Trono de la Arcana Mágica - Capítulo 412
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- Capítulo 412 - 412 El extraño laberinto
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412: El extraño laberinto 412: El extraño laberinto Editor: Adrastea Works En la cueva donde se encontraba el Altar, había un silencio absoluto.
Aquel lugar se había convertido en un mundo de hielo.
Los Guardianes Azules habían quedado congelados en exquisitas estatuas de hielo de diversas posturas: algunos sostenían un tridente y otros sostenían un báculo de coral.
Sus brillantes escamas se manifestaron en los detalles más sutiles.
Solo la parte del agua del océano que estaba cerca del Altar fluía bajo el extraordinario poder.
Al pisar el arrecife de coral rojo, Lucien caminó hacia delante y apoyó la mano contra el borde de lo congelado y lo descongelado.
Lucien empezó a lanzar conjuros.
Un complicado círculo mágico apareció en el agua azul oscuro, rodeado de muchos símbolos mágicos misteriosos.
Según la descripción de Rhine, a Lucien le llevaría de tres o cuatro minutos romper el círculo mágico de defensa sellado en el Altar si deseaba evitar activar la trampa oculta.
Pero Lucien no estaba preocupado por eso en absoluto.
Al ver cómo cambiaban los símbolos mágicos, Lucien hizo complejos gestos y abrió directamente el círculo mágico de defensa usando su poder espiritual.
“¡Bang!” Las olas subieron con ferocidad en la cueva debido al poder de la explosión, y el arrecife de coral rojo empezó a hacer de repente un sonido ensordecedor.
Por lo general, el sumo sacerdote detectaría la alerta de inmediato y abordaría a los invasores.
No obstante, ahora su aguda alerta no podía causarle problemas a Lucien, ya que que el sumo sacerdote había sido capturado por el Laberinto de Thanos y el resto de los rangos sénior estaban muy lejos buscando comida.
Por lo tanto, para Lucien fue coser y cantar caminar a través del manto de agua azul oscuro y poner un pie en el precioso altar hecho de Piedras de las Olas.
A pesar de que Lucien corrió un riesgo con ese plan, llevarlo a cabo fue aún mucho más fácil y seguro que atraer al sumo sacerdote fuera de su base.
Aunque el sumo sacerdote era lo bastante cauteloso como para activar el Altar contra Lucien, seguía confiando en que podría escapar del cerco.
Un sumo sacerdote de nivel siete de los Kuo-toans solo podía connjurar un número muy limitado de hechizos dependiendo de su propio talento, ya que no podía recibir el poder del Señor del Océano, quien había caído en letargo hace muchos años.
Para los hechiceros, conocer de antemano a un enemigo para prepararse en consecuencia era una gran ventaja.
En mitad del Altar, había un estanque azul oscuro donde estaban las altas estatuas de los Murloc.
A excepción del estanque, esa zona estaba completamente libre de agua.
Lucien echó un vistazo a la estatua del Señor del Océano: Amboula tenía seis brazos y cada uno sostenía un tridente.
Lucien sonrió y sacudió la cabeza ante el religioso y primordial sabor de la belleza.
Sin perder tiempo, Lucien conjuró Fuerza y Fuerza de Toro sobre sí y lannzó un tubo de poción mágica.
Sosteniendo Justicia Tenue en su mano, Lucien sacó la asquerosa esfera de sangre de su zurrón mágico y la puso en el estanque.
La esfera de sangre se disolvió rápidamente en el agua y la tiñó del color de la herrumbre.
Lucien se puso de pie y empezó a conjurar el largo y misterioso hechizo.
El agua del océano alrededor tembló con su voz.
A medida que el temblor se hacía más y más intenso, el agua color sangre teñía la estatua.
No fue hasta ese momento que Lucien por fin sintió que había dos grietas espaciales distorsionadas dentro de la estatua.
Una pertenecía al Mundo de las Almas como esperaba, mientras que la otra era cálido y reconfortante, lo cual le daba a Lucien un sentimiento familiar pero también extraño.
No obstante, Lucien tuvo que mantener la concentración y no tuvo tiempo para pensar al respecto.
Cuando la conjuración llegó a su fin, la sangre se fusionó con la estatua, y el agua del estanque se aclaró de nuevo.
De repente, los seis brazos de Amboula empezaron a agitarse, y algo muy poderoso aterrizó desde lo alto.
Al acabar la última línea de su hechizo, los ojos de Lucien vieron un mundo completamente diferente.
Su ojo derecho vio que, en un espacio en blanco y negro, un Murloc de unos diez metros de largo con los ojos bien cerrados y escamas deslucidas yacía en un tenue estanque.
A pesar de que parecía estar muerto, su cuerpo ilusorio aún le causaba a Lucien, en cierto modo, un sentimiento sagrado de gran presión.
Mientras tanto, el ojo izquierdo de Lucien vio un páramo silencioso y mortal, donde innumerables espectros deambulaban.
En medio del páramo, había un gran palacio construido con huesos enormes.
Bajo la mirada de Lucien, empezó a volverse más transparente.
Rodeado por los espectros, cadáveres y huesos, emergió un monstruo terrible con una larga túnica negra.
Sostenía una guadaña pesada y enorme, y su mejilla solo estaba cubierta con una fina capa de piel seca.
Sus dos ojos eran solo dos agujeros huecos, sin mostrar signos de vitalidad.
El monstruo se giró un poco a un lado.
Mirando desde una gran distancia, su vista se encontró con la de Lucien.
Una sensación helada salió del interior del cuerpo de Lucien, mientras que un entumecimiento irresistible lo invadió.
Lucien podía sentir que su fuerza vital se estaba filtrando y ante aquella velocidad, acabaría como un cadáver en descomposición en siete u ocho segundos.
A pesar de que aún podía pensar, Lucien no pudo resistir el entumecimiento.
De repente, una corriente cálida se elevó de la mano izquierda y el pecho de Lucien, alejando todo el entumecimiento y la frialdad.
Cuando pudo moverse de nuevo, Lucien no pudo evitar temblar un poco.
Al instante, el mundo misterioso desapareció y Lucien regresó al altar hecho de Piedras de las Olas.
Frente a la estatua de Amboula, lo que le sucedió a Lucien parecía ser un sueño.
En base a su conocimiento, Lucien reconoció que el páramo era en realidad el lugar llamado Tierra del Esqueleto.
Por lo tanto, el monstruo que acababa de encontrar podría ser Apomos, uno de los señores diablo.
Pero según las leyendas, debería haber desaparecido hacee más de mil años.
Apsis gobernó la Tierra del Esqueleto, el cual era el nivel ciento veintitrés de las Fauces Abisales.
Tenía muchos títulos, y los más importantes eran: Señor de los Espectros, Segador de la Vida y Señor de la Muerte.
Sacudiendo la confusión de su cabeza, Lucien empezó a borrar todos los rastros que le quedaban.
Cuando dejó el Altar, se convirtió en un pez demoniaco común y nadó en silencio hasta un lugar lejano en el océano.
Luego conjuró Invisibilidad sobre sí y empezó a volar.
Tres minutos después, cuando Lucien estaba lejos de Agua Contaminada, pensó para sí mismo en regocijo.
«Cada vez que intentaba hacer algo, siempre había dificultades.
Nunca esperaba que las cosas salieran así de bien.» «Siempre hay cosas buenas y cosas malas.
Creo que no tenga tan mala suerte todo el tiempo…» …
En el oscuro cielo nocturno, innumerables estrellas deslumbrantes pendían.
Cuando Branhit se acercó a una de las estrellas, descubrió que no era real, sino que el mundo en el que estaba era un diagrama de constelación incompleto y muy complicado.
La respiración de Branhit se intensificó.
Se dio cuenta de que aquel era el laberinto más cruel y extraño de la historia.
A pesar de que no era un conjurador que dominara muchos hechizos, Branhit sabía de todas formas que si podía encontrar la salida del laberinto, sería capaz de salir más pronto.
La mayoría de los laberintos eran espacios distorsionados, pero aquel era diferente.
Tenía que encontrar varios diagramas de constelación incompletos y unirlos para encontrar la salida.
¡Para la mayoría de los rangos sénior, ese era el laberinto más malévolo de todos los tiempos!
¡Porque la mayoría de ellos no eran expertos en astrología!
Para salir, uno tenía que romper el laberinto con un poder superior al del conjurador o esperar hasta que expirara el laberinto, lo cual tardaba entre tres y quince minutos.
—¡Ahhhhhhhhhhh!
Dos minutos después, Branhit irrumpió en rugidos de dolor.
Sus ojos estaban iluminados con gran ira.
¡Su inteligencia no podía ayudarlo a descubrir las piezas del puzle!
Si Branhit hubiera sabido que Lucien ya había empezado a planear más laberintos cuando llegara al octavo o noveno círculo, como el Laberinto Matemático de Evans, el Laberinto del Rompecabezas de Lucien, el Laberinto de Antinomia de Evans, el Palacio de los Acertijos de Lucien, Branhit se habría arrancado lengua del fastidio.
Tres minutos después, Branhit vio desesperadamente el cielo estrellado rompiéndose en pedazos.
Asumió que el Altar ya debía estar destruido, y que la familia imperial no admitiría lo que hicieron con seguridad.
Branhit sabía que aunque hubieran sido en una pelea justa, no tenía ninguna posibilidad de vencer al Murlock, ya que tenía un objeto mágico muy poderoso.
Se preguntó si fue el príncipe quien le prestó al invasor los objetos mágicos.
Branhit no tenía ni idea de que el invasor no era en realidad un Murloc sino un hechicero, ya que no podía ver a través de la Transformación de Lucien.
Cuando Branhit regresó a la cueva, descubrió que el hielo ya había desaparecido.
A excepción de unos pocos guardianes que resultaron heridos de mayor gravedad por el frío, la mayoría de los Murlocs estaban sanos y salvos.
Aquellos Murlocs miraban a su alrededor con una expresión de confusión en la cara.
Obviamente, se preguntaban por qué estaban vivos todavía.
—¿Qué ha pasó?
—Se preguntó Branhit.
Dirigió a toda prisa la mirada en dirección al Altar, y para su sorpresa, el Altar permaneció intacto como si nunca le hubiera pasado nada.
Siendo cauteloso, Branhit revisó el altar con precaución pero no encontró nada extraño.
En ese momento, Branhit estaba totalmente perdido.
Casi le pareció que lo sucedido fue solo su ilusión, pero el gemido de los pocos Murlocs heridos le recordó que no fue así.
El mago Murloc también estaba muy confundido.
Con ciertas dudas, dijo.
—Quizás…
quizás se equivocó de lugar.
¿Se equivocó de lugar?
Branhit lanzó una mirada de enfado al mago ya que la explicación sonaba muy absurda.
No obstante, tampoco pudo encontrar una respuesta mejor.
El Murloc de rango sénior había congelado a todo el grupo de guardianes y atrapado al líder del séptimo círculo, y luego se fue sin lograr nada…
¿Cómo era eso posible?
…
Tras unos días, Lucien había volado de regreso al puerto.
A través del castillo de un noble en el Ducado de Calais, entró de nuevo en las Altas Tierras de la Noche y atrapó a un vizconde vampiro de allí.
Al convertirse en el vizconde, usó otra unión espacial custodiada por un marqués vampiro con la excusa de recoger materiales y llegó a la Cordillera Oscura.
Usar la identidad del Vizconde Nour con demasiada frecuencia atraería una atención innecesaria, y Lucien ya no podría usar la unión espacial en el castillo de Rhine ya que el príncipe Drácula debía estar vigilándolo de cerca.
Los altos árboles habían bloqueado toda la luz del sol, y el ambiente, que olía a moho, estaba muy húmedo.
Lucien, quien se había transformado en un murciélago vampiro, se acercó al Castillo del Observador siguiendo las instrucciones de Rhine mientras evitaba con cuidado a las poderosas criaturas oscuras.
Dos días después, el castillo era visible desde la distancia.
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