Trono de la Arcana Mágica - Capítulo 386
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386: Paso a paso.
386: Paso a paso.
Editor: Adrastea Works La grandeza de la puesta de sol en el horizonte fue impresionante.
No obstante, en el campamento de la esfinge, Lucien sintió el sudor frío en la espalda.
Antes de que Lucien descubriera la respuesta, la esfinge lo regañó.
—Escorpión asqueroso, ¿tienes la cabeza entre las piernas?
¡Usa tu cerebro!
¡Ve y date un baño en el Agua Solar!
¿Quieres convertirte en una de esas criaturas no muertas?
El ambiente del desierto era muy duro, por lo que los nobles en el Imperio de Gusta eran reacios a expandirse hacia el sur.
Por lo tanto, la mayoría de las palabrotas de las esfinges se referían a los escorpiones ya que eran su mayor enemigo.
¿Agua Solar?
Las palabras de la esfinge le recordaron a Lucien que esa esfinge a la que estaba interpretando, cuyo nombre era Fil, siempre pasaba un rato en la casa de piedra en la que la luz del sol del mediodía brillaba de lleno, y después iba a proteger la tumba con las otras esfinges.
Lucien dio por sentado que la casa de piedra era un lugar acordado donde las esfinges se reunían, por lo que cuando recuperó la memoria de Fil usando la hipnotización, no incluyó esa parte.
—Lo siento mucho…
me voy ahora mismo —Lucien asintió a toda pisa y se fue.
Unos segundos antes, Lucien estaba decidiendo si debía usar Insinuación, Encanto o Control Necrótico para asegurarse de que aquella esfinge no le causara más problemas.
En la casa de piedra, había una piscina en forma de sol dorado, en la que había un líquido de color dorado.
Junto a la piscina, una esfinge hembra de aspecto rudo y robusto estaba sacando el líquido con una extraña cuchara grande de oro y rociando el líquido sobre las esfinges que esperaban en la fila.
Si bien todas las esfinges macho parecían muy brutales y maleducadas, mostraban una gran admiración hacia la hembra.
Lucien se preguntó si ella era una auténtica belleza como esfinge femenina.
No obstante, a juicio de Lucien, apenas era una leona a dos patas.
Lucien no podía ver belleza alguna en ella.
Avanzó y dejó que rociara el líquido dorado sobre él.
El líquido estaba tan cálido como el sol, pero Lucien no se mojó en absoluto con ello.
—Fil, estás actuando de una forma un poco extraña hoy —dijo la esfinge femenina, Sana, en voz baja—.
¿Has perdido el coraje?
Hoy no me estás mirando.
Lucien se puso nervioso de nuevo.
—Sí…
quizás…
—Lucien decidió no contradecir a esa orgullosa hembra.
Sana se echó a reír.
—Tengo curiosidad.
¿Qué te ha hecho perder el coraje?
¡Ni siquiera estás interesado en perseguir a tu pareja!
Cuando Lucien estaba en semejante dilema y no sabía qué hacer, otra esfinge macho saltó y lo “salvó”.
—¡Fil, no nos hagas perder el tiempo!
¡No actúes de forma extraña para llamar la atención de Sana!
¡Ni siquiera lo intentes!
¡Anoche estabas mirando a Sana en secreto de todas formas!
Lucien fingió que lo habían visto y miró a Sana lleno tanto de esperanza como de miedo en cierto modo.
Sana se percató de cuál era la estrategia de Fil y le dio la espalda a propósito.
Cuando Lucien salió de la casa de piedra, estaba muy cansado, como si acabara de pelear.
..
—Siganme a la tumba.
No perturben el sueño de Su Majestad —una gran esfinge musculosa, que sostenía una larga lanza, les dijo severamente a los guardias de la tumba.
—Sí, Sir Helges —respondieron las esfinges al unísono.
Lucien bajó la cabeza y abrió la boca, fingiendo que estaba respondiendo.
De esa forma, descubrió el nombre de su líder.
Parecía que Helges tenía el poder de un gran caballero, y cinco o seis de los guardias eran caballeros.
El resto de ellos, incluido Fil, eran escuderos de caballero de nivel dos.
Los guardias de allí fueron todos seleccionados.
Era un gran honor para una esfinge convertirse en guardia de la tumba.
Bajo la guía de Helges, Lucien pisó los ladrillos de piedra rojiza y entró en la tumba.
Al instante, el calor del desierto desapareció y el aire frío predominó como si hubieran llegado al mundo de la muerte.
Los ladrillos y las vigas de piedra estaban en muy buenas condiciones, y las gemas, las perlas y los cristales brillaban con una luz fría.
La tumba era aún más grande que las villas, mansiones o torres mágicas que Lucien había visto.
Las habitaciones y los pasillos eran lo bastante amplios como para que los gigantes disfrutaran allí por su cuenta.
Influenciado por el Imperio de Meshkate, se creía que las esfinges controlaban el secreto de la vida y la muerte y que la muerte no era el final, sino el comienzo de la verdadera inmortalidad.
Las pirámides eran el edificio mágico para que las poderosas esfinges ascendieran al cielo inmortal y, por lo tanto, las pirámides eran más que espléndidas.
Mientras tanto, muchas esfinges creían que su más grande rey, el rey que estaba durante su sueño eterno, se despertaría en la pirámide y conduciría a la esfinge a gobernar el mundo entero.
Y Lucien estaba en la tumba del más grande rey en ese momento.
Sosteniendo la lanza, Lucien patrullaba siguiendo a Helges.
Vio cadáveres podridos colgados en la pared en muchos pasillos.
Algunos de ellos eran escorpiones, algunos eran seres humanos u otras razas.
Todos fueron sacrificios.
Subiendo unos pocos pisos, los guardias de la tumba entraron en una sala decorada con innumerables símbolos extraños.
El mural más llamativo era la escena de una poderosa esfinge matando a miembros de otras razas.
En el centro de la sala había ataúdes de piedra negra.
¡Al pasar, Lucien pudo sentir el poder maligno y frío en los ataúdes!
Se preguntó si eran sacrificios de esfinges que se habían convertido en momias guardianas.
Como estaba en una tumba en ese momento, Lucien desactivó temporalmente la Corona del Sol para que no fuera tan sensible al poder de la muerte.
Al salir de la espeluznante sala, Helges y los otros guardias de tumbas continuaron patrullando el entorno.
A lo largo de los sinuosos pasadizos, llegaron frente a una enorme puerta de piedra.
En la puerta, en un lado había dibujado un sol, y el otro había una luna plateada, los cuales simbolizaba la vida y la muerte respectivamente.
¡Aun sin dispersar su poder espiritual, Lucien podía sentir de igual manera el horrible poder de la muerte detrás del portal de piedra!
Detrás del portal de piedra, Rhine creó en secreto un círculo mágico utilizando el poder de la tumba.
Frente al portal de piedra, dos guardias con el nivel de un gran caballero sujetaban sus lanzas.
Sus piernas eran mucho más gruesas en comparación a las de Fil.
Cerca de ellos había una cámara de piedra.
Un sumo sacerdote esfinge de aspecto solemne estaba sentado en ella, rezando por la reanimación de su más grande rey.
Lucien había adquirido una comprensión básica del diseño de la tumba, pero el problema era cómo podía entrar allí.
Su cerebro trabajaba a toda prisa, tratando de encontrar una solución.
Para Rhine, un vampiro de nivel legendario, no fue un trabajo difícil ya que podía atravesar directamente el portal de piedra en forma de suave brisa.
Lucien no iba a forzar su entrada a ese lugar.
Sabía lo poderosas que podían ser las esfinges en la tumba.
Además, justo en frente del sumo sacerdote, tampoco podía atacar a los guardianes.
—Volvamos —dijo Helges después de saludar al sumo sacerdote.
Esa fue la primera ronda de patrulla.
Lucien tuvo que irse tras él ya que en ese momento no tenía un buen plan.
Trató de caminar lo más lento que pudo y se colocó al final del grupo.
Cuando doblaron una esquina, Lucien dejó caer una pequeña piedra en el suelo en silencio, una por una.
Cuando estaban a punto de pasar por el pasillo en el que estaban colocados los ataúdes de piedra negra, Lucien vio a dos esfinges vestidas de la misma forma que los guardianes que venían en la dirección opuesta.
Lucien tuvo una idea en su mente.
Bajó la cabeza y siguió al equipo.
Los dos guardianes pasaron junto a él.
Cuando llegaron al espeluznante salón, Helges les dijo en voz baja —Tomen un descanso aquí.
El próximo grupo llegará pronto.
El salón estaba muy frío, y Lucien casi podía sentir que la frialdad estaba tratando de entrar en su cuerpo como si estuviera vivo, sin embargo, se mantuvo alejado de su cuerpo por la cálida sensación que le dio el líquido dorado que le rociaron.
A Helges, obviamente, no le gustaba mucho el aire de muerte y frialdad.
Dio unos pasos hacia adelante y se quedó fuera del salón.
Al ver eso, Lucien se movió en secreto hacia la esquina y se escabulló por el pasillo que conectaba con la puerta de piedra.
—¿Qué estás haciendo?
¡Era la voz de Helges!
Lucien levantó la vista y dijo de forma fingida y nerviosa —Señor…
Dios mío, mis piedras preciosas se han perdido…
en los pasillos…
Mientras hablaba, Lucien le mostró el bolsillo con el agujero a Helges.
La mirada implorante en los ojos de Fil conmovió, de alguna forma, el corazón de Helges.
Helges bajó la voz.
—Ve y recógelas.
No molestes al sumo sacerdote.
Helges no pensó que un guardia de tumba cualquiera fuera a causarle grandes problemas.
Fil, o Lucien, estaba muy agradecido y casi rompió a llorar.
Al girarse, Lucien salió del salón con cautela sin hacer ruido.
Con una orientación mental adecuada y una buena ejecución, Lucien contuvo el poder del hechizo, Indicación, y por lo tanto la onda mágica se redujo de forma considerable.
…
Lucien caminó rápido y paso a paso alcanzó a los dos guardianes, siguiéndolos desde una distancia adecuada, hasta que llegaron a un pasadizo tranquilo.
Lucien aceleró el ritmo y pasó junto a ellos, pero tiró a propósito de uno de los brazos de los guardianes y fingió que fue un accidente.
—¡Oye!
—Rugió furiosamente el guardián, Aska, en voz baja.
¿Cómo osó el humilde guardia de la tumba a chocarse con él sin disculparse de la forma adecuada?
—Ah…
lo siento.
Lo siento —Lucien bajó la cabeza como si acabara de percatase el error que cometió.
Aska estaba cabreado al ver la actitud de la esfinge.
—¡Caminas por aquí solo, es muy sospechoso!
¿Y solo dices “lo siento”?
¿Eso es todo?
—Tengo permiso de Sir Helges, para recuperar mis gemas —respondió Lucien como un tonto e ingenuo—.
Me he tropezado contigo.
Y he dicho lo siento.
—¡Te arrodillarás!
—Aska estaba enfadado—.
¡Helges no es nada para mí!
—¡Yo obedezco a Sir Helges!
¡Su permiso lo es todo!
¡Y ya me he disculpado!
—El cuerpo de Lucien tembló ligeramente, pero no cedió.
Aska dispensó algunas frases más en la esfinge, pero vio que el humilde guardia de la tumba estaba solicitando, básicamente, que le dieran una buena lección para aprender a comportarse de forma apropiada.
La sangre inundó la mente de Aska cuando iba a golpear a ese sucio escorpión con su gran puño.
—Aska, espera.
El sumo sacerdote puede verte a través del círculo mágico —dijo el otro guardián, Inke—.
Ve por ese camino.
No pueden verte.
Aska sonrió de forma sombría y levantó a Lucien del suelo.
—Te enseñaré una buena lección.
—Lo si…
lo siento…
—Lucien parecía estar sorprendido.
Aska se rio triunfante.
Arrastró a Lucien con él y giró en una esquina.
Cuando estaba a punto de darle un buen puñetazo a Lucien, sintió un dolor agudo en la parte inferior del abdomen.
Y antes de que pudiera soltar un grito de dolor, otro puñetazo dado por un puño cubierto de una tenue luz llegó a posteriori.
Aska perdió el conocimiento.
Se desmayó de lleno.
Por otro lado, Inke podía escuchar el sonido sordo de los puñetazos y sacudió la cabeza ligeramente.
Aska tenía demasiado mal genio, pensó para sí mismo.
Después de un rato, Inke vio a Aska salir con una gran sonrisa de satisfacción.
Inke preguntó con curiosidad.
—¿Te sientes mejor ahora?
—Jaja, ¡ahora ni siquiera la madre de ese bastardo podría reconocerlo!
—Dijo Aska de buen humor.
—¿Qué has hecho?
¡Era la voz del sumo sacerdote!
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