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Trono de la Arcana Mágica - Capítulo 475

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475: La conexión 475: La conexión Editor: Adrastea Works Dado que aquella dimensión estaba llena de bloques espaciales semi-solidificados, la velocidad de vuelo estaba muy restringida.

Además, dado que el mundo estaba relativamente poco desarrollado, los círculos de teletransportación de larga distancia ni siquiera existían.

Por lo tanto, Francis y Lucien descartaron la posibilidad de que el Señor de la Guerra llegara y se involucrara en esa pelea mientras estaban elaborando el plan.

Después de todo, pensaron que el Señor de la Guerra todavía estaba en el Imperio Angonorma, el cual estaba bastante lejos de Erdo.

A un legendario le llevaría a lo menos dos días llegar allí desde el imperio.

En cuanto a un falso dios como el Señor de la Guerra, le llevaría al menos siete u ocho días.

Además, a los falsos dioses no les gustaría dejar su propio feudo durante mucho tiempo.

Cuando Avando escapó tras ser derrotado por Antanas, en lugar de ir tras la victoria, Antanas les pidió a los sacerdotes y a los héroes de sangre divina que persiguieran a Avando y él mismo regresó al Imperio Angonorma de inmediato.

A menos que se enfrentara a un problema muy serio, un falso dios nunca mostraría su presencia íntegra.

Ni Francis ni Lucien esperaban eso.

El verdadero Señor de la Guerra había usado el poder de un legendario de nivel nueve y, por ende, la flecha atravesó el pecho de Ell.

Los pensamientos pasaron a toda velocidad por la mente de Francis.

El Señor de la Guerra debía haber abandonado el Imperio Angonorma hacía una semana para llegar allí en ese momento.

Por lo tanto, el motor no debe ser el debate, sino algo más.

¿El Señor de la Guerra estaba allí para eliminar a todos los falsos dioses, incluido el Dios de la Luna?

¿Fue aquel debate una mera conspiración?

Pero si ese fuera el caso, el Señor de la Guerra no tendría que haberse presentado allí en persona.

Un avatar de Él, más unos cuantos sumos sacerdotes y los héroes de sangre divina, serían más que suficientes para reprimir a las iglesias más débiles.

El motivo debería ser mayor que ese…

Solo un puñado de dioses falsos en ese mundo, como las tres Diosas del Destino en la llanura de hielo en el norte, poseían el don de la profecía, el Señor de la Guerra no era uno de ellos.

Era muy improbable que el Señor de la Guerra fuera allí porque sintió algún tipo de peligro, ya que Ell no era una amenaza para el Señor de la Guerra en ese momento.

Además, el poder todopoderoso de Ell solo existía en su fanfarronería.

Aunque el poder de Ell creciera a toda velocidad en el futuro, ningún hechizo de profecía podría prever un hecho tan remoto en la actualidad.

En el río Solna, la sombra de los acantilados se acumuló repentinamente y se elevó ferozmente en el aire.

Ell tomó forma en la sombra pero en ese momento estaba aún muy débil.

Era obvio, la penetración de la flecha fue grave.

Si no hubiera sido porque en ese momento poseía el poder en el dominio de la redención y evadió el ataque fatal al difuminar la vida y la muerte, ya estaría completamente muerto.

Ell no tuvo tiempo de alegrarse por su supervivencia; la flecha había destruido su disfraz, y el Señor del Inframundo y el resto de los dioses sabían la verdad.

Ya no tenían miedo ni estaban preocupados por el poder de Ell; Ell era débil.

No obstante, la mayor amenaza aún procedía de la flecha.

La flecha de hierro estaba libre de las limitaciones del espacio y podía llegar sin señal alguna en un abrir y cerrar de ojos.

El Señor de la Guerra volvió a aullar, y el horrible poder se reunió una vez más.

Los falsos dioses que estaban escondidos estaban listos para actuar.

Francis pasó por el aire sobre el Templo de la Guerra y se transformó en una densa nube negra, bloqueando el cielo por completo.

En la nube oscura, una serpiente tan grande como una montaña levantó sus nueve cabezas, revelando los colmillos fríos y afilados.

Entonces la hidra se zambulló con ferocidad y se convirtió en nueve espadas negras que centelleaban, la niebla negra enroscada alrededor portaba ese gran poder de destrucción.

Todos los poderes de las ocho cabezas restantes se unieron en el centro.

¡El poder de la devastación definitivo fue moldeado!

Por lo tanto, un caballero radiante con la línea de sangre de Hidra poseía, a menudo, un título estrechamente relacionado con la destrucción y la muerte, por ejemplo, el Ojo del Infierno.

“¡Boom!” El río Solna se había vuelto loco.

Enormes olas se precipitaban hacia el cielo.

Esas personas de pie en el suelo ya no podían mantener el equilibrio y ponerse de pie más.

No obstante, el Templo de la Guerra había sido envuelto por la nube oscura.

Nadie sabía a ciencia cierta qué estaba pasando allí, pero debía haber una pelea muy seria.

—Eres tú, la Bruma de la Destrucción…

—balanceándose de un lado a otro como esas personas comunes, Ramiro estaba calculando el verdadero poder de Francis.

Si fuera el mismo Ramiro el que luchara contra el Señor de la Guerra, debería ser capaz de durar más de treinta segundos.

Si estuviera dispuesto a pagar el precio, tendría una gran oportunidad de lograr escapar.

Después de todo, aunque el Señor de la Guerra estaba en el nivel nueve, cuando se trataba de la pelea real, su poder solo podía rivalizar con un caballero de oro debido a la falta de experiencia en peleas auténticas.

—El poder de este bendecido es incluso un poco mayor que el de Avando…

—¿Por qué está Ell tan debilitado?

¿Su poder todavía se estaba recuperando?

—¿Está Ell escondiendo su verdadera fuerza?

El resto de los dioses volvieron a dudar; temían que Ell fuera un poderoso dios en un estado de debilidad.

Si ese fuera el caso, Ell aún podría recuperar temporalmente un terrible poder, y no querían ser los que enfrentaran a él.

De repente, la parte del río Solna junto a Ell palideció y se impregnó del aire de la muerte.

El Señor del Inframundo, quien estaba cubierto con una túnica negra, surgió del agua, rodeado y protegido por innumerables espectros.

El Señor del Inframundo se había convertido en el sirviente del Señor de la Guerra y se le permitió predicar en el valle, por lo tanto, tenía que tomar medidas en ese mismo momento para demostrar su lealtad.

Además, el hecho de que el Señor de la Guerra fuera allí en persona le dio confianza al Señor del Inframundo.

Por lo tanto, a diferencia de los otros seis falsos dioses, tomó la decisión inmediata de atacar a Ell.

La gente gritaba.

Los fantasmas podridos alrededor del Señor del Inframundo eran demasiado intimidantes.

Dos puntos de luz roja con forma de aguja parpadearon en la cara del Señor del Inframundo, localizando al aún débil Ell.

Arrastrando la hoz pesada, el Señor del Inframundo fue directamente a por Ell.

—¡Suplica compasión!

¡Acepta mi sentencia!

El Señor del Inframundo no podría estar más seguro de enfrentarse a Ell, quien estaba herido de gravedad.

El odio generado por el debate de la mañana aumentó en su corazón.

Ell podía sentir el gélido aire de la muerte.

Habiéndose recuperado solo parcialmente de la flecha, Ell tuvo que utilizar todo su poder restante para usar Su hechizo más poderoso.

—¡Te ordeno que mueras!

—Ell escupió dos antiguas palabras Baburian en un tono de gran autoridad.

Ell aprendió aquella Orden similar a un hechizo divino después de conseguir el dominio de la redención.

El poder de la Orden siempre estaba un nivel más bajo en requisitos tanto de uso y poder que los hechizos mágicos correspondientes del mismo nivel.

No obstante, era imposible que el Señor del Inframundo fuera asesinado por una simpe Orden.

El Señor del Inframundo no era tonto.

El resto de los falsos dioses también estaban listos para unirse a la lucha.

Obviamente, el hechizo de Ell no había logrado matar al Señor del Inframundo, así que Ell no era tan poderoso como lo describieron sus seguidores.

Ell pudo sentir el poder de la muerte del Señor del Inframundo y vio los dos puntos de luz roja parpadeando con entusiasmo en las dos cuencas huecas de los ojos.

Para ser sincero, Ell see había esforzado al máximo.

Lo único que podía hacer en ese momento era seguir conjurando Orden.

Pero además sabía que, debido a la disparidad entre su poder, Su orden no sería de ninguna utilidad.

Para gran sorpresa de Ell, los parpadeantes puntos de luz desaparecieron repentinamente.

En silencio, el Señor del Inframundo desapareció en el aire.

¿Qué estaba pasando?

Los falsos dioses escondidos por los alrededores estaban más que sorprendidos, incluido Ell.

El hechizo de Orden no tenía esa clase de poder: ¡el poder que podría disolver al Señor del Inframundo en el aire, sin dejar ni rastro!

¡Hechizo de Confinamiento!

La expresión en el rostro de Ramiro cambió de repente cuando reconoció el hechizo.

¡Debía haber un archimago escondido cerca!

Ese misterioso archimago ocultó las ondas mágicas cuando Ell estaba conjurando la Orden, así que ni los falsos dioses ni Francis lo notaron.

Pero Ramiro estaba de pie justo al lado del río y era bastante fuerte en cuanto a conocer la magia, así que logró notar la pequeña diferencia.

Sabía que era el hechizo mágico del noveno círculo, Confinamiento.

Todo se estaba volviendo cada vez más complicado.

Ramiro creía que podía usar algo de ayuda adicional en ese momento.

Sorprendido pero eufórico, Ell soltó una carcajada.

—Soy el verdadero dios de este mundo.

¡Este es mi verdadero poder!

¡Mi poder es mucho más fuerte de lo que puedo imaginar!

El resto de los falsos dioses estaban muy intimidados.

Se alegraron de no haberse precipitado en tomar medida alguna.

Lo que le sucedió al Señor del inframundo fue su mejor lección.

¡Parecía que el misterioso poder de Ell nunca se agotaría!

Obviamente, Ell creía que era su propio poder el que mató al Señor del inframundo.

La comprensión de Ell fue que, ante el gran peligro, su poder todopoderoso logró conseguir, de alguna forma, cierto vínculo, con su propia versión suprema de lo alto, y por lo tanto, su poder perdido hace mucho tiempo retornó.

Pero de todas formas, daba igual hasta qué punto creía Ell en esa explicación, ¡debía tener la confianza suficiente para hacer que otros creyeran en él!

Al escuchar la risa de Ell, el poder procedente del Templo de la Guerra se paralizó por un segundo.

Aprovechando la oportunidad, las nueve cabezas de serpiente negras se unieron en un destello de luz de espada y cortaron ferozmente el templo.

El suelo tembló.

Aparecieron grietas profundas, de las cuales salieron humo negro y devoró el templo.

—¡Marchémonos!

—Francis todavía tenía la forma del humo negro.

Agarrando a Ell y Jacob, quienes todavía estaban en plena lucha contra el Señor de la Guerra, Francis huyó hacia el horizonte.

Un instante más tarde, después de que el humo negro que cubría el templo se disipara repentinamente, surgió un rugido extremadamente iracundo.

—¡Todos deben morir!

…

Dejando a un lado el Báculo del Sol, Lucien activó la Máscara de Transformación y se convirtió en un pequeño pez.

Nadó hacia el fondo a una velocidad muy rápida.

Tener un falso dios como sujeto de experimento no era algo que sucediera muy a menudo.

Lucien no quería rendirse a mitad de camino.

Tras un tiempo, Lucien se detuvo de repente.

¡Sentía que lo estaban observando!

La sensación pasó muy rápido.

Lucien revisó los alrededores con cautela pero no encontró nada.

En su lugar, sintió un fuerte aire de muerte.

Los peces cercanos estaban tanto vivos como muertos; todos estaban podridos, pero de alguna forma todavía nadaban.

No era de extrañar que el Señor del Inframundo acabara de salir del agua; parecía que su reino se escondía en el fondo del río Solna.

Tan pronto como Lucien descubrió aquello, nadó fuera de la ciudad de Husum siguiendo las corrientes, ya que quedarse allí durante mucho tiempo sería muy peligroso.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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