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UMA MUSUME PRETTY DREBY: back to the top" - Capítulo 10

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  4. Capítulo 10 - 10 UMA MUSUME PRETTY DERBY
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10: UMA MUSUME PRETTY DERBY 10: UMA MUSUME PRETTY DERBY El día anterior, en la Academia Tracen, el sol de la tarde filtraba a través de las cortinas pesadas de la oficina del consejo estudiantil.

Symboli Rudolf examinaba documentos con un rostro marcado por la seriedad, sus ojos afilados escaneando cada línea como un halcón sobre su presa.

Aun así, se podía apreciar la belleza en sus facciones nobles: pómulos altos, cabello marrón junto a su mechón blanco cayendo en onda perfecta, envueltas en un aura opresiva, como la de un emperador en su corte imperial.

Aunque su época dorada como corredora invencible había pasado —aquellos días de victorias legendarias en la Triple Corona—, seguía siendo una estudiante destacada en la academia.

Ahora, como presidenta del consejo estudiantil, su presencia imponía respeto y un leve temor entre las Uma Musume más jóvenes.

“Presidente Rudolf, ¿aún está con esos documentos?”, preguntó Air Groove, su mano derecha y segunda a cargo de la academia.

Entró con pasos suaves, su cola moviéndose ligeramente con preocupación.

Su voz era calmada, pero el aroma a té verde que traía consigo del pasillo sugería que había estado esperando en la sala adyacente.

“Mmm, lamentablemente sí.” Rudolf levantó la vista, sus dedos tamborileando sobre el escritorio de madera pulida.

“Estoy revisando los documentos de los nuevos entrenadores y los incidentes de…

pelvis rotas.” Agarrándose las sienes con irritación, sintió un pulso de frustración.

No podía entender cómo estas Uma Musume se apegaban tanto a sus entrenadores, formando lazos que rayaban en lo obsesivo.

*¿Quién soy yo para juzgar?*, pensó, recordando sus propias carreras solitarias.

En toda su vida, nunca tuvo un entrenador; corría por instinto, por orgullo, y no sentía esa necesidad que parecía obsesionar a las adolescentes, con sus orejas erguidas y colas enredadas en momentos de debilidad.

Air Groove inclinó la cabeza, sus orejas castañas temblando levemente.

“Dejando eso de lado, ¿qué hay de Tokai Teio?

¿Has encontrado un entrenador para ella?” Rudolf se quitó los anteojos con un suspiro profundo, el vidrio empañado por el calor de la habitación.

“Con los contactos de mi familia, le conseguí uno, pero Teio se niega.

Quiere obtener la Triple Corona sin entrenador, como yo lo hice.” Su voz se tiñó de nostalgia, evocando aquellas pistas embarradas donde había forjado su legado sola, bajo la lluvia torrencial y los flashes de las cámaras.

Air Groove rio suavemente, un sonido como el viento entre las hojas.

“¿Qué tiene de malo que siga tus pasos, presidenta?” “Air Groove, ya sabes cuál fue mi situación en ese entonces.” Rudolf se recostó en su silla, el cuero crujiendo bajo su peso.

“Además, Teio tiene potencial —un fuego interior que podría eclipsar incluso al mío— y no quiero que se desperdicie en caprichos juveniles.” Air Groove miró a Rudolf como si intentara leer sus verdaderos pensamientos, sus ojos azules escrutando las sombras bajo los ojos de la presidenta.

“Bueno, dejando el tema de lado, pareces preocupada, y no es solo por Teio.

¿Hay algo más?” Rudolf suspiró de nuevo, como si cargara un peso invisible sobre sus hombros, el aire en la oficina cargado con el olor a papel viejo y tinta.

“Son los nuevos entrenadores.

En cierto sentido, es ese…

Fushiguro.” Air Groove entendió al instante, sus orejas alzándose en alerta.

“Entonces es eso.

Sí, también escuché lo de la cafetería.

Para ser sincera, estoy sorprendida.” El rumor había corrido como pólvora: un entrenador desconocido eborando cantidades de comida comparables , a oguri cap .

“Aunque me sorprendió, lo que más me llamó la atención fue su protegida.” Las orejas de Air Groove se alzaron con intriga notable mientras dirigía su mirada a Rudolf, el sol reflejándose en sus gafas.

“Mmm, por lo que sé, presidenta, su Uma Musume es Haru Urara, ¿no?

¿Qué tiene de especial para captar tu atención?” “Ven, acércate, Air Groove.” Con un ligero movimiento de su mano enguantada, Rudolf se volvió hacia la computadora en su escritorio, el zumbido del ventilador rompiendo el silencio.

Reprodujo un video de una cámara de seguridad que mostraba el patio de la academia, donde el viento llevaba el eco distante de cascos galopando.

“El día de las carreras de exhibición, Haru Urara quedó en último lugar, exhausta y cubierta de arena.

Pero este hombre, Fushiguro, la tomó como aprendiz de todos modos, ignorando las burlas de los demás.” “Así que…

¿cuál es su punto, presidenta?” “Espera y sigue mirando.” Air Groove se inclinó sobre el hombro de Rudolf, el aroma floral de su perfume mezclándose con el del té.

Del lunes al viernes, bajo la tutela de ese entrenador, Haru Urara mostró un fortalecimiento notable: sus zancadas se volvieron más fluidas, su resistencia como un río que no se agota.

Rudolf reprodujo un clip: Toji Fushiguro parado en la barandilla, sosteniendo un cronómetro con mano firme, mientras Haru Urara corría desde atrás sin apenas rastro de cansancio, el polvo levantándose como una niebla dorada bajo el sol poniente.

“¡Oh!

Es interesante, pero parece alguien normal.” “También lo pensé al principio, pero si no fuera…” Rudolf sacó una carpeta con documentos de Toji Fushiguro, el papel crujiendo en sus manos.

“Aparte de su nombre y edad, la información es muy vaga.” Air Groove tomó la carpeta y la revisó, sus ojos frunciéndose.

**Nombre:** Toji Fushiguro **Edad:** 25 años **Lugar de origen:** Una zona rural **Parientes:** Ninguno **Experiencia:** 5 años como entrenador experto **Recomendado por:** Un entrenador veterano de su región “¡E-extraño!”, exclamó Air Groove, sorprendida como Rudolf por la escasez de detalles, como si el hombre fuera un fantasma en los archivos.

“Aunque si su información es falsificada, no puedo decir que sea un mal entrenador.

Por eso he pensado en asignarle a Teio.” Rudolf regresó a la computadora, cerrando carpetas con clics precisos, hasta que algo captó su atención —un destello rojo en la miniatura del video.

Sin dudar, dio clic.

“¿Pasa algo, presidenta Rudolf?” Air Groove se acercó, intrigada, y también quedó sorprendida.

En el video, una carrera de bajo estatus —una G3— se desarrollaba de forma inusual bajo un cielo nublado, el rugido de la multitud amortiguado por el viento.

Un orbe carmesí se erguía en el medio del hipódromo, pulsando como un corazón latiendo con energía prohibida, y los ojos de Rudolf se fijaron en una figura particular, envuelta en sombras.

“En el siguiente instante, la Uma Musume Sutekire completa la carrera con un margen de 52 cuerpos completos.

¡Impresionante, esto es único en la vida!”, gritaba la presentadora, eufórica, su voz temblando de emoción.

Rudolf observaba a esa Uma Musume erguida en la línea de meta, con el rostro y casi todo el cuerpo tapados por una capa raída, el sudor brillando en su piel expuesta.

El orbe carmesí desapareció justo al cruzar, dejando un eco de poder que hacía vibrar el aire.

“Impresionante…

eso fue un dominio total.

¡Y 52 cuerpos!”, dijo Air Groove, saliendo de su sorpresa, sus orejas aplanadas contra su cabeza.

Rudolf dio otro clic, saliendo del video para entrar a la página de participantes y al expediente de esa Uma Musume.

**Nombre:** Sutekire **Edad:** 16 años **Participación:** Carrera de debut, G3 **Inscripción:** A nombre de Toji Fushiguro Los ojos de Rudolf se endurecieron al ver el nombre del entrenador, un escalofrío recorriéndole la espina dorsal.

Estaba segura: quería a Sutekire en la Academia Tracen, igual que Oguri Cap haría cualquier cosa por reclutarla —entrenamientos exhaustivos, alianzas secretas, lo que fuera para capturar ese talento crudo y misterioso.

— El sonido de un bolígrafo resonaba en el consejo estudiantil, un tic-tac constante como un reloj marcando el destino.

Detrás del escritorio, Rudolf firmaba un documento con trazo firme, mientras Toji Fushiguro se sentaba frente a ella, su postura rígida como una estatua.

El día anterior, había buscado información sobre Sutekire sin éxito, aparte de este hombre misterioso, cuyo aroma a tierra húmeda y sudor de pista llenaba la habitación.

“Entrenador Fushiguro, lo siento por el llamado repentino.

La razón es un asunto referente a su Uma Musume”, dijo Rudolf, sin ser directa aún.

Quería sacar conversación primero, midiendo su reacción como en una carrera estratégica.

Toji la miró con rostro neutral, sin responder, moviendo el dedo con impaciencia en el brazo de la silla, el cuero gimiendo bajo la presión.

“Bueno, la cuestión es que hemos vigilado su desempeño.

Sinceramente, el fortalecimiento de Haru Urara ha dado grandes resultados.” Rudolf jugueteó con su bolígrafo, esperando una reacción, el metal frío contra su piel.

“¿Cuál es el punto?

¿Acaso piensan que usé algún tipo de droga?”, replicó Toji, irritado tras apenas media hora allí, su voz ronca como grava bajo cascos.

“No creemos que use drogas, señor Fushiguro.

Pero es extraño que en pocos días su Uma Musume muestre avances tan grandes.” Rudolf sostuvo su mirada indiferente sin intimidarse, el aire entre ellos cargado de tensión.

“Si no lo creen o no, yo no utilizo esos suplementos que imaginan.

Y además, no creo que sea solo por eso que me llamaron.” Toji notó la inquietud en la actitud de Rudolf, un leve temblor en su mano.

“Sobre eso, hay otro asunto: esa Uma Musume, Sutekire.” Toji levantó una ceja, entendiendo hacia dónde iba, su expresión endureciéndose.

“Según su expediente, no es pariente suya y—” “Vamos al punto.

¿Qué desea de ella?” La comprensión fue clara; Toji mostró cautela, sus músculos tensándose como antes de una arrancada.

“Lo que deseo es que, como contacto de Sutekire, la convenza de integrarse a la Academia Tracen.” La sala quedó en silencio, con sus miradas cruzadas en un duelo tenso, el bolígrafo de Rudolf deteniéndose a mitad de firma.

“No.” La voz de Toji sonó fría mientras se levantaba, su sombra alargándose en la pared.

“Si quiere que haga eso, estamos en una mala posición.

Sutekire no es familiar mía, ni siquiera una compañera cercana, y no sé dónde anda.” Miró a Rudolf unos segundos más antes de volverse para irse, el eco de sus pasos resonando en el pasillo.

“Mmm, qué pena.” Rudolf no presionó, pero sabía que Toji mentía en parte, un instinto de emperadora guiándola.

“Y sobre otra cosa…” Toji se volteó para escuchar, la puerta entreabierta dejando entrar el bullicio distante de la academia.

— En la cafetería de Tracen, el aroma a arroz fresco y sopa miso flotaba en el aire, mezclado con risas de Uma Musume almorzando.

Oguri Cap comía junto a Toji, su tazón humeante frente a ella.

Él escribía y comía al mismo tiempo, recordando las palabras de Rudolf con un gruñido interno.

En pocas palabras, le había ofrecido un aumento de sueldo a cambio de tomar otra aprendiz.

En principio, iba a rechazar todo lo que viniera de esa mujer Symboli —fiel a su pasado turbio, todo lo relacionado con esa familia traía malas vibras, como sombras en una pista nocturna—, pero al oír el 30% extra, aceptó, el pragmatismo ganando a su orgullo.

“¿Q-qué escribes, entrenador Fushiguro?”, preguntó Oguri Cap, asomando la cabeza a la libreta de Toji, sus orejas marrones erguidas con curiosidad infantil.

“Estoy armando un plan de entrenamiento para Haru Urara.

¿Y a ti cómo te va con tus clases?” Toji respondió entre bocados, el sabor salado del onigiri calmando su irritación.

“Pues, está más tranquilo todo.” Oguri agarró un tazón de arroz y empezó a comer, granos pegándose a sus labios.

“P-pero en la parte de historia, no logro comprender bien las antiguas carreras.” Toji tenía comida en la boca mientras respondía: “Come despacio, te vas a atragantar.” Le pasó un vaso de agua, que Oguri bebió agradecida, el líquido refrescando su garganta.

“Gracias.” Continuó comiendo, y Toji dejó la libreta para unirse, el bullicio de la cafetería envolviéndolos como un capullo cálido.

“Por cierto, ¿dónde está esa compañera tuya?” Oguri se detuvo un momento, pensando, su tenedor suspendido.

“Pues, Tamamo Cross está castigada por la señorita Tazuna.” Recordó cómo Tamamo había sido arrastrada por la estricta maestra, sus protestas ecoando por los pasillos.

“Con que es eso.” Así pasó el almuerzo: comiendo y charlando con Oguri Cap, risas suaves rompiendo la tensión del día.

Al terminar, Toji se despidió acariciando su cabeza —su cabello suave como seda— y regresó al campo de entrenamiento, donde el sol abrasador calentaba la arena.

“Según esa mujer Symboli, esa chica Tokai Teio será mi nueva aprendiz.” Toji no recordaba quién era, pero si la presidenta la recomendaba, debía ser talentosa, con un potencial que olía a victoria.

Sacó su teléfono y miró la hora, el sudor perlando su frente.

“Esta niña Urara no viene…

¿qué habrá pasado?” “¡Entrenador!!” Segundos después, Toji fue tacleado con fuerza por Haru Urara, pero no se movió ni un centímetro, su cuerpo sólido como una roca.

—Lo siento, entrenador.

Es solo que King-chan y yo fuimos a acompañar a Rice Shower.— Se separó, rascándose la cabeza con timidez, sus orejas rosadas bajando.

—Suspiro— “No pasa nada.

Mejor comencemos con el entrenamiento.” Toji caminó hacia el campo, el crujido de la grava bajo sus zapatos.

“Sí, entrenador.

¿Y verdad, qué haremos esta vez?” Haru Urara lo siguió de cerca, expectante, su cola moviéndose con energía renovada.

“Lo mismo: técnica de dominio simple.” Su voz sonó neutral mientras recordaba a Rice Shower —o “lluvia de arroz”—, esa Uma Musume de pelo negro con aire deprimido, sus ojos siempre nublados como un cielo de tormenta.

En la carrera de exhibición, se había destacado en distancias largas de 3000 metros; tenía talento puro, pero su personalidad introvertida, cargada de dudas, no la llevaría lejos sin guía.

“A propósito, Urara, ¿sabes algo de Tokai Teio?” Toji miró a Haru Urara, quien calentaba con estiramientos, el sol tiñendo su piel de dorado.

“¿Teio-san?

Pues, mmm…

La vi por el campo donde está la estatua de las Tres Diosas.

¿Por qué lo preguntas, entrenador?” Urara ladeó la cabeza con intriga, sus ojos brillantes.

“No es nada importante.

Solo he oído que es alguien talentosa.” Lo último lo dijo con desdén, un dejo de escepticismo.

Si no fuera por el aumento del 30%, no aceptaría entrenar a otra Uma Musume hasta que Haru completara su primera carrera G1 o G2.

Además, según Symboli, la niña vendría hoy para “entrenar”, aunque se estaba demorando, el reloj tic-tacando como una amenaza.

“Urara, comienza con tu formación del dominio.

Ve corriendo mientras te guío.” Sacando un cronómetro, Toji se sentó en la barandilla, el metal caliente bajo sus palmas.

“Sí, entrenador.” Haru Urara hizo lo que se le pidió y puso en práctica lo que le había enseñado, sus cascos golpeando la arena con ritmo creciente.

En la pista de 1200 metros, al principio no podía mantener el ritmo ni en césped suave, pero con la reciente guía de Toji —técnicas que invocaban un eco de poder interno—, en pocos días superó ese defecto de cansancio y dolores en las rodillas, su respiración ahora un fuelle constante.

“Aún le falta, eso diría si estuviéramos en el pasado, donde las pistas podían quitarte la vida en un mal paso.” Apagó el cronómetro y escribió en su libreta los datos del nuevo progreso de Haru Urara, números que bailaban como promesas de gloria.

“Pero actualmente, el nivel de Urara está perfecto.” “¿Usted es el entrenador Fushiguro?” “Mmm.” Toji miró hacia atrás, buscando la voz entre el polvo levantado.

Encontró a una Uma Musume pequeña —aunque más grande que Haru Urara—, con el uniforme de la academia impecable, cabello marrón y un mechón blanco en forma de media luna brillando al sol.

Toji mantuvo una cara de póker; se parecía a esa mujer Symboli, con esa misma aura de realeza fingida.

“Soy la gran Tokai Teio, ¡la futura Triple Corona de Japón!” Quedando en silencio, Toji la miró con la misma expresión impasible, el viento revolviendo su cabello.

*¿En serio esta es la Uma Musume que me recomendó esa mujer?*, pensó con desprecio, notando su postura confiada pero inmadura.

Recuperando la compostura, habló.

“Llegas demasiado tarde.

En teoría, una hora tarde.” — “¡¿QUÉEE?!” Un grito resonó en el consejo estudiantil, haciendo vibrar las ventanas.

La presidenta Rudolf se mantuvo serena, con una sonrisa calculada, mientras miraba a su predecesora, Tokai Teio, cuya cola azotaba el aire con frustración.

“Teio, espero que estés de acuerdo en que el entrenador Fushiguro sea tu guía.” Hacía unos instantes, Rudolf había llamado a Teio para soltarle la noticia, el teléfono aún cálido en su mano.

Con el acuerdo de Toji, no perdería tiempo; la academia necesitaba talento como el de Teio para brillar en las próximas temporadas.

“P-pero, presidenta Rudolf, ¡yo soy la gran Tokai Teio!

No necesito entrenador.

¡Cumpliré la Triple Corona sola, como usted!” Teio infló el pecho, recalcar su punto, sus orejas erguidas en desafío, evocando su ídolo en días de gloria.

“Teio, entiendo tu necesidad de independencia, pero sería mejor alguien que te guíe.

El entrenador Fushiguro puede ayudarte, puliendo ese fuego que arde en ti.” Las orejas de Teio cayeron mientras buscaba palabras para contraatacar, el peso de la expectativa aplastándola.

“Este entrenador es bueno, pero verlo como solo un guía, no como entrenador, para que no te sientas incómoda.” Teio no entendió la lógica —guía y entrenador no eran lo mismo en su mente de estrella en ascenso—, pero de mala gana aceptó, con la condición de que si fallaba en su rutina, se saldría del equipo.

Rudolf asintió, sabiendo que el destino de Tracen acababa de entrelazarse con el de Toji Fushiguro.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES SUKUMBIA ¿Cuál es su idea sobre mi cuento?

Deje sus comentarios y los leeré detenidamente esta historia a mi parecer es algo incoherente, alguien me dice en qué estoy mal , estoy pensando crear otra historia de uma musume con mejor escritura

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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