palidecieron inmediatamente, y todos ellos se pusieron muy nerviosos de nuevo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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