Trono de la Arcana Mágica - Capítulo 526
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- Capítulo 526 - 526 El gran profeta
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526: El gran profeta 526: El gran profeta Editor: Adrastea Works Como una cometa destrozada en el aire, el cuerpo de Octave fue golpeado con ferocidad hacia y lanzado hacia atrás por Lucien.
La sangre brotó de su boca y había perdido la conciencia por completo.
De repente, la expresión de su rostro se distorsionó, y de su cuerpo emergieron rayos de luz.
La luz tomó la forma en cuatro pares de alas blancas detrás de su espalda.
Los ojos azul claro de Octave se abrieron lentamente, pero en ese momento no tenían color.
Al mirar a Lucien, los ojos estaban completamente fríos.
—¿Ángeles Terrenales?
—Murmuró Lucien.
Octave escuchó la exclamación de Lucien y dijo triunfante.
—Somos los justos bendecidos por Dios, apóstoles que aceptan la verdadera voluntad del Señor.
Por supuesto, tenemos el poder de los ángeles.
¡Y tú, tu asqueroso Lucero del Alba Caído, debes ser purificado por nosotros!
Octave habló rápidamente.
Las citas venían del Canon, y el idioma era el del cielo.
No obstante, la mente de Octave estaba bastante despejada bajo el poder del ángel y sabía que no duraría mucho.
Además, si la lucha entre ellos continuaba, la Iglesia del Resplandor, la Torre Real de Magia de Holm y el Palacio Nekso podrían notar el caos en cualquier momento.
Por lo tanto, agitó las alas, de las cuales se dispersó la luz.
Los puntos de luz se unieron en la magnífica onda de luz y se precipitó hacia Lucien con gran impulso.
Lucien, quien en ese momento tenía el poder de caballero radiante, fue alcanzado en la lucha contra la onda de luz.
Incluso el poder en su mano izquierda no podía ayudarlo a salir del problema.
Al ver eso, Octave se burló y entonces, sin dudarlo, alcanzó a Lend después de un destello y lo agarró.
Lend ya estaba inconsciente debido al aliento del dragón de cristal.
Los cuatro pares de alas de Octave bloquearon las garras del dragón y entonces Octave salió a la fuerza de la Iglesia de Salvación.
Las alas se cerraron, la luz desapareció.
Octave se llevó a Lend con él y ambos desaparecieron en la oscuridad.
Sabía que Lucien y su mascota no podían ir tras ellos ya que era uno de los mayores enemigos de Sard, Stone y los principales vigilantes nocturnos.
Lucien tuvo que abandonar el lugar lo más rápido que pudo.
Octave conjuró una serie de hechizos divinos para eliminar el rastro que dejó, y después de que Lend se recuperó, dobló la seguridad al pedirle a Lend que usara su poder de sangre, Eliminación, para tapar su paradero.
Después puso rumbo a su verdadero destino.
La noche se había calmado porque la pelea se detuvo justo a tiempo.
Aquellos que poseían un poder formidable en la ciudad estaban en paz.
—No le esperaba…
Lucien Evans…
—dijo Lend palabra por palabra con un odio extremadamente amargo.
Se odiaba a sí mismo por no ser lo bastante poderoso como para matar a ese astuto demonio.
Octave se burló.
—Fue un ataque sorpresa, o no hubiéramos sido tan pasivos.
Pero su mano izquierda es extraña.
El poder en ella es como el poder de tu sangre, pero de una índole aún mejor.
Sentí…
Sentí que el poder tenía una categoría mucho más alto.
—¿Una categoría más alta?
¿Lucien Evans fue un arcángel alguna vez, el Lucero del Alba Caído, el ala izquierda de Dios?
—Dijo Lend asombrado.
Si bien los títulos de Lucien eran conocidos para muchos vigilantes nocturnos, nunca creyeron que fuera cierto.
Creían que era la explicación del Papa eliminar la influencia negativa.
Octave estaba asustado por el poder en esa mano izquierda.
Permaneció en silencio, ya que tampoco sabía la respuesta.
En silencio, siguieron avanzando.
Tras un rato, Octave dijo en voz baja.
—Podemos preguntarle al gran profeta.
Es el Rey Ángel que porta la verdadera voluntad del Señor.
Su misión es derrotar al Papa corrupto, así que quizás conozca los secretos de Lucien.
En el futuro, podremos prepararnos más.
Lend asintió despacio.
—También tendremos que confesarnos al gran profeta ya que fallamos en nuestra misión.
Richard aún no ha estado de nuestra parte, y tampoco hemos podido matarlo y echarle la culpa a un hechicero.
Por cierto, Cardenal Octave, no recuerdo que fueras tan charlatán.
Sabes, no tenías que decir eso…
Octave no debió hablar de ello; la parte que mencionaba matar al Papa.
Octave y Lend lo sabían, ya que eran los miembros principales del grupo secreto.
Octave le tocó la cara.
A pesar de que todas las heridas habían sanado, aún recordaba el dolor insoportable que acababa de pasar.
Dijo con amarga emoción.
—Me dieron un puñetazo en la cabeza.
Sí, hablé demasiado.
Siento que aún no puedo controlar mi cuerpo y mi mente por completo.
Lend asintió al entenderlo.
Sin decir nada más, él y Octave llegaron a una iglesia pequeña y destartalada.
A pesar de que el lugar parecía en mal estado, la decoración interior era impresionante.
Su exquisitez y lujo contrastaban con su apariencia externa.
Octave y Lend estaban muy acostumbrados.
Caminaron rápidamente por la sala de oración, en dirección al confesionario.
—Estáis de vuelta —dijo un joven con rasgos faciales afilados que caminaba hacia ellos.
Tenía poco más de treinta años, pero ya llevaba la túnica roja.
Octave asintió despacio.
—Arthur, fallamos.
El joven era el túnica roja más prometedor y estimado por el gran profeta, y también el sacerdote más talentoso de la Parroquia Holm en los últimos cincuenta años.
Antes de los treinta y cinco, ya se había convertido en una túnica roja de nivel nueve.
El hombre, llamado Arthur, fue considerado como uno de los candidatos más competentes para el puesto de cardenal santo.
No obstante, debido a su radicalismo, siempre fue excluido del poder central de la Parroquia de Holm.
Los ojos de Arthur se entrecerraron ligeramente porque no esperaba esta respuesta.
—¿Fallaste?
¿Con tres pergaminos de nivel nueve?
—Estuvimos cerca, pero luego nos encontramos con Lucien Evans.
Creo que estaba allí para persuadir a Richard —dijo Octave.
No se lo contó nada a Arthur sobre la mano izquierda de Lucien, ya que pensó para sí mismo que ese debería ser un secreto accesible solo para el gran profeta.
—Se estaba escondiendo, así que no estábamos preparados.
¡Hasta tenía un dragón!
Nos las arreglamos para escapar usando Ángeles Terrenales —Octave añadió.
Los ojos marrones de Arthur se esclarecieron durante un momento.
Luego pensó para sí mismo y dijo.
—Esta es una oportunidad.
Lo mantendremos en secreto por ahora.
No le contéis a nadie más el hecho de que Lucien Evans ha contactado con Richard ya que podría beneficiar nuestro plan futuro.
Si no tenemos una prueba sólida, debido al prestigio de Richard, podríamos meternos en problemas.
Lend dijo con calma.
—Sé lo que quieres decir, Arthur, pero la decisión debe dejarse en manos del gran profeta.
Arthur no dijo nada, sino que se fue directamente a la abadía de Rentato.
Octave y Lend siguieron caminando por el pasillo y entonces se sorprendieron al descubrir que se habían topado con siete u ocho túnicas rojas en su camino, lo cual significaba que la mayoría de los rangos sénior en los grupos secretos estaban todos allí hoy, y eran todos radicales extremos, es decir, una cuarta parte de toda la parroquia de Holm.
—¿Qué está pasando aquí?
—Octave le preguntó a Lend.
Lend no tenía ni idea, aunque se unió al grupo antes que Octave.
—Quizás haya alguna emergencia.
Lo sabremos muy pronto.
Llamaron a la puerta de la sala de confesiones.
La voz suave pero clara llegó.
—¿Octave y Lend?
Adelante.
Al empujar la puerta, Octave y Lend entraron.
Se inclinaron ante el gran profeta, quien acababa de acabar su confesión.
El espacio era limitado allí.
La vela en la habitación no era capaz de iluminarla al completo.
Con las sombras extendiéndose en el suelo, el lugar parecía un poco intimidante.
El gran profeta estaba de pie en la oscuridad, su rostro estaba oculto.
Pero sus ojos profundos tenían el poder de atraer la atención de cualquiera, como si pudieran absorber el alma de uno.
Octave vio que había un libro en la mano del gran profeta, pero no pudo ver el nombre del libro con claridad.
—¿Habéis fallado?
—El profeta preguntó con calma y gentileza.
—Sí —Octave y Lend bajaron la cabeza con gravedad y contaron lo que sucedió en detalle.
—Esto no es culpa vuestra.
Yo cometí el error.
No solicité la implicación de Dios antes de enviaros a los dos allí —dijo el profeta tristemente, como si fuera él quien falló en la misión.
—No obstante, habéis demostrado el hecho de que estamos en el camino correcto.
¡Si actuamos demasiado tarde, los sacerdotes caerán en las trampas de los crueles hechiceros uno a uno!
¡El Papa y algunos de los grandes cardenales de hecho están ayudando a la maldad!
—El gran profeta levantó la voz.
—Eres el gran profeta; nos lideras para enfrentarnos a la maldad —Octave y Lend se santiguaron—.
¡Solo la verdad vive para siempre!
—¿Qué pensáis los dos del Gran Cardenal Sard?
¿Crees que podría unirse a nosotros?
—Preguntó el gran profeta.
Octave y Lend miraron al gran profeta confundidos.
¿Por qué el profeta seguía haciendo aquella pregunta?
En ese momento, por fin, Octave vio el nombre del libro: “La Interpretación de los Sueños.” —Gran profeta, ¿por qué está leyendo este extraño libro?
—Octave no pudo evitar preguntar.
En ese momento, la cara del gran profeta empezó a distorsionarse y la luz divina salió de su cuerpo.
Las alas blancas y de luz se estiraron e impregnaron todo el lugar.
En el interior de las alas estaba el cielo brillante.
¡Estaban en el aire, y no en el confesionario!
La dignidad y la divinidad les hicieron sentir la necesidad de arrodillarse.
—Serafín de seis alas…
No, espera, esto no está bien…
Octave miró asombrado al ángel de aspecto magnífico que estaba de pie frente a él, pero de alguna forma la cara le era bastante familiar, como si acabara de verla.
Entonces la hermosa cara puso una sonrisa espeluznante.
La respuesta fue un mazazo para Octave.
—¡Lucien Evans!
Todo en los alrededores había desaparecido.
Octave abrió los ojos.
Richard, el dragón de cristal y Lucien Evans lo miraban fijamente.
¿Qué era?
¿Era un sueño?
Al ver a Octave entrar en pánico, Lucien sonrió.
—Aquellos a los viste en tu sueño procedían de tu conciencia.
Tengo una idea aproximada de quiénes son los miembros.
—El lugar parecía en mal estado, pero por dentro era lujoso y lo bastante grandioso como para ser comparado con el Salón Radiante, lo cual indica que en tu creencia, estás haciendo algo justo, si bien requiere que te escondas en la oscuridad y tus manos estarán cubiertas de sangre.
Contemplas el cielo aunque estás en el infierno…
—No podías ver el rostro del gran profeta.
Esto significa que cuando hablaste con él, el gran profeta escondió su rostro…
—El confesionario era estrecho, oscuro e intimidante.
Esto demuestra que cuando te presentaste por primera vez al gran profeta, estabas en el período más oscuro de tu vida.
Supuestamente, ese confesionario fue en el que estabas…
—Al final, había alas de luz.
Una vez mostró su gran poder frente a ti, y quizás ahí fue donde obtuviste tu poder, Ángeles Terrenales…
El tono de Lucien era claro, pero la cara de Octave estaba palideciendo.
A juicio de Octave, en el lugar en el que Lucien estaba de pie bloqueaba parte de la luz de la ventana de la Iglesia de Salvación, como si Lucien tuviera esos seis pares de alas de luz.
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