Trono de la Arcana Mágica - Capítulo 299
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299: El guía.
299: El guía.
Editor: Adrastea Works Diez en punto de la noche, en el tercer día del Mes de la Pasión, el sexto del año.
Cuando toda la ciudad aún estaba inmersa en el fabuloso hechizo del concierto, cuando la gente de todas las calles aún tarareaba la melodía de Sinfonía del Nuevo País y Oda a la Alegría, aquellos que vivían en la oscuridad habían vuelto a su vida original, y en ese momento estaban aprovechando la oportunidad para tener su reunión secreta.
En una casa de aspecto común en el Distrito Lirio Morado, unas diez personas estaban reunidas en el sótano.
La mayoría de ellas vestían las mismas túnicas negras, mientras que algunas usaban las máscaras normales dibujadas con osos o cabras que los niños podían comprar fácilmente en las calles.
—Hanger, ¿por qué el Señor Filósofo no está aquí todavía?
—Preguntó una mujer.
Aunque llevaba una túnica negra suelta, se notaba que su figura era bastante atractiva.
Pese al disfraz, su voz era dulce.
Estaban de pie alrededor de una mesa redonda, en la cual había varias velas blancas, muchos libros y trozos de papel.
Hanger respondió con su fría voz.
—¿Por qué me preguntas a mí, Mercurio?
Como hechicero, el Señor Filósofo no tiene que llegar aquí a primera hora.
En aquella peligrosa ciudad, Aalto, después de convertirse en un auténtico hechicero, Filósofo no abandonó el grupo de aprendices de magia, sino que eligió desempeñar el papel de maestro para los aprendices.
Enseñó mucho a los aprendices y algunas veces les ofrecía pociones y materiales útiles a cambio de algunas cosas.
En ese momento, ya era el líder en aquel grupo.
Gracias al esfuerzo de Filósofo, Hanger también estaba cerca de convertirse en un auténtico hechicero, y otros aprendices también habían mejorado mucho.
—Cinco minutos más.
Si el Señor Filósofo no está aquí todavía, me temo que debemos irnos —mencionó con voz ronca el hombre que llevaba una máscara de reno antes de que Mercurio dijera algo.
El resto aprendices estuvieron de acuerdo.
No era que no quisieran mostrar respeto al Señor Filósofo.
Para una reunión secreta como aquella, si alguien llegara tarde, podría ser una señal de peligro.
Al escuchar aquello, Lucero del Alba dijo con frustración.
—Estoy muy harta de este estilo de vida…
preocupándome y escondiéndome todo el tiempo.
—Si no quieres preocuparte y esconderte, ten en consideración la solución de Lobo de Fuego —Hanger estaba siendo irónico.
De repente, todos los aprendices bajaron la voz.
Aunque no estuvieron en el Bosque Negro, escucharon los rumores y algunos incluso les dijeron directamente que Lobo de Fuego era el traidor.
Mercurio lanzó un suspiro.
—Si el Señor Profesor no hubiera abandonado Aalto a toda prisa, si no hubiera habido un traidor, quizás hubiéramos sabido dónde está el Congreso de Magia, y no estaríamos tan confundidos y perdidos ahora.
Al mencionar el nombre del Profesor, se sintió sobrecogida.
¡El nombre representaba un conocimiento insondable y un poder mágico aterrador, y el nombre estaba incluso en la Lista de Limpieza!
Al escuchar el nombre del Profesor, los aprendices que ingresaron en la reunión no hace mucho tiempo sintieron mucha curiosidad.
¡Creyeron lo que acababa de decir Mercurio, ya que el nombre era incluso intimidatorio para aquellos hechiceros que pertenecían a otros círculos!
—Pensé que el Señor Profesor era un mago normal de rango medio, pero su poder era mucho más aterrador de lo que pensaba…
— murmuró Hanger.
En aquel momento, alguien llamó a la puerta de una forma singular.
—Es el Señor Filósofo…
—los aprendices se sintieron un poco más relajados.
Entonces todos se pusieron de pie para mostrar su respeto.
Mercurio caminó hacia la puerta de la cámara y preguntó en voz baja con cautela.
—¿Señor Filósofo?
La casa en la que estaban tenía dos plantas con muchas ventanas por las que uno podía entrar.
Por lo tanto, no colocaron ningún hechizo de detección al lado de la puerta de la casa, en su lugar, colocaron muchas trampas mágicas en el pasillo hacia la cámara.
Tenían formas especiales de llamar a la puerta para saber quién era, y si había algún peligro, podían escapar a través del camino secreto oculto con magia en el sótano.
—Soy yo —respondió el hombre, cuya voz sonaba mayor.
La voz era conocida y el tono era tranquilo.
Su poder espiritual aseguró a los aprendices que no había nada malo.
Siempre que alguien estaba en la puerta, a cada uno de los aprendices se le subía las tripas a la garganta, lo cual los hacía sentirse fatal.
Descartando la trampa mágica, Mercurio abrió la puerta y vio al Señor Filósofo vistiendo la túnica negra y la capucha.
—Buenas tardes, Señor Filósofo —todos los aprendices se pusieron la mano derecha en la frente y se inclinaron con profundo respeto.
Pero tras alzar mirada, todos se quedaron sin aliento ya que estaban completamente conmocionados.
Había otro hombre con una gran túnica negra de pie junto a Filósofo, ¡pero no se percataron de aquello en ese momento cuando usaron el poder espiritual para escanear los alrededores!
—¿Quién es?
¿Por qué traes a un extraño?
—Mercurio estaba enfadada.
Estaba estrictamente prohibido por la reunión.
Nadie podría llevar a ningún extraño ahí sin previo aviso.
Aunque otros aprendices se sintieron ofendidos, no se atrevieron a decir nada delante del Señor Filósofo.
Después de todo, él era un hechicero auténtico.
Al ver la reacción de Mercurio, los aprendices intuyeron que posiblemente se hubiera convertido en una hechicera de verdad, y tan solo estuviera ocultando su poder.
Filósofo mantuvo la calma y sonrió.
—Cálmate Mercurio.
No es un desconocido.
Ya ha estado aquí antes.
—¿Qué?
¿Quién?
—Mercurio y el resto de aprendices estaban muy sorprendidos.
—Mercurio, Hanger, Lucero del Alba, Reno… ¿ya no se acuerdan de mí?
—Dijo Lucien en su voz ronca falsa, y desató completamente todo su poder espiritual para que los aprendices lo sintieran.
Aquel poder no provenía de ningún objeto mágico, sino de un auténtico mago de rango medio.
A juicio de Hanger y el resto de aprendices, el hechicero de túnica negra era más que aterrador.
Su poder era como un pozo sin fondo de oscuridad, y solo con acercarse un paso podría arrebatarles la fuerza y hacerles sentir un frío helador.
Si de verdad pretendía usar su poder en ellos, sus piernas flojas no serían capaces de mantenerles en pie, mucho menos conjurar hechizos.
No había duda, ¡era un mago de rango medio!
Su poder era terrorífico, y junto a él, el poder de los aprendices no era nada.
Aunque Mercurio también dio unos pocos pasos atrás, y sus hermosas manos temblaban ligeramente, aún era capaz de moverse frente a ese gran poder.
—¿…Señor Profesor?
—Su voz también temblaba— ¡Es el Señor Profesor!
Él fue el único mago de rango medio con el que había tenido alguna conexión hasta la fecha.
—Me alegra que me reconozcas —dijo Lucien con frialdad.
Aunque se reía mientras hablaba, la risa también era fría.
Estaba al tanto de que Mercurio no le reconoció debido a la falsa voz ronca que aparentaba usar no era nada especial, y se hizo parecer un poco más alto.
El resto de aprendices estaban más que sorprendidos.
—Señor… ¡¿Señor Profesor?!
—Repitieron el nombre subconscientemente.
No pudieron creer que el hechicero cuyo nombre se encontraba en el puesto trescientos sesenta de la Lista de Limpieza estuviera justo delante de ellos.
¡Profesor, el nombre que llevaba dando problemas a la Guardia Nocturna durante más de tres años, era una leyenda en el círculo de magia de Aalto!
No se esperaban aquello en absoluto.
Los aprendices se sintieron muy orgullosos y emocionados de repente.
¡Además, la esperanza de poder saber dónde estaba el Congreso de Magia empezó a crecer apasionadamente!
Lucien estuvo en su lugar anteriormente, así que entendió perfectamente por lo que estaban pasando.
Por tanto, aunque no tenía ningún otro propósito, encontraría otras formas de decirles cómo llegar al Congreso.
Una vez que los aprendices se inclinaron respetuosamente ante el Profesor, Filósofo les presentó.
—Señor Profesor, entre los aprendices que conoces de antes, algunos abandonaron Aalto ya que no veían esperanza aquí, como Roble y Guante Blanco; otros murieron, como Búho y Miel Blanca… Ahora seguimos teniendo a Mercurio, Hanger, Lucero del Alba, Reno y yo, y el resto son miembros nuevos.
Lucien estaba algo emocionado al despertar su recuerdo.
No esperaba que Sonrisa muriera durante su aventura, y se preguntó si Lord Doro consiguió escapar.
En cuanto a la muerte de Miel Blanca, nadie lo sabía mejor que Lucien.
Tras las presentaciones, y después de que el Profesor se sentó, Mercurio preguntó con prisas y muchas ganas.
—Señor Profesor, ¿puede decirnos dónde se encuentra el Congreso de Magia?
¡Estoy dispuesta a hacer lo que sea para conseguir esa información!
¡Por favor, dígame si hay alguna condición!
Quería conseguir la información lo más pronto posible.
Nadie sabía lo que ocurriría en los próximos segundos.
Bajo la mirada de los aprendices, Lucien respondió.
—No se requiere ninguna condición, ya que es mi deber como hechicero introducir a más de ustedes al Congreso para ayudarles a crecer.
Estoy aquí como su guía, y estoy dispuesto a ayudarles.
Lucien se diferenció de Felipe y toda esa gente de la Hand of Paleness.
Tras un corto periodo de silencio, la voz de Mercurio temblaba y casi empezó a llorar.
—Señor Profesor, no sé cómo expresarle mi gratitud.
Muchísimas gracias.
¿Puede decirnos ahora mismo dónde está?
Solo la gente que había estado en esa situación entendía el gran nerviosismo y la intensidad, al igual que la depresión, que esos aprendices sufrían cada día.
—Si podemos llegar hasta allí, Señor Profesor, ¡nunca olvidaremos su ayuda!
—Hanger también estaba muy emocionado.
Todos los aprendices presentes mostraron sus sentimientos de gratitud.
Entonces, Lucien sonrió y dijo.
—El Congreso de Magia está en el Reino de Holm, cruzando el Estrecho de Tormenta.
Es una ciudad flotante cercana a la capital del reino, Rentato, y la ciudad se llama Allyn.
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