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Trono de la Arcana Mágica - Capítulo 847

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847: El leve descuido 847: El leve descuido Editor: Adrastea Works ¿Diez monedas de oro de la reina?

La respiración de Donnie se volvió pesada de repente.

Sabía que ganaría mucho dinero tras convertirse en un hechicero oficial, pero prácticamente no se había implicado en trato alguno con dinero de por medio puesto que la mayoría de las subvenciones en la escuela se intercambiaban por puntos de la arcana.

Por lo tanto, una vez que escuchó la oferta de diez monedas de oro de la reina, su corazón latió rápido, y tragó saliva.

Diez monedas de oro de la reina no eran nada para los nobles y los ricos comerciantes y hechiceros.

No obstante, al haber sido un pobre en una familia de un pequeño pueblo, Donnie nunca había visto una moneda de oro en toda su vida.

Además, podría conseguir una enorme riqueza que mejoraría de forma significativa las condiciones de su familia sin tener que prometer que podría resolver el problema.

¿Cómo podría no estar tentado?

Si deseaba seguir el camino de los hechiceros, los materiales, las recetas, los libros y los objetos extraordinarios, era inevitable.

¡Todos ellos necesitaban dinero!

Si pudiera solucionar el problema de verdad, ¿cuánto le pagaría el Barón Herdos?

Donnie pensó en tantas cosas que incluso su voz se volvió un poco áspera.

—Si puedo solucionar el problema, ¿cuánto me pagaría el barón?

La expresión del mayordomo no cambió, y no se burló del exceso de confianza de Donnie, a pesar de que un hechicero del tercer círculo había sido contratado en el pasado pero falló.

Dijo con respeto.

—Mi señor dijo que, si el Señor White podía restaurar la paz del castillo, se le otorgará un “Guante Mágico” en añadido, el cual es un objeto extraordinario de nivel dos, además de las diez monedas de oro de la reina.

¿Un objeto extraordinario?

Donnie sintió que la sangre caliente le subía por la cabeza.

Prácticamente aceptó la solicitud de inmediato.

Por fortuna, los ejercicios de meditación y conjuración que había estado haciendo conservaron su último instante de conciencia.

Dijo con calma.

—El Barón Herdos es el señor de este pueblo.

Estoy muy contento de ayudarlo.

No obstante, necesito los registros acerca de cómo los hechiceros y aprendices anteriores se encargaron de la anomalía en el castillo.

Si estoy seguro de resolverlo, iré al castillo en persona.

No podría ser más prudente en relación a un asunto así.

Una sonrisa apareció en el respetuoso rostro del mayordomo.

Sacó una gruesa pila de documentos de su maleta y dijo.

—Estos son los registros que necesita.

Sintiendo la sorpresa de Donnie, explicó con una sonrisa.

—Mi señor no es ajeno a los hechiceros, así que sabía que usted los necesitaría.

El desconcierto de Donnie fue respondido.

Cogió los registros y los examinó con magia.

Al no encontrar signos de manipulación, los leyó con detenimiento.

Tras un buen rato, pasó las páginas y dijo con tranquilidad.

—Dos aprendices estaban tan sorprendidos que saltaron al exterior por la ventana del castillo, a los cuales mataron.

No hay registro de defunciones de hechiceros.

Bueno, no debería resultarme demasiado peligroso.

Señor Mayordomo, por favor lléveme ante el barón.

La primera mitad de la frase no estaba destinada al mayordomo sino a sus padres y su hermana en caso de que estuvieran preocupados.

Como esperaba, después de escuchar su explicación, Lily y la Señora White, quienes estaban preocupadas y a punto de detenerlo, se sintieron aliviadas con una ferviente sonrisa.

Fue un honor para su familia que su hijo (hermano) fuera apreciado por el señor.

¡En verdad fue una decisión correcta dejarlo ir a la escuela genérica!

Como ciudadanos, eran más respetados por su señor que los hechiceros corrientes.

El padre de Donnie asintió emocionado y le dijo a Donnie que se fuera sin preocuparse por la familia.

…

Cerca del pueblo había colinas ascendentes y descendentes cubiertas de árboles de hoja perenne.

Un gran y oscuro castillo estaba situado junto a un hermoso y tranquilo lago y se sumaba a la magnificencia del paisaje.

Dentro del castillo, Donnie y el Barón Herdos, quien tosía todo el tiempo con la cara demacrada, se sentaron cara a cara en el sofá.

—Este castillo ha estado en nuestra familia durante novecientos años.

Es un símbolo de la familia Herdos.

No obstante, el inquietante fantasma nos ha estado molestando en las últimas décadas.

Espero que pueda ayudar a solucionar el problema, Señor White, como profesional de la escuela de nigromancia —dijo el barón Herdos con voz débil.

Había estado viviendo en su villa en la ciudad y casi no había vuelto al castillo.

Ese día, había vuelto específicamente para esperar a Donnie.

Después de la implantación del sistema eléctrico y la popularización de los objetos alquímicos, cada vez más nobles preferían vivir en la ciudad o en las zonas residenciales.

Los castillos eran abandonados poco a poco, a no ser que la infraestructura pudiera extenderse en lo profundo del bosque en el futuro.

Si bien Donnie era un nigromante especializado en la estructura del cuerpo y los factores genéticos, el conocimiento sobre los fantasmas y los espíritus malignos estaba entre los cursos obligatorios de la universidad de Heidler.

Así pues, no le eran desconocidos.

Preguntó con seriedad.

—Me pregunto qué sucedió décadas atrás que causara el inquietante fantasma.

Espero que pueda contarme todo sin descuidar detalle alguno.

Un fantasma ciertamente no podría salir de la nada.

—No pasó nada en realidad.

Los hechiceros anteriores preguntaron lo mismo —respondió el Barón Herdos con una sonrisa amarga.

Los hechiceros que contrató en el pasado no eran profesionales de la escuela de nigromancia, pero puesto que fueron al lugar para abordar el problema, ciertamente habían realizado sus investigaciones.

A no ser que estuvieran locos, ningún hechicero era un tipo descuidado.

—Al parecer, surgió de repente.

Quizás alguien hizo algo en secreto, pero ha pasado mucho tiempo y las pistas ya deben haber desaparecido —añadió el Barón Herdos.

Donnie asintió con la cabeza.

—Espero que pueda entregarme los archivos de su familia durante ese período.

Todos los archivos.

Pasaré aquí la noche y mataré mi tiempo con ellos.

—Gracias de antemano por su ayuda, Señor Donnie —el Barón Herdos asintió.

Después, dejó diez monedas de oro de la reina en la mesa antes de abandonar el castillo con su mayordomo y regresar a la ciudad.

Todos los sirvientes del castillo iban durante el día y se marchaban por la noche.

Ninguno se atrevía a pasar allí la noche.

Por lo tanto, después de que el Barón Herdos se marchara, el castillo retomó su paz y tristeza.

El fuego ardía con furia dentro de la estufa, pero no podía ahuyentar la intensa frialdad.

Donnie examinó el castillo y no encontró nada.

Entonces, se metió en una habitación y empezó a meditar para estar lúcido, esperando que llegara la noche.

“¡Clang!

¡Clang!

¡Clang!” Tras tres campanadas, el viejo reloj indicó la llegada de las diez en punto.

Según los archivos de Donnie, todos los fenómenos relacionados con los fantasmas sucedían después de esa hora.

“¡BAM!

¡BAM!

¡BAM!” En el momento en el que la campana se detuvo, Donnie escuchó una embotada y extraña voz.

Frunció el ceño.

¿Era el sonido del viento soplando en el marco de la ventana?

No obstante, la había comprobado hacía un momento, ¡y todas las ventanas estaban cerradas!

Tocando la insignia de hechicero en su pecho, Donnie abrió la puerta y salió al pasillo, caminando hacia el origen del sonido.

“¡Bang!” Un inmenso y sordo impacto resonó detrás de Donnie.

Estaba tan asustado que se dio prisa en regresar, ¡solo para descubrir que la habitación que acababa de abandonar se cerró automáticamente!

“¡Wu!

¡Wu!

¡Wu!” El llanto, que era tan débil como una ilusión, llegó a los oídos de Donnie.

Tenía la piel de gallina por todo el cuerpo.

Si no hubiera sido por sus experiencias en la pesadilla, quizás no habría conservado la calma.

“¡Wu!” El llanto sopló repentinamente en el pasillo.

Las velas se apagaron una tras otra, y el castillo quedó completamente envuelto en la oscuridad.

Donnie se dio prisa en conjurar “Luminosidad”.

Su guante destelló de inmediato como una antorcha e iluminó el ambiente.

No obstante, de repente, una gélida y tenebrosa respiración sopló en el cuello a Donnie, haciendo que su cabello se erizara.

¡Entonces, “Luminosidad” llegó a su fin sin hacer ruido!

—¡Este espíritu maligno es aún más terrible de lo descrito!

Al haber visto toda clase de criaturas no muertas en sus pesadillas, Donnie sintió el poder del espíritu maligno más claramente que los hechiceros corrientes.

Apretó el paso hacia la puerta del castillo con incomodidad.

—¡Interrumpió mi hechizo sin alertarme en absoluto!

¿Cómo pudieron haber sobrevivido los hechiceros previos?

Por lo general, esos espíritus malignos estaban bloqueados en un lugar.

¡Siempre que saliera del castillo, estaría a salvo!

“¡Ge!

¡Ge!

¡Ge!” Una sombra blanca y difusa flotaba ante él y se reía desoladoramente.

—Si no los dejara marchar, ¿me habrían traído comida repetidamente?

Donnie estaba muy alarmado.

¿Sabía qué estaba pensado?

O quizás, ¿estaba minando su voluntad mediante ilusión y las palabras?

—Ten la certeza.

No solo te comeré; drenaré tu alma lenta y gradualmente —la sombra destelló aquí y allá, sin darle a Donnie ninguna oportunidad de seguirla—.

Desde que me despertaron, he sido bastante moderado.

Solo drenaré la mitad de tu alma, lo cual hará que te olvides qué sucedió y vendrás aquí una vez cada pocos meses.

Donnie siguió adelante con pies de plomo, sin dejarse afectar por las palabras.

El espíritu maligno tampoco lo detuvo.

Estaba algo aliviado, sintiendo que el espíritu maligno solo estaba fanfarroneando.

En ese momento, había alcanzado la puerta del castillo.

¡Todo lo que tenía que hacer era salir corriendo!

Donnie tiró de la puerta, ¡pero lo que había tras la puerta era la sala del castillo!

La sorpresa y el frío ascendieron desde sus pies, paralizando rápidamente todo su cuerpo.

—Jaja.

Adoro el miedo más que cualquier otra cosa —un pálido e ilusorio rostro apareció ante Donnie.

Abrió la boca y escupió una pestilencia a la cara de Donnie cruelmente.

Estaba tan mareado que no pudo centrar su atención para conjurar ningún hechizo de nuevo.

Mirando al rostro con perplejidad, Donnie sintió cada vez más frío.

Su alma parecía casi congelada.

¿Sobrevivió a esas pesadillas solo para ser asesinado por ese no tan poderoso espíritu maligno al final?

De repente, Donnie sintió que algo frío surgió en su mano derecha.

Entonces, se levantó escapando de su control y agarró el rostro ante él.

«¿Esta es mi mano derecha?» Una palma en el monótono negro, blanco y gris apareció en las pupilas de Donnie.

¡Le pareció ver la muerte permanente en el momento en el que contempló su mano!

—¡No!

—El espíritu maligno lloró de forma lastimera, como si hubiera visto aquello que más miedo le daba.

Entonces, se puso tenso como si estuviera esperando la mano derecha de Donnie.

La mano derecha lo atravesó, y el espíritu maligno fue desmembrado y lanzado al negro, blanco y gris, desapareciendo en la nada.

Donnie volvió en sí.

Se dio prisa en conjurar “Luminosidad”, solo para descubrir que todo seguía igual que antes aunque las velas estuvieran apagadas.

—¿Una ilusión?

¡No, debe ser real!

—Donnie alzó su mano derecha.

Al mirar la mano, que en ese momento no mostraba anomalías, murmuró—.

¿Qué ha pasado?

¿Por qué se ha convertido en eso mi mano derecha?

¡En los instantes previos, sintió que era el dominador de la muerte!

¡Se…, Se parece mucho al negro, blanco y gris y la armadura negra en las pesadillas!

—Donnie levantó la cabeza de repente, su rostro estaba cubierto de un sudor frío.

…

Fuera del castillo, una persona imponente permanecía en silencio y sonrió.

—Como esperaba, todos los problemas no pueden ser resueltos con tanta facilidad.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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