Trono de la Arcana Mágica - Capítulo 301
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301: La última sonrisa.
301: La última sonrisa.
Editor: Adrastea Works En el estudio del Vizconde Klein.
El vizconde Klein estaba atado a la silla y su cabello negro parecía desordenado.
Sus ojos verdes miraban al hombre que llevaba una máscara de payaso de aspecto ridículo de pie frente a él.
—¡Debes ser el Payaso loco!
¡Tal como dijo la princesa, estás loco!
—Klein, el arconte del ayuntamiento de Aalto, retó a Payaso sin miedo.
Payaso se echó a reír.
—Señor Vizconde, por favor no me diga que el hechizo que lanzó hace un momento fue de un objeto mágico.
No veo nada malo en que un vigilante nocturno atrape a un cruel hechicero, o quiere que lo llame…
¿Señor Filósofo?
Klein estaba sorprendido.
—¿Cómo…?
No terminó su frase.
En su lugar, se detuvo muy rápido.
Pensó que aquello podría ser un truco.
—Lo hemos estado vigilando todo este tiempo, Señor Vizconde, pero en realidad nunca le hicimos nada porque estábamos esperando que confesara y se diera cuenta de que lo que ha hecho está muy mal.
Después de todo, usted es un noble.
Pero por desgracia, no lo hizo.
No obstante, aún tiene una oportunidad más.
Puede mantener su status de noble y arconte siempre y cuando me diga dónde está el Profesor…
y solo necesita unirse en secreto a la Guardia Nocturna —dijo Payaso.
Mientras hablaba, miró por la ventana, un poco preocupado de que el resto de los vigilantes nocturnos pudieran llegar ahí en cualquier momento.
Klein se dio cuenta de que él no era el objetivo real, luego se burló.
—Ya veo.
Estás aquí por el Profesor.
Efectivamente, pasar el rato con uno en la Lista de Limpieza se traduce en grandes riesgos.
Pero no confío en ti, Payaso.
Ya no eres parte de la Guardia Nocturna, y los vigilantes nocturnos también te persiguen.
Prefiero esperar hasta que vengan los auténticos vigilantes nocturnos.
Como Payaso esperaba, a pesar de que Klein no tenía planeado de guardar el secreto a costa de su vida, era tan astuto como muchos otros nobles.
Si la recompensa fuera lo suficientemente tentadora, ¡podrían trabajar incluso con demonios!
Gente como Klein sabía cómo tomar decisiones en esa clase de situación.
¡Klein estaba tratando de conseguir una mejor oferta!
Payaso acercó su cara a la de Klein y dijo.
—Buen intento, señor Vizconde, pero está negociando conmigo y tengo prisa, así que no tengo ganas de negociar.
La expresión facial de Klein cambió de repente, y los diez dedos de Payado empezaron a moverse.
Los dedos de Payaso controlaron los músculos de la cara y todo el cuerpo de Klein, y sus ojos y boca empezaron a abrirse y cerrarse tras el movimiento de Payaso.
Poco a poco, la voluntad y el alma de Klein también fueron controladas.
A diferencia de otros vigilantes nocturnos, Payaso podría conseguir la información que deseaba incluso sin usar el poder divino.
—¿Cuál es tu pseudónimo?
¿Eres un hechicero?
¿En qué escuela?
—Payaso utilizó en primera instancia algunas preguntas simples para ver si su poder funcionaba.
Los ojos de Klein encontraron el foco por fin, y parecía igual que de costumbre, excepto por la sonrisa en su rostro.
—Lord Payaso, soy un hechicero.
Mi pseudónimo es Filósofo, especializado principalmente en la escuela de Astrología.
En aquel momento, fallé para despertar mi Bendición, y no tenía pociones en las que confiar, así que encontré los libros de magia que dejaron los hechiceros que fueron asesinados por mis antepasados para ver si había algo que pudiera hacer para despertar mi Bendición, pero luego me interesé en el escuela de Astrología, y ya no pude detenerme.
Payaso no estaba interesado en Klein, por lo que preguntó directamente.
—¿Cómo conociste al Profesor?
¿Cómo puedo encontrarlo?
—Lord Payaso, fue el profesor quien me encontró después de que regresara del concierto.
Para ser más específico, usó el hechizo del cuarto círculo, Silueta en el Espejo, para hablar conmigo.
Quería asistir a nuestra próxima reunión para contarnos información sobre el Congreso de Magia —Klein le contó todo a Clown—.
Después de que acepté ayudarle, nos reunimos una vez.
Estaba al lado de una casa desocupada con jardín en Gesu, Nº 116.
Y teníamos este código secreto…
Pero no sé dónde está en este momento.
Decidió el lugar en el que nos reunimos.
Por supuesto, el Profesor era muy cauteloso y astuto, y Payaso lo sabía bien.
De repente, se le ocurrió que la dirección podría pertenecer a Lucien Evans.
La villa estaba en un rincón remoto, y aún no había sido alquilada.
Solo un viejo criado mantenía la casa.
Así que era un lugar perfecto para que el Profesor se escondiera.
La sangre de Payaso estaba hirviendo, y su cuerpo temblaba de emoción.
Se alegró de haber prestado atención a los detalles.
No obstante, sabiendo lo astuto que era el Profesor, Payaso se obligó a calmarse y pensó.
«Lucien Evans está descansando en la casa del distrito Noble en este momento, y se dice que Natasha está ocupada con todo tipo de cosas en el Palacio de Ratacia hoy y nunca abandona el palacio.
Si ambos aparecieran de repente en la casa desocupada, la gente podría decir fácilmente que esto era una trampa.» También tuvo en cuenta si el Profesor lo llevaría a otro poderoso hechicero y los haría pelear, pero no era muy probable que sucediera, después de todo, estaban en Aalto.
Si ocurriera una gran pelea, esos cardenales llegarían de inmediato.
A pesar de que Payaso sabía que la mejor opción en aquel momento era esperar a que Juliana y los otros vigilantes nocturnos se encargaran de eso, la ira y el deseo de vengarse le estaban quemando las tripas.
Además, confiaba en su propio poder.
Después de hacer un análisis rápido, Payaso se decidió en ir allí.
Sabía que debía ser muy cuidadoso, y si había algo fuera de su control, se escondería y dejaría al Profesor al resto de los vigilantes nocturnos.
Después de sellar el poder espiritual de Klein usando su Bendición especial, Payaso escribió la información que recibió de Klein para ahorrarle algo de tiempo a los vigilantes nocturnos que vendrían después.
Entonces Payaso dejó el distrito noble y llegó al Nº 116 del distrito de Gesu.
La villa con jardín estaba cubierta en la oscuridad como un monstruo aterrador.
Después de comprobar los alrededores, Payaso no vio trampas mágicas.
Sintiéndose un poco aliviado, decidió dar un paso más.
Se coló en la villa con jardín tan rápido como una sombra.
Solo había un viejo sirviente en la villa.
Después de hacer que el viejo sirviente se durmiera, Payaso revisó con cautela las habitaciones una por una, tratando de encontrar algunas pistas.
Payaso había terminado de buscar en el sótano y la planta baja pronto.
Con gran precaución, subió las escaleras.
…
En la casa del Vizconde Klein.
Waldo, el Ejecutor, lideraba un equipo de vigilantes nocturnos en secreto al segundo piso.
Todavía estaban buscando al vizconde.
Evitaron generar un gran revuelo, por si el Profesor lo notara y huyera.
Tan pronto como llegaron al segundo piso, Waldo olió a sangre.
Juliana se preocupó de repente.
Tenía miedo de que Payaso hubiera perdido el control.
La cara de Waldo estaba medio cubierta por su barba, pero su nariz era muy sensible a los olores.
Dijo frente a la puerta del estudio con seriedad.
—Solo hay una persona muerta allí.
Es el olor de la familia Millstone.
El vizconde era de la familia.
Mientras hablaba, Waldo abrió la puerta.
Le llegó el fuerte olor a sangre.
Cuando los vigilantes nocturnos entraron en la habitación, a pesar de que estaban muy acostumbrados a la sangre y la muerte, todos fruncieron el ceño ante lo que vieron.
La habitación era como un matadero.
Había pequeños trozos de carne y sangre por todas partes, desde el techo hasta el suelo, sin dejar ni un pedazo completo de hueso u órgano.
Toda aquella escena estaba más allá de lo desagradable y lo cruel.
—Esto parece…
familiar…
—murmuró un vigilante nocturno.
El resto de los vigilantes nocturnos sabían de lo que estaba hablando: casi todos los que habían sido atrapados por los hilos de Payaso terminaron así.
—Imposible…
Payaso no mataría al vizconde…
—la cara de Juliana se puso pálida.
Al pisar los trozos de carne y el charco de sangre, Waldo caminó directamente hacia el escritorio y recogió el trozo de papel debajo de la botella de tinta.
Después de echar un rápido vistazo, dijo al resto de los vigilantes nocturnos.
—Esto fue dejado por Payaso.
Dejó el código secreto que nadie puede imitar.
Ha confirmado que el vizconde Klein es Filósofo y, según Payaso, el Profesor podría estar en el Nº 116 del Distrito de Gesu.
Al escuchar eso, Juliana jadeó.
Empezó a pensar que podría ser Payaso quien había hecho todo aquello.
Cuando consiguió la información que quería, podría haberse emocionado demasiado como para controlarse.
Debido a que se había confirmado que el vizconde era un cruel hechicero, su muerte no importó tanto.
—Dejen el vizconde a la Inquisición.
¡Ahora deberíamos llegar al Distrito de Gesu lo antes posible!
—Waldo dijo al resto de los vigilantes nocturnos.
En su corazón, todavía estaba de parte de Payaso.
—¡Entendido!
—Respondió el resto de los vigilantes juntos.
No les importaba la muerte de un cruel hechicero.
…
Payaso había buscado en la mayor parte del segundo piso pero no encontró nada especial.
Una habitación tras otra…
Cuando Payaso ya estaba decepcionado, ¡notó de repente que había alguien en el estudio!
Como gran caballero, Payaso sintió que un hombre estaba de pie junto a la ventana, disfrutando del viento fresco de la noche.
Payaso estaba muy sorprendido.
No esperaba que le fuera tan fácil encontrar al Profesor y, lo que era más importante, ¡parecía que el Profesor ni siquiera lo había percibido!
A pesar de que tenía muchas preguntas y pensamientos en mente, al enfrentarse al poderoso y malvado mago de rango medio, Payaso no quería perder ni un segundo.
Al instante, lanzó ferozmente los hilos de la marioneta en dirección el hombre al lado de la ventana.
Dejando salir todo su poder, Payaso destruyó la puerta en un segundo al mismo tiempo.
No obstante, para gran sorpresa suya, vio a Lucien Evans de pie junto a la ventana.
Al estar fuertemente atado, la forma en que Lucien Evans estaba de pie era extraña y distorsionada.
Y había una sonrisa espeluznante y falsa en su apuesto rostro.
Bajo ese incuestionable y misterioso poder, su cuerpo cayó directa y rígidamente hacia atrás, como un cisne al que disparan con una flecha.
El desordenado traje negro que lucía Lucien Evans, la sonrisa espeluznante en su rostro y el momento en que cayó hacia atrás como una muñeca raída…
se convirtió en una eterna y misteriosa pintura en la memoria de Payaso.
¿El Profesor eligió sacrificar a Lucien Evans para cercarlo?
Payaso no esperaba aquello en absoluto.
Antes de tocar el suelo, el cuerpo de Lucien Evans explotó como una flor floreciente.
Su carne y sangre estaban en todas partes.
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