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Tsuki no Namida - Capítulo 26

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  4. Capítulo 26 - 26 CRIAS CUERVOS
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26: CRIAS CUERVOS?

26: CRIAS CUERVOS?

Tsuki estaba despierto.

Sentado al borde de la cama del hospital, observaba cómo la luz de las lámparas temblaba levemente con cada ráfaga de viento.

El latido dentro de él permanecía en silencio, demasiado quieto, como un animal que finge dormir.

—No salgas —susurró la voz en su mente—.

Aún no.

Tsuki ignoró el aviso.

Se puso de pie y avanzó hacia la salida del hospital.

Necesitaba aire.

Necesitaba comprobar que el mundo seguía siendo real.

No llegó lejos.

Las puertas se abrieron de golpe.

—¡Tsuki!

Mika entró primero, respirando con dificultad.

Detrás de ella venía Me, pálido, con la mirada fija en el suelo, como si algo lo persiguiera incluso allí.

—¿Qué pasó?

—preguntó Tsuki de inmediato.

Mika lo miró de arriba abajo, incrédula.

—Pero… estás aquí.

Me levantó la vista lentamente.

Cuando sus ojos se cruzaron con los de Tsuki, algo en su expresión se quebró.

—Corrimos porque… —empezó Mika, pero Me la interrumpió.

—Encontramos un cadáver —dijo, seco—.

En la salida de la aldea.

El silencio cayó como una losa.

—Se parecía a ti —continuó, con la voz apenas sostenida—.

Demasiado.

Tsuki sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

—¿Dónde está?

—preguntó.

Me negó con la cabeza.

—No lo viste.

Y no deberías.

Mika dio un paso adelante.

—Pensamos que eras tú —dijo—.

Vinimos corriendo para avisar… y te encontramos vivo.

Por un instante, nadie habló.

Entonces el mundo estalló.

La explosión sacudió el hospital desde sus cimientos.

Las paredes se abrieron como papel, el techo crujió, y una luz cegadora devoró el pasillo.

Tsuki fue lanzado contra el suelo, con un pitido agudo llenándole los oídos.

Cuando logró incorporarse, el humo lo cubría todo.

—¡Fuera!

—gritó Me—.

¡Ahora!

Salieron entre escombros y llamas.

Y allí estaban.

Dos figuras emergían del polvo frente a la entrada destruida del hospital.

Sus siluetas eran oscuras, casi irreales, y sobre sus pechos brillaba el mismo símbolo carmesí: Un cuervo.

Posado sobre una rama.

El corazón de Tsuki se detuvo.

El mundo se contrajo a ese símbolo.

—No… —susurró.

No reaccionó.

El primer golpe lo alcanzó antes de que pudiera moverse.

El segundo lo lanzó contra el suelo.

El tercero apagó el aire de sus pulmones.

Tsuki no se defendió.

Porque ya no estaba allí.

Arena ardiente bajo un sol sin sombra.

Cadenas.

Gritos que nadie escuchaba.

—Si sobrevives, servirás —decía una voz lejana.

Una ciudad blanca alzándose en el desierto.

El cuervo rojo grabado en un hombro.

Dolor.

Y obediencia.

Tsuki volvió en sí con un jadeo.

El hospital ardía a sus espaldas.

Me estaba de rodillas, sangrando, pero consciente.

Mika yacía cerca, respirando con dificultad, los ojos aún abiertos.

—Se fueron… —murmuró ella—.

Como si solo hubieran venido a verte.

Tsuki apretó los puños.

El latido regresó.

Más firme.

—No buscaban destruir —dijo—.

Buscaban recordar.

Alzó la mirada hacia la noche sobre Kazemura.

No huía de su pasado.

El pasado había venido a reclamarlo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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