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Tsuki no Namida - Capítulo 9

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  4. Capítulo 9 - 9 sombras en la aldea
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9: sombras en la aldea 9: sombras en la aldea El entrenamiento con Akihiko había terminado, pero no hubo tiempo para descansar.

El sensei reunió al equipo en la sala de la academia.—Hay rumores de que en las aldeas más alejadas de Kazemura se mueve una organización criminal.

No sabemos quiénes son ni qué buscan, pero la gente está viviendo con miedo —explicó con seriedad.

—¿Nuestra misión es investigar esos rumores?

—preguntó Tsuki, ansioso.

Akihiko asintió.—Sí.

Este será su primer encargo real.

Ya no entrenarán contra mí, sino contra la amenaza que acecha a nuestro país.

Con esas palabras, partieron al norte.

El viaje fue largo y silencioso.

Los caminos atravesaban bosques frondosos y montañas cubiertas de neblina.

A medida que avanzaban, todos podían sentirlo: una calma demasiado extraña, como si algo oscuro los esperara.

Cuando llegaron a la aldea, lo primero que notaron fue el silencio.

Las casas estaban cerradas, las ventanas bloqueadas, y las calles vacías transmitían una tristeza sofocante.

Ayame, inquieta, murmuró:—Esto no parece una aldea… parece un lugar maldito.

Para sorpresa de los chicos, Akihiko caminó hasta el centro de la plaza y comenzó a hacer trucos de magia elemental: una esfera de agua que flotaba, un destello de fuego en el aire, un rayo que brilló como chispa juguetona.

Poco a poco, los aldeanos comenzaron a salir de sus casas, atraídos por la curiosidad.

Entre risas tímidas y miradas de sorpresa, la tensión del lugar comenzó a disiparse.

Fue entonces cuando un anciano, con el rostro arrugado por la preocupación, se acercó al grupo.

Miró primero con desconfianza, pero al escuchar que eran un equipo de ayuda enviado por Kazemura, su voz temblorosa se abrió paso:—Hace meses, una organización apareció en las aldeas cercanas… exigen tributos de cien mil zenis cada mes.

Quien no paga, paga con su vida.

El mes pasado no pudimos reunir el dinero… y uno de sus líderes, acompañado por una mujer, asesinaron a nuestro jefe de aldea frente a todos.

Desde entonces, vivimos con miedo.

Los aldeanos se reunieron alrededor del anciano y, casi al unísono, extendieron una bolsa con 50.000 zenis.—Por favor, protéjannos —suplicaron.

Akihiko levantó la mano y negó.—Aceptaremos… pero con una condición: no recibiremos el pago hasta haber cumplido el encargo.

El trato estaba hecho.

Y desde ese día, comenzó la preparación para la trampa.

Durante una semana, Akihiko entrenó a Tsuki y Rikuya de forma intensa.

Tsuki se concentró en el estilo del rayo, mientras que Rikuya trabajó con el fuego.—El relámpago es velocidad y precisión, Tsuki.

No basta con desatar poder… debes ser tan rápido como el rayo que no se deja atrapar —le repetía Akihiko.

Rikuya, gracias a su habilidad de copiar técnicas, aprendió rápidamente las formas básicas.

Sin embargo, carecía de la destreza para dominarlas.

Su fuego era fuerte, pero inestable.

Tsuki, en cambio, avanzaba con pasos más lentos pero firmes.

Su rayo alcanzó una intensidad sorprendente: aunque solo era un 6/10, superaba por mucho lo esperado en un aprendiz.

Un Shinsei promedio tardaba años en alcanzar esa cifra.

Al final de la semana, las diferencias eran claras: Rikuya dominaba fuego y agua en un 4/10, mientras que Tsuki alcanzaba un 6/10 con el rayo.

La trampa estaba lista.

Todo lo que restaba era esperar el regreso de la organización.

El 1 de octubre, bajo la luz de una luna llena que bañaba la aldea en un resplandor frío, llegó el momento.

En el techo del ayuntamiento apareció un hombre de figura imponente.

Sus ojos brillaban con crueldad mientras miraba hacia abajo, como si todo el pueblo le perteneciera.

A su lado, sentada con calma, estaba una mujer con una máscara blanca.

Sus manos estaban manchadas de sangre y de hielo, como si acabara de terminar una ejecución.

El aire se volvió pesado.

Los aldeanos, escondidos en sus casas, contenían la respiración.

Akihiko dio un paso al frente junto a Tsuki, Rikuya y Ayame.—Ha llegado la hora —susurró el sensei.

La trampa estaba tendida.

Y el destino del pueblo dependía de esa noche

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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