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Tsuki no Namida - Capítulo 10

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  4. Capítulo 10 - 10 EL RUJIDO DE LA TORMENTA
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10: EL RUJIDO DE LA TORMENTA 10: EL RUJIDO DE LA TORMENTA La luna llena iluminaba el centro de la aldea.

Ahí estaban Tsuki, Rikuya, Ayame y Akihiko, todos plantados frente a sus enemigos, que permanecían erguidos con una calma arrogante y perturbadora, como si lo supieran todo desde el inicio.

El viento gélido soplaba fuerte, arrastrando copos de nieve que parecían cuchillas al rozar la piel.

Tsuki apretó los puños, y en ese instante el silencio del mundo exterior se quebró con un rugido de batalla.

Corrió hacia adelante junto a los demás, pero cada zancada lo hundía más en sus propios pensamientos.

Su mente oscilaba entre la calidez de los recuerdos más bellos y la oscuridad de lo que había perdido: el rostro del leñador, la promesa rota, la sangre de su madre… Todo lo que no pudo proteger ardía en su pecho.

Y de ese fuego nacía un odio silencioso, un rencor que lo empujaba a no fallar esta vez.

Pero sus pensamientos se vieron arrancados de raíz.

Una tormenta de nieve estalló frente a ellos, cegadora, seguida de un calor insufrible que deformaba el aire como si el mismo cielo se desgarrara.

Entonces, de la ventisca emergió una lanza de hielo que atravesó a Akihiko.

—¡Sensei!

—gritó Tsuki, con la garganta hecha ceniza.

El corazón le dio un vuelco… hasta que el cuerpo de su maestro se desmoronó en polvo, desapareciendo como si nunca hubiera existido.

Akihiko estaba de pie sobre un muro helado, ileso, y en un parpadeo se encontraba ya detrás de su adversario, cuchillo en mano, su mirada tan afilada como el filo que blandía.

Mientras tanto, alrededor de Tsuki, Rikuya y Ayame, dos muros de hielo se alzaron con un estruendo aterrador, sellándolos en una prisión gélida.

Dentro de ese encierro resonaba un silbido extraño, suave, como si alguien tarareara despreocupado en medio de una tarde tranquila.

La contradicción erizaba la piel.

Un resplandor azulado rompió la penumbra, y allí apareció ella.

Una mujer de presencia inhumana, con dos alas que dominaban el aire: una de hielo y otra de nieve.

Su voz era calma, pero cada palabra llevaba la frialdad de un entierro.

—Bienvenidos a mi invierno eterno… Con un solo movimiento de su mano, el suelo se transformó en cuchillas.

Estacas de hielo surgieron como serpientes mortales, mientras la nieve caía como un diluvio de granizo.

Rikuya mantenía sus ojos fijos en la mujer, usando su don para copiar… pero no fue suficiente.

Una estalactita de hielo surgió con violencia y lo atravesó de lado a lado, perforándole el estómago.

El joven cayó sobre la nieve, que se tiñó de rojo.

Tsuki y Ayame quedaron solos frente a la mujer de alas heladas, atrapados en su tormenta.

El verdadero combate apenas comenzaba.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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