Tsuki no Namida - Capítulo 13
- Inicio
- Todas las novelas
- Tsuki no Namida
- Capítulo 13 - 13 EL DIRECTOR DEL DESTINO
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
13: EL DIRECTOR DEL DESTINO 13: EL DIRECTOR DEL DESTINO Akihiko dio un paso al frente, interponiéndose entre Tsuki, que yacía inconsciente, y la mole incandescente que era Kurogane.
Antes de enfrentarlo, se giró un instante hacia su amigo, sus palabras firmes y tranquilas, como si fueran un bálsamo: —La rabia es pasajera y el rencor es solo la encarnación de las inseguridades… lo único incorregible es la muerte.
Los ojos de Tsuki se cerraron, y con ese último suspiro de calma, se desplomó.
Ayame se apresuró a atenderlo, sus manos temblando mientras intentaba mantenerlo estable, sin descuidar tampoco a Rikuya, que seguía herido.
La batalla contra Yukihime había terminado, pero la verdadera amenaza apenas estaba comenzando.
Kurogane descendió con un estruendo, aplastando el suelo bajo sus pies y esparciendo ondas de calor abrasador.
El aire se volvió sofocante, como si un volcán hubiera despertado en medio de la aldea.
Sus ojos encendidos se clavaron en Akihiko, y su voz, tan grave como el rugido de la tierra, marcó sentencia: —Los débiles caen y los fuertes se alzan.
Esa es la ley de la vida.
Si Yukihime cayó… es porque no estaba a la altura de vivir más tiempo.
La declaración no dejó espacio a dudas: para Kurogane, la vida no era más que una competencia, una criba eterna donde solo los más aptos sobrevivían.
El duelo comenzó de inmediato.
Kurogane blandió sus dos katanas, que ardían como soles negros, y cada golpe era acompañado de explosiones de magma que devoraban cuanto tocaban.
El suelo se resquebrajaba, los edificios se fundían como cera.
Yukihime había sido peligrosa, pero Kurogane era un cataclismo viviente.
Y aun así, Akihiko no retrocedió.
Cada movimiento suyo era preciso, como si ya hubiera visto aquel combate antes de que ocurriera.
No solo seguía el ritmo de su oponente: parecía anticiparse, desviando cada corte un instante antes de que llegara, esquivando cada llamarada justo en el segundo exacto.
Kurogane gruñó, incrédulo ante la calma de su rival.
Entonces, con un gesto violento, liberó una nube densa de humo negro que cubrió todo el campo de batalla, un manto impenetrable que anulaba cualquier visión.
—Veamos cuánto puedes prever sin tus ojos —escupió entre carcajadas.
Akihiko, sin inmutarse, se ató una venda sobre los ojos y permaneció inmóvil, esperando.
El silencio cayó como una guillotina.
De pronto, Kurogane se lanzó a matar, un torbellino de fuego y acero que hubiera reducido a cenizas a cualquiera.
Pero Akihiko esquivó.
Paso tras paso, movimiento tras movimiento, lo evitaba todo como si la danza ya estuviera escrita.
—¡¿Cómo es posible?!
—rugió Kurogane, completamente incrédulo—.
¿Cómo puedes saberlo, con o sin vista?
Akihiko inclinó apenas la cabeza, y con voz serena dejó caer su respuesta: —Todo es un espectáculo con guion… pero yo soy mi propio director.
El choque entre ambos continuó, un duelo entre magma y destino, mientras el cielo ennegrecía sobre Kazemura.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com