Trono de la Arcana Mágica - Capítulo 92
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92: La Profecía.
92: La Profecía.
Editor: Adrastea Works Cerca del Rancho Montaña Oscura, Ilia, el sumo sacerdote de túnica plateada, se alzaba en una roca, mirando a los pocos herejes arrodillados en el suelo.
La ira del sumo sacerdote era horrible.
La enorme roca empezaba a fragmentarse por su poder oscuro.
—Quién puede decirme… ¡¿qué demonios ha pasado?!
—Ilia gritaba como una bestia herida.
Sufrieron una gran pérdida esa noche.
El poder de Argentum Cornu en el ducado casi fue aniquilado.
El número de miembros supervivientes era menos de diez, incluyendo un caballero oscuro de nivel cinco, Dragan, dos sumos sacerdotes, tres sacerdotes comunes y un caballero oscuro ordinario.
Años de duro trabajo de Ilia habían sido arruinados en una noche.
Ahora su cuerpo estaba cubierto de una capa de fuego negro con un fuerte olor a azufre.
Según caía la capucha plateada, el rostro de Ilia era revelado.
Había dos cuernos de cabra en su cabeza, y sus ojos eran rojos como la sangre.
Los caballeros y sacerdotes arrodillados ante él no se atrevían a mirar hacia arriba.
Tras un rato, Ilia se calmó y volvió a ponerse la capucha.
Entonces, preguntó: —¿Quién puede decirme… por qué estaban aquí la Iglesia y la Casa Violet?
—El tal Profesor… estaba huyendo de la Iglesia y de alguna forma encontró el palacio subterráneo.
Eso es lo que se —contestó Dragan cuidadosamente.
Tras un momento de silencio, Ilia gritó otra vez: —¡¿Y quién es ese maldito Profesor?!
—El vigilante nocturno dijo que este Profesor podría haber venido del Congreso Continental de Magia —contestó Dragan—.
De hecho, teníamos noticias de que iba a reunirse con un hechicero aprendiz en alguna parte del Bosque Negro.
Como estaba muy lejos de nosotros… —¡Malditos idiotas!
—Ilia casi quería despedazar a Dragan.
Sabiendo que había dicho una estupidez, Dragan bajó la cabeza y no se atrevió a contradecir al gran sacerdote.
En su mente, era imposible bloquear todo el bosque y espantar a toda su gente.
—Profesor… lo ha hecho adrede —apretando los dientes, Ilia dijo lentamente —Matando dos pájaros de un tiro, aún sin mancharse las manos.
Pero por qué lo ha hecho… —Creía que el Congreso de Magia estaba de nuestra parte… —preguntó un sacerdote de nivel cinco con confusión.
—Hay conflictos internos en todas partes —se burló Ilia.
Entonces Ilia se dio la vuelta y empezó a rezar al Gran Maestro de Plata, buscando la revelación de su Dios.
Todos los seguidores empezaron a rezar también.
Una sombra negra salió de la túnica de Ilia y fue cubriéndolos a todos poco a poco.
En la oscuridad, todos los seguidores oyeron una voz profunda en su mente, pero solo Ilia podía entender su mensaje.
Pronto la sombra desapareció e Ilia se levantó.
Alzó la mano derecha y dijo a todos los seguidores: —El Gran Maestro de Plata me asegura que, pese al contratiempo de esta noche, seremos capaces de cumplir la tarea, y construir un gran reino sobre la tierra para nuestro auténtico Dios.
—Que camines por la tierra, como caminas por tu reino —respondieron los seguidores envalentonados.
—El Gran Maestro también me ha mostrado una profecía: «Una estrella caída ha traído el caos.
El trono del destino ha perdido a su maestro.
Los no creyentes que caminan en la luz y la oscuridad hará su debut.» —¿Qué significa?
—Preguntó Dragan—.
Es como un poema… —El diablo ha mancillado Aalto.
No podemos verlo con claridad —Ilia agitó la cabeza.
El destino y el tiempo eran los más difíciles de entender.
Incluso el mayor profeta era insignificante frente a una enorme montaña, y todo lo que podía ver era solo una pequeña parte.
…
Lucien durmió muy bien esa noche.
Se despertó con el agradable piar de los pájaros a las ocho de la mañana.
La fiesta terminó muy tarde.
Mucha gente seguía en la cama.
Por eso, nadie llamó a Lucien para ir a desayunar.
Era la primera vez que Lucien disfrutaba de mantas tan buenas y suaves desde que cruzó a este mundo, así que le llevó más de media hora levantarse y vestirse Mientras bajaba las escaleras, una criada se le acercó y le sonrió: —Buenos días Señor Evans, ¿qué le gustaría desayunar?
—Pan, salchicha de queso… con leche, por favor —contestó Lucien.
Pidió un desayuno contundente, ya que tuvo una buena sesión de ejercicio la noche anterior.
—Por supuesto —la criada asintió—.
¿Lo tomará en el comedor o en su habitación, señor?
Lucien echó un vistazo al comedor y vio que Rhine estaba allí sentado.
—En el comedor, gracias.
Cuando Lucien entró en el comedor, Rhine se estaba metiendo un trozo de filete a la boca.
—¡Buenos días Lucien!
—Saludó Rhine—.
Deberías probar el filete, está muy jugoso.
Lucien se sentó frente a él y le dijo a la criada: —Un filete para mí, por favor.
En su punto.
Lucien se dirigió a Rhine y sonrió: —Un buen día empieza con un buen desayuno.
—También es un gran suplemento para un buen ejercicio —dijo Rhine significativamente.
—Evans, Yvette es como una bestia —un joven noble estaba sentado junto a ellos.
Se rio un poco, pero claramente no comprendía la conversación.
—Venga ya, Albay.
No hice nada anoche —Felicia introdujo a este joven a Lucien la noche anterior—.
Me hice daño en el tobillo.
—Ya veo.
No me extraña… —Albay se rio aún más—.
No me extraña que Yvette se fuera a cazar esta mañana temprano y pareciera enfadada.
Bien por ti, Lucien.
El desayuno era agradable.
Al ver que Rhine casi había terminado, Lucien le preguntó rápidamente.
—¿Puedes decirme dónde está… ese sitio de ensueño que me comentaste anoche?
—Como es tan bello como el paraíso, te diré dónde está cuando puedas celebrar tu propio concierto, como premio —Rhine sonrió de forma astuta.
Para él, era muy importante ver el crecimiento de Lucien.
Después de irse Rhine, Albay preguntó a Lucien con curiosidad: —¿Dónde está ese sitio del que hablaban?
—No lo sé.
NO me lo va a decir todavía —contestó Lucien, encogiéndose de hombros.
Lo que sabía es que su vida tenía que volver a la normalidad, al menos durante un tiempo, para poder cumplir el requisito de Rhine lo más pronto posible.
Primero, Lucien debía abandonar el pseudónimo de Profesor.
Terminando su desayuno, Lucien vio a una somnolienta Felicia bajando las escaleras.
La saludó.
—Buenos días, Felicia.
—Buenos días Lucien.
¿Qué tal tu tobillo?
—Ahora está bien —contestó Lucien—.
Lo siento Felicia.
Me temo que hoy no puedo ir a cazar.
Tengo que tratar algunos asuntos personales.
—¿Qué ha ocurrido?
—Preguntó Felicia preocupada.
—Lo siento, pero he de mantenerlo en secreto, Felicia —Lucien mostró una mirada algo extraña—, ya que tiene que ver con la princesa.
—Claro, Lucien —Felicia se quedó sorprendida por un momento —Haré que te traigan una diligencia.
Subiéndose a la diligencia, Lucien pidió al cochero ir primero a la mansión de Lord Venn.
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