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Twilight: Un extraño en Forks - Capítulo 12

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12: Capítulo 12 12: Capítulo 12 CAPÍTULO 12 Logan contuvo la respiración…

La puerta se abrió antes de que terminara de golpear.

La oscuridad de la noche caía y envolvía con sus sombras frías la casa de cristal en medio de la absoluta nada.

Convirtiendo el bosque en un muro vivo y asfixiante.

Una mujer menuda, de pelo castaño, rostro angelical y una figura perfecta lo miró con una sonrisa que parecía recién salida del horno —caliente, acogedora, demasiado para este infierno de frío—.

Parecía perfecta, demasiado para ser verdad…

—Tú debes ser Logan —dijo con esa voz cálida, abrazando su nombre, como si lo hubiera estado esperando todo este tiempo, ajena a la oscuridad y peligro que acechaba entre los árboles—.

Carlisle me habló de ti.

Pasá, está helando afuera.

El olor le pegó de lleno: canela, vainilla, galletas recién hechas… y debajo, podredumbre.

Algo muerto que se disfrazaba de hogar.

Podía engañar a cualquiera, a él no.

El frío le oprimió el pecho, escalofríos corriendo por su espalda como dedos invisibles, mientras el aroma lo sofocaba como un golpe al hígado.

Era una loba con piel de oveja.

Un depredador que te sonríe mientras te parte el cuello, con un aura aterrador envuelta en dulzura falsa.

Logan tragó saliva, los músculos tensos bajo la camiseta empapada por el sudor.

—Gracias… —respondió, entrando con pasos pesados.

Genial, Jimmy.

La vampira más dulce de todos… y la que más ganas te da de salir corriendo, mientras el bosque susurraba que algo peor acechaba en la niebla.

Él la miró a los ojos, pasando a su lado y lo notó… el extraño comportamiento.

Similar a cuando estaba cerca de Edward en la escuela.

Esa mirada incómoda, esa postura como reprimiendo o preguntándose ¿qué demonios sucede aquí?

La señora Cullen trató de ocultarlo de la mejor manera.

No, no le funcionó.

—Logan, Carlisle, mi esposo, intuyó que podrías visitarnos.

Te preparé galletas, me diste una excusa para usar la cocina después de años —ella trató de aligerar el ambiente tenso—.

Me presento: Esme Cullen, solo Esme está bien.

Le extendió su pequeña mano pálida.

—Un placer, señora Esme —al estrechar su mano sintió el frío—.

Sus ojos se encontraron por un momento.

El color café dorado en su mirada le alteró los sentidos, demasiado irreal para ser humana…

Esme se quedó mirando sus ojos oscuros un segundo de más.

Su rostro parecía cansado…

Ese chico era enorme, sí… pero también estaba roto.

Lo veía en la forma en que apretaba la mandíbula, en cómo sus hombros parecían cargar algo demasiado pesado para ser tan joven.

El olor que desprendía —cálido, salvaje, casi doloroso— le revolvió algo dentro que no esperaba.

No era solo un humano peligroso.

Era algo más.

Y por primera vez en décadas, sintió el impulso de abrir los brazos y protegerlo… aunque supiera que él jamás se dejaría.

Ella lo condujo por el pasillo de la entrada hasta el salón principal.

Demasiado iluminado, demasiado vivo.

Este lugar era inquietante, muy perfecto…

Y por supuesto Esme lo vio.

—¿Esperabas encontrar otra cosa?

—preguntó Esme con una pequeña sonrisa—.

Logan apreció un poco la intención de aligerar la tensión creciente.

—Creo que me esperaba algunas mazmorras y personas atadas —respondió burlonamente, escaneando todo el lugar, sintiéndose algo incómodo.

Esme lo miró suavemente y le lanzó una sonrisa un poco extraña.

—No hacemos eso…

Pero te puedo mostrar mi ataúd para dormir si quierés—ella solo quiso burlarse un poco de su incomodidad—.

No pasó mucho tiempo cuando sintió una presencia que venía desde arriba en las escaleras.

Cuando alzó su mirada vio a una rubia con belleza anormal, mirándolo con ojos fríos…

Ella sin filtro le habló.

—¡Carlisle no está aquí!

—su voz tenía una violencia clara—.

¡Y un humano como tú no es bien recibido en esta casa!

Ella mostraba un profundo enojo, dientes apretados, sus ojos clavados en Logan…

Su aura se volvió oscura, el aire cambió y se volvió pesado.

En ese momento de verdad sintió que un animal salvaje lo estaba observando…

Él solo pudo suspirar…

Miró hacia Rosalie y una sonrisa incómoda se dibujó en su rostro…

Restaurante – Edward y Bella Edward observaba cómo Bella comía tímidamente de su plato.

Las luces tenues amarillas del restaurante creaban una atmósfera cálida entre ellos.

Un silencio cómodo se presentaba en el lugar.

Alrededor, las demás personas disfrutaban del lugar y la comida mientras charlaban, sin percatarse del depredador no humano con el cual compartían espacio…

—Debes darme algunas respuestas… —Bella habló sin comprender qué hacía allí del todo—.

Edward solo apartó la vista un momento.

—Sí, no —respondió con una voz baja—.

¿Para llegar al otro lado?

Bella solo negó con la cabeza, molesta.

—1,7724 —Edward siguió dando respuestas tontas—.

—No te pedí la raíz cuadrada de pi —le dijo Bella enojada—.

—¿Acaso ya lo sabías?

—una pequeña sonrisa divertida apareció en el rostro de él—.

—¿Cómo supiste dónde estaba?

—volvió a preguntar Bella sin humor—.

—No lo sabía… —susurró Edward sin mirarla a los ojos—.

Bella, frustrada, solo negó con la cabeza y se preparó para irse del lugar.

Edward la miró sin estar seguro de qué hacer.

Con una mirada sincera solo alcanzó a decirle: —Por favor, Bella, no te vayas —apareció una mirada extraña en su rostro, un sufrimiento interior lo consumía, su cuerpo se sentía cansado—.

—¿Me estabas siguiendo?

—preguntó Bella insegura de qué creer en ese momento—.

Edward miró a su alrededor.

No podía mirarla en ese momento de frente.

Con voz pesada dijo: —Sí, sí lo hice… —Es solo que… siento esta necesidad de protegerte, ¿sabes?

No puedo evitarlo.

—Yo solo iba a observar y mantener la distancia… —le contestó Edward— solo si necesitabas mi ayuda intervendría.

Pero luego escuché lo que pensaban y yo solo…

Bella, sin estar segura de qué sentir, preguntó rápidamente qué significaba eso.

—¡Espera!

—Dijiste antes que podías escuchar sus pensamientos… —Bella continuó tímidamente— ¿Acaso lees la mente?

Preguntó sin estar segura de cómo formuló esa pregunta.

Solo la idea misma la hizo sentir extraña.

Edward la miró un segundo largo.

A cada momento se podía observar cómo perdía fuerza su mirada.

Se dejó recostar sobre la silla un momento.

Volvió su atención solo a Bella y dijo: —Puedo leer la mente de todos en este lugar… —contestó Edward—.

—Todas excepto la tuya.

Observá —con su mirada señaló a diferentes personas a su alrededor—.

Sexo, dinero, sexo, poder…

—Y después eres tú.

No puedo escuchar nada… —habló con voz frustrada— es muy molesto.

—¿Por qué?

¿Acaso tengo algo malo conmigo?

—preguntó insegura Bella.

Edward solo se rió de su comentario.

—¿Te mencioné que sé leer mentes y tú piensas que hay algo malo contigo?

Por primera vez Bella observó cómo reía.

Se le formó una sonrisa encantadora y una mirada sincera.

Pero volvió a sentir ese momento tenso.

Una presión los envolvió y una sensación de inquietud los golpeó de repente…

Ella se dio cuenta de la extraña atmósfera que envolvió a ambos.

—¿Qué sucede?

—una sensación extraña oprimía su pecho—.

Él se acercó un poco más a ella.

Su escudo se rompió un segundo y habló con sinceridad: —Es solo que… —no encontraba las palabras— me es difícil estar lejos de ti.

—Ya no tengo la fuerza para alejarme.

Nunca más… —Edward suspiró.

Sintió que su cuerpo se volvía ligero y un peso invisible se alejaba de él.

Los dos cruzaron su mirada.

No había incomodidad, solo un deseo, una obsesión.

Querían que ese momento durara para siempre… Continuará…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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