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Trono de la Arcana Mágica - Capítulo 473

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473: La cooperación 473: La cooperación Editor: Adrastea Works —¿Por qué?

Fue Anheuse quien preguntó aquello.

Él había regresado disfrazado luego de culminar la guía de los creyentes.

Estaba muy preocupado por la situación de aquel momento, pues la decisión tomada podía tener consecuencias importantes.

Si bien la verdadera fuerza del todopoderoso Ell había despertado, el enemigo al que pasaron a enfrentarse era también mucho más fuerte que Asin, el Dios de la Luna.

Al hacer frente al enemigo compuesto por el Señor de la Guerra y por los demás siete dioses, acompañados de sus sacerdotes más poderosos, Anheuse no creía en lo más mínimo que Ell tuviera posibilidades de triunfar.

Por lo tanto, a pesar de que tanto Lucien como Francis eran bastante buenos dando discursos y que, ciertamente, Anheuse se sentía bastante motivado, este último preferiría depender de su propio juicio al hacer frente a aquella gran decisión, en lugar de esperar ciegamente que la gran existencia que iba más allá de las definiciones e imaginación le confiriera poder al Señor Ell.

Al oír a Lucien y Francis negarse al mismo tiempo, Ell no aparentó estar sorprendido en lo absoluto.

—Anuncien sus razones —dijo él lenta y firmemente.

Lucien sintió que, tanto si se debía a que la psicosis de Ell hubiera empeorado o no, al menos este último se parecía más a un Dios verdadero.

Él paso a ser más sereno y paciente.

Aunque ellos no podían mostrarse optimistas ante la situación en aquel punto, la actitud de Ell era definitivamente más convincente que actuar furioso y preocupado.

Lucien le dio un vistazo a Francis y notó que este simplemente estaba sonriendo.

Obviamente, estaba esperando que él respondiera.

Teniendo mucha cautela, Francis aún estaba probando a Lucien.

Sopesando sus palabras, este último habló con cuidado: —Porque…

Porque es una oportunidad; una muy buena oportunidad.

—¿Oportunidad?

¿Hablas de la oportunidad de ser asesinado e ingresar al inframundo?

—Anheuse estaba bastante molesto, pensando en el hecho de que su enemigo pasó a ser al menos ocho veces más poderoso que antes.

También estaba molesto porque, con el fin de ganar el debate, Leviathan y Francis revelaron la verdadera identidad del todopoderoso Ell, provocando así la ira y el miedo del Señor de la Guerra.

Él sospechaba que fue el todopoderoso Ell quien deliberadamente les contó a Francis y Leviathan u verdadera identidad para asegurarse de que el plan pudiera llevarse a cabo sin contratiempos.

Así, Anheuse incluso estaba un poco celoso: él había estado sirviendo al Señor del Fuego y la Destrucción por más de veinte años, pero este último confiaba más en los dos jóvenes que acababan de unirse a la Convención Secreta de Oración que en él.

Lucien preguntó con seriedad: —¿Por qué el sacerdote del Señor de la Guerra quiere que Asin y el Señor del Inframundo ataquen esta noche?

¿Por qué quiere el Señor de la Guerra que todas las iglesias se involucren?

Ell asintió como si hubiera entendido completamente lo que Lucien intentaba insinuar.

Entonces se giró hacia Francis y le indicó con un gesto que entrara en detalles.

—Porque el Señor de la Guerra está asustado: asustado del poderío de nuestro Señor; asustado de caer bajo el magnífico fulgor de nuestro Señor.

El Señor de la Guerra quiere ser muy cuidadoso.

Antes de poder determinar la fuerza actual del Señor Ell, no se atreverá a atacar directamente.

Si nuestro Señor hubiera despertado completamente, un movimiento tan peligroso podría llevarlo a su muerte.

Francis hizo muchísimas alabanzas, pero el mensaje central era simple: él y Lucien presumieron tanto que el Señor de la Guerra quedó impactado.

Empezó a preocuparse del poder del Dios del Renacimiento, Fertilidad y Redención y, por ello, decidió enviar a los demás ocho Dioses y sus sacerdotes para realizar dicha misión.

Si resultaba haber algo raro, el Señor de la Guerra podría encontrar una excusa fácilmente y decirle a los creyentes que se trató simplemente de un conflicto privado.

En el debate teológico, Francis y Lucien describieron al Dios del Renacimiento, Fertilidad y Redención como una deidad benevolente, llena de piedad y amabilidad.

Mientras no hubiera evidencia de que el Dios de la Guerra estuvo involucrado directamente en el asesinato, el Dios del Renacimiento, Fertilidad y Redención tendría que mostrarse generoso y tolerante.

Por otro lado, de acuerdo a la información que poseían, Lucien y Francis pensaban que los dioses del panteón Angonormaniano o el de Barril no creían en la existencia de una existencia omnisciente y omnipotente por encima de ellos, por lo que varios dioses morían por asesinatos planeados y engaños.

—Ya veo…

—Anheuse empezó a entender algunas cosas.

Durante el debate, Nena se mostró bastante, o al menos relativamente, tranquila.

Probablemente, para aquel momento ya había ideado aquel plan.

Ell asintió ligeramente; los extremos de su boca formaron una sonrisa imperceptible que desapareció un segundo después.

—Aún así, nuestro enemigo sigue siendo muy poderoso.

Los ocho dioses y sus sacerdotes —dijo Anheuse con gran preocupación—.

Ellos son demasiado poderosos para nosotros ahora mismo.

Sería mejor que nos vayamos.

Nuestro Señor, el todopoderoso Ell, ha despertado y se fortalecerá con el tiempo.

Podemos esperar pacientemente, en vez de arriesgarnos por, literalmente, nada.

Lucien se quedó sin palabras por un instante.

Se preguntó si también empezaría a tener problemas mentales si continuaba relacionándose con ellos.

Él tosió y habló: —De acuerdo a la descripción del Señor Francis, nuestro Señor solo puede fortalecerse gradualmente al tomar la divinidad de otros.

Si escapamos esta vez, el Señor de la Guerra y el resto de los dioses falsos se darán cuenta de que aún somos débiles.

Abandonarán sus duda y seguirán esforzándose al máximo para matarnos fuera del valle.

Entonces, la situación será aún peor.

Antes de que Anheuse pudiera responder, Lucien continuó: —Piénselo.

A excepción del Dios de la Luna y del Señor del Inframundo, ¿el resto de dioses realmente trabajarán juntos?

Solamente uno de los seis puede ganarse nuestra posición para predicar en el valle junto al río.

Esa parece ser una oportunidad bastante pequeña, así que ¿intentarán otros planes?

Por ejemplo, matar al Dios de la Luna “por error”, o tender una trampa, o…

¿Trabajar con nosotros?

—Seguramente lo harán —dijo Anheuse sin dudarlo.

Ell permaneció bastante tranquilo.

—Ciertamente, esta es nuestra oportunidad si sabemos hacer lo correcto.

Pero, Leviathan, Francis, ¿cómo sabremos quién realmente quiere trabajar con nosotros, y quién planea traicionarnos?

Francis sonrió.

—¿Por qué necesitaríamos saberlo?

Incluso Ell quedó un poco sorprendido esta vez.

—La situación es demasiado complicada, y la actitud de los dioses cambia todo el tiempo.

Es imposible que sepamos quién realmente desea ser nuestro aliado.

No podemos confiar en nadie —dijo Francis.

Anheuse observó a este último, confundido.

Lucien tomó la palabra y continuó: —Estoy de acuerdo, Puesto que su actitud está cambiando constantemente, no deberíamos desperdiciar nuestro tiempo diferenciando aliados de traidores.

¡En lugar de eso, deberíamos centrarnos en convertir a todos en nuestros aliados!

—El Señor de la Guerra está asustado de tu poder, mi Señor, al igual que el resto de dioses.

Ellos están esperando a ver si eres tan poderoso como dijimos.

Siempre y cuando nos aparentemos estar lo suficientemente confiados y les mostremos el poder, pienso que ellos preferirán expulsar al Señor de la Guerra y compartir el valle con nosotros que luchar por la única posición que queda.

—Sí, el mensaje podría ser un a trampa, pero también e un indicio de su esperanza.

Si podemos mostrárselo, seremos capaces de convertir la trampa en nuestra oportunidad para contraatacar; pero si nos retiramos, ¡perderemos esa esperanza y convertiremos la oportunidad en una trampa!

Justo a tiempo, Francis continuó: —Obviamente, es muy probable que ellos esperen y observen desde la distancia hasta que se selle la disputa, pero eso es exactamente lo que necesitamos: ¡matar a Asin, el Dios de la Luna, y tomarnos nuestro tiempo para irnos!

—¿Y entonces qué?

Ellos sabrán que los estamos usando, y el Señor de la Guerra se enterará también —Anheuse comprendió la idea de Lucien y Francis, pero de todas formas todavía estaba bastante preocupado.

Francis preguntó: —¿Por qué estamos aquí, en el Valle Solna?

—Para matar a Asin, el Dios de la Luna, y arrebatarle su divinidad —respondió Anheuse.

—¿Alguna vez el Señor de la Guerra tuvo misericordia con nosotros?

Él ya estaba buscando una oportunidad de destruir a Avando desde hace un largo tiempo —Lucien sonrió.

Anheuse asintió.

—Eso es cierto.

Afortunadamente, soy muy bueno disfrazándome, o sino ya habría sido asesinado por sus sacerdotes.

—¿Hemos buscado la ayuda del resto de dioses?

—Francis y Lucien tomaron turnos para hacer preguntas.

Su objetivo no era Anheuse, sino el misterioso Ell.

—No, en lo absoluto.

Ellos estaban ayudando al Señor de la Guerra —dijo Anheuse con rencor.

—Entonces, vamos a lograr nuestro propósito, y las consecuencias no serán peores que antes.

¿Por qué no?

—Preguntó Francis.

—Lo más importante ahora es hacer que el poder de nuestro Señor se recupere.

Sin poder, incluso aliados se convertirán en enemigos —concluyó Lucien.

Anheuse permaneció en silencio por un tiempo, y finalmente habló: —No tengo más preguntas.

Cuando el todopoderoso Ell tomara la divinidad y el poder del Dios de la Luna, los demás dioses decidirían por su propia cuenta volverse sus aliados.

Ell sonrió.

—Un análisis muy razonable.

¿Pero qué deberíamos hacer para demostrar nuestra fuerza; para hacer que el tímido tema; y que los conspiradores se aparten?

Francis hizo una propuesta: «Usando la excusa de que el sacerdote principal del Dios de la Luna profanó nuestra gloria durante el debate, nosotros lo retaremos a un duelo.

Cuando matemos al sacerdote principal de Asin justo en frente del templo, este último definitivamente entrará en acción, pues de otro modo sería abandonado por sus seguidores.

Al llegar a esto, cuando el resto de los conspiradores vea que somos capaces de matar al sacerdote del Dios de la Luna incluso sin contar con su presencia, ellos preferirán ser espectadores cuidadosos en lugar de verse directamente envueltos en dicha batalla.

Si podemos pensar en un buen plan y aprovechamos la mejor oportunidad, tendremos suficiente tiempo para matar a Asin y escapar, cuando Él esté desprevenido y los demás hayan escogido apartarse».

Su propuesta estaba basada en la premisa de que los círculos divinos del Templo de la Guerra aún estaban relativamente subdesarrollados, en el sentido de no poder cubrir la ciudad entera, como aquellos del mundo material principal.

Además, ellos se encontraban muy cerca del Río Solna.

—Nob es el sacerdote principal del Dios de la Luna, y su poder debería ser igual al de Jacob.

Incluso si yo le diera a Leviathan la Semilla del Espíritu ahora mismo, él no será capaz de ajustar el poder para matar a Nob —dijo Ell, quien había caminado hasta la ventana con las manos en la espalda—.

Francis, hazlo tú.

A diferencia de Ell, Jacob no tenía fuerza o velocidad que igualaran las de un caballero radiante.

A modo de precaución ante cualquier seguimiento en secreto, él estaba escondido en otro lugar de la ciudad.

—Le mostraré mi lealtad, mi Señor —dijo Francis.

Ell asintió.

—Estoy impresionado con lo que has hecho por mí, Leviathan.

Cuando interiorice el poder de Asin, te daré la Semilla del Espíritu.

Pero no ahora.

Por el momento debo mantener mi poder intacto ante nuestros enemigos.

Este es un brazalete hecho de piedra Mision del Río Solna.

Te permitirá respirar y nadar como un pez bajo el agua.

Cuando la batalla inicie, ingresa inmediatamente al agua y retírate.

Espera por nosotros en el lugar acordado.

Al tomar el brazalete verde, Lucien sintió la pequeña cantidad de aire divino que este poseía.

…

En la tarde, una gran conmoción estalló entre la gente de la ciudad de Husum: después de años, otra batalla entre dos sacerdotes finalmente iba a suceder.

Un hombre joven de cabello negro mezclado entre la multitud estaba escuchando la discusión con atención.

Con el ceño ligeramente fruncido, se preguntó quién se encontraba detrás de aquella batalla, y cuál era su verdadero propósito.

Se trataba del vigilante nocturno en el rango décimo tercero: “Controlador de Cuerpos” Ramiro.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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