UMA MUSUME PRETTY DREBY: back to the top" - Capítulo 14
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- Capítulo 14 - 14 UMA MUSUME PRETTY DERBY
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14: UMA MUSUME PRETTY DERBY 14: UMA MUSUME PRETTY DERBY Toji sonrió al recordar una vieja apuesta con su dueña; cada vez que lo hacía, le arrancaba una carcajada.
No solo fue aquel momento, sino también cuando, tiempo atrás, se “enredó” con una de la familia Gold.
Era la hermana de su amigo Kanato Gold, y aquella ocasión también fue producto de una apuesta con él.
Toji ganó, y se llevó a su hermana como premio, aunque al final, se volvieron buenos amigos.
“Mmmmh , al parecer cambiaron el horario de nuevo”, murmuró, revisando su teléfono.
Otro horario para las clases de las Uma Musume apareció en la pantalla.
Eso significaba que Haru Urara y las demás estarían en clase, pero Gold Ship, seguro, andaría merodeando por allí, toji sentada bajo un árbol para descansar.
Toji disfrutaba de la calma del lugar.
pero un gruñido casi se le escapa, Sus sentidos mejorados captaban los sonidos de otro entrenador, en ese covertiso, en una conversación demasiado íntima con su uma musume, seguro estarían haciendo, el umapiou Bajó sus orejas y activó su Dominio Simple para bloquear aquellos ruidos, buscando disfrutar de su ansiada tranquilidad, al menos por unos minutos.
Pero no pudo más.
Sacó su teléfono nuevamente y abrió la página de carreras.
“Estaré desocupado el domingo, y necesito algo para subir la fama de Sutekire”, pensó, deslizando el dedo por la pantalla.
Encontró una carrera G1 de larga distancia, nada particularmente destacable, pero era en pista de tierra, algo inusual y un verdadero obstáculo para muchas Uma Musume.
“3000 metros…
si esto es lo mejor que tienen hoy en día, lo acepto”, dijo para sí mismo.
Sin más dilación, se inscribió.
Guardó su teléfono, dispuesto a robarle unos minutos al sueño.
“Señor, ¿usted está bien?”, escuchó una voz.
Abrió los ojos con irritación y se encontró con la mirada de una Uma Musume.
Cabello negro largo, un aura melancólica y un sombrero que le cubría una oreja.
Toji la observó por un instante, esos ojos morados, antes de desviar la mirada.
“¿Qué sucede, niña?”, espetó, su tono denotando clara hostilidad.
Rice Shower se apartó un poco, visiblemente intimidada por la brusquedad de Toji.
“S-solo v-vine a ver si estaba bien…
p-pensé que se había desmayado”, tartamudeó.
Toji la miró con una expresión impávida, sin decir nada.
“Ya me di cuenta tarde de que no estaba desmayado.
Perdón por interrumpirlo en lo que estuviera haciendo”, continuó Rice Shower, con la voz apenas audible.
Toji suspiró y se acomodó de nuevo en el pasto, mirando al cielo.
“Como sea.
La próxima vez que me veas, no te acerques y piensa mejor.
Ah, por cierto, ¿cuál es tu nombre?”.
Él ya la conocía por haberla visto en la carrera de exhibición de larga distancia.
“P-pues…
mi nombre es Rice Shower.
E-es un gusto, s-señor…”, respondió ella, con las mejillas ligeramente sonrojadas.
“Toji.
Dime solo Toji.
Soy un entrenador nuevo”, la interrumpió, cerrando los ojos para intentar dormir, aunque su atención seguía fija en la chica.
“Pues, es un placer, entrenador Toji, y de nuevo, perdón por interrumpir su siesta”, dijo Rice Shower, haciendo una pequeña reverencia.
“No hay problema, Rice Shower, pero la próxima vez no lo hagas.
No quisiera gritarte”, replicó Toji, pensando para sí: Esta chica es extraña, ¿siempre irradia esa aura negativa?
“Okey, entrenador Toji.
Rice Shower no volverá a molestar”, prometió ella, levantándose y marchándose algo avergonzada.
Es rara esa chica, pensó Toji, mientras la observaba tropezar a medio camino, confirmando su impresión de mala suerte.
Tch, como sea, esa niña tiene potencial.
Creo que en algún momento la reclutaré para el equipo.
¡Cinco son mejores que cuatro, jaja!
Con ese pensamiento, Toji cerró los ojos y se sumió en un profundo sueño.
Años atrás, en Japón…
“¡TOJI, HIJO DEL DEMONIO, BAJA EN ESTE INSTANTE!”, resonó la voz de Mari.
En el techo del granero, Toji, con un palillo en la boca y un sombrero de granjero, irradiaba un aura descarada.
“¿Y si no quiero, qué pasará?”, replicó con insolencia.
“¡TOJI, HIJO DE PUTA, SI NO BAJAS AHORA MISMO, LES DIRÉ A TUS AMIGOS QUE NO ESTÁS Y QUE SE LARGUEEEEN!” Toji cambió su postura y se lanzó de cara desde el granero.
“¡Echen paja, papus!”, gritó.
Un golpe sordo sonó cuando Toji impactó contra el suelo, pero se levantó al instante.
“¿Dónde están esos hijos de su mauser?”, preguntó con entusiasmo.
Mari suspiró, acostumbrada a las payasadas de Toji, pero una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios.
Los especiales de tus amigos están adentro, dijo.
Toji desapareció sin decir más.
Aquella era la vida.
A Toji no le gustaba el lujo; tenía un granero que usaba como casa, un montón de heno seco como cama.
Mientras supiera que podía tenerlo todo, le bastaba.
Extrañaba esa vida, sí, pero a la vez no.
Si no se hubiera convertido en un Uma Musume de carreras, nunca habría tenido esta vida tranquila más bien, se habría convertido en un esclavo.
Toji aún recordaba esos momentos, especialmente su gira por el mundo.
En Latinoamérica, casi lo apuñalan, y desde entonces no volvió a ese lugar.
Aquellos días pasaron lentos, llenos de buenos y malos recuerdos.
Kimori, a pesar de ser algo excéntrica, mantenía una relación más bien de acoso hacia él.
Kimori no paraba de examinarlo, quería inyectarle sueros, pero la escuchó.
En su laboratorio, se había prometido no manchar su cuerpo con sustancias.
Fue desagradable describir eso de ella, mientras ella misma tenía una mirada de loca enamorada.
Despertando, Toji miró el cielo oscuro.
Había dormido demasiado, perdido en sus pensamientos.
Revisó la hora: eran las siete de la noche.
El autobús ya se habría ido, pero no tenía prisa; podría volver más tarde.
Levantándose, caminó hacia la salida del campo, recorriendo los pasillos vacíos.
“¿Esa mujer Symboli seguirá aquí?”, pensó.
Su estómago gruñó.
Toji sabía que la cafetería estaba cerrada, así que sin más, se dirigió directamente a la salida.
Pero a medida que avanzaba, el ambiente se sentía extraño; esa energía parecía la de las diosas.
Toji dobló una esquina y vio a una Uma Musume de cabello naranja y ojos del mismo color con pupilas de estrella que ¿brillaban?
Toji se ocultó detrás de una columna, agudizando sus orejas para escuchar aquellos susurros, pero eran incoherentes.
Su mano tembló.
¿Por qué?
Salió de su escondite y se acercó a la Uma Musume.
“Oye, niña, ¿qué haces a-“, pero no pudo terminar la frase.
La Uma Musume se volteó.
Toji quedó paralizado y dio varios pasos hacia atrás.
Esa Uma Musume no habló, solo lo miró con una pequeña sonrisa mientras movía la mano.
Toji sentía miedo, ¿verdad?
Sentía peligro en esta chica.
“Usted no debería estar aquí…
de hecho, nunca debió haber estado en esta academia”.
Sin darse cuenta, Toji tragó saliva, pero no notó que la chica le puso una mano en el abdomen.
“Vaya, esas voces piden ayuda”, dijo, levantando la mirada para ver a Toji.
“¿Por qué no las dejas ir?
¿No ves que sufren?”.
Toji no respondió, pero intentó alejarse.
“Tú, un hombre, que nunca debió pisar esta era, ¿por qué estás aquí?”.
La Uma Musume presionó su mano en el abdomen de Toji, quien se estremeció al sentir cómo se le revolvían las entrañas, literalmente.
Sintió su corazón latir demasiado rápido y, brevemente, no escuchó esas voces de auxilio.
“Usted es extraño.
No puedo ver un futuro en usted.
¿Acaso…
no?
¿Podría ser que después de revivir, puedes determinar tu destino?”.
Toji tenía la cara baja, pero de pronto susurró algo rápido.
Dominio, expándete.
Simultáneamente, Toji liberó su dominio, su aura y una variedad de técnicas ofensivas.
Sin dudarlo, saltó por la ventana, cayendo cerca de la salida.
Salió corriendo sin pensarlo.
La Uma Musume lo miró desde la ventana por la que saltó, con una sonrisa.
Toji, en el bosque cerca del escondite de los entrenadores, se apoyó en un árbol y comenzó a vomitar.
“¡Demonios, cof cof, maldita mujer!”.
Sentía su cuerpo arder, sin duda.
Ya no escuchaba las voces, su corazón estaba dañado por alguna razón, y lo demás tampoco estaba intacto, pero era manejable.
“¿Quién diablos era esa chica?
Tenía el aura de esas tres diosas…
¿y si es alguien malvada?
¿Una diosa malvada?
No, su aura y energía son cálidas como las de esas diosas…
¡Demonios!”.
Cayó al pasto mientras se desmayaba.
Estaría bien; al fin y al cabo, era un Uma Musume, el más fuerte de la historia.
Cerró los ojos, desmayado por los daños internos que le provocaron.
“Mari, ¿por qué tengo que saber de estas estúpidas diosas?
Sabes muy bien que no recibí ayuda de estas”.
La mencionada estaba con un abanico, algo irritada, pero miró al frente: una estatua de una mujer sacerdotisa de un templo japonés.
“Lo sé, Toji, pero aparte de las tres diosas, existen otros, como el Dios de la Luna, el Dios de la Guerra, etc.”, explicó Mari.
“Ajá, al grano, Mari, esto ya me está aburriendo”, replicó Toji.
“Tch, eres impaciente, pero bueno, continúo.
Aparte de esos dioses, está esta: la diosa de la fortuna, Shiraoki.
La conocen por muchos nombres, pero este lo usa la gente común”.
Señaló con su abanico la estatua y luego a Toji.
“Gracias a esta diosa, tú, Toji, fuiste bendecido por la fortuna”.
Toji frunció el ceño, pero una sonrisa se dibujó en su rostro.
“Je, je, ¡jajajajajajaja!”.
Mari lo miró con una expresión neutral, sin gustarle su risa.
“Espera, ¿lo dices en serio?
Déjame reír más fuerte: ¡HAAAAJAHAH!”, exclamó Toji.
“¡Toji!”, lo llamó Mari, pero él no paró de reír hasta que ella gritó su nombre.
“Perdón, solo me pareció algo absurdo”, dijo, secándose una lágrima del ojo, producto de la risa.
“¿Qué parte te pareció absurda?
¿Puedes decírmelo?”, preguntó Mari.
Toji, ya más tranquilo, se acercó y se paró frente a ella, a escasos centímetros.
“¿En serio no lo ves?
Me traes aquí para ver esta estatua, y luego hablas de los dioses, y para último decirme que estoy bendecido por esta puta diosa de la fortuna, querida dueña.
¿No te parece ilógico?
O sea, ni siquiera las tres diosas pudieron darme una bendición, ¿y me dices que la razón por la que gano mis carreras es esta diosa?”.
Mari no respondió, manteniendo la mirada con Toji.
“¡Qué menuda mierda!”, exclamó Toji, dándose la vuelta y bajando las escaleras.
Detrás, Mari suspiró; en cierto sentido, Toji tenía razón.
Mari miró la estatua de la diosa de la fortuna, pero eso no significaba que otros dioses no pudieran ayudarlo.
Despertando, Toji miró las hojas de los árboles.
Su barbilla tenía algo de sangre seca.
Se apoyó con los codos, pero gruñó por sus músculos desgarrados.
Aun así, comparado con lo de anoche, no estaba tan mal.
Su corazón estaba perfecto; lo único eran sus músculos.
Agarró su cabeza, sintiendo dolor.
Le resultaba extraño que ya no escuchaba esas voces, y su cuerpo tampoco se acostumbraba a la ausencia de estas.
Sin duda, esa chica tenía algo que ver con un dios.
Saliendo de sus pensamientos, se levantó como pudo y miró la hora en su teléfono.
Ya era algo tarde para ir a la academia, pero el horario de entrenamiento era por la tarde, así que estaba bien.
No pudo caminar mucho antes de apoyarse de nuevo en el árbol, cuando vomitó algo de sangre y un fluido negro.
Toji lo vio, pero sabía que era esa enfermedad que lo había matado una vez.
Era raro, no sentía nada en su cuerpo, aparte del dolor muscular.
Su cabello había crecido un poco más, y recién se dio cuenta cuando un mechón pasó por su cuello.
“Esto es irritante”, masculló.
Se limpió la sangre con el dorso de la mano y decidió ir igualmente a la academia.
Solo tenía dolor muscular; se curaría naturalmente.
En comparación con los humanos, Toji podía recuperarse en días, dependiendo de si no consumía nutrientes, pero en un máximo de tres días estaría curado.
Al llegar a la academia, no encontró a Tazuna en la puerta, pero no le dio importancia y saltó la valla de metal.
Mientras caminaba, miró la ventana por la que había saltado anoche y que estaba siendo reparada por un señor.
“¿Quién será esa chica?”, se preguntó.
La imagen de esa Uma Musume de anoche pasó por su cabeza, y se detuvo en la única expresión que recordaba.
“Eso será interesante.
Podré descubrirlo más adelante.
Si es una Uma Musume de Tracen, podré verla y vengarme”.
En la cafetería, Toji comía el doble, no, el triple de lo habitual.
La razón: su cuerpo necesitaba nutrientes para curarse rápido, y también porque no había cenado.
“Tranquilo, entrenador, parece que no ha comido en días”, dijo Oguri Cap a su lado, ofreciéndole un vaso de agua.
Toji lo aceptó, lo bebió de un trago y continuó comiendo.
“Oguri Cap, ¿conoces a una Uma Musume de cabello naranja, ojos de estrella y con aire de adivina?”, preguntó Toji.
Oguri, que estaba comiendo, se tocó el mentón y miró a Toji.
“Ni idea, entrenador”, respondió con franqueza.
Los dos se miraron con cara de póquer.
“Ah, bueno.
Pero si la ves, no dudes en preguntarle su nombre y venir a decírmelo.
Bueno, aparte de eso, no te pregunté esto, pero ¿tienes entrenador?”.
Con comida en la boca, Oguri asintió.
Terminó de masticar antes de hablar.
“Mi entrenador es Kitahara.
Hace poco pudo hacer el examen para venir aquí”.
“Es una pena, quería que estuvieras en mi equipo”, dijo Toji, terminando su último plato antes de beber agua.
“Lo siento, entrenador Fushiguro”, se disculpó Oguri.
“Nah, no te preocupes, pero ya sabes, si ves a esa Uma Musume que te describí, por favor, no olvides pasarme la voz”.
Toji le dio un pulgar arriba.
Oguri continuó comiendo.
Toji le acarició la cabeza.
La primera vez que ese hombre le hizo eso, Oguri Cap no tuvo la intención de alejarse; de alguna manera, se sentía muy familiar, además de que se sentía bien.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES SUKUMBIA vengo a corregir algo , en la parte de la estatua, en su toji no estaba bendecido por nada , así que Mari solo considero el gran potencial de toji con suerte , y en la forma que toji sobrevivió de niño en las calles, también atribuyó eso a la suerte, así que nl toji no tiene ningún bendición
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