UMA MUSUME PRETTY DREBY: back to the top" - Capítulo 13
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- Capítulo 13 - 13 UMA MUSUME PRETTY DERBY
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13: UMA MUSUME PRETTY DERBY 13: UMA MUSUME PRETTY DERBY “Uhm”, agarrándose el mentón, Toji jugaba con Gold Ship a otro juego, ya que el ajedrez se había vuelto aburrido.
Ahora jugaban a la víbora.
“Cuatro.
Eso me lleva a”, dijo, moviendo su pieza hasta la meta, “ganar de nuevo”.
Gold Ship, con la mirada perdida como la de alguien sin vida, respondió: “Estuvo bueno el juego, pero ya sabes lo que dicen: mientras la lagartija come, la rana salta…
A la chin…
espera, así no era”.
“Bueno, ¿y ahora qué, entrenador?
Ya me aburrí de este juego”.
Gold Ship se recuperó al instante, volviendo a su aburrimiento habitual.
Hacía un par de horas se había divertido con Toji.
“Pues Gold Ship, ¿qué tal si traes algunas bebidas para tus compañeras, en vez de mirarme como una holgazana?”.
Levantándose, Toji no pudo evitar mirar el campo, donde Urara, McQueen y Teio entrenaban.
“Enseguida.
Reze por mí, entrenador, para que un alien no me secuestre”.
“Entendido, cadete.
Y por cierto, tráeme un café también”, dijo Toji, con un saludo militar, mientras Gold Ship salía corriendo.
Al verla irse, Toji regresó su mirada al campo y decidió bajar.
Toji, como siempre diría, podría ser cualquier cosa, pero no una mala persona con quienes no le habían hecho nada.
“Oigan, es hora de un descanso, vengan”.
Ya sentadas, Haru Urara se sentó en el suelo y miró a su entrenador.
“Uff, esto fue más agotador que otras veces.
Por cierto, entrenador, ¿qué haremos después?”.
McQueen y Teio regresaban justo en ese momento y escucharon la pregunta.
“No te apresures.
Vamos a repasar nuestro horario de entrenamiento y carreras”, dijo Toji, sacando su libreta de quién sabe dónde.
Rápidamente escribió: “Faltan dos meses y tres semanas para tu debut, Haru.
¿Cómo vas con tu Zona Simple?”.
Toji hizo una pausa en su escritura mientras miraba a Haru Urara.
“Pues, entrenador”, Haru, apenada, se rascó la cabeza.
“Urara, ¿cómo vas con tu Zona Simple?”.
“Entrenador, verá, tuve unos problemas para mantener la concentración, p-pero puedo mantenerla por algunos minutos”.
Dando un suspiro, Toji volvió a escribir.
“Entrenador, ¿usted sabe de Zona o, mejor dicho, de Expansión Territorial?”.
Con el reciente intercambio de palabras entre su nuevo entrenador y Urara, McQueen estaba sorprendida y algo desconcertada por lo que le había dicho a Urara al principio.
Ella pensó que sería un entrenador exigente que le gritaría a sus Uma Musume, la forma en que le exigía a Haru Urara un Dominio, y la sorpresa fue que Haru le respondió bien, y más aún se sorprendió al escuchar que Haru tenía un Dominio.
“Tch, McQueen, soy un entrenador.
Es normal que sepa de este tema.
Dejando eso, tu carrera de debut será un día antes que la de Tokai Teio, ¿verdad?”.
McQueen estaba desconectada del mundo.
No sabía si estaba de suerte o si las diosas le habían dado una bendición.
Sin duda sentía que tendría un mejor futuro con este entrenador, y quién sabe, a lo mejor también le enseñaría a usar su Dominio, a menos que fuera pura palabrería.
“¡Entrenador!
Ah, la gran Teio-sama, ¿puedo preguntar qué es un Dominio?”.
Toji la miró.
McQueen parecía vomitar sangre por la pregunta de Teio.
“Teio, ¿no sabes qué es un Dominio?”.
“Pues, entrenador, solo escuché algo muy leve de la presidenta Rudolf.
En realidad, no sé”, dijo Teio, sacando la lengua y haciendo una cara de tonta.
Toji se agarró las sienes.
“Estas niñas me van a matar”, pensó.
“Pero pensándolo bien, McQueen relacionó mi Dominio Simple con un Dominio Completo.
¿Acaso no escuchó de otras habilidades parecidas?”.
La idea hizo que se apretara las sienes, porque se dio cuenta de que, en la actualidad, un Dominio Simple no existía, como si se hubieran perdido en la historia.
Mirando a Teio de nuevo, decidió explicarle, pero mirando bien…
“McQueen, ¿puedes explicarle a la cabeza hueca de Teio qué es un Dominio?”.
“Oye, eso fue ofensivo, entrenador, ¡ble!”.
Teio le sacó la lengua a Toji mientras McQueen le explicaba lo que era un Dominio.
En realidad, todo lo que le decía a Teio tenía sentido, pero Toji encontró muchos puntos faltantes en esa explicación sobre cómo manifestar un Dominio, pero luego se encargaría de eso.
“Haru, me dijiste que puedes mantenerlo por algunos minutos.
Quiero que me lo muestres”.
“¡Okei, entrenador!”.
Poniéndose enfrente de Toji, Haru Urara lo miró a los ojos, y en un instante, la mirada de Haru Urara se volvió vacía mientras sus pupilas de tréboles se tornaban de un color medio rojizo.
“Tch, con que intimidación, nada mal”, pensó Toji.
Un Dominio Simple en una Uma Musume no solo se basa en defenderte de un Dominio Completo.
En casos raros, pueden surgir una que otra habilidad, pero son muy escasas.
Y esta niña Urara tenía algo muy especial bajo la manga.
“No esperaba que desarrollara esto, pero tampoco vendría mal si logra refinar esta técnica antes de su carrera de debut.
Podría humillar a todas”.
*Golpe* “¡Ay, ay, ay, mis ojitos!”.
Con cara de póker, Toji miró a Haru Urara en el suelo, agarrándose los ojos.
Dos minutos y medio duró su habilidad, y ahora tenía consecuencias.
“Demonios, necesita más resistencia”.
Toji levantó a Haru Urara; después se encargaría de su resistencia.
Ahora, a revisar su estado.
“¿Arden?”.
“No, entrenador, solo siento algo de dolor, pero ya se me pasó”.
Toji le abrió ligeramente los ojos, no viendo nada inusual.
“Solo le causa dolor, no tiene síntomas de ceguera ni nada, entonces está demasiado bien.
Sería un problema que tuviera esta habilidad que te deja ciego”, reflexionó.
“Bien, tómate un descanso”, dijo, regresando con McQueen y Teio.
Se acercó.
“¿Le explicaste bien lo que es un Dominio, McQueen?”.
“Más o menos, lo logró entender”, McQueen dio un pequeño suspiro mientras se sentaba.
“No importa, McQueen, al menos le diste un camino sólido por el cual guiarse”, dijo Toji, pasándole una toalla para que se secara el sudor.
“Entrenador, me perdí en la parte donde tengo que tensar mi cuerpo y expandir la fuerza a todo mi cuerpo, respectivamente”.
Poniendo una cara de póker, miró a McQueen.
“Olvida todo lo que dije, McQueen”.
“¡Ya llegué, entrenador!”.
A pocos metros, Gold Ship venía con bebidas, botellas de agua y un café.
“Llegaste unos minutos tarde”, dijo Toji, dándose la vuelta y mirando a Gold Ship, quien le daba su café.
“Pues, ¿qué te puedo decir, entrenador?
Hubo un extraterrestre que me quiso secuestrar, pero logré escapar”, Gold Ship terminó dándole las botellas de agua a cada una, quienes las bebieron con mucho gusto.
“Gracias, Gold Ship”, McQueen aceptó el agua, mientras la destapaba y bebía.
“No hay de qué, Gold Ship siempre estará para su ayuda, jojojojo”.
“Como sea, ya es algo tarde, es hora del almuerzo.
Vayan a comer y las veo en el salón de entrenamiento donde están esas máquinas”, dijo Toji, quien, no familiarizado del todo con la actualidad, ni siquiera diferenciaba las máquinas de entrenamiento.
Levantando la mano, Teio preguntó: “¿Se refiere al *gym*, entrenador?”.
“Sí, eso.
Se me olvidan los nombres”, dijo Toji, admitiendo que no lo sabía.
“Bien, vayan a almorzar, Gold Ship, tú también, y no quiero escuchar que andas por ahí con el estómago vacío”.
“¡Jai, entrenador, eso haré!”.
*** Años atrás, en el antiguo Japón, recinto de Mari.
Toji no reconoció a Mari como una madre, no al principio, porque tuvo otra que veía como figura materna.
El día que llegó a la finca, una Uma Musume mayor lo acogió y lo ayudó a sobrevivir, hasta que falleció por enfermedad.
Después de eso, comenzó su vida como Uma Musume de carreras, más porque quería sobrevivir.
Participó en varias carreras, saliendo invicto, y conoció a los que podía llamar amigos.
En ese entonces, también conoció a Kimori.
Fue comprada por Mari porque Toji le pidió ese favor cuando encontró talento en ella.
Y junto a él, ella también fue poderosa, pero no tanto como él o algunos de sus amigos, pero lo suficiente para no quedar última.
Kimori se especializaba en la ciencia en ese entonces.
Mari, su dueña, los dejó ser y le construyó un laboratorio.
Lo más sorprendente de su vida con ella fue en una carrera: la muy descarada, con una pierna fracturada, liberó Dominio Completo y usó una patada explosiva, y la muy descarada ganó y se mantuvo de pie hasta que estuvo frente a él.
“¿Lo hice bien, conejillo de indias?”, preguntó Kimori.
Toji solo la miró con cara de desagrado mientras la sostenía del cuello de su bata para que no cayera al suelo y la arrastraba para curar esa pierna, dejando detrás una línea carmesí de sangre de Kimori.
Después de eso, ella se recuperó.
No solo era alguien reconocida por su talento para correr o la ciencia, sino también por hacer experimentos en humanos.
De hecho, eran personas condenadas a muerte, pero lo perturbador era que el gobierno le dio estos reclutas para que Kimori hiciera avances médicos, y sin ningún remordimiento, ella les abría los órganos aún conscientes, y gracias a ese método médico pudo crear curas para enfermedades.
También era famosa, no cuidaba su apariencia, no es que fuera fea; al contrario, era alguien hermosa, quedando en el top 23 de las más hermosas, y la única vez que esa mujer se arregló fue el día cuando iba a tener sexo con ella; más bien, solo se peinó el cabello.
*** Regresando a la realidad, Toji comía grandes cantidades de comida junto a Oguri Cap, quien no hablaba mucho con él.
Dando otro bocado a su comida, miró a Oguri Cap.
Esa familiaridad era más fuerte.
Ya había sospechado que ella también era su pariente, pero viéndola mejor, sí lo era.
“¿Por qué tan calladas?
¿Se pelearon?”, preguntó Tamamo Cross, quien comía con ellos.
“P-para nada, Tamamo”, Oguri le contestó mientras continuaba comiendo.
Toji ignoraría la conversación de estas dos; no le incumbía a él, y se concentró en otra cosa.
“Hace poco ya tuve mi carrera de G3.
Regresar en pocos días a otra carrera sería imprudente, pero por otro lado, conseguir de nuevo una Triple Corona no estaría mal, y más si es una irregular.
Por lo que sé, esa mujer, Tachyon, consiguió una corona; solo le faltan dos.
Es una pena que deje esas carreras por la tendinitis, pero si tarda demasiado en venir por ayuda, será muy tarde”.
“¡Entrenador, entrenador, ENTRENADOR!”.
Jalando la manga larga de Toji, Oguri lo estaba llamando hacía un tiempo.
Saliendo de sus pensamientos, “Sucede algo, Oguri?”.
“Entrenador, me preguntaba, ¿cuándo hará su debut su Uma Musume?”.
Toji se tomó su tiempo y dejó sus palillos.
“Pues, en dos meses y algunas semanas.
¿Por qué lo preguntas, Oguri?”.
“Por nada en especial, solo quería algo con qué hablar”.
Sin más, ella regresó a comer, bajo la atenta mirada de Tamamo Cross, quien miraba con cara de póker.
Fue ella quien le dijo a Oguri que comenzara una conversación, pero resultó una estupidez total.
Toji caminaba por los pasillos de la academia.
Aún sus Uma Musume estaban almorzando, así que las dejaría por el momento y decidió caminar por allí.
“¡Ayudaaa!”.
Toji miró al frente, logrando ver a un entrenador en silla de ruedas, siendo perseguido por su Uma Musume, y lo consiguió.
Toji sabía muy bien que esa Uma le haría algo a su entrenador, pero al menos…
“Kutizeri, p-podemos hablar.
S-sabes, puedo darte la ubicación de tu entrenador, si me dejas ir”.
La Uma lo pensó.
“Okei, te suelto, pero primero dime dónde está mi entrenador”.
Una sonrisa tan gentil que helaba la sangre.
Antes de que el entrenador le dijera, Toji intervino, arrebatando la silla de ruedas.
“Oh, disculpe, pero el entrenador necesita darme unos documentos, así que después pueden terminar lo que hacen”.
El hombre miró a Toji como a un ángel.
Toji no mostró empatía con este entrenador, pero estaba aburrido y necesitaba una reputación, así que, ¿qué mejor forma que ayudar a estos pobres entrenadores?
“¿Y usted es?”, preguntó la Uma Musume con una mirada sombría y esa sonrisa, pero ni siquiera Toji se inmutó.
“Mi nombre es Toji Fushiguro, nuevo entrenador, y vine a llevarme a este veterano para que me guíe, ¿no es verdad?”.
Toji dio un vistazo al entrenador que temblaba y le hizo un gesto para que le siguiera la corriente.
“¿Es verdad eso, entrenador?”.
“S-sí, es verdad.
Este chico, Toji, vino por recomendaciones de cómo entrenar a una Musume”.
Sin dudarlo, el entrenador hizo todo para sobrevivir.
“A todo esto, este no es tu entrenador, ¿o sí?”.
Toji había escuchado la conversación de este hombre y esa Uma Musume.
“No, no es mi entrenador, por eso lo vine a buscar para que me dijera dónde está mi entrenador”.
“¿Y cuál es tu entrenador?”.
“Su nombre es Takeru.
¿Lo has visto?”.
Ella dio un paso adelante, como esperando algo, o estaba emocionada por saber dónde estaría su entrenador.
“Pues, el entrenador Takeru se dirigía al salón de gimnasia”, dijo Toji.
Tan pronto como salió su respuesta, la Uma Musume se fue corriendo hacia donde le habían indicado.
La sonrisa relajada de Toji desapareció mientras miraba un cubo de basura muy cerca de ellos.
“Oye, ya se fue”, dijo.
Al segundo siguiente, una cabeza se asomó por la tapa, viendo que era el entrenador Takeru.
Toji sabía que estaba allí porque este entrenador miraba al basurero.
Soltó la silla de ruedas, mientras el otro se volteó con menos nervios.
“¡Muchas gracias, muchas gracias, gran hombre!”.
Toji no le devolvió la mirada mientras el entrenador Takeru se acercaba.
“Muchas gracias también, entrenador Fushiguro”.
“Tch, como sea, me voy.
La próxima vez tengan cuidado”.
Caminó de frente mientras escuchaba un “sí” como respuesta.
Detrás de la espalda, aún estaba desconcertado de que las Uma Musume se comportaran de esta manera, tan apasionada, pero ya no le importaba; ya había hecho algo por su reputación.
Esos dos entrenadores esparcirían los rumores, pero la próxima vez haría la vista gorda.
Japón, años atrás.
“¡¿EL QUÉ?!”, en una finca, la voz de Mari parecía algo enojada, mientras frente a ella tenía a un miembro de la familia Mejiro.
“¿Qué pasa, señorita Mari?
¿No aceptará mi apuesta?
Y sabe que es sencillo: si Toji pierde, usted entrega veinte millones de yenes”.
Mari apretó su abanico con fastidio, pero se relajó mientras lo miraba.
“Lo acepto, pero yo también quiero algo si llego a ganar”.
El miembro Mejiro levantó una ceja, pero escuchó.
“Si en caso de que su caballo llega a perder, quiero de recompensa su linaje”.
La sala quedó en silencio, mientras el miembro Mejiro apretaba los dientes por la audacia.
“¿Disculpe, acaso escuché bien?”.
La ira era palpable en él; como uno de los grandes líderes de los Mejiro, esto era inaudito.
“Pensándolo bien”, el hombre Mejiro se relajó, porque era imposible que esta mujer fuera tan codiciosa.
“Quiero que mi caballo profane toda tu línea de sangre de los Mejiro”.
El silencio reinó de nuevo mientras un sonido de vidrio roto resonaba.
El hombre Mejiro había tomado la mesa de vidrio, lanzándola al otro lado de la habitación.
“Oh, vaya, eso costó demasiado”.
Mari estaba más preocupada por la mesa que por el hombre Mejiro frente a ella.
Sabía que ya lo tenía en la palma de la mano.
“¡Maldita zorra!
No sabes a lo que estás jugando, pero lo acepto.
Pero esta vez, si tu caballo llega a perder, será un perro para la familia Mejiro”.
Mari sonrió detrás de su abanico mientras le estrechaba la mano al hombre.
“Pero recuerde, quiero que los integrantes de la familia Mejiro estén ese día cuando cada yegua de su familia sea tomada”.
El día de esa carrera, la familia Mejiro estaba en el hipódromo, expectantes de toda la carrera, pero lo inaudito pasó.
Ese día, Toji cumplió su cuarta corona irregular, humillando al integrante Mejiro más prodigioso de esas épocas.
Los Mejiro no creían lo que miraban y, uno por uno, se iban de sus asientos, pero las cosas estaban selladas.
En la finca de Mari, ella estaba tomando té, y el mismo hombre junto a otros integrantes de la familia Mejiro estaban allí.
A lo lejos se escuchaban ciertos sonidos en el granero, donde era la casa de Toji.
A pesar de estar a algunos metros del granero, se escuchaban bien la cópula y las súplicas de la Mejiro.
“Es muy hermosa esa chica Mejiro.
He escuchado que ganó tres veces la Tenno Sho y dos Arima Kinen”.
En respuesta, los integrantes de Mejiro solo apretaron los puños, mientras ni siquiera podían levantar la mirada y solo escuchaban los sonidos de ese maldito granero, donde una de su familia estaba siendo tomada, y a juzgar por los sonidos, no podría ser algo suave.
“Y bien, ¿por qué no comenzamos a familiarizarnos?”, dijo Mari con una sonrisa gatuna, sacando un documento donde hacían un tratado de paz entre ella y la familia Mejiro.
El mismo hombre que puso la apuesta se levantó y salió de la habitación, dejando a cinco integrantes en la sala.
“Ah, verdad, el acuerdo aún no se cumple.
Recuerden, es todo el linaje”, dijo Mari, una sonrisa alzándose en cada mejilla.
Su labial rojo hacía resaltar su belleza.
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