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Tsuki no Namida - Capítulo 12

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  4. Capítulo 12 - 12 SOMBRAS DEL PASADO
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12: SOMBRAS DEL PASADO 12: SOMBRAS DEL PASADO La plaza aún estaba cubierta por los fragmentos de hielo y sangre del enfrentamiento.

Yukihime, aunque herida por el último ataque de Tsuki, se mantenía en pie.

Sus alas rotas dejaban un rastro de cristales en el aire, pero sus ojos brillaban con una furia helada.

Tsuki apenas se sostenía con vida, el pecho atravesado por una estaca.

Su respiración era pesada, irregular, pero sus manos aún buscaban fuerza para seguir.

A su lado, Ayame intentaba detener la hemorragia, mientras el silencio del campo de batalla pesaba como una condena.

Entonces, entre la ventisca, una sombra se movió.

Era imposible… pero allí estaba.

—Rikuya… —susurró Ayame, incrédula.

El niño apareció frente a ellos, jadeante, con la mirada encendida.

El Rikuya que habían visto morir era solo un clon, una proyección que había creado desesperadamente para engañar a Yukihime.

Esta vez era el verdadero.

—No voy a dejar que me arrebates a nadie más… —dijo, con una firmeza impropia de sus diez años.

Se lanzó contra la mujer alada, copiando y prediciendo cada uno de sus movimientos.

Por un instante, Yukihime retrocedió, sorprendida por la precisión de aquel pequeño guerrero.

Ayame, viendo la oportunidad, reforzó su sanación en Tsuki, mientras este trataba de ponerse en pie.

Pero la tregua duró poco.

Yukihime sonrió con crueldad.

Elevó sus manos al cielo y desató una tormenta de estacas más rápidas, más mortales.

Una de ellas atravesó a Rikuya de verdad esta vez, perforándole el costado y lanzándolo contra la nieve.

Su cuerpo quedó inmóvil, apenas respirando, mientras la sangre se expandía bajo él como un manantial oscuro.

—¡Rikuya!

—gritó Tsuki, con una voz quebrada por la desesperación.

Ese instante lo cambió todo.

El aire se volvió denso, como si el mundo se inclinara hacia un único centro: Tsuki.

La tormenta de nieve se disipó bajo un calor sofocante, la tierra tembló bajo sus pies, y la gravedad misma comenzó a distorsionarse.

Su cuerpo, aún atravesado por el hielo, parecía ignorar el dolor.

Sus ojos brillaron con un patrón extraño, azulado y negro, una energía alienígena imposible de comprender.

Con un parpadeo, apareció frente a Yukihime.

El primer golpe le quebró el rostro, el segundo sus costillas, el tercero sus alas ya dañadas.

Cada movimiento de Tsuki era brutal, desmedido, imposible de detener.

Yukihime, atrapada en su propio Tōsō, su dominio del invierno absoluto, no pudo frenar aquella avalancha de destrucción.

El mundo se redujo a los golpes de Tsuki.

La nieve se derritió, el suelo se quebraba, y Yukihime quedó reducida a un cuerpo destrozado, apenas consciente, incapaz de moverse.

Tsuki alzó su puño una última vez, el golpe final que borraría su existencia.

Pero en ese instante, una mano firme detuvo su brazo.

—Suficiente, Tsuki.

Era Akihiko.

Había descendido del techo del ayuntamiento, dejando atrás su propia batalla contra Kurogane.

Su mirada, seria y fría, no reflejaba reproche, sino una verdad más pesada: si Tsuki daba ese golpe, no habría vuelta atrás.

El niño respiraba como una bestia enjaulada, con los ojos ardiendo en furia.

Pero la presión del mundo alrededor empezó a ceder, la gravedad se normalizó, el calor desapareció y la tormenta volvió a ser solo una brisa helada.

Yukihime, al borde de la muerte.

Rikuya, desangrándose en la nieve.

Ayame, de rodillas, suplicando por salvar a ambos.

Y Tsuki, detenido en el umbral de convertirse en algo que ni siquiera él comprendía.

La luna fue la única testigo de esa noche, iluminando un desenlace que no era victoria, sino advertencia.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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