Trono de la Arcana Mágica - Capítulo 304
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- Capítulo 304 - 304 La elegía de la Guardia Nocturna
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304: La elegía de la Guardia Nocturna.
304: La elegía de la Guardia Nocturna.
Editor: Adrastea Works En una casa de aspecto ordinario en el Distrito del Lirio Morado, Aalto Apoyado contra un viejo armario, Payaso sacó un frasco de poción de su túnica y se lo bebió con su mano izquierda: la única que le quedaba.
Payaso había perdido parte de la zona derecha de su cuerpo, por lo que en aquel momento incluso le estaba costando respirar, y lo único que sostenía su vida era la gran fuerza de voluntad de un gran caballero.
Tras llegar al escondite secreto, Payaso estaba totalmente exhausto y ni siquiera pudo dar unos pasos más para bajar a la cámara secreta.
La poción divina ayudó a que las tripas y la carne de Payaso empezaran a crecer, pero tan pronto como la carne recién crecida tocó el corte, se encogió y se marchitó, como si un muro invisible le impidiera crecer aún más.
Payaso podía sentir que estaba perdiendo fuerza vital muy rápido.
Se preguntó si iba a morir allí.
Era la primera vez que veía cuán poderosa y aterradora podía ser la Bendición superior.
En ese momento, escuchó pasos al otro lado de la puerta.
Payaso abrió los ojos con gran esfuerzo.
Sabía que eran los vigilantes nocturnos.
Cuando la puerta se abrió, Payaso se sorprendió un poco al ver a Juliana, así como a Lend y Minsk, quien esa vez no llevaba el cometido.
Al ver a sus compañeros, la esperanza empezó a crecer en el pecho de Payaso.
Hizo todo lo posible para hablar con ellos.
—Yo no…
Profesor…
lo hizo.
Payaso pensó que estaba siendo muy cuidadoso, pero aun así acabó en la trampa del Profesor.
¡Pero lo que más lo torturaba era que aún no tenía idea de cuál era el propósito del Profesor!
¡¿Por qué?!
¿Por qué hizo todo eso el Profesor?
La triste situación hizo que los ojos de Juliana se pusieran rojos por las lágrimas.
—Lo sé…
lo sé…
El profesor hizo todo esto.
Nunca matarías a Lucien Evans justo en frente de la princesa.
Estoy aquí…
¡Permíteme que te cure!
A pesar de que Payaso hizo algo al respecto al atrapar a Lucien Evans justo en frente de Natasha, lo que sucedió en aquel momento hizo que las palabras que dijo fueran bastante irónicas.
Cuando Lend escuchó lo que Juliana dijo, aunque su rostro siempre parecía muy serio, frunció el ceño.
Sabía que era muy poco probable que el poder divino de Juliana funcionara, pero también estaba rezando por un milagro.
Como sacerdote de combate, Juliana estaba acostumbrada a usar el poder divino para curar a las personas.
No obstante, ni su propio poder ni los objetos divinos funcionaron.
El corte absorbió toda la luz divina como un pozo sin fin.
—Capitán Lend…
—Juliana estaba a punto de echarse a llorar.
Lend estaba cerca del nivel sénior, y si no había nada que Lend pudiera hacer aquí, Payaso iba a morir muy pronto.
Lend respiró hondo para calmarse.
Entonces, levantó su espada larga y su cuerpo se cubrió con una capa de luz serena.
La luz se extendió por la espada, junto con la niebla negra de sus guantes negros.
Lend gritó y entonces tajó el horrible corte en la parte derecho de Payaso, como si estuviera tratando de cortar el pozo sin fin conectado al corte.
¡Su Bendición, Eliminación, podría hacer que cualquier poder sobrenatural que no perteneciera al Dios auténtico fuera invalidado!
El aire se agitó debido al tajo, pero nada cambió.
Lend no quiso darse por vencido.
Lo intentó de nuevo y causó un fuerte viento, pero la carne de Payaso no podía crecer aún más.
—Está bien…
A menos que seas…
un caballero radiante, no puedes…
—la locura y la furia en los ojos de Payaso habían desaparecido.
En aquel momento, sus ojos negros detrás de la máscara de aspecto ridículo parecían bastante tranquilos.
—No…
—gritó Juliana.
Había seguido a Payaso durante más de siete años y fue salvada por él muchas veces.
Cuando se enfrentaba al mal, el capitán siempre era el apoyo más fuerte del equipo.
A pesar de que muchos vigilantes nocturnos describían a Payaso como un loco y un corrupto, ella confiaba completamente en él.
Hasta ese momento, se habían encontrado con el Profesor dos veces, pero todo el equipo ya casi se había marchado.
Payaso murmuró de una forma obsesiva.
—Yo no…
Profesor…
lo hizo.
—Lo sé…
Capitán, lo sé…
—Juliana asintió apresuradamente—.
Les conté a los líderes de la Inquisición que teníamos que darnos prisa, pero pasaron demasiado tiempo discutiendo cuál era el verdadero propósito del Profesor y si esta era la artimaña del Profesor para alejarnos de la base, ¡o podríamos haberlo atrapado!
Ante la gran presión de los nobles, la Iglesia vaciló.
Lend no estaba en el equipo persiguiendo al Profesor.
Se reunió con Juliana cuando buscaba a Payaso después de escuchar lo sucedido.
Lend le contó a Payaso la última información, y su voz era distante.
—Lucero del Alba está muerto.
El Profesor lo ha matado.
“El final del traidor…” El profesor dejó tales palabras.
En aquel momento, si pudiera atrapar al Profesor, Lend lo haría pedazos.
—Ya veo…
—la ira de Payaso empezó a arder de nuevo, y dijo con gran esfuerzo—.
La Iglesia está corrompida…
y es demasiado asustadiza.
¡Si fuera como antes…
no habría manera…
de que el Profesor…
juegue con nosotros como…
como un gato jugando con ratones…
dos veces!
—Muchos de la Iglesia han perdido la fe —Minsk estaba tan furioso que su cuerpo estaba cubierto con una gruesa capa de llamas—.
¡Hincan las rodillas frente a los nobles y la oscuridad!
Payaso empezó a ponerse como una moto, y habló de una forma más fluida en su inusual estado de ánimo.
—A pesar de que maté a muchas personas inocentes cuando desperté mi Bendición por primera vez y perdí la cabeza, después de conmoverme por…
por las palabras del monje, ¡he dedicado mi corazón y mi alma al Dios de la Verdad!
¡Ni por un segundo…
nunca olvidé mi juramento!
¡Vivo en la oscuridad…
para luchar contra la oscuridad!
No me importa cómo me vean otras personas…
despiadado…
o loco, no me arrepiento de ello.
¡Hice todo esto para alejar la oscuridad!
Payaso jadeó con fuerza.
Había usado toda su fuerza.
Su respiración empezó a volverse muy débil y corta.
Mirando a Lend, Juliana y Minsk, Payaso dijo.
—No olviden…
nuestro juramento.
No dejen…
Profesor…
—No lo haremos…
—respondió Juliana con lágrimas pero con determinación.
Lend se santiguó y empezó a hacer el voto de la Guardia Nocturna delante de Payaso.
—La noche se reúne, y mi vigilancia comienza ahora.
No terminará hasta mi muerte.
Vigilaré la oscuridad y abandonaré todo.
No tomaré esposa, no tendré tierras, padre ni hijos.
No usaré coronas y no obtendré gloria.
Viviré y moriré en mi puesto.
Soy lo opuesto a la oscuridad, el enemigo mortal contra el mal.
Soy el fuego que arde contra el frío, la luz que atraviesa la oscuridad.
Prometo mi vida y honor a Dios para ser el guardián de la luz, para esta noche y todas las noches por venir.
Juliana y Minsk repitieron entre lágrimas.
—…Prometo mi vida y mi honor a Dios para ser el guardián de la luz, para esta noche y todas las noches por venir.
Payaso extendió su mano izquierda con gran dificultad.
Con la mano temblorosa, se santiguó.
—…Prometo…
mi vida y honor…
a…
a Dios…
para ser…
el guardián…
de la luz…
para esta noche…
y todas…
todas las noches por…
venir.
La voz de Payaso se hizo cada vez más baja.
Sus ojos se cerraron lentamente y ya no podía ver con claridad.
¡En ese momento, con su conciencia borrosa, Payaso escuchó pasos!
Lend fue el primero en darse la vuelta y se sorprendió.
—¡Lady Amelton!
La cardenalicia de túnica roja vestía una birreta de forma singular.
Tenía el pelo largo y negro, y su hermoso rostro y ojos parecían llenos de piedad.
—¡Lady Amelton!
—Minsk y Juliana también se sorprendieron al ver a la más alta líder de la Inquisición: Vila Amelton.
¿Estaba allí para atrapar a Payaso?
¿También los castigaría?
No obstante, Amelton caminó rápidamente en dirección a Payaso y lo revisó usando el poder divino.
Después de un rato, dijo.
—Llegué tarde.
La Espada de la Verdad ha cortado el alma de Payaso.
Mientras hablaba, la luz blanca de su mano cerró lentamente el horrible corte, pero la carne de Payaso nunca volvió a crecer.
Su fuerza vital se había agotado.
—¿Lady Amelton?
—Lend notó el tono diferente de la cardenalicia.
Parecía que no estaba ahí para llevarse a Payaso.
Amelton los miró y dijo con seriedad.
—Los nobles han olvidado lo que el Señor les ha dado.
La Iglesia está siendo cobarde y han perdido la gloria.
Creo que todos saben de lo que estoy hablando.
A pesar de que se sentían exactamente de la misma forma, Lend y el resto de vigilantes nocturnos no se atrevieron a mostrar aún un acuerdo directo frente a la más alta líder de la Inquisición.
Amelton se volvió en dirección a Payaso.
—Eres el guardia más leal del Señor.
En nombre del resto de nosotros, quienes estamos descontentos con la situación, te muestro mi gran respeto.
No importa si estás en penitencia o en la Montaña Paraíso, siempre estamos contigo.
La gloria del Señor estará contigo.
Nunca estarás solo.
Payaso no podía hablar, pero su corazón estaba lleno de éxtasis.
—Lady Amelton, ¿es uno de los que está descontento con la situación?
—Lend preguntó con mucha cautela.
Amelton se levantó y los miró con piedad.
—Sí, ¿te unirás a nosotros?
Al pensar en lo que sucedió y lo que estaba sucediendo en aquel momento, y pensando en la gloria que una vez tuvieron, Lend, Juliana y Minsk se santiguaron.
—Solo la verdad vive para siempre.
Protegemos la gloria del Señor con nuestra vida.
La conciencia de Payaso se desvaneció por completo, como si hubiera caído en un sueño del que nunca podría despertarse.
Sabía que la muerte había llegado.
El último segundo antes de que la conciencia de Payaso desapareciera, en su sueño, vio a un hombre de cabello plateado que vestía una camisa roja y un abrigo negro.
Sosteniendo una copa de vino en la mano, el hombre tenía una misteriosa sonrisa en su rostro.
—Está intentándolo…
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