Trono de la Arcana Mágica - Capítulo 397
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- Capítulo 397 - 397 El extraño cambio
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397: El extraño cambio 397: El extraño cambio Editor: Adrastea Works Bajo la luz de las eternas antorchas del palacio subterráneo, la brillante armadura de Beaulac parecía bastante glacial.
A juicio de Andris, Beaulac era el demonio más terrible.
No tenía ni idea de lo que acababa de pasar.
No tenía ni idea de por qué su armadura se hizo tan vulnerable de repente, como la cáscara de un huevo.
Jocelyn y los nobles se negaron a creer lo que acababan de ver como si estuvieran viendo una ópera de un tema muy cruel.
No pudieron entender cómo podría haberse vuelto Beaulac tan poderoso en solo un mes.
Con la cota de malla de nivel cuatro llamada Rosa y el par de dagas de nivel tres que le entregó su padre, y junto con todos sus objetos mágicos y sagrados, Jocelyn era claramente consciente del hecho de que no habría podido detener de todas formas la pesada espada de Andris.
No obstante, Beaulac sostenía el filo de la espada como si fuera solo un juguete para niños.
Por lo tanto, estaba segura de que Beaulac tenía al menos un objeto extraordinario que podía mejorar su poder hasta el nivel cinco, y que la espada que llevaba Beaulac era al menos un arma de nivel tres.
Además, obviamente, Beaulac había despertado su poder de sangre, quizás hacía mucho tiempo.
Jocelyn se sintió humillada y enfadada al saber que Beaulac la había mentido.
Mientras tanto, tampoco pudo evitar sentirse celosa.
El padre de Beaulac, Beckman, era el muchacho más querido del viejo duque anterior.
Por consiguiente, los objetos que Beaulac tenía eran mucho mejores que los suyos.
Jocelyn procedía de una familia muy distinguida, y su padre era uno de los nobles más gloriosos del imperio.
Bajo el control de su padre, había una vasta tierra y un gran tesoro.
A través de los años, habían coleccionado bastantes objetos extraordinarios de rango medio.
No obstante, dado que su familia no tenía conjuradores, no podían producir armas u objetos por su cuenta.
Por lo tanto, Jocelyn no tenía muchas opciones al elegir sus armas y equipos del tesoro de la familia.
Por otra parte, la familia Gorse había producido muchos conjuradores por el poder de sangre, y también habían recopilado en secreto algunos libros de magia y manuales de alquimia.
Solo el tesoro de la familia real podría competir con el de ellos en relación a la colección de objetos extraordinarios de rango bajo y medio.
No obstante, lo que Jocelyn no sabía era que, de hecho, los objetos extraordinarios del padre de Beaulac habían desaparecido de alguna forma después de su muerte, o Beaulac no se habría sentido tan frustrado durante tanto tiempo.
—Es un demonio… —¿Es un caballero…?
—¡Corred!
Jocelyn fue arrancada de sus propios pensamientos por el ruido y los gritos.
Todos sus ayudantes habían huido torpemente.
Nadie se atrevió a acercarse ni un paso más a Lucien, por no mencionar el salvar a Adris de él.
Al verlos huir a toda prisa como perros salvajes y gallinas, Jocelyn se sintió muy disgustada.
Sintiendo bastante confianza de que Beaulac no la haría daño, Jocelyn cruzó las dagas frente a su pecho y empezó a retirarse.
Como esperaba, Beaulac no la persiguió.
Después de retirarse al otro pasadizo, Jocelyn empezó a culparse de que todavía estuviera pensando en el tesoro de la familia Gorse en esa situación.
Si su enemigo hubiera sido otra persona, habría tenido grandes problemas en ese momento.
Obviamente, carecía de la experiencia de lucha auténtica.
Mientras tanto, Jocelyn tuvo que reconocer que el poder de Beaulac lo hacía muy encantador a sus ojos de nuevo.
Al verlos huir, Lucien se quedó allí quieto.
Andris estaba arrodillado en el suelo en ese momento, su cuerpo temblaba de miedo.
—¡Quién está ahí!
—Lucien levantó su espada de repente y miró al rincón, en alerta.
La figura en la sombra a la vuelta de la esquina comenzó a aplaudir y una voz femenina llegó.
—La princesa que necesita la protección del caballero.
Era Sofía, quien sostenía un báculo mágico verde como el jade en su mano.
Sonrió.
—He visto tu poder de sangre.
Eres un verdadero caballero, Beaulac.
¿Puedes protegerme, a una princesa vulnerable?
¡La forma en la que sostuviste la espada fue muy impresionante!
A pesar de que estaba diciendo eso, su tono era bastante tranquilo.
—Siempre he sido el caballero de la princesa —respondió Lucien de forma significativa.
Asintiendo con satisfacción, Sofía miró al noble desnudo en el suelo con curiosidad y timidez.
A toda prisa, Sofía se cubrió los ojos con la mano izquierda, pero Lucien se dio cuenta de que se estaba asomando por el hueco de sus dedos de todas formas.
Al ver que la princesa estaba allí, Andris sintió que le ardía la cara como el fuego.
¡Quería suicidarse allí mismo!
—Vamos, Su Alteza.
No perdamos nuestro tiempo —dijo Lucien.
Cuando aparecieron la princesa y el príncipe, Lucien tuvo un presentimiento extraño.
Por lo tanto, creía que Sofía conocía algunos secretos de ese lugar.
Era mejor estar cerca de ella.
Sofía miró hacia atrás y caminó hacia Lucien.
—No pasa nada.
Descubriré cómo está cambiando el palacio.
Y tú, mi querido caballero, me proteges.
Después de que Lucien y Sophia se marcharan, Andris volvió a levantar la cabeza y su rostro estaba totalmente sonrojado.
Se sintió muy humillado porque Beaulac ni siquiera quería pelear con él.
—Jaja, Andris, ¿qué haces aquí, con tu trasero desnudo?
La voz era bastante familiar.
Andris saltó de repente con las manos cubriendo sus partes bajas.
Al darse la vuelta, vio que los nobles que acababan de huir habían regresado.
—¡No dejes que Jocelyn vea esto, jaja!
—Otro joven noble se echó a reír muy fuerte.
—Siempre decías que entre todos los escuderos de alto nivel, eras el más poderoso.
¿Pero por qué ni siquiera pudiste encargarte del simple tajo de Beaulac?
Mírate…
—el joven noble al que no le gustaba Andris aprovechó la oportunidad para humillarlo aún más.
—¿Por qué no te hirió Beaulac y te envió fuera del palacio?
Bueno, ¿es que tú…?
Jajaja…
—dijo otro noble en un tono pervertido.
Las palabras eran como flechas apuñalando directamente en el corazón de Andris.
Con los puños apretados contra el suelo, Andris pudo sentir la sangre corriendo por su cerebro.
La vergüenza, el odio y el miedo persistente le estaban quemando las tripas.
Estaba sumamente mareado y sus ojos habían enrojecido.
—¿Está bien, Andris?
Era la voz de Jocelyn.
Andris no pudo evitar romper a llorar, pero llorar no le ayudó en realidad.
…
Avanzando por los numerosos pasadizos, Lucien miró hacia atrás de repente.
Habían atravesado tres puertas.
—Beaulac, ¿qué pasa?
—Preguntó Sofía, quien estaba estudiando el diseño del palacio.
Lucien sacudió levemente la cabeza y frunció el ceño.
—Nada importante.
Noté que alguien nos estaba vigilando desde atrás.
—Pero mi hechizo de advertencia no continuó —dijo Sofía.
—Quizás esté equivocado —respondió Lucien.
Por supuesto, no iba a decirle a Sofía que había sentido algunos cambios extraños en ese palacio subterráneo.
Notó algo familiar, pero desapareció de repente.
Y solo un hechicero de rango sénior que tuviese un profundo conocimiento de los círculos mágicos se daría cuenta.
Lucien sostuvo la espada en su mano con fuerza, sintiendo que el poder cambiaba en el palacio.
Sophia no preguntó más.
Sosteniendo su báculo mágico, caminó junto a Lucien y le dijo indicaciones de vez en cuando.
Lucien se sorprendió de que la indicación dada por Sofía fuera correcta del todo.
Cuando avanzaban, Sofía estaba de muy buen humor y seguía gastando bromas.
—¡Espere!
—Lucien levantó su mano izquierda y detuvo a Sofía.
—¿Qué pasa?
—Sofía se mordió los labios y se puso seria.
—Huelo…
sangre —dijo Lucien, frunciendo el ceño.
Sofía se emocionó.
—¡Es hora mostrarles mis bolas de fuego!
—Cuidado —Lucien sostuvo la espada con ambas manos, y con mucho cuidado, abrió el portal frente a ellos.
El portal de metal se abrió lentamente, y el fuerte olor a sangre era abrumador.
Lucien vio una figura negra arrodillada en el suelo, y había un hombre con una armadura negra tendido frente a la figura.
La garganta del hombre fue degollada y la sangre brotaba del corte.
Al escuchar sus pasos, la figura negra se dio la vuelta a toda prisa.
¡Era Duda!
Al mirar abajo, Lucien vio el enorme corte en la garganta del hombre más nítido.
El corte fue tan profundo que la vértebra del hombre estaba a la vista.
Obviamente, el hombre ya había muerto.
Lucien reconoció al cadáver.
Era el ayudante de Relph, uno de los amigos nobles de Relph.
—¡Yo…
no quise hacerlo!
—La cara de Duda estaba tan pálida como la muerte.
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