Twilight: Un extraño en Forks - Capítulo 23
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23: Capítulo 20 23: Capítulo 20 Si volví.
Perdón por la espera 🐻 CAPÍTULO 20 — > Casa Swan Medianoche La lluvia golpeaba la ventana de Bella con una paciencia interminable.
Forks parecía no dormir nunca.
El viento arrastraba ramas contra el cristal, el cielo entero gemía en tonos grises y oscuros, y la casa estaba sumida en ese silencio extraño que solo existe cuando todos duermen menos una persona.
Bella estaba sentada en el suelo, junto a su cama.
Descalza.
Con las piernas cruzadas.
Y una sensación.
Extraña en su pecho.
El libro abierto sobre sus rodillas.
Leyendas Quileute.
La tapa estaba gastada en los bordes.
Algunas páginas dobladas.
Otras marcadas con lápiz.
Lo había hojeado antes.
Lo había leído sin entender.
Pero esta noche era distinto.
Ahora cada palabra parecía mirarla de regreso.
Bella tragó saliva y siguió leyendo.
> Los fríos no envejecen.
Su piel es dura como piedra.
Son hermosos para atraer a sus presas.
Sus ojos cambian según el hambre.
El olor de la sangre los llama.
Bella cerró los ojos.
Edward.
Su piel helada.
La velocidad imposible.
La forma en que aparecía sin hacer ruido.
Los ojos dorados.
Los cambios en su voz cuando estaba cerca de ella.
La intensidad.
El peligro.
Abrió los ojos rápidamente y pasó de página.
> Los espíritus protectores tomaron forma animal.
Caminan como hombres y luchan como bestias.
Su sangre responde cuando los fríos se acercan.
El cuerpo cambia para combatir.
Un escalofrío recorrió sus brazos.
Logan.
Su fuerza.
La camioneta deteniéndose contra una mano humana.
La curación absurda.
El tamaño de sus hombros.
Cómo parecía distinto cada semana.
Más grande.
Más fuerte.
Más… algo.
Su respiración se volvió lenta.
Recordó el estacionamiento.
El metal doblándose.
El cuerpo de Logan cubriéndola.
Sus brazos alrededor de ella.
La presión de su pecho.
El olor cálido, húmedo, salvaje.
Nada parecido al perfume limpio y distante de Edward.
No.
Logan olía a bosque mojado.
A tierra removida.
A algo vivo.
Y peligroso.
Bella bajó la vista hacia el libro.
Sus dedos temblaban apenas.
> Algunos portan dentro de sí un espíritu mayor.
Cuanto más fuerte la amenaza… más feroz la transformación.
—No… —susurró.
Pero la palabra salió vacía.
Porque sí.
Sí podía ser.
Recordó la cafetería.
Cómo Logan reaccionaba al ver a los Cullen.
Cómo su mandíbula se cerraba.
Cómo el aire se volvía pesado.
Cómo ella misma se sentía cerca de él.
Pequeña.
Vulnerable.
Como si una parte muy antigua de su cuerpo entendiera algo antes que su mente.
Presa.
Bella apartó el libro de golpe.
Se puso de pie y caminó hasta la ventana.
La abrió apenas.
El aire frío entró directo a su rostro.
Necesitaba pensar.
Necesitaba negar.
Necesitaba dejar de recordar cosas que ahora tenían demasiado sentido.
Edward leyendo mentes.
Jacob hablando en La Push con media sonrisa, como si dijera más de lo que parecía.
Los Cullen evitando ciertas zonas.
Logan alterándose cuando estaban cerca.
Rosalie mirándolo con rabia… y algo parecido al miedo.
Bella apoyó una mano en el marco de la ventana.
La lluvia mojaba sus dedos.
—Todos me mintieron… —dijo en voz baja.
Y eso fue lo que más dolió.
No lo imposible.
No monstruos.
No secretos antiguos.
Las mentiras.
Volvió hacia la cama y tomó el libro otra vez.
Leyó hasta que las letras comenzaron a mezclarse.
Buscó en internet.
Viejos foros.
Historias locales.
Archivos ridículos.
Leyendas repetidas una y otra vez.
La mayoría sonaban absurdas.
Pero ella ya había visto cosas absurdas.
La noche avanzó sin que lo notara.
Una.
Dos.
Tres de la mañana.
Cada recuerdo volvía distinto.
La mirada de Edward en el restaurante.
La forma en que Logan la había acorralado dentro de la camioneta con solo acercarse.
Su voz grave.
Sus ojos negros, demasiado negros.
La sensación de calor subiendo por su cuerpo cuando él estaba cerca.
Bella se dejó caer sobre la cama.
Miró el techo.
No había dormido nada.
Y ya sabía una cosa.
Logan no iba a decírselo por voluntad propia.
Tendría que obligarlo.
Una idea comenzó a formarse lentamente.
Era simple.
Riesgosa.
Pero.
Perfecta.
Sonrió apenas.
— > 6:18 AM La lluvia seguía cayendo cuando el teléfono vibró entre sus manos.
Bella había esperado la hora exacta.
Ni demasiado temprano.
Ni demasiado tarde.
Miró la pantalla unos segundos antes de escribir.
Bella: ¿Quieres que te pase a buscar hoy?
Se quedó observando el mensaje enviado.
Su corazón latía rápido.
No por la escuela.
No pensaba ir.
Cinco minutos después la respuesta llegó.
Logan: ¿No se enojara tú novio pálido ?.
Bella rodó los ojos.
Incluso ahora.
Bella: ¿Quieres o no?
Tres puntos aparecieron.
Desaparecieron.
Volvieron.
Logan: Sí.
No tardes.
Bella sonrió.
Cayó.
Bella: Paso en veinte.
––– Bella casi no durmió.
Cada vez que cerraba los ojos veía imágenes mezcladas.
Edward mirándola con hambre contenida.
Logan cubriéndola del metal.
Rosalie temblando frente a él.
Jacob diciendo “solo son historias viejas.” Y el libro abierto en el suelo como una amenaza.
––– Se vistió rápido.
Jeans.
Chaqueta gris.
Cabello recogido a medias.
Bajó las escaleras con pasos silenciosos.
Charlie tomaba café en la cocina.
Levantó una ceja al verla lista tan temprano.
—Milagro.
—No empieces.
—¿Escuela voluntaria?
¿Enfermaste?
Bella tomó las llaves de la camioneta.
—Tengo que pasar a buscar a Logan.
Charlie la miró por encima de la taza.
—¿Jimmy?
—Sí.
—Me cae bien ese chico.
Bella evitó responder.
—Si, eso ya lo dijiste antes.
—Bella.
Ella se giró en la puerta.
—Ten cuidado.
La ruta está un poco congelada.
Asintió y salió.
El aire frío la golpeó de inmediato.
La mañana estaba gris, cargada de niebla.
Perfecta.
Subió a la camioneta y encendió el motor.
Durante todo el trayecto sintió un nudo en el estómago.
No sabía si estaba nerviosa por descubrir monstruos.
O por quedarse sola con Logan sabiendo lo que sospechaba.
Llegó al edificio de departamentos.
Subió las escaleras más rápido de lo normal.
Se detuvo frente a su puerta.
Respiró hondo.
Golpeó dos veces.
Escuchó pasos pesados del otro lado.
La puerta se abrió.
Logan apareció despeinado, con una camiseta negra ajustada y todavía medio dormido.
La miró unos segundos.
Luego sonrió de lado.
—¿Esto es un secuestro o puedo elegir ropa mejor?
Bella olvidó por un segundo lo que iba a decir.
Él se veía… demasiado bien para alguien recién levantado.
Molesta consigo misma, cruzó los brazos.
—Cinco minutos.
—Qué mandona amaneciste.
—Cinco, Logan.
Él la observó con más atención.
Notó algo en su cara.
La sonrisa se volvió curiosa.
—No viniste por la escuela.
Bella sostuvo su mirada.
—No.
Silencio.
Una chispa de tensión cruzó entre ambos.
Logan apoyó un brazo en el marco de la puerta.
—Entonces… ¿Esto es una cita?.
—Cámbiate.
—Bella, si querías estar a solas conmigo solo debías— —Logan.
Él soltó una risa baja.
—Está bien.
Dame cinco minutos.
Se giró y caminó hacia adentro.
Bella entró detrás de él antes de pensarlo demasiado.
El departamento olía a café, lluvia… y a él.
Cerró la puerta lentamente.
Su pulso se disparó.
Hoy iba a descubrir la verdad.
Y algo le decía que Logan ya lo sabía.
––– La vieja camioneta de Bella esperaba bajo el frío.
El parabrisas estaba empañado por el frío gélido.
Bella respiró hondo.
Hoy no habría evasivas.
No más sonrisas para distraerla.
No más respuestas torcidas.
Tomó la mochila y salió.
El frío la golpeó de inmediato.
Corrió hasta la puerta del conductor y subió.
Dentro olía a café barato, humedad y Logan.
Él llevaba una campera negra, cabello desordenado, hundido en el asiento del acompañante.
La miró apenas.
—¿Por qué no dormiste en toda la noche?.
Bella cerró la puerta.
—¿Cómo sabes que no dormí?
—Tus ojos.
—Gracias.
—De nada.
Ella arrancó.
La camioneta comenzó a moverse por las calles mojadas de Forks.
Bella lo observó de reojo.
Relajado.
Demasiado relajado.
Tarareando algo bajo.
Como si el mundo no estuviera por abrirse en dos.
—Estás raro —dijo ella.
—Eso me hiere.
Yo iba a decir lo mismo de ti.
—No iremos a la escuela.
Logan giró apenas la cabeza.
—Ah.
Silencio.
—Eso suele decirse antes de arrancar.
—Lo sé.
—¿Secuestro consensuado?
—Siéntate bien.
Él soltó una risa breve.
Pero Bella vio cómo sus hombros se tensaban.
Lo sabía.
Algo dentro de él ya entendía.
—¿Adónde vamos?
—preguntó.
Bella abrió la mochila.
Sacó el libro.
Lo dejó sobre el tablero entre ambos.
Las manos de Logan se endurecieron sobre sus piernas.
Por primera vez desde que subió, dejó de sonreír.
La lluvia golpeó el parabrisas con más fuerza.
Bella sostuvo su mirada.
—Lejos —respondió—.
Y esta vez… vas a hablar.
> Carretera al norte de Forks Una lluvia débil acompañada de una mañana gris.
Cubría todo forks.
La camioneta avanzaba entre pinos negros y neblina baja.
Las ruedas crujían sobre el camino mojado.
Bella no hablaba.
Logan tampoco.
El limpiaparabrisas iba y venía con un ritmo casi hipnótico, cortando el silencio en dos.
Bella mantenía ambas manos firmes sobre el volante.
Demasiado firmes.
Los nudillos blancos.
Miraba al frente… pero sentía a Logan a su lado como si ocupara todo el espacio de la cabina.
Relajado por fuera.
Tenso por dentro.
Lo notaba en cómo movía apenas la mandíbula.
En cómo miraba cada tanto hacia el bosque.
Como un animal buscando salida.
—Si sigues apretando así el volante, creo que nos denunciará por maltrato —dijo él sin mirarla.
Bella no sonrió.
—Y si sigues haciendo chistes, te dejo caminando.
—Eso sonó cruel.
—Estoy practicando.
Logan soltó una risa baja.
Pero duró poco.
El libro seguía sobre el tablero entre ambos.
Abierto.
Pesando más que una piedra.
—Bella… —No.
—Ni siquiera dije nada.
—Lo sé.
Y no.
Él apoyó la cabeza contra el asiento.
Suspiró mirando el techo.
—Extrañaba cuando eras más fácil de distraer.
—Extrañaba cuando no vivía rodeada de mentirosos.
Eso sí lo golpeó.
Bella lo vio quedarse quieto de reojo.
La lluvia aumentó apenas.
El bosque se volvió más espeso.
Más oscuro.
Más lejos del pueblo.
Perfecto.
Giró por un camino de tierra estrecho y siguió avanzando hasta llegar a un claro abierto entre árboles gigantes.
Detuvo la camioneta.
Apagó el motor.
El silencio cayó de golpe.
Solo lluvia sobre el techo.
Respiraciones.
Nada más.
Bella soltó el volante lentamente.
Miró al frente unos segundos antes de hablar.
—Aquí está bien.
Logan observó el lugar por la ventana.
Luego a ella.
—Planeaste todo esto.
—Sí.
—Eso me resulta extrañamente atractivo y aterrador.
Bella giró hacia él.
—Bájate.
—Bella— —Ahora.
La miró unos segundos.
Después asintió.
Salió bajo la llovizna.
Bella tomó el libro y lo siguió.
— > Claro del bosque El aire olía a tierra mojada.
A hojas viejas.
A lluvia recién caída.
Bella cerró la puerta de la camioneta y caminó unos pasos hasta quedar frente a él.
Logan tenía las manos hundidas en los bolsillos de la campera negra.
Cabello húmedo.
Mirada seria.
Ya no quedaba nada de sus bromas.
Bella sintió un nudo en la garganta.
Ese silencio en él era peor que cualquier chiste.
—Habla —dijo.
Logan exhaló lento.
—No sabría por dónde empezar.
—Prueba con una sola vez en tu vida diciendo la verdad.
Él recibió el golpe sin moverse.
Bella abrió el libro, los nudillos blancos de la tensión.
Leyó sin despegar los ojos del papel, con su voz cortante: —«Los fríos no envejecen.
Su piel es dura, gélida.
No comen como nosotros».
Levantó la mirada, clavándola en él.
—Edward.
Pasó la página con un movimiento brusco, casi rompiendo el papel.
—«Los espíritus protectores toman forma animal.
Su sangre reacciona cerca de ellos.
El cuerpo cambia».
Cerró el libro a medias, señalándolo con el borde de las páginas.
—Tú.
El bosque quedó en silencio.
Logan apretó la mandíbula, como si eso le doliera más de lo que esperaba.
—Bella…
—No.
Su voz tembló, pero no retrocedió.
—No me mires así.
Él abrió los ojos.
—¿Así cómo?
—Como si esto fuera difícil.
Lo miró fijo.
—Bella… —Empieza de una vez.
Su voz tembló apenas.
Pero no retrocedió.
—No me hagas sentir estúpida otra vez.
Él la observó en silencio.
Y algo en su expresión cambió.
Dolor.
Cansancio.
—Nunca quise eso.
—Entonces ¿qué querías?
La respuesta tardó.
Demasiado.
—Que pudieras vivir normal.
Bella soltó una risa seca.
—Mala noticia.
Ya es tarde para eso.
El viento cruzó entre ambos.
Movió el cabello húmedo de Bella.
Logan la miró como si quisiera memorizarla.
—Si te lo decía… te alejarias de mi.
—No lo sabes.
—Sí lo sé.
—No.
Bella dio un paso al frente.
Quedaron demasiado cerca.
—Lo decidiste por mí.
La garganta de Logan se movió al tragar saliva.
—Tenía miedo.
Bella parpadeó.
No esperaba eso.
—¿De mí?
—De perderte.
El aire pareció detenerse.
Ella sintió el corazón golpearle fuerte.
Odio.
Alivio.
Confusión.
Algo más.
—Muéstramelo —susurró.
Logan no respondió.
—Muéstrame lo que eres.
—Bella… —Ahora.
Él negó una vez.
—Puede asustarte.
—Estoy harta que decidas lo que puede asustarme.
Silencio.
Luego Logan dio tres pasos hacia atrás.
Se quitó la campera lentamente y la dejó sobre una roca.
La lluvia cayó sobre la camiseta negra pegándose a su cuerpo.
Bella notó el tamaño de sus hombros.
La tensión en cada músculo.
Su respiración cambiando.
Más profunda.
Más pesada.
El bosque se quedó quieto.
Extrañamente quieto.
—No te acerques mientras cambie —dijo con voz grave.
Bella no se movió.
Logan cerró los ojos.
Y el mundo pareció contener el aliento.
Primero vino el sonido.
Un crujido seco.
Después otro.
Como ramas doblándose desde adentro.
Bella retrocedió medio paso por instinto.
Logan cayó de rodillas.
Los dedos se hundieron en el barro.
Su espalda se arqueó violentamente.
Un jadeo brutal escapó de su garganta.
Los músculos se expandieron bajo la piel.
La camiseta se rasgó en los hombros.
Los brazos crecieron.
La columna se alargó con un chasquido que Bella sintió en sus propios huesos.
—Logan… No respondió.
Pelaje oscuro comenzó a nacer sobre la piel.
Espeso.
Marrón profundo.
Las manos se deformaron en garras enormes.
El cuerpo siguió creciendo.
Más alto.
Más ancho.
Más imposible.
Bella no podía respirar.
Ante ella, donde un momento antes había un chico, se alzó una criatura gigantesca.
Un oso pardo monstruoso.
Majestuoso.
El lomo enorme cubierto de agua y barro.
Músculos moviéndose bajo el pelaje.
Respiración caliente saliendo en vapor.
Y ojos.
Ojos café brillantes.
Demasiado inteligentes.
Mirándola.
Reconociéndola.
Bella sintió miedo real.
Muy dentro suyo.
Como si lo sintiera en cada hueso suyo.
Las piernas quisieron correr.
Un frío extraño paso por su piel.
El cuerpo gritó huye.
Pero no corrió.
Porque en esos ojos seguía estando Logan.
El oso dio un paso hacia atrás.
Lento.
Como si quisiera darle espacio.
Como si temiera lastimarla incluso así.
Bella tragó saliva.
El corazón descontrolado.
Dio un paso adelante.
Luego otro.
La lluvia corría por su rostro.
El oso permaneció inmóvil.
Esperando.
—Eres tú… —susurró.
Otra respiración pesada salió de su hocico.
Bella levantó una mano temblorosa.
La apoyó sobre el costado de su cuello.
El pelaje era grueso.
Caliente.
Vivo.
Una vibración profunda recorrió la palma de su mano.
No supo si era un gruñido suave… o algo parecido a alivio.
Las lágrimas le llegaron sin aviso.
No de miedo.
De todo.
—Idiota… —murmuró con una risa rota—.
Todo este tiempo.
El enorme oso inclinó apenas la cabeza.
Bella apoyó la frente contra él.
Cerró los ojos.
Y por primera vez desde que volvió a Forks… todo se sintió real.
— Continuará…
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