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Tsuki no Namida - Capítulo 28

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  4. Capítulo 28 - 28 REFUGIO
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28: REFUGIO 28: REFUGIO El tiempo no retrocedió.

Se desgarró.

Y Tsuki volvió a ser un niño.

No había Kazemura.

No había entrenamiento.

No había elección.

Solo una ciudad blanca levantándose en medio del desierto, brillante como un espejismo y cruel como una jaula.

Allí vivía su padre.

Allí la tortura era llamada disciplina.

La disciplina era llamada amor.

Y el dolor… era considerado un privilegio.

—Resiste —decía su padre mientras las descargas recorrían su cuerpo pequeño—.

Si sobrevives, significará que te queremos lo suficiente como para moldearte.

Tsuki aprendió temprano que gritar era inútil.

Aprendió que llorar solo prolongaba el proceso.

Aprendió que el único lugar donde el dolor no lo alcanzaba… era el borde de la muerte.

La calma antes del último latido.

Ese era su refugio.

El hombre del cuervo apareció por primera vez cuando Tsuki tenía diez años.

No habló.

No sonrió.

Solo lo observó como se observa un arma antes de decidir si vale la pena usarla.

Días después, lo escoltaba por las calles de la ciudad.

Por primera vez, Tsuki salía sin cadenas.

El sol caía sobre las calles de piedra blanca, y la gente apartaba la mirada al verlo.

Pero no todos.

En un callejón estrecho, tres figuras los observaban.

—Ese chico… —susurró uno—.

Vale dinero.

Esperaron.

Cuando el hombre del cuervo giró una esquina… desapareció.

Simplemente dejó de estar.

Tsuki se quedó solo.

—Así que eras tú —dijo uno de los maleantes, bloqueando la salida.

Sus pieles comenzaron a rasgarse.

No eran humanos.

Las máscaras cayeron.

Estructuras óseas ajenas, ojos múltiples, extremidades deformándose en armas orgánicas.

Alienígenas.

Sonrieron.

El primer golpe partió el aire.

El segundo lo lanzó contra el muro.

Tsuki no se defendió al principio.

No porque no pudiera.

Sino porque, en lo más profundo, una parte de él susurraba: Al fin.

El refugio.

El descanso.

Pero algo cambió.

Uno de ellos rió.

Y en esa risa Tsuki escuchó lo mismo que en la voz de su padre.

Propiedad.

Algo dentro de él se quebró.

El siguiente movimiento no fue de un niño.

Fue de un depredador.

Se teletransportó.

Apareció frente a uno de ellos.

Y con una fuerza imposible para su tamaño, casi le partió las piernas hacia atrás.

El grito llenó el callejón.

Otro avanzó.

Tsuki desapareció de nuevo.

Apareció detrás.

Y esta vez no dudó.

El sonido fue húmedo.

Final.

Pero el tercero fue más rápido.

Una hoja curva atravesó su espalda.

El mundo se volvió rojo.

Tsuki cayó.

Respiraba con dificultad.

La sangre se extendía bajo su cuerpo.

—Al fin… —susurró—.

Refugio.

Entonces el aire se partió.

El hombre del cuervo regresó.

No caminó.

Desaparecía.

Reaparecía.

Cada movimiento suyo deformaba el espacio.

Los golpes de los alienígenas parecían destruir el aire mismo, pero nunca lo tocaban.

El cuervo rojo brilló en su pecho.

Uno cayó.

Luego otro.

Luego silencio.

El hombre miró a Tsuki desde arriba.

—Aún no —dijo.

Oscuridad.

Tsuki despertó con un jadeo violento.

La sala de entrenamiento estaba en penumbra.

No era el pasado.

Era ahora.

Se llevó una mano al pecho.

El latido seguía allí.

—Es difícil olvidar un trauma —murmuró—.

Pero entenderlo… ayuda.

Una presencia emergió desde las sombras.

Arashi.

—Buenos días —dijo con calma—.

¿Puedes hablar conmigo?

Tsuki no se giró.

—Solo fue una visión del pasado —respondió—.

Pero me ayudó a aclarar algo del futuro.

Silencio.

El aire cambió.

Un sonido cortó la oscuridad.

Un cuchillo.

Viajando directo a su nuca.

Tsuki lo atrapó sin voltear.

Sin mirar.

El metal vibró entre sus dedos.

—Te lo dije —murmuró.

Arashi no sonrió.

Pero sus ojos… Por primera vez… Mostraron interés real.

Y en algún lugar, muy lejos, el símbolo del cuervo rojo ardió una vez más.

La presencia en el aire se volvió más densa.

Como si algo antiguo hubiera abierto los ojos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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