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Trono de la Arcana Mágica - Capítulo 802

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802: El más allá 802: El más allá Editor: Adrastea Works Navathe, el tercer nivel del infierno era conocido por los hechiceros del mundo material principal como «La Metrópolis en Llamas».

En aquel nivel del infierno, el cual parecía no tener borde, no había planicies, montañas, ríos, colinas ni desiertos, sino solamente una magnífica ciudad hecha de hierro.

No obstante, puesto que el fuego subterráneo estaba encendido constantemente, incluso el hierro podía quemarse.

Como resultado, la mayor parte de las construcciones tenían un intenso color rojo.

Todo pálido fantasma que se acercaba estaba crepitando con humo negro, como si fuera a vaporizarse por completo en cualquier momento.

Un humo sofocante cubría el cielo, y demonios de todo tipo divagaban por la ciudad de hierro.

Ellos eran bastante cordiales entre sí, pero trataban a cada alma que ingresaba a la ciudad y a los demonios que habían sido capturados con crueldad.

Se decía que, al fondo de la Metrópolis en Llamas, en medio del fuego infinito, había una enorme prisión en la que varias criaturas inteligentes estaban encerradas.

La prueba más directa era que, cuando alguien caminaba por el suelo ardiente, escucharía gemidos y gritos provenientes de ningún lugar en específico.

Un escuadrón de pequeños diablos estaba escoltando a un grupo de almas borrosas y pálidas hacia la torre ubicada en el centro de la Metrópolis en Llamas.

De vez en cuando, ellos agitaban sus látigos especiales, haciendo que las almas que habían ingresado al infierno gritaran de dolor.

Mientras más adoloridos se sentían los prisioneros, más emocionados estaban los pequeños diablos.

—No es extraño que tantas costumbres póstumas sean populares, y que la Santa Verdad se haya difundido tan rápido…

—En un inmenso equipo de negocios, Lucien, sin haber cambiado su apariencia o atuendo, suspiró con interés y lástima.

Era la primera vez que había ingresado al infierno.

De acuerdo a los estudios anteriores del Congreso de la Magia, después de que un humano moría, su alma perecería en ese mismo instante si este no poseía técnicas especiales, pero en el río que fluía entre el infierno y el abismo, almas aparecían sin sus recuerdos y apariencias anteriores.

Era imposible discernir sus identidades.

Dichas almas o bien degenerarían en demonios y diablos en el abismo y el infierno, o se utilizarían para fabricar “gemas de alma” que podían utilizar hechizos o habilidades especiales.

Tales gemas eran la moneda del infierno.

La naturaleza del alma y el cómo esta degeneraba eran enigmas de los estudios de arcana del presente.

Sin embargo, luego del descubrimiento del Mundo de las Almas, los arcanistas tuvieron razones para creer que uno de los destinos del alma era aquella dimensión.

Si las costumbres póstumas podían formar espacios correspondientes en el Reino de Puertas, las almas con una gran fuerza de voluntad ciertamente también podrían llegar allí.

Tal vez debido a su empatía, a Lucien se le ocurrió que, una vez el Congreso aplastara a la Santa Verdad en el mundo material principal, durante su exploración del vasto cosmos y las demás dimensiones, también sería necesario tener el infierno bajo control.

Evidentemente, al considerar las capacidades actuales del Congreso y los enemigos a los que este se enfrentaba, pasaría un largo tiempo hasta que dicho objetivo se cumpliera.

—Poner al infierno bajo el gobierno del Congreso de la Magia…

Eso es algo que el Imperio Mágico ni siquiera se atrevería a imaginar —Lucien flotaba sobre la calle.

Todas las piedras de esta eran rojas.

Si uno fuera a poner un huevo sobre el suelo, se cocería inmediatamente.

A excepción de los diablos nacidos en medio del fuego, ni siquiera los caballeros podían soportar semejante calor por un largo periodo.

Era por ello por lo que las almas y los prisioneros sentían tanto dolor.

El equipo de negocios al que pertenecía Lucien era un “Grupo de Comercio de Dimensiones Alternas” que organizó el Congreso de la Magia.

Había llegado simplemente para hacer negocios.

Después de todo, los diablos no eran santos virtuosos que no necesitaban comida, recursos o entretenimiento.

Ellos también requerían los materiales que no existían en el infierno para fabricar armas y fortalecerse, y sus lujosas vidas tenían que mantenerse.

Así, les pedirían a sus seguidores recolectar recursos para ellos en el mundo material principal para posteriormente intercambiar dichos recursos justamente.

Dicho comercio ciertamente no podía haberse realizado sin hechiceros hábiles en recolección y alquimia.

Por otro lado, el Congreso de la Magia necesitaba los materiales especiales del infierno.

Además, monopolizar tales intercambios podía ayudar a contener a los diablos por si ciertas personas avariciosas proveyeran recursos estratégicos a cambio de riqueza, poder y paz interior después de la muerte.

Claramente, también era debido a tal comercio que a los hechiceros se les consideraba más viles en el pasado.

Dos diablos con piel de color rojo oscuro se les acercaron caminando desde otra calle.

Luego de apartar el alma de un humano de una patada, ellos les hablaron a los líderes del “grupo de comercio” respetuosamente: —Estimados hechiceros, el duque está esperando sus mercancías.

Los diablos no se atrevieron a faltar el respeto a los invitados del Duque del Hierro, pues era probable que, de hacerlo, se convertirían en los objetos que el duque ofrecía a los hechiceros como parte del intercambio.

Cada parte de un diablo era un material, y ellos podían ser usados como sirvientes.

Bajo semejante amenaza, su comportamiento frente al grupo de comercio difería completamente de aquel frente a generales humanos.

Seit, el líder del grupo asintió con orgullo y voleó hacia Lucien.

—Su Excelencia, ¿va a ir a la Torre de Hierro?

Como un hechicero de rango superior, ¿cómo no iba a conocer al famoso gran arcanista Lucien “Controlador de Átomos” Evans?

Levantando la cabeza y observando la torre roja al centro de la Metrópolis en Llamas, Lucien sonrió y respondió: —No voy a ir.

No creo que el Duque de Hierro quiera verme.

En el piso superior de la torre, el Duque de Hierro, de un color completamente negro, miró hacia abajo con seriedad.

Una leyenda suprema que había ocasionado la muerte de varias otras leyendas ciertamente no era el mejor “invitado”, particularmente para él, que era un legendario de segundo nivel y solo podía oponer resistencia a leyendas de tercer nivel con la Metrópolis en Llamas.

—Si alguna vez nos necesita, puede contactar a Colin en «Equilibrio de Almas» —Seit no insistió más.

No era sabio preguntar descuidadamente sobre los planes de un gran arcanista.

El Equilibrio de Almas era la “cabaña alquímica” que el Congreso de la Magia instaló en la Metrópolis en Llamas.

Lucien asintió para luego mezclarse con la multitud de diablos y unos cuantos “mercaderes” en la ciudad de hierro.

«El Señor del Infierno debe haber sabido que he venido al infierno.

¿Me detendrá?» Lucien sabía muy bien que el infierno era, hasta cierto punto, la encarnación del Señor del Infierno.

Sin importar cómo se infiltrara en el lugar ocultando sus rastros, apenas le habría sido posible engañar a Maltimus.

Así, podría ser que este último llegara sin dar rodeos.

«Ahora, primero iré al Infierno silencioso en el octavo nivel y veré si puedo encontrar el excepcional Núcleo Estelar.

Eso también servirá como una prueba indirecta de la actitud de Maltimus.

Luego, me dirigiré al infierno primigenio debajo del noveno nivel.» En el momento en que ideó su plan, Lucien percibió algo repentinamente y miró hacia el lado opuesto de la calle, solo para ver a un joven caminando hacia el extremo de la Metrópolis en Llamas con una bolsa de materiales y una sonrisa de satisfacción en la cara.

Las únicas personas vivas en el lugar eran los hechiceros y unos cuantos seguidores de diablos que estaban allí para hacer comercio.

Por lo tanto, el joven era sin duda alguna un alma, como podía notarse por su cuerpo transparente y porque estaba flotando.

No obstante, las almas en el infierno o bien eran ignorantes y estúpidas o estaban llenas de odio y arrepentimientos.

Ninguna mantenía la cordura.

El alma del joven, por otro lado, era alegre y brillante, dando a Lucien la sensación de que seguía viva.

«También “olí” el aire del Infierno Silencioso.

¿Ha venido desde allí para hacer negocios?» Especuló él.

La Metrópolis en Llamas era el centro de comercio en el infierno.

En los demás niveles de aquella dimensión, solo se realizaban tratos en secreto por varias razones.

Al percatarse de que la extraña alma del joven provenía del Infierno Silencioso, Lucien, cuya curiosidad había aflorado, la siguió para intentar descubrir a dónde se dirigía.

—Abuelo, abuelo, he traído la «Piedra de Poltergeists», las «Hojas Élficas» y el «Acero de Volcán en Llamas» que pediste —el joven llegó a un rincón recóndito en la Metrópolis en Llamas que apenas era frecuentado por diablos.

Al exterior de una construcción de hierro rodeada de fuego estaba parado un anciano demacrado, sosteniendo su bastón.

Ante él había botellas del «Licor de Fuego» que era el favorito de los diablos.

Parecía ser el dueño de una taberna que había ido a la Metrópolis en Llamas para adquirir mercancías.

«¿Un ser humano?» Lucien quedó ligeramente desconcertado.

¿Había algún ser humano viviendo en el infierno sin ser destrozado y devorado por diablos?

Justo cuando Lucien se disponía a extender su poder espiritual y revisar si el anciano tenía alguna protección mágica, este último levantó la cabeza de golpe.

—Maman, ¿por qué no dijiste que habías traído a un invitado?

El “joven” Maman se giró, asombrado, y vio a Lucien, quien no ocultó sus rastros.

—Yo…

Yo no lo conozco…

—Perdóname.

Es que solamente quería conocer a tu abuelo, por lo que te seguí hasta aquí —dijo Lucien con tranquilidad.

Maman se rascó la cabeza, confundido y avergonzado.

—Mi abuelo es simplemente es un camarero ordinario en la taberna.

No tiene nada de especial.

Podrías haberlo confundido con alguien más, mi querido invitado.

—¿Un camarero ordinario en la taberna?

—A Lucien le hizo gracia.

Aquello habría sido ordinario en el mundo material principal, pero ellos se encontraban en el infierno.

El delgado anciano se encorvó y ordenó sus licores antes de mirar al “joven” con sus sucios ojos y hablar: —Maman, ve a comprar otras cien botellas de «Vino Marea del Alma» y llévalas al lugar de siempre.

Maman asintió y salió corriendo con alegría.

—Un alma muy peculiar…

—Dijo Lucien con suavidad.

Los ojos del anciano brillaron de un momento a otro.

—¿Qué es lo que quieres?

—Nada.

Solo tengo un poco de curiosidad —Lucien sonrió—.

No pretendo hacerte ningún daño.

Si eres del Infierno Silencioso, me gustaría preguntarte sobre una cosa.

El anciano lo miró de arriba a abajo.

—¿Eres un hechicero?

A juzgar por tu atuendo, debes pertenecer al Congreso de la Magia.

¿Douglas nunca te enseñó a no entrar al infierno sin una buena razón?

—¿Conoces al Señor presidente?

—Lucien levantó una ceja.

A juzgar por su tono, él no parecía estar enterado de que Douglas había avanzado al nivel de un semidiós.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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