Trono de la Arcana Mágica - Capítulo 462
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- Capítulo 462 - 462 El lucero del alba
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462: El lucero del alba 462: El lucero del alba Editor: Adrastea Works Ladrillos de piedra cayeron como gotas de lluvia.
Cuando el rayo desapareció y recuperó la vista, Harold se dio cuenta al fin que los vampiros se habían ido y que el salón también estaba al borde del colapso.
—Era solo una…
moneda de plata…
—murmuró uno de los enanos.
Harold se calmó rápidamente y lo regañó.
—¡La moneda poseía el poder de Dios!
¡El Dios Todopoderoso del Vapor no solo es el Dios de la Maquinaria, sino también el Señor de la Vida y la Muerte, el Rey de los Relámpagos, el Señor del Castigo!
—¿Por qué una moneda de plata entonces?
—Preguntó otro enano.
Harold no era bueno explicando esa clase de cosas.
Exprimió las palabras con gran esfuerzo.
—¡Eso muestra que el Todopoderoso Dios del Vapor también es el Dios de la Riqueza, el Rey de reyes, el Dios sobre todos los dioses!
Todo podría explicarse mediante la omnipotencia de Dios.
Los enanos asintieron ante las convincentes palabras.
Todos ellos, incluido Harold, se pusieron las manos en el pecho e hicieron una profunda reverencia frente a la puerta.
—¡Vapor por encima de todo!
Después entraron por la puerta en parejas.
En media hora, todos habían salido del pasillo subterráneo.
Tan pronto como se fueron, el poder que suprimía el espacio desapareció al instante, y el lugar empezó a temblar con ferocidad.
Fragmentos de luz de estrella cayeron desde arriba, y toda la puerta desapareció en breve junto con el colapso del palacio subterráneo.
…
Después de unos días, el padre de Sanelson, un duque vampiro, llegó a las ruinas siguiendo el vínculo de sangre entre Sanelson y él.
Llegó a descubrir por qué Sanelson había desaparecido durante días.
¡Una unión espacial!
El duque vampiro estaba sorprendido.
Al observar el derrumbado palacio subterráneo, en ese momento ya no le importaba lo que le sucedió a Sanelson.
Muy enfadado, se dio la vuelta y estaba listo para enseñarle a Vlad una buena lección.
Aunque se hubiera quedado dormido para recuperarse, Vlad aún sería responsable de aquello.
¡Una unión espacial sin notificar en su territorio!
¡La Iglesia podría encontrarla y lanzar un ataque en cualquier momento!
Unos días más tarde, un ruido ensordecedor estalló en la dirección del castillo del conde Vlad.
La ira del conde vampiro surgió en el aire.
—¡Mataré al bastardo que me dejó encerrado!
No obstante, Vlad no tenía ni idea de quién le había hecho aquello ni tampoco de rastrearlo, ni siquiera con Horóscopo.
…
Al encender la antorcha, Augustus vio una ciudad abandonada; había gruesas chimeneas, tubos de metal, pernos, resortes y engranajes por todas partes.
La civilización del Vapor estaba justo en frente de ellos.
Lo entendió de inmediato.
Las lágrimas brotaron.
Lloró de gran emoción y tristeza.
—¡Esta es nuestra patria, donde nuestros antepasados trabajaron y vivieron!
Augustus se arrodilló en el suelo y besó la tierra fría cubierta de maleza.
—¡Estamos de vuelta!
¡Por fin hemos vuelto!
Todos los enanos siguieron su ejemplo, arrodillándose y besando su tierra natal.
Lloraron con amargura, derramando lágrimas por lo que habían perdido.
Después de que Harold y el resto de los enanos llegaran y la puerta desapareciera, Augustus respiró hondo y dijo a los más de veinte mil enanos.
—Esta no es nuestra meta final.
¡Volveremos a la superficie y empezaremos nuestra nueva vida!
¡No habrá más esclavitud, no más muertes dolorosas, no más sufrimiento!
Sus ojos brillaban con esperanza y determinación.
—¡Coged vuestras antorchas y seguidme!
No dudéis.
No tengáis miedo.
¡Esta es la revelación del Dios del Vapor!
—¡Vapor por encima de todo!
—Respondieron en voz alta los enanos.
Las antorchas se alzaron.
Siguiendo las órdenes de los maestros, los enanos avanzaron en orden, en unidades de familias y pueblos, a través de la ciudad abandonada del Vapor.
La Caballería Mecánica se dividió en cuatro, defendiendo las cuatro direcciones.
La ciudad era enorme.
Envolviendo la luz de las antorchas estaba la oscuridad infinita.
En la oscuridad, la única luz procedía del tenue brillo verde emitido por el musgo nocturno, pero no era para nada un consuelo para los enanos.
Temían la oscuridad, y la luz verde parecía ser los ojos sedientos de sangre de incontables monstruos.
¿Qué había allí?
No lo sabían.
El silencio se apoderó de ellos, solo se podía escuchar el sonido de sus propios pasos.
El viaje parecía ser cada vez más largo, como si nunca pudieran abandonar aquel lugar.
Cuando los enanos empezaron a extraviarse y entrar en pánico, la voz de Augustus volvió a sonar.
—No dudéis.
No tengáis miedo.
¡Seguidme!
—¡Sí!
—Respondieron los enanos juntos, aunque no demasiado confiados.
Augustus levantó el báculo en alto.
—¡El Dios del Vapor está con nosotros!
¡Ninguna dificultad, ningún peligro, ningún sufrimiento puede conquistarnos!
Al escuchar el nombre del Dios del Vapor, los enanos se envalentonaron.
Al decir el nombre de Dios en silencio en su mente, se armaron con el coraje para dispersar la oscuridad.
Poco a poco, caminaron cada vez más rápido.
“¡Bang, bang!” Los fusiles se dispararon juntos, arrojando a los monstruos que saltaban de la oscuridad al suelo en sangre y carne.
¡Tenían el poder del vapor, por ende, eran invencibles!
—El Todopoderoso Dios del Vapor, el Señor de la Vida y la Muerte, el Rey de los Relámpagos, el Señor del Castigo, el Dios de la Riqueza…
—Eres el Dios sobre todos los dioses, el Rey de Reyes…
Los enanos glorificaron su nombre juntos.
Su voz se unió a esa fuerza que alejaba a las criaturas que se escondían en la oscuridad.
Al final, esa enorme tropa salió de la ciudad a través del túnel y llegó a las cuevas conectadas como telarañas.
—Esta es la prueba final.
Solo los verdaderos seguidores pueden salir del laberinto.
No dudéis.
No tengáis miedo.
¡Seguidme!
—¡Sí!
—Esa vez, su voz era mucho más fuerte y llena de confianza.
Todas las bifurcaciones parecían idénticas, y los enanos tenían mucho miedo de perderse.
No obstante, su líder Augustus había cerrado los ojos, caminando siguiendo su corazón.
Al ver lo que hacía su líder, la llama de la esperanza volvió a encenderse en los corazones de los enanos.
Debían tener fe en el Todopoderoso Dios del Vapor, tener fe en su exarca elegido.
¡Ahí, los ojos y los oídos no debían usarse para buscar el camino, sino sus corazones y su fe!
Los enanos siguieron caminando, sin entrar en pánico ni confundidos.
Después de un largo rato, vieron una luz tenue frente a ellos y un amplio bosque en el otro extremo.
¡Lo consiguieron!
¡Estaban en la superficie en ese momento!
De repente, Myrna señaló el cielo y dijo.
¡Mirad!
El extremo más alejado del cielo estaba parcialmente iluminado, donde pendía una estrella brillante.
La estrella estaba en silencio pero parpadeaba, dirigiendo el camino eternamente.
—¿El lucero del alba…?
—¿Se acerca el amanecer?
Esos enanos nacieron en las Altas Tierras de la Noche y nunca habían visto la luz del día.
Solo habían escuchado sobre las estrellas matutinas en las historias que pasaban de generación en generación y sabían que representaba la llegada de la luz.
—Eres el Señor de la Vida y la Muerte, el brillante Lucero del Alba.
Conectas noche y día.
¡Nos traes una nueva vida!
—Dijo Augustus con devoción.
El lucero del alba fue reemplazado por la luz naranja en el este, y entonces, una bola de fuego se elevó lentamente sobre el horizonte.
Los enanos nunca habían visto algo así.
¡En ese momento, empezaron a sentir la llegada de su nueva vida!
Augustus levantó el brazo y vitoreó en voz alta.
—Nuestra nueva vida ha empezado.
¡Lucharemos por la prosperidad de Atlantis!
¡La Atlantis de la superficie!
—¡Luchar por la prosperidad de Atlantis!
—Los más de veinte mil enanos respondieron al mismo tiempo, su fuerte voz perturbó las bandadas de pájaros escondidas en el bosque.
En este momento, una melodía llena de pasión llegó de la lejanía.
Los enanos giraron la cabeza y, para gran sorpresa suya, vieron a un hombre gordo vestido con un largo cortavientos negro y una boina caminando hacia ellos, seguido de un grupo de humanos.
La melodía provenía de la pequeña caja grabada con extraños patrones negros en su mano.
Antes de que los enanos reaccionaran, Augustus les dijo.
—Él es el guía.
Recibí las palabras del Dios del Vapor.
Nos llevará a nuestra nueva vida.
Los enanos ya no tenían miedo.
La fe les había dado el poder de vencer al miedo.
Observaron en silencio al hombre gordo y sus acompañantes, quienes los estudiaban como quien mira a barriles de cerveza y como los vampiros miraban a la sangre.
—Soy Arthur Adol, el que os liderará a vuestra nueva vida, una vida mucho más feliz que la anterior que tuviste en las altas Tierras de la Noche —Arthur sonrió ampliamente a los enanos.
A su juicio, la tropa de enanos era el símbolo de una gran cantidad de dinero.
Con tantos enanos expertos, la producción en masa de los productos alquímicos podría llevarse a cabo.
Siguiendo a Arthur, los enanos caminaron hasta la estación.
En la plataforma, cuando vieron el lago tren mágico de vapor, volvieron a llorar.
Estaban convencidos de que ese lugar era su tierra natal, el paraíso del vapor.
Los enanos miraron el tren de mágico vapor con gran curiosidad, deseando desmontarlo y revisar cada parte de él, hasta que subieron al tren.
—¿Por qué el guía enviado por el Dios del Vapor es un banquero?
—Myrna acababa de aprender la palabra “banco”.
Harold dijo con orgullo: —Os lo he dicho.
El Todopoderoso Dios del Vapor también es el Dios de la Riqueza.
Tiene sentido.
Luego dijo con nostalgia.
—Vi la pequeña moneda de plata convertirse en una poderosa bomba con poderosas corrientes eléctricas…
Me pregunto si la Civilización del Vapor eligió el lado equivocado para estudiar enormes buques de guerra y cañones.
¿Quizás…
quizás debiéramos inventar nuevos cañones usando el poder de la electricidad…?
—Aquí tienes, el nuevo libro del Señor —sonriendo, Augustus le entregó un libro a Harold.
Harold lo recogió y vio el nombre: Ingeniería Eléctrica Básica.
Más tarde, Arthur caminó hacia el último vagón del tren y se sentó frente a un joven que llevaba un traje cruzado.
Le dijo al joven como un viejo amigo pero también de forma respetuosa.
—¡Evans, no puedo creer que hayas podido encontrar tantos enanos habilidosos!
Lucien Evans fuera quizás el próximo gran arcanista.
Arthur tenía que mostrar respeto.
Sosteniendo la taza de té en la mano, Lucien dijo.
—Trátalos bien.
Ofréceles un buen sueldo y libertad.
Después de todo, dejaron ese lugar por mi culpa.
Cuando hayan adquirido las habilidades y conocimientos básicos de ingeniería eléctrica, podrán enseñar a más trabajadores.
Debido a que los príncipes vampiros y los vampiros más poderosos de las Altas Tierras de la Noche se habían marchado a la misteriosa dimensión, en busca del Ancestro Primigenio, el plan de rescate de Lucien fue llevado a cabo sin problemas.
Logró la orientación utilizando el poder para despertar a los muertos de la túnica mágica del Trono Inmortal y un nuevo hechizo electromagnético, la Pistola Electromagnética de Lucien, aunque ese hechizo aún no era tan poderoso, cuando Lucien alcanzara un nivel más alto, su poder también crecería.
—Tienes mi palabra.
Los trataré bien —dijo Arthur sin dudarlo.
No preguntó nada sobre el llamado Dios del Vapor.
El tren mágico de vapor se acercaba a Rentato.
En la madrugada, las luces de Rentato seguían encendidas, tan brillantes y relucientes como las constelaciones en un dulce sueño.
Los enanos estaban tan sorprendidos que no pudieron cerrar la boca.
Era como si hubieran regresado a Atlantis.
…
—Evans, dado que la mayoría de los hechiceros en la escuela del Electromagnetismo y Luz-oscuridad -Perdón, tengo que decir esto- no les agradas mucho, por tu seguridad, le estamos dando al público otra excusa para celebrar este banquete en lugar de decirle que es tu ceremonia de entrega de premio.
Espero que los entiendas —dijo Joaquín, presidente de la Liga Himno de la Luna, un archimago del noveno círculo y arcanista de nivel nueve, mientras sonreía.
Como Brook acababa de confirmar el cambio en el impulso hacía varios días, el cual verificó la hipótesis de la luz cuántica de Lucien, no importaba cómo de reacia fuera la Liga Himno de la Luna, tuvieron que aceptarla.
Siguiendo a Joaquín, Lucien sonrió.
—Podemos evitar el problema.
Podrías darme el premio tan solo.
Me preocupa que mi presencia pueda ser una gran sorpresa para los invitados.
—No, esta es la tradición.
Tenemos que celebrar un digno banquete al otorgarte la medalla —el presidente sacudió la cabeza con seriedad.
De lo contrario, el público despreciaría a la Liga Himno de la Luna, acusándolos de ser demasiado cerrados para reconocer como era debido la gran contribución de Lucien.
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