Trono de la Arcana Mágica - Capítulo 757
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- Capítulo 757 - 757 El fondo del océano
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757: El fondo del océano 757: El fondo del océano Editor: Adrastea Works Había agua en movimiento por doquier, y peces de formas bizarras estaban nadando lenta y despreocupadamente dentro de ella.
El profundo azul se había convertido gradualmente en un negro total.
La luz solar proveniente de la superficie apenas podía extenderse más.
Sin embargo, aquel lugar no estaba en completa oscuridad.
De vez en cuando podían verse peces sin escamas cuyos cuerpos enteros brillaban y monstruos marinos parecidos a cangrejos que parecían estar sosteniendo dos linternas coloridas.
Sus luces propiciaban aún más la nebulosidad y la atmósfera espeluznante del océano profundo.
Luego de que Lucien y Natasha se separaran de Doris, ambos se sumergieron en las profundidades del océano siguiendo una extraña corriente que difería completamente de los alrededores.
Ellos vieron el asombroso paisaje, que era totalmente diferente del océano poco profundo, y sintieron la presión del agua, la cual iba en aumento y estaba a punto de aplastarlos.
Por lo tanto, se añadieron destellos de luz alrededor del cuerpo de Lucien, bloqueando el agua de mar y su presión.
Él parecía estar en un mundo distinto.
Rastros pequeños y aterradores de luz de espadas se propagaron alrededor de Natasha y abrieron paso a un área que se encontraba bajo su control absoluto y que intercambiaba los recursos necesarios con el agua circundante.
Después de sumergirse cien metros más, Lucien se detuvo abruptamente y habló a través del vínculo telepático: —Voy a medir los factores ambientales de este lugar.
Tú estate atenta a los alrededores.
Natasha asintió.
Cuando levantó una espada larga simple y plateada, todas las ondas y temblores a su alrededor cesaron inmediatamente.
A tal profundidad, ya no había criaturas oceánicas especiales capaces de emitir su propia luz.
Todo estaba absolutamente oscuro e insonoro.
En un ambiente como aquel, cualquier vida inteligente que esté en sus cabales se vería abrumada por un miedo inexplicable, como si monstruos estuvieran merodeando en la oscura agua que producía una inmensa presión.
Ellos estaban observando a los extraños con indiferencia y esperando una oportunidad para devorarlos.
—¿No tenemos prisa por ir a la Puerta Azul?
—A Natasha le intrigó bastante que Lucien continuara realizando experimentos en un momento como aquel—.
Esté o no asociada con las anomalías en lo profundo del Océano Infinito, es de lejos nuestra pista más importante.
Lucien lanzó su “cabina de experimentos” y la dejo crecer hasta volverse un laboratorio completo.
Luego, la cubrió con una capa de luz plateada para que no fuera corroída por el agua de mar.
—Para mí, recopilar factores ambientales es tan o más importante que la exploración de la Puerta Azul.
En los estudios de arcana, comparar abundantes datos es la clave para resolver muchos misterios —Lucien respondió con indiferencia y centró la mirada en la cabina de experimentos.
Su atención fue dirigida inmediatamente hacia ella.
Natasha paró de preguntar.
Después de todo, no se trataba de un campo en el que fuera buena.
Creer en autoridades y “profesores” era su única alternativa en aquel instante.
Con la Espada de la Verdad en mano, ella nadó por los alrededores como una sirena, atenta a cualquier ataque inesperado por parte de los monstruos de mar profundo.
Aunque ella poseía una gran fuerza de voluntad y también sentidos agudos al ser una caballera legendaria, su percepción del ambiente había sido enormemente reducida en el mar profundo, en donde la presión era aterradora y no había luz.
Ella podría pasar algo por alto si se descuidaba por un segundo.
Incluso si Lucien la fortaleciera con hechizos que convertían un cierto rango del océano en el equivalente de un continente, tal efecto no podía llegar más lejos.
En el silencioso océano, Lucien estaba completamente dedicado a su experimento.
De vez en cuando, los monstruos marinos que habían notado a los intrusos se le acercaban agitando sus tentáculos o pinzas, pero la mayoría se esfumaba al recibir la mirada de Natasha.
Aquellos cuya cabeza estaba abrumada por el deseo de matanza, por otro lado, eran cortados en innumerables trozos diminutos de carne después de un destello de su espada, permitiendo a los peces más débiles de las cercanías sacar provecho.
Así como así, Lucien avanzó a través de las corrientes submarinas que se adentraban en el océano.
Él se detuvo algunas veces para realizar experimentos y recolectar datos.
Gulu.
Gulu.
Natasha, quien estaba con la guardia en alto al lado de Lucien, repentinamente notó ciertos ruidos.
Varias criaturas parecían estar acercándose por una corriente submarina diferente.
…
Los monstruos con cabezas de pescado y cuerpos humanos viajaban rápido en medio de las corrientes, sosteniendo a los elfos de piel oscura y orejas puntiagudas.
Con su fuerza, la presión a tal profundidad no debería haber sido mucho para ellos, pero los sacerdotes en el equipo que sostenían un báculo crearon una enorme burbuja juntos y transfirieron la presión a su interior.
—¿Cuánto tiempo nos tomará llegar a la Puerta Azul?
—Preguntó uno de los guerreros Kuo-toan al sacerdote con impaciencia.
Al ser la tierra de los milagros para los clanes marinos, la Puerta Azul había sido adorada por los Kuo-toans, los Gipps, las serpientes marinas y los caballos de mar mutados durante generaciones.
Se trataba de un mundo de ensueño que ellos siempre habían anhelado.
Así, cuando escucharon que podrían ir a la Puerta Azul, cuya existencia nunca había sido confirmada antes, dichas criaturas marinas se emocionaron tanto que apenas podían contenerse.
El sacerdote cercano también estaba evidentemente emocionado.
—Según Doris, nos tomará aproximadamente otro medio día.
El Kuo-toan que preguntó mostró sus brillantes ojos e hincó a la prisionera élfica que estaba escoltando con su tridente.
—¡Nada más rápido!
La elfa marina fulminó al Kuo-toan con una mirada de la que parecía estar saliendo fuego, como si estuviera a punto de realizar un ataque desesperado.
—¿Qué estas mirando?
Ustedes son prisioneros.
¡Puedo comerlos inmediatamente!
—Los elfos marinos eran ciertamente una de las comidas de los Kuo-toans.
El lobo de mar hembra habló con un tono claro y molesto: —¡Su Majestad vendrá a salvarnos!
—Je je.
Si su reina pudiera salvarlos, ya lo habría hecho.
Aunque ella obstaculizó a Su majestad con su asqueroso plan, ¡no hay nada que pueda hacer para salvarlos!
—El Kuo-toan no podría haberse sentido más lamentable al recordar la batalla.
¿Cómo se había vuelto tan fuerte la reina élfica?
Los ojos de la elfa marina se nublaron.
Ella habló a modo de consuelo propio: —Su majestad simplemente los está usando para encontrar la Puerta Azul.
Es por eso que no nos salvó.
¡Lo más probable es que ella los está siguiendo ahora mismo!
Recientemente, la elfa había estado escuchando a aquellos malditos murlocs hablar sobre la Puerta Azul en todo momento.
Ella también sentía bastante curiosidad.
Si no estuviera dirigiéndose allí como una prisionera, habría estado muy emocionada por el viaje.
—Ja ja.
¿Crees en lo que dices?
¿Cómo podría haber sabido ella que nosotros nos dirigíamos a la Puerta Azul?
—El Kuo-toan destruyó las esperanzas de la elfa marina, quien se vio forzada e pensar en el miserable final que le esperaba.
¿Sería utilizada por Harex como un material para abrir la Puerta Azul?
En medio de su desesperación, una luz plateada apareció súbitamente en la oscura agua más adelante.
Era tan clara y pura que parecía ser el Paraíso Montañoso en el oscuro fondo del océano, a miles de metros de profundidad.
—Eso es…
—La elfa marina quedó estupefacta.
Ella dirigió la mirada hacia allí, confundida.
Logró ver vagamente que una cabina de metal estaba ubicada al medio del resplandor.
¿Eh?
¿Una cabina de metal?
¿Por qué había una cabina de metal en el profundo y oscuro océano?
Su corazón se llenó de esperanza de un momento a otro.
¿Se trataba de un enemigo de Harex?
Repentinamente, sus ojos bien abiertos reflejaron una diminuta espada reluciente.
Esta creció rápidamente y ocupó completamente el horizonte.
La elfa marina sintió que espadas insonoras cortándolo todo llenaron el ambiente, pero no podía ver nada más que un resplandor frío e indiferente.
La burbuja se rompió, y también lo hicieron los Kuo-toans, los caballos marinos mutados, las medusas y otras criaturas marinas.
Para el momento en que el resplandor de la espada desapareció, la elfa marina descubrió que las demás criaturas de mar, a excepción de los prisioneros y un sacerdote, habían sido convertidas en minúsculos trozos de carne, con luz aterrorizante persistiendo en sus restos.
—¿Se encuentran bien?
—Una voz agradable que denotaba tanto preocupación como intimidación llegó a los oídos de los elfos marinos.
La elfa se libró de su conmoción, solo para descubrir que una elegante dama de cabello púrpura estaba flotando ante ella con una expresión amable y sonriente.
Por alguna razón, su corazón se llenó de calidez de un momento a otro.
La frustración y desesperación que sufrió instantes atrás afloraron mientras ella sollozaba y hablaba: —¿Estás aquí para salvarnos?
Ella sintió que la caballera tocó su cabeza con la mano izquierda, la cual no estaba sosteniendo la espada, por lo que sus lágrimas brotaron aún más rápido.
Si no hubiera sido por sus demás preocupaciones, habría saltado en sus brazos y llorado a todo pulmón.
—Soy Natasha del Reino de Holm.
Soy una aliada de la Corte Élfica.
Los encontramos por accidente —Natasha reveló su identidad en pocas palabras—.
¿Puedes contarnos lo que sucedió?
—Ese día, el gran villano Harex realizó un ataque a nuestro territorio…
—La elfa marina contó lo sucedido entre sollozos.
Después de escucharla, Natasha le habló a Lucien a través del vínculo telepático: —Es básicamente lo mismo que dijo Doris, solo que mucho más detallado.
Parece que Harex realmente ha sido herido de gravedad.
¿Tal vez esté llevando a los prisioneros a la Puerta Azul para una pronta recuperación?
Natasha le avisó a Lucien cuando los Kuo-toans se acercaron, no porque fueran peligrosos, sino porque podrían cargar consigo información importante.
En aquel momento, habiendo fortalecido a los elfos marinos capturados con burbujas protectoras, él asintió.
—Es una posibilidad.
Preguntémosle de nuevo al sacerdote.
No fue hasta entonces que la elfa marina se percató que un hombre estaba parado en medio del agua más adelante.
Su traje cruzado negro, bajo el contraste de la oscuridad del profundo océano y de la luz plateada, emitía un aura enigmática y espeluznante, y su atractivo rostro le resultaba particularmente familiar.
—M…
¿Maestro Evans?
—La elfa marina recordó súbitamente de quién se trataba.
Aunque ella no sabía mucho sobre los sucesos en el continente, cualquier elfo amante de la música había escuchado el nombre Lucien Evans y visto su imagen en el pasado.
—Un gran arcanista del Congreso de la Magia…
—Ella se sintió completamente relajada al saber que, ciertamente, había sido salvada.
Así, lloró con aún más fuerza.
Luego de preguntar al sacerdote, Lucien les habló a aquellos elfos marinos: —Nosotros le daremos un vistazo a la Puerta Azul.
De ser posible, intentaremos rescatar a sus compatriotas.
Los elfos estaban a punto de expresar su gratitud, deleitados, cuando Lucien continuó: —Sin embargo, hasta entonces, me gustaría que nos olviden.
—¿Qué?
—Los elfos levantaron sus cabezas, todos bajo la ilusión de que el Señor Evans había llegado frente a ellos repentinamente.
Podían ver sus ojos claramente; ojos profundos y tranquilos como un océano…
Ellos se retiraron sin saber nada.
Lucien le habló a Natasha: —Mi recopilación de datos está casi terminada, y la Puerta Azul no está muy lejos de aquí.
Dirijámonos hacia ella y démosle un vistazo.
—De acuerdo.
Ten cuidado —Aunque Natasha era una caballera que prefería dirigir el avance, ella siempre había sido prudente antes de cualquier batalla.
Los dos se adentraron y acercaron cada vez más al fondo del océano.
De un momento a otro, un vacío extraño e inmenso apareció ante ellos; uno que no tenía una sola gota de agua en los cientos de kilómetros cuadrados que ocupaba.
Teniendo como centro una borrosa puerta azul en la lejanía, el agua de sus alrededores parecía haber sido bombeada hacia afuera, y aquella al exterior no podía ingresar a la zona en lo más mínimo.
Solamente los extraños arrecifes y la arena suelta demostraban que seguía siendo el fondo del océano.
—Estaba pensando en convertirme en un pez para escabullirme y hacer reconocimiento.
Parece que ahora tendremos que seguir otra estrategia —Lucien se puso bastante serio.
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