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Tsuki no Namida - Capítulo 8

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  4. Capítulo 8 - 8 la gran prueba
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8: la gran prueba 8: la gran prueba El amanecer trajo un aire distinto a la academia.

Los pasillos resonaban con el bullicio de los jóvenes que apenas comenzaban a forjar su destino.

Tsuki, acompañado de Rikuya y Ayame, fue guiado por los instructores hacia el patio de entrenamiento.

Allí, de pie bajo la sombra de un árbol, los esperaba su nuevo maestro: Akihiko, el hombre de las mil formas, miembro del legendario clan Ryū no Kage.

Su sola presencia imponía silencio.

Su porte sereno, los ojos fríos pero penetrantes, daban a entender que aquel hombre no solo había visto guerras, sino que las había vencido.

—Bienvenidos —dijo con voz grave—.

Ustedes son mis nuevos alumnos, los tres elegidos para formarse bajo mi mando.

Desde hoy, sus vidas estarán ligadas por la espada, la sangre y la lealtad.

Los observó en silencio, dejando que el peso de sus palabras los hundiera en la realidad que les esperaba.—Preséntense.

Rikuya fue el primero en dar un paso al frente.—Soy Rikuya del clan Kagemitsu.

Mi habilidad es copiar lo que mis ojos ven.

Todo lo que mi oponente haga… puedo devolverlo.

Ayame sonrió suavemente, aunque sus manos temblaban un poco.—Mi nombre es Ayame.

Soy sanadora.

Mi deber es mantener con vida a quienes pelean a mi lado, aunque tenga que caer en su lugar.

Finalmente, Tsuki bajó la cabeza.—Me llamo Tsuki.

Y… daré todo de mí, sin importar lo que me cueste.

Akihiko los escuchó sin interrumpir.

Una leve curva se dibujó en su boca, algo parecido a una sonrisa.—Bien.

No basta con palabras.

Vamos a la práctica.

Con un movimiento de manos, mostró dos pergaminos que colgaban de su cinturón.—Hoy tienen una prueba.

Sus reglas son simples: quítenme estos pergaminos.

El que no obtenga ninguno, no comerá al mediodía.

Los que lo logren, podrán quedarse con las técnicas que contienen.

Rikuya arqueó una ceja.—¿Eso es todo?

Akihiko inclinó la cabeza, divertido.—Eso es todo.

Y en un parpadeo, desapareció.

La demostración de los cinco pilares Tsuki apenas alcanzó a reaccionar cuando un rodillazo lo golpeó en el abdomen, lanzándolo al suelo.

Akihiko apareció frente a ellos con una calma inquebrantable.—Tesshū —dijo, mientras con un barrido de piernas derribaba a Rikuya y Ayame al mismo tiempo—.

El cuerpo en sí es un arma.

Antes de que pudieran recuperarse, el maestro ya estaba detrás de Rikuya.

El mundo del chico se tornó oscuro, como si lo hubiera tragado un abismo infinito.—Gen’yō.

Un mundo ilusorio creado en la mente del enemigo.

Si mueres allí… mueres aquí.

Un chasquido de dedos bastó para liberarlo.

Rikuya cayó jadeando al suelo, empapado en sudor frío.

Ayame intentó cubrir a Tsuki con un muro de luz, pero Akihiko lo disolvió en una llamarada que se transformó en agua y después en ráfagas de viento que la empujaron contra un árbol.—Rei Jutsu.

Los elementos se doblan al poder del Shinsei.

Tsuki se teletransportó a sus espaldas, lanzando un puñetazo.

Akihiko lo desvió con un simple cuchillo, haciéndolo rodar por el suelo.—Kensei.

El dominio del arma.

En manos correctas, hasta una piedra basta para matar.

El suelo tembló, y de las grietas surgieron serpientes negras que rodearon a los tres estudiantes.—Kanshō.

La invocación de aliados del otro mundo.

Los tres pelearon con desesperación, pero Akihiko se movía con gracia implacable, como si cada paso estuviera escrito de antemano.

La lección verdadera El maestro los tenía contra el suelo.

Tsuki jadeaba, con el labio roto, la ropa hecha trizas.

Akihiko giró el cuchillo en su mano y los miró con frialdad.—¿De verdad creyeron que podían derrotar al hombre que borró de la faz de la tierra al clan Raiketsu?

El silencio cayó como plomo.

Pero entonces, Tsuki comprendió.”No se trata de vencerlo… solo de arrebatar lo que guarda.” Con un grito, se lanzó directo al cinturón de Akihiko.

Rikuya lo imitó, mientras Ayame los cubría con un destello cegador.

El maestro apenas entrecerró los ojos, sorprendido.

Ese fue todo el margen que necesitaron.

Tsuki arrancó un pergamino.

Rikuya tomó el otro.

Akihiko no se movió.

Guardó silencio unos segundos y luego asintió con firmeza.—Eso es.

Un Shinsei no gana solo con fuerza bruta.

Gana con ingenio, cooperación y estrategia.

El aire se volvió más ligero, y por primera vez, los tres estudiantes respiraron aliviados.

—Pasaron la verdadera prueba —concluyó el maestro—.

Ahora… empieza su entrenamiento real

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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